Desde 1920, la Escuela Técnica Santiago Maradona ha sido mucho más que un simple centro educativo; se ha convertido en el motor de progreso que ha transformado el oficio en un motivo de orgullo para generaciones de santiagueños.
El sonido del metal
chocando contra el yunque y el persistente aroma del aceite de máquina no son
solo parte del paisaje sonoro y olfativo de esta escuela; en Santiago del
Estero, son el latido de una historia que comenzó a escribirse hace más de un
siglo. El 15 de marzo de 1920, en una Argentina que soñaba con chimeneas y
progreso, nació la Escuela Técnica Industrial Ingeniero Santiago Maradona, una
institución que llegó para demostrar que el saber hacer era la clave maestra
del desarrollo.
Forjar
el destino entre tornos y laboratorios
Al principio, la
"Industrial" —como cariñosamente la llamaban— no era solo un edificio
con aulas. Era un verdadero laboratorio de modernidad. Sus primeros talleres,
equipados con tornos y herramientas de precisión, se convirtieron en el lugar donde
miles de jóvenes santiagueños se dieron cuenta de que sus manos tenían el poder
de construir un país.
El aprendizaje allí
siempre fue práctico y exigente. No se trataba solo de seguir un manual, sino
de comprender la lógica detrás de los materiales. Los egresados no solo salían
con un título en mano; se llevaban consigo una disciplina férrea y una
creatividad capaz de enfrentar los desafíos de una industria nacional en pleno
crecimiento.
Adaptarse
para no detenerse
A lo largo de los años,
la escuela fue testigo y protagonista de los altibajos de la historia
argentina. Supo captar los cambios: desde la formación en oficios tradicionales
hasta su integración con el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET),
incorporando nuevas especialidades a medida que la tecnología transformaba el
mundo.
Sin embargo, más allá de
los cambios en los planes de estudio, la esencia se ha mantenido intacta. La
Maradona logró algo que pocos lugares consiguen: fusionar la formación técnica
con una ética de esfuerzo y solidaridad. En sus pasillos, el compañerismo en el
taller se convertía en un compromiso social que los alumnos llevarían consigo
para toda la vida.
Un
legado que sigue vivo
Hoy, más de un siglo
después de aquel primer timbre, la Escuela Santiago Maradona se alza como un
símbolo de memoria colectiva. Sus paredes resguardan las huellas de
generaciones de familias; es común ver a abuelos, hijos y nietos compartiendo
el mismo orgullo de haber pasado por esos talleres.
Más que una simple
institución educativa, la "Industrial" es un faro de progreso. En un
mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, el legado de Santiago Maradona
nos recuerda que la educación técnica no solo prepara para el mundo laboral,
sino que también forma ciudadanos capaces de transformar su realidad. El
orgullo de ser "de la Industrial" sigue siendo, hoy más que nunca,
una marca de identidad santiagueña.

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