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| Don José Hilario Gómez Basualdo |
En el panteón de la identidad argentina, existen figuras cuyas sombras se ciernen imponentes sobre el paisaje, pero cuyos nombres solo susurran el viento y los más devotos de la tradición. Don José Hilario Gómez Basualdo es una de ellas: un arquitecto silencioso del alma de Santiago. A menudo eclipsado por los "Patriarcas" del folclore, Basualdo fue quien tradujo el pulso de los bosques secos y el polvo de los salitrales en un sofisticado lenguaje coreográfico. Hablar de él es hablar de una vida entregada por completo al ritual de la danza.
El
origen de un movimiento
Nacido el 14 de enero de
1907 en el corazón de Santiago del Estero, la iniciación de Basualdo en los
sagrados misterios del movimiento comenzó a la tierna edad de ocho años. En el
íntimo patio de la familia Pastoriza, bajo la tutela de su tío, Don “Nachi” Gómez,
el joven José sintió por primera vez la gravedad de la tierra a través de sus
talones.
En la década de 1920, se
había convertido en un puente entre dos mundos. En una época en que la danza
tradicional se limitaba en gran medida a la periferia rural, Basualdo llevó
estas "formas renovadoras" al centro urbano de Santiago. Poseía la
rara habilidad de preservar la energía cruda y visceral del campo, a la vez que
la refinaba para el escenario. Esta dualidad llamó la atención de Andrés
Chazarreta , el titán del folclore argentino, y Basualdo pronto se convirtió en
el bailarín principal de la compañía de Chazarreta, actuando en el legendario
Teatro Politeama .
Una
cartografía del alma: 112 obras de arte
Sin embargo, un espíritu
creativo tan inquieto como el de Basualdo no podía permanecer mucho tiempo como
mero intérprete. Buscando una voz independiente, se separó del «Patriarca» para
fundar su propia academia. Fue allí donde floreció su genio, dando como
resultado una impresionante obra: 112 composiciones originales. Basualdo no se
limitó a coreografiar; desenterró el inconsciente colectivo de su pueblo. Sus
creaciones eran unidades artísticas completas, que entrelazaban música, letra y
movimiento. Si bien algunas de sus obras siguen siendo pilares del repertorio
nacional, otras se han convertido en valiosas reliquias de la historia cultural
de Santiago.
Los Pilares: Huayra Muyoj y La Cortejada, expresiones que
capturaron el diálogo rítmico del cortejo y el viento.
Los Clásicos Escondidos: Achachita , El Marote Horco , Santiago Manta , y el inquietante El Crespín .
Los Ecos Míticos: El Turay o Kakuy y El Humam Puca , donde la
leyenda cobra vida.
Finalmente, estas danzas
fueron consagradas como "Danzas Tradicionales Argentinas", un
reconocimiento a su integridad estructural y a su profunda resonancia cultural.
La
pedagogía de la tradición
En 1962, tras retirarse
de la administración pública, Basualdo emprendió una nueva misión: la
institucionalización de la danza. Trasladándose a Rosario y, posteriormente,
expandiéndose a Córdoba, fundó academias que elevaron el folclore de un simple
pasatiempo a una rigurosa disciplina académica. Bajo su tutela, cientos de
estudiantes aspiraron a obtener los títulos de Maestro de Folclore y Profesor
de Ciencias Folclóricas y Danzas Nativas.
Comprendió que, para que
una tradición perdure, debe enseñarse con la misma precisión que el ballet
clásico o la filosofía. Este compromiso le valió el máximo reconocimiento en
1977, cuando, en el Auditorio Triunfal de Buenos Aires, fue proclamado
oficialmente "Padre de las Danzas Argentinas".
El
Eterno Retorno: Del 25 de Mayo a Cosquín
Aunque Don José falleció
el 25 de julio de 1981, su obra conserva una vitalidad inagotable. Resurge
periódicamente para recordar a la nación sus raíces. En 2005, el Teatro 25 de
Mayo le rindió homenaje, pero quizás la celebración más brillante tuvo lugar
durante el Festival Nacional de Folklore de Cosquín en 2014.
Allí, la delegación
oficial de Santiago del Estero —una constelación de maestros que incluía a
Isabel Neirot, Motta Luna y los herederos de Simón— revivió sus zambas,
chacareras y gatos. Mientras los bailarines trazaban los intrincados patrones
del Huayra Muyoj y el El Tuaj , quedó claro que el legado de Basualdo no es una
pieza estática de museo. Es una entidad viva y palpitante.
"Presenciar una coreografía
de Basualdo es ver la historia de Santiago del Estero escrita en el aire."
Hoy, al recordar a este
titán de las artes, vemos a un hombre que hizo más que enseñar pasos; forjó una
identidad. Don José Gómez Basualdo sigue siendo el latido silencioso del bombo,
el sutil polvo que levanta un zapateo y la gracia imperecedera de un pueblo que
se niega a olvidar la belleza de sus orígenes.

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