domingo, 4 de enero de 2026

El Pampa Lencina, el bailarín que llevó la identidad santiagueña por el mundo

Una vida entera dedicada al folclore, a la danza criolla y a la defensa silenciosa de la cultura popular, desde los grandes escenarios internacionales hasta las peñas de Las Termas de Río Hondo.

 

Archivo gráfico: Omar "Sapo" Estanciero

A veces, la historia cultural no se cuenta en grandes homenajes ni en actos oficiales, sino que vive en la memoria de aquellos que vieron, escucharon y sintieron. Así es como surge la figura de El Pampa Lencina, un nombre que resuena con fuerza en el folclore argentino, pero que, lamentablemente, no siempre recibe el reconocimiento que su trayectoria merece. Esta reflexión comenzó hace algunos años, cuando el diario El Liberal anunciaba la entrega de los premios “Andrés Chazarreta”, destinados a honrar a referentes del arte nativo, la danza, el canto y la cultura argentina. La iniciativa era justa y necesaria. Sin embargo, como señaló Pedro E. Giménez en una carta de lectores en ese momento, había ausencias que dolían. Y entre ellas, había una en particular: la del Pampa Lencina.

Vecino ilustre de Las Termas de Río Hondo, Lencina dedicó su vida a transmitir el arte a través de la danza criolla, con una coherencia y una pasión que perduraron a lo largo de las décadas. Su trayectoria abarca 32 años en Buenos Aires, donde compartió escenario con grandes figuras como Lolita Torres, Aurora Batista, Joaquín Pérez Fernández y Marcelo Mastroianni, entre otros nombres que dejaron huella en la historia.

Sin embargo, su historia va más allá de los grandes escenarios porteños. Como auténtico defensor de lo santiagueño, su legado se ha inmortalizado incluso en la música: Los Manseros Santiagueños le dedicaron una chacarera en honor a sus 35 años de dedicación al folclore, un reconocimiento que refleja el respeto y la admiración dentro del propio ámbito artístico.

Hablar de Pampa Lencina es hablar de una vida intensa, “jugosa”, como la describía Giménez: una existencia llena de viajes, aprendizajes y anécdotas recogidas en los caminos del mundo. Como bailarín, fue un viajero incansable. Recorrió España, Alemania y Francia con el Ballet de Pérez Fernández; llevó su arte a Centroamérica, pasando por Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Panamá; y también a Sudamérica, actuando como solista en Perú, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Venezuela y Bolivia.

Uno de los momentos más destacados de su carrera tuvo lugar en 1954, cuando se unió al Ballet de El Chúcaro para la inauguración de Canal 7, el primer canal de televisión en Argentina. Más adelante, participó en programas que hoy son parte de nuestra memoria colectiva: Casino Phillips, La Feria de la Alegría, La Pulpería de Mandinga, Sábados Circulares, La Chispa de mi Gente, Canto Celeste y Blanco, y Cuento Contigo, que era conducido por Quique Dapiaggi.

A pesar de su impresionante trayectoria, el Pampa Lencina siempre ha estado cerca de su gente. Aún hoy —como mencionaba aquella carta— sigue encantando a los turistas en Las Termas, compartiendo su arte con la misma humildad de siempre. Quizás por eso su figura es tan valiosa: porque representa una tradición viva, no de museo, sino de escenario, de encuentro y de transmisión.

Reconocerlo no es solo un acto de justicia personal. También es una manera de ofrecer a las nuevas generaciones un espejo en el que mirarse, un ejemplo de compromiso con la identidad cultural que trasciende provincias y fronteras. El Pampa Lencina no es solo un nombre del pasado: es un patriarca de nuestros valores, y su historia merece seguir siendo contada.

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