sábado, 2 de mayo de 2026

𝐕𝐢𝐭𝐢𝐥𝐥𝐨 Á𝐛𝐚𝐥𝐨𝐬, 𝐋𝐨𝐬 𝐇𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬 Á𝐛𝐚𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐄𝐥 𝐥𝐚𝐭𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠ó 𝐚 𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝

 


Hablar de Vitillo Ábalos es invocar el patio de tierra santiagueño en medio del cemento porteño. Es recordar a ese hombre que, hasta sus últimos días en 2019, portaba el bombo legüero no como un instrumento, sino como una extensión de su propia columna vertebral. Su historia, y la de sus cuatro hermanos —Machingo, Adolfo, Roberto y Machaco—, es la crónica de un desembarco cultural que cambió para siempre la música argentina.

Cuando los Ábalos llegaron a Buenos Aires a comienzos del siglo pasado, se encontraron con un desierto de información. El folklore que consumía la capital era una caricatura: "gauchos truchos" de radioteatro que hablaban un idioma inventado. La misión de los hermanos fue, desde el primer día, devolverle la dignidad a lo nativo. No fue fácil. El establishment de la época, personificado en figuras como Sebastián Piana, los rechazó en Radio Belgrano alegando "falta de matices". Lo que no entendían era que los Ábalos no estaban interpretando una partitura rígida, sino traduciendo el silencio del monte y el ritmo del hogar.

En su casa de Santiago del Estero, el piano y el bombo eran tan naturales como el aire. Vitillo recordaba con humor el asombro de los porteños al ver un piano en una zamba. Para ellos, era el instrumento que tocaban sus padres; para la ciudad, era una anomalía. Lo mismo pasaba con el bombo. Vitillo llegó a ser "el único bombisto de la ciudad", invitado a reuniones no por su nombre, sino por ese instrumento rústico, hecho a hacha, que guardaba en su interior el secreto del "2-3", esa teoría rítmica que años después estudiarían maestros como Piazzolla o Salgán.

Los Hnos Abalos fueron embajadores de una Argentina auténtica en el mundo. Vitillo fue el último guardián de esa hermandad. Nos dejó el bombo, la elegancia del pañuelo al aire y la certeza de que, mientras suene una chacarera bien tocada, los cinco hermanos seguirán bailando en el patio de la memoria colectiva.

Fuente: El Jume Revista Cultural y política de Silvia Majul.

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