El músico ciego que atravesó teatros, radios y patios de guitarras, y cuya historia sigue latiendo en la música popular de Santiago del Estero
La historia de la música
santiagueña suele recordar a sus figuras más conocidas. Pero también está hecha
de músicos que trabajaron durante años en radios, teatros y reuniones de
amigos, y cuyo nombre quedó un poco al margen del relato principal. Uno de
ellos fue Fidel Antonio Lucero, bandoneonista no vidente que formó parte de una
etapa muy activa de la vida musical de la provincia.
El
recuerdo de una noche inolvidable
Orlando Gerez hijo guarda
una escena que describe bien el carácter de Fidel Lucero.
Cuenta que el
bandoneonista era amigo cercano de su padre, el músico Orlando Gerez. En los
últimos años de su vida, cuando se encontraba internado en el Hogar de Ciegos
de la ciudad de Santiago del Estero, solía visitar la casa familiar en fechas
especiales. Navidad, cumpleaños o cualquier reunión servía como excusa para
compartir una mesa y, casi siempre, algo de música.
Una de esas noches quedó
especialmente grabada en la memoria de quienes estuvieron allí.
Fue durante un asado
organizado en la casa del "Pelao" Navarro, en el barrio 8 de Abril.
Esa vez, el músico Cacho Lobo y Orlando Gerez decidieron sorprenderlo con un
regalo poco común: una chacarera compuesta especialmente para él. La titularon
"Fuelle Santiagueño".
Cuando la canción empezó
a sonar, Lucero se emocionó. Lloró, brindó y, después de ese momento, tomó el
bandoneón y tocó para los presentes.
En
esa chacarera aparece un verso que resume el homenaje:
"Su fuelle dulce
instrumento, injustamente olvidado, Fidel Lucero te nombro, bandoneón mayor del
pago."
Tiempo después, Orlando
Gerez lo invitó a participar en uno de sus trabajos discográficos. Lucero grabó
tres temas: "Sábado inglés", un tango; "Lágrimas y
sonrisas", un vals; y "Che ruvichá", un chamamé. Tres géneros
distintos que muestran la amplitud de su repertorio.
Infancia
entre Cejolao y Añatuya
Fidel Antonio Lucero
nació en 1918 en Cejolao, un pequeño poblado del departamento Moreno, en el
este santiagueño. Desde su nacimiento fue no vidente.
Poco tiempo después su
familia se trasladó a la ciudad de Añatuya, donde pasó su infancia y
adolescencia.
La música apareció
temprano. Su padre, Tomás Lucero, notó que el niño tenía facilidad para los
sonidos y decidió regalarle una armónica. Ese fue el primer instrumento que
tocó.
Con los años llegaron
otros. Primero el acordeón y, más tarde, el bandoneón, que terminaría
convirtiéndose en su instrumento principal.
El
primer escenario
En 1928 comenzó a
estudiar música con el maestro Segundo Ruiz. Aprendía con rapidez y tenía buena
memoria musical.
Para
1934 ya estaba preparado para presentarse en público.
Su debut fue en el Teatro
Empire de Añatuya, donde interpretó tangos y valses. En esa época los teatros
del interior eran espacios importantes para la música popular. Allí muchos
músicos daban sus primeros pasos frente al público.
La
radio y el ambiente musical santiagueño
En 1937 Lucero se
trasladó a la ciudad de Santiago del Estero. Con el tiempo logró incorporarse a
la orquesta estable de LV11 Radio del Norte, una de las emisoras más
importantes de la provincia.
La radio era entonces un
espacio central para la difusión musical. Desde sus estudios se transmitían
actuaciones en vivo y se acompañaba a cantores que recorrían el país.
En ese ambiente Lucero compartió trabajo con músicos muy conocidos de la época: Rosario "Chori" Paz, Pedro "Apalo" Villalba, Héctor Carabajal, Justo Marambio Serrano y José Alberto Pérez. También acompañó a cantores como Orlando Ávila, Luis Moqui y Sergio Díaz.
Además del trabajo
musical, en la radio había un clima de camaradería donde las bromas entre
colegas eran parte de la rutina.
"¡Qué
lo parió! ¿Y mi fuelle?"
Una de esas historias
quedó en la memoria de quienes frecuentaban los estudios de LV11.
El productor artístico de
la emisora era Alberto "Huesito" Pérez, muy amigo de Fidel Lucero.
Según contó Antonio "Tony" Loto en un relato incluido en el libro
inédito "Anécdotas de folcloristas santiagueños" de Omar
"Sapo" Estanciero, Lucero tenía la costumbre de gastarle bromas.
A menudo le escondía el
saco o la corbata. A veces en un armario, otras detrás del piano del estudio.
Un
día Pérez decidió devolverle la broma.
Lucero tenía una
actuación y tomó el estuche de su bandoneón como siempre. Cuando llegó el
momento de tocar, abrió el estuche delante de todos. Adentro no estaba el
instrumento. El estuche estaba lleno de piedras. El bandoneón había
desaparecido.
Desde el escenario se
escuchó su reacción, mitad sorpresa, mitad enojo:
"¡Qué lo parió! ¿Y
mi fuelle?"
La broma había sido de
"Huesito" Pérez, que poco después apareció con el bandoneón
verdadero. La escena quedó como una de las tantas historias que todavía se
recuerdan del viejo edificio de la radio.
Un
músico de una generación clave
Fidel Lucero integró una
generación que ayudó a consolidar el lugar del folclore santiagueño dentro de
la música argentina.
Parte de su trabajo quedó
registrado en la obra integral "Santiago del Estero desde sus coplas al
país", publicada a comienzos de la década de 1970. Ese material conserva
interpretaciones que reflejan el sonido de una época en la que la radio y los
músicos locales sostenían el crecimiento del folklore.
Los
últimos años y el silencio de la memoria
Fidel Antonio Lucero
falleció el 23 de julio de 1997. Sus restos fueron sepultados en el cementerio
La Misericordia, en la ciudad de La Banda.
Con el tiempo su nombre
fue quedando fuera de los relatos más difundidos sobre la música santiagueña.
Sin embargo, entre músicos y familias vinculadas al ambiente artístico todavía
circulan recuerdos, historias y grabaciones que mantienen viva su presencia.
Cuando
un nombre vuelve a escucharse
La historia de la música
popular no está hecha solo de figuras conocidas. También se construye con
artistas que trabajaron durante años en radios, escenarios del interior y
reuniones de amigos.
Recordar a Fidel Lucero
es volver sobre esa parte menos visible de la historia musical de Santiago del
Estero.
Su vida muestra el
recorrido de un músico que encontró en el bandoneón una forma de expresión y un
lugar dentro de la cultura popular de su tiempo. Y también recuerda que la
identidad musical de la provincia se fue construyendo así: músico por músico,
historia por historia.

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