Le gustaba venir a Mar del Plata y actuar en la Peña Salteña del amigo Delgado. Siempre se hacía un lugar para comer un asado con periodistas del diario El Atlántico, a donde no faltaban las chacareras y los cuentos del "Ñato" Gramajo. Lo vi por última vez en Santiago, en la Plaza Libertad. Recuerdo que tras el saludo me dijo: "Aurelio (por su hermano) está en el Gran Hotel, durmiendo la siesta con aire acondicionado...toma mierda". El popular folclorista recurrió una larga carrera con la música popular. El bombisto, recitador, artesano de bombos y bailarín Juan Carlos "Ñato" Gramajo, creador y fundador de la agrupación nativa La Chacarerata Santiagueña, con sólo 13 años formó parte de la recordada agrupación de Andrés Chazarreta, para luego continuar con el grupo de Ariel Ramírez y viajó por todo el mundo con la obra conceptual "La Misa Criolla". Hasta que promediando la década del `80, fundó la Chacarerata Santiagueña, cuyo nombre fue creado por Vitillo Abalos.
Por la Chacarerata
pasaron cantores populares como Shalo Leguizamón, Motta Luna, Claudia Romero,
Coco Banegas, Quique Ponce, Rodolfo Maldonado (actualmente en La Clave
Santiagueña) y el lema antes de cada concierto era "Si Bariloche tiene la
Camerata, Santiago tiene a la Chacarerata".
Actualmente y hasta que
la enfermedad lo dejó sin subir a los escenarios, la agrupación se integró con
Sergio Pérez en guitarra y voz, Germán Gómez en violín y Mario Palavecino en
bandoneón y el colorido de su hermano el recordado, Aurelio "el
Shalako" Gramajo, el "bailarín de los montes". "La
Chacarerata, te lleva por delante, a cielazos e infiernazos, como decía el
poeta de Santiago de Chuco. Son ritmos que juntan, si, al cielo y al infierno,
las estrellas y la Salamanca", comentó Marcelo Simón sobre Gramajo.
Valses, chacareras,
zambas y gatos del estilo de "A mi madre", "A mi canasto de
mimbre", "Zamba de un sentir", "Chacarera del
Cachilo", "La Ceferina", "Fiesta en Mailin", "A
mis paisanos santiagueños" y "Que lindo es ver a mi mama", son
clásicos en la versión de la Chacarerata. Permanentes fueron protagonistas de
los festivales del interior del pais como Cosquín (consagración 1987), La
Chacarera de Santiago, Jesús María, La Salamanca, Baradero y tantos otros, que
los vieron trasladar el reconocido "patio e` tierra" santiagueño a
esos escenarios. "La Chacarerata me hace pensar que, a veces, lo más
moderno es lo tradicional", finalizó Simón.
Recordemos
esta entrevista
Un trajín de 50 años en nuestro folklore como bailarín, bombisto, recitador hacen de Juan Carlos Gramajo un referente indiscutible de nuestra música. Debutó niño aún con don Andrés Chazarreta, fue percusionista de Ariel Ramírez. Profundo conocedor del bombo y sus secretos, proviene de una familia fabricante de bombos legüeros. Fundador de la orquesta nativa “La chacarerata santiagueña”con la que ya ha cumplido 22 años, recorriendo los escenarios del país obteniendo el respeto y el aplauso del público. Distinguido por numerosos e importantes premios como Consagración ’87 Cosquín, ACE ’96, Trimarg’2000 otorgado por la UNESCO. Un conjunto caracterizado por ejecutar temas tradicionales junto a las nuevas producciones siempre bailables, con una dedicación especial de guardar el estilo y la cadencia de los ritmos folklóricos. Su repertorio está conformado por autores de la talla de Yupanqui, los Hermanos Simón, Raúl Trullenque, Los hermanos Ríos, Peteco Carabajal entre otros, junto a la autoría de sus integrantes.
-¿Cómo
se formó la Chacarerata santiagueña?
- Después de permanecer
ocho años como percusionista de Ariel Ramírez en Buenos Aires y el mundo,
busqué como todo hombre la independencia. De esa manera formé un grupo
folklórico que tocaba en diversos lugares pero carecía de nombre. Hasta que los
hermanos Abalos nos bautizan con el nombre que nos hace conocidos.
-¿Quiénes
fueron sus primeros integrantes del grupo?
-Como todo grupo humano
sufrió varias fisuras a lo largo de estos veintidós años. Por la Chacarerata
han pasado componentes como Quique Ponce, Aurelio Gramajo e invitados como
Shalo Leguizamón, Coco Banegas, Claudia Romero, Motta Luna pero desde hace un
tiempo seguimos fijos los cuatro componentes actuales que son: Sergio Pérez en
canto y guitarra, German Gómez en violín y guitarra, Mario Palavecino en
bandoneón y un servidor en percusión, recitado y voz de mando.
-¿Qué
o quién impulsó su carrera musical?
-Sin dudas mis padres. En
casa de los Gramajo siempre había lugar para las fiestas, peñas o trincheras
donde se autoconvocaban tíos, primos, hermanos...todos hacedores y tocadores de
bombos. Y yo soy producto de esto. No estudié percusión ni música.
-¿Cuántos
años tenía cuando actuaba con Chazarreta?
En el año ’56 tenía unos
trece años cuando ya pertenecía a la Compañía de arte nativo perteneciente a
Don Andrés Chazarreta. Soy de la camada de Agustín Carabajal, Antonio Ramírez,
Los cantores de Salavina, Eduardo Avila. Éramos veintiuno en total. Actuamos en
el teatro casino de la calle Maipú con un espectáculo que se llamaba “El alma
del quebrachal”donde presentábamos leyendas y costumbres de nuestra provincia
Santiago del Estero. Esa gira duró tres meses, culminando en el Parque
Independencia de la capital de Tucumán.
Don Andrés Chazarreta fallece en el año 1960 y yo seguí creciendo, hasta que el destino me llevó a Bolivia, Perú, México...
-Pueblo
que lo atrapó
- Imposible no querer ese
pueblo tan romántico y colorido, con una ubicación geográfica excepcional para
hacer giras a Estados Unidos. Bailaba muchísimo en el área de California o
Nueva York. Todavía vivía mi madre, así que cada tanto regresaba al país a
visitarla y a tocar en diversas peñas. En uno de esos viajes estaba tocando en
la peña “El palo borracho”, me ve Ariel Ramírez y me requiere para su
espectáculo “Cantemos” que hacía con Lolita Torres. Y me quedé ocho años con
él.
-Después
vino la Misa criolla.
- Sí, una hermosa
experiencia con la que recorrimos Israel, Suiza, Alemania, España, Portugal,
Costa Rica, Colombia, México llevando nuestra música. Y todas esas andanzas de
Juan Carlos Gramajo culminan en Argentina con la Chacarerata santiagueña.
-Su
vida artística queda marcada por...
-Primero don Andrés
Chazarreta, después Ariel Ramírez y por supuesto la Chacarerata Santiagueña.
-¿Cuál
de las capitales lo deslumbró más?
Sin dudas Buenos Aires en
el año 1956. El sueño de estar con don Andrés y su hijo Agustín, siendo apenas
un chango que venía de una provincia querendona pero muy árida. Me encontré con
esta ciudad llena de plazas con árboles y flores y aunque después la vida me
dio la posibilidad de conocer muchas capitales europeas muy importante, no fue
el mismo deslumbramiento.
-¿Qué
diferencia encuentra entre el folklore de los años ’60 y el actual?
-La diferencia
fundamental es la participación de la juventud, el entusiasmo que tienen para
hacer palmas, bailan estupendo, saben escuchar nuestros cantores. De la unión
de los jóvenes y nosotros nacerá una esa identidad que tanta falta nos está
haciendo a los argentinos.
-¿Cuál
es la unión del pueblo santiagueño con la música?
-Santiago del Estero
tiene en su pueblo a una gran familia musical donde siempre están a flor de
labios las canciones. Es que la chacarera es una música muy rítmica y siendo
una de las provincias más antiguas y bilingüe su pueblo ama su terruño, sus
costumbres. Vive cantando y bailando sus ritmos, eso le da una identidad
propia.
-¿Modificaría
algo si comenzara de nuevo?
-No. Yo creo que puse
toda la pasión que tiene el músico santiagueño por sus cosas. Cuando joven
tenía la fuerza y la frescura, ahora ya mayor conservo la experiencia.
-¿Qué cambios nota fuera del plano musical en los escenarios?
- Muchísimos, las épocas
cambian. Cuando nuestros abuelos o padres nos hacían tomar una foto de vez en
cuando, no nos podíamos ni reír ni comer. -“Ya te estás haciendo el mono”- nos
retaban. Y en la música se debía tocar bien y serio, aunque se puede tocar bien
y sonreír no eran los códigos en esos tiempos. No olvidemos que la gente exige
más participación, como si aplaudiera con los ojos, le gusta el movimiento. Y
hoy algunos cantores de folklore parecen rockeros, porque entre las luces, el
humo y un destape en el vestir en donde la televisión tiene mucho que ver. En
eso los mayores podemos disentir, pero es indiscutible que también hay muchos
que tocan muy bien. En cambio, nosotros debíamos vestir el traje azul
tradicional, camisa blanca, corbata bordó para estar “ubicados”. Todos los
extremos son exagerados, falta el punto de equilibrio.
-¿Suena
mejor un instrumento enchufado?
-Yo no sé si suena mejor,
pero suena más fuerte. (Risas). La diferencia es el toque por ejemplo el que
tiene una guitarra enchufada debe tener un toque más suave, distinguido y de
primera sino el instrumento distorsiona mucho.
-¿Está
de acuerdo con la introducción de instrumentos no tradicionales?
-Todo y nada es nuestro.
Cuando apareció Adolfo Abalos en el piano las críticas no se hicieron esperar,
sin embargo, todo es válido si se pueden combinar bien los sonidos. No nos
olvidemos que, en el año 1921, don Andrés Chazarreta cuando graba en RCA
Víctor, ya lo hacía con una flauta traversa incorporada y José María de Hoyo
con su Banda criolla ponía saxo tenor, flauta traversa, saxo barítono y todos
los instrumentos metálicos. Ahora la moda regresó y es válida siempre que haya
una buena combinación.
La música de La
chacarerata santiagueña nos deja el olor a pan casero y a patio regado de la
provincia donde las chacareras y las vidalas entrelazan sus sonidos junto a las
alegrías y tristezas de sus pobladores.
Fuente: SENDA FOLCLÓRICA
/ Patio Santiagueño

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