sábado, 14 de marzo de 2026

Fidel Lucero, el bandoneón que nunca dejó de sonar

El músico ciego que atravesó teatros, radios y patios de guitarras, y cuya historia sigue latiendo en la música popular de Santiago del Estero

 


La historia de la música santiagueña suele recordar a sus figuras más conocidas. Pero también está hecha de músicos que trabajaron durante años en radios, teatros y reuniones de amigos, y cuyo nombre quedó un poco al margen del relato principal. Uno de ellos fue Fidel Antonio Lucero, bandoneonista no vidente que formó parte de una etapa muy activa de la vida musical de la provincia.

El recuerdo de una noche inolvidable

Orlando Gerez hijo guarda una escena que describe bien el carácter de Fidel Lucero.

Cuenta que el bandoneonista era amigo cercano de su padre, el músico Orlando Gerez. En los últimos años de su vida, cuando se encontraba internado en el Hogar de Ciegos de la ciudad de Santiago del Estero, solía visitar la casa familiar en fechas especiales. Navidad, cumpleaños o cualquier reunión servía como excusa para compartir una mesa y, casi siempre, algo de música.

Una de esas noches quedó especialmente grabada en la memoria de quienes estuvieron allí.

Fue durante un asado organizado en la casa del "Pelao" Navarro, en el barrio 8 de Abril. Esa vez, el músico Cacho Lobo y Orlando Gerez decidieron sorprenderlo con un regalo poco común: una chacarera compuesta especialmente para él. La titularon "Fuelle Santiagueño".

Cuando la canción empezó a sonar, Lucero se emocionó. Lloró, brindó y, después de ese momento, tomó el bandoneón y tocó para los presentes.

En esa chacarera aparece un verso que resume el homenaje:

"Su fuelle dulce instrumento, injustamente olvidado, Fidel Lucero te nombro, bandoneón mayor del pago."

Tiempo después, Orlando Gerez lo invitó a participar en uno de sus trabajos discográficos. Lucero grabó tres temas: "Sábado inglés", un tango; "Lágrimas y sonrisas", un vals; y "Che ruvichá", un chamamé. Tres géneros distintos que muestran la amplitud de su repertorio.

Infancia entre Cejolao y Añatuya

Fidel Antonio Lucero nació en 1918 en Cejolao, un pequeño poblado del departamento Moreno, en el este santiagueño. Desde su nacimiento fue no vidente.

Poco tiempo después su familia se trasladó a la ciudad de Añatuya, donde pasó su infancia y adolescencia.

La música apareció temprano. Su padre, Tomás Lucero, notó que el niño tenía facilidad para los sonidos y decidió regalarle una armónica. Ese fue el primer instrumento que tocó.

Con los años llegaron otros. Primero el acordeón y, más tarde, el bandoneón, que terminaría convirtiéndose en su instrumento principal.

El primer escenario

En 1928 comenzó a estudiar música con el maestro Segundo Ruiz. Aprendía con rapidez y tenía buena memoria musical.

Para 1934 ya estaba preparado para presentarse en público.

Su debut fue en el Teatro Empire de Añatuya, donde interpretó tangos y valses. En esa época los teatros del interior eran espacios importantes para la música popular. Allí muchos músicos daban sus primeros pasos frente al público.

La radio y el ambiente musical santiagueño

En 1937 Lucero se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero. Con el tiempo logró incorporarse a la orquesta estable de LV11 Radio del Norte, una de las emisoras más importantes de la provincia.

La radio era entonces un espacio central para la difusión musical. Desde sus estudios se transmitían actuaciones en vivo y se acompañaba a cantores que recorrían el país.

En ese ambiente Lucero compartió trabajo con músicos muy conocidos de la época: Rosario "Chori" Paz, Pedro "Apalo" Villalba, Héctor Carabajal, Justo Marambio Serrano y José Alberto Pérez. También acompañó a cantores como Orlando Ávila, Luis Moqui y Sergio Díaz.

Además del trabajo musical, en la radio había un clima de camaradería donde las bromas entre colegas eran parte de la rutina.

"¡Qué lo parió! ¿Y mi fuelle?"

Una de esas historias quedó en la memoria de quienes frecuentaban los estudios de LV11.

El productor artístico de la emisora era Alberto "Huesito" Pérez, muy amigo de Fidel Lucero. Según contó Antonio "Tony" Loto en un relato incluido en el libro inédito "Anécdotas de folcloristas santiagueños" de Omar "Sapo" Estanciero, Lucero tenía la costumbre de gastarle bromas.

A menudo le escondía el saco o la corbata. A veces en un armario, otras detrás del piano del estudio.

Un día Pérez decidió devolverle la broma.

Lucero tenía una actuación y tomó el estuche de su bandoneón como siempre. Cuando llegó el momento de tocar, abrió el estuche delante de todos. Adentro no estaba el instrumento. El estuche estaba lleno de piedras. El bandoneón había desaparecido.

Desde el escenario se escuchó su reacción, mitad sorpresa, mitad enojo:

"¡Qué lo parió! ¿Y mi fuelle?"

La broma había sido de "Huesito" Pérez, que poco después apareció con el bandoneón verdadero. La escena quedó como una de las tantas historias que todavía se recuerdan del viejo edificio de la radio.

Un músico de una generación clave

Fidel Lucero integró una generación que ayudó a consolidar el lugar del folclore santiagueño dentro de la música argentina.

Parte de su trabajo quedó registrado en la obra integral "Santiago del Estero desde sus coplas al país", publicada a comienzos de la década de 1970. Ese material conserva interpretaciones que reflejan el sonido de una época en la que la radio y los músicos locales sostenían el crecimiento del folklore.

Los últimos años y el silencio de la memoria

Fidel Antonio Lucero falleció el 23 de julio de 1997. Sus restos fueron sepultados en el cementerio La Misericordia, en la ciudad de La Banda.

Con el tiempo su nombre fue quedando fuera de los relatos más difundidos sobre la música santiagueña. Sin embargo, entre músicos y familias vinculadas al ambiente artístico todavía circulan recuerdos, historias y grabaciones que mantienen viva su presencia.

Cuando un nombre vuelve a escucharse

La historia de la música popular no está hecha solo de figuras conocidas. También se construye con artistas que trabajaron durante años en radios, escenarios del interior y reuniones de amigos.

Recordar a Fidel Lucero es volver sobre esa parte menos visible de la historia musical de Santiago del Estero.

Su vida muestra el recorrido de un músico que encontró en el bandoneón una forma de expresión y un lugar dentro de la cultura popular de su tiempo. Y también recuerda que la identidad musical de la provincia se fue construyendo así: músico por músico, historia por historia.

 

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