martes, 28 de abril de 2026

Orestes di Lullo: El cartógrafo del alma santiagueña


 

Abordar la figura del Dr. Orestes di Lullo no es simplemente revisar una bibliografía académica; es internarse en el desvelo de un hombre que decidió traducir el pulso invisible de su tierra. Nacido en 1898 en la ciudad de Santiago del Estero, este hijo de inmigrantes italianos no solo abrazó la ciencia médica en la Universidad de Buenos Aires, sino que, al regresar a sus raíces, transformó el estetoscopio en una herramienta de auscultación social y cultural.

Di Lullo no fue un observador solitario. Junto a figuras como Canal Feijóo, integró “La Brasa”, aquel cenáculo intelectual que funcionó como el corazón pensante del NOA, donde se debatía la identidad de un Santiago del Estero que clamaba por ser comprendido más allá de sus carencias.

La ciencia al servicio del símbolo

Su carrera fue un viaje de ida y vuelta entre el laboratorio y el monte. Lo que comenzó como una tesis doctoral en medicina sobre el "paaj" (una dermatitis regional), terminó por abrirle las puertas del "saber popular". Allí comprendió que para sanar a un pueblo, primero había que conocer qué come, qué canta y en qué cree.

Su producción fue tan vasta como profunda, abarcando hitos que hoy son piedras angulares de nuestra identidad:

La alimentación popular (1935): Un estudio pionero sobre la nutrición y el rito de la mesa santiagueña.

El Cancionero Popular (1940): Una obra monumental nacida del pedido de su colega Juan Alfonso Carrizo, que rescató la lírica oral del olvido.

Viejos Pueblos y La Agonía de los Pueblos: Textos donde la historia y la sociología se tiñen de una nostalgia reflexiva sobre el paso del tiempo y la erosión de las comunidades.

"Santiago es el lugar donde aún florecen los espíritus de una cultura popular maravillosa: el folklore". — Orestes di Lullo.

Una mirada integral: Del rancho a la academia

El Dr. Augusto Raúl Cortázar señalaba que, si bien algunos de sus primeros trabajos carecían del rigor metodológico frío de la época, poseían algo mucho más valioso: la identificación absoluta del recolector con su medio. Di Lullo no estudiaba el folklore como un objeto inerte, sino como un organismo vivo.

Su curiosidad lo llevó a documentar desde las técnicas criollas de construcción en "La Vivienda Popular" (1969) hasta las inflexiones únicas de nuestra lengua en sus estudios sobre el habla popular. Esa labor incansable lo llevó a ocupar sitiales en cuatro academias nacionales y en prestigiosos institutos de Estados Unidos, México, Uruguay y Venezuela, proyectando la voz de Santiago al mundo.

El legado: La intimidad de un pueblo

Para Di Lullo, el folklore no era un conjunto de danzas o vestimentas pintorescas, sino el "acervo más precioso" de una comunidad; aquello que se guarda celosamente en la intimidad y que define la verdadera fisonomía de un pueblo.

Durante dos décadas dirigió el Instituto de Lingüística, Arqueología y Folklore de la UNT, dejando una huella imborrable en la gestión cultural. Hoy, releer a Di Lullo es volver a mirar a Santiago con ojos nuevos: con la pasión del investigador y la sensibilidad del artista que supo ver, bajo el polvo del camino, la gema brillante de nuestra identidad.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario