Si hoy vas a una peña, escuchas una zamba o te emocionas con una chacarera, hay un nombre que tienes que conocer: Andrés Avelino Chazarreta. No es solo un nombre de calle o de escuela; estamos hablando del verdadero "Patriarca del Folclore Argentino".
Un 24 de abril de 1960,
Don Andrés se despidió de este mundo, pero nos dejó la banda sonora de nuestra
identidad. ¿Quieres saber por qué su historia es tan fascinante? Sentate, que te
cuento.
Un
"maestro" en todo sentido
Don Andrés nació en Santiago
del Estero un 29 de marzo de 1876. Pero no fue "solo" músico. El tipo
era un todoterreno: fue Maestro Normal, Director e incluso Inspector de
Escuelas. Quizás esa vocación de enseñar fue la que lo llevó a rescatar
nuestros sonidos antes de que se perdieran en el olvido.
Lo más increíble es su
destreza técnica. Imaginate esto: ¡ejecutaba 16 instrumentos musicales! Con una
base sólida de solfeo y un ojo clínico para la coreografía, Chazarreta no solo
tocaba, sino que entendía el baile como nadie.
El
día que el folclore "copó" la Capital
Para principios del siglo
XX, el folclore era algo "del interior", algo que se quedaba en los
patios de tierra. Pero Chazarreta tenía otros planes.
1916: Publicó su Primer
Álbum Musical Santiagueño, un hito para la industria musical de la época.
1921: ¡El gran salto! El
18 de marzo, se plantó en el Teatro Politeama de Capital Federal con su
Compañía de Arte Nativo. Fue una revolución; la ciudad de Buenos Aires
descubrió que había un país entero vibrando con otros ritmos.
1941: Fundó el Instituto
del Folclore, que llegó a tener 72 sucursales en toda la Argentina. ¡Un
verdadero influencer de la tradición!
Una
fábrica de hits (antes de que existieran los hits)
Si sos amante de la
música popular, seguro escuchaste o bailaste alguna de sus obras. Don Andrés
compuso o recopiló más de 400 temas. Entre su lista de
"imprescindibles" encontramos joyas como:
"La 7 de Abril"
(un himno para los amantes de la zamba).
"Criollita
santiagueña" (en colaboración con el mismísimo Atahualpa Yupanqui).
"La Telesita" y
"El 180".
Su capacidad para
colaborar con otros grandes, como Agustín Carabajal o Pedro Evaristo Díaz,
demuestra que para él, el folclore era una construcción colectiva, un abrazo
entre provincias.
Una
postal para el recuerdo
Cerrá los ojos e
imaginate esta escena en mayo de 1948: la Plaza principal de Catamarca está
colmada. Allí está la Compañía de Arte Nativo.
En las fotos de la época
se lo ve a Don Andrés, imponente con su poncho, sosteniendo su sombrero con
ambas manos. A su lado, su hijo Agustín y figuras legendarias como el Dúo
Jugo-Corvalán. Era una verdadera selección nacional de la cultura, llevando
nuestra esencia de plaza en plaza.
Dato curioso: Mucha de
esta información proviene del libro inédito Biografías de Folcloristas
Santiagueños de Omar "Sapo" Estanciero, un tesoro que guarda la
memoria de quienes hicieron grande nuestra música.
Hoy, a más de 60 años de
su partida, el bombo legüero sigue latiendo gracias a que un maestro
santiagueño decidió que nuestra música merecía ser escuchada en todo el mundo.
¡Salud, Patriarca!

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