Por Carlos Miguel Fuentes | Publicado en El Liberal. 1986
Todo empezó en él. Hace
muchos años. Casi con la propia primera edad de su adolescencia. Casi con la
fecunda es- cuela de su hermano Carlos Saavedra. Hoy está en Santiago, como
queriendo anunciar un próximo futuro que dará temporabilidad y se transformará
en un ser, aquí y ahora. Hoy está con nosotros amando en el más sentido hermoso
de la palabra la creatividad y la perfección artística.
Juan Saavedra formó parte de diferentes compañías de danzas, entre ellas, con el ballet de Santiago Ayala "El Chúcaro, Ariel Ramírez; Celia Queiro; Víctor Ayos, etc. En 1967 realiza su primer gira por el extranjero y los diarios de Italia, EE.UU. Portugal, Polonia, y la URSS, entregan a cada momento el acto cotidiano periodístico de este gran representante argentino. Su segundo viaje a Europa (1971) a París, junto a otros artistas crea la compañía "Los India- nos". A través de allí su trabajo se desarrolla a nivel internacional: Bélgica, España, Holanda, Alemania y Medio Oriente lo ven mostrar sus realizaciones que tienen como base y fundamento las expresiones telúricas y contemporáneas. Paralelo a este trabajo desarrolla investigaciones en el campo pedagógico formando talleres de creación y estudiando la puesta en escena de obras populares. 1981, co-creador del montaje coreográfico-musical "Rupac Tosco" (teatro Fontaine), cuyos diarios de París dicen textual- mente: "Fue el mayor de la semana…". 1982 y '83 Quebec, Canadá, Zurich (Suiza).
En 1984 (en el
festival Cuna de la Chacarera) Santiago del Estero, tiene la oportunidad de
confrontar un fenómeno que también se diferencia de todo lo conocido. Luego
regresa a Canadá y prepara trabajos de video-danza junto a Eléne Doyle. Esta no
es una historia extranjera: es una historia argentina con un santiagueño, allí
en el extranjero, que recorrió todos los escenarios argentinos, Cosquín, Jesús
María, etc., en el norte y en el sur. Es un símbolo de la creatividad que recibe
los elogiosos comentarios de sus actuaciones y tales distinciones le permiten
entrar por la puerta grande a los principales escenarios del mundo. Su objetivo
es un diálogo con el espectador participante a través del sentimiento y las
imágenes.
Es Juan Saavedra, es la
magia y misterio de la danza, pero es además incondicional amigo de la gente y
de lo cotidiano que signifique vivir. Hoy está en nuestra provincia casi como
un antojo del cometa Halley, tal vez nos deleite en alguna presentación antes
de volver a partir o quizás antes de regresar definitivamente. Tal vez este
tema tenga que desarrollarse en una próxima edición.

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