Por el equipo de redacción
Detrás del zapateo y el bombo legüero se esconde una historia de idas y vueltas que pocos conocen. Especialistas afirman que la chacarera nació en el Gran Chaco, una región que desdibuja fronteras y abraza dos países. Acá te contamos por qué.
Si alguna vez bailaste o
escuchaste una chacarera, seguramente sentiste esa mezcla de energía y
nostalgia que brota del bombo y la guitarra. Pero si te preguntamos dónde
nació… ¿qué responderías? ¿Argentina? ¿Bolivia? La respuesta, como suele
ocurrir con las tradiciones vivas, es mucho más fascinante que una simple
casilla en un mapa.
Porque la chacarera —ese
género que late fuerte en peñas, festivales y reuniones familiares— no tiene
una única cuna. Al menos no en el sentido político del término. En cambio, los
expertos en folclore señalan una región compartida como su verdadero origen: el
Gran Chaco, esa inmensa llanura que abraza el norte argentino, el sur
boliviano, Paraguay y una parte de Brasil.
Un
origen con dos versiones
La historia más conocida
—y también la más difundida— pone las coordenadas en Santiago del Estero, más
precisamente en el paraje de Salavina. Allí, hacia mediados del siglo XIX, los
trabajadores de las chacras (de ahí el nombre del género) habrían comenzado a
dar forma a este ritmo. La investigadora Isabel Aretz encontró documentos que
ya mencionaban la chacarera hacia 1850, y el uso del quichua santiagueño en
algunas letras parecía sellar el origen argentino.
Pero la otra orilla del
charco tiene su propia memoria. En Bolivia, especialmente en Tarija, Santa Cruz
y Chuquisaca, la chacarera también late con fuerza. Y no es una copia tardía:
los investigadores han rastreado variantes locales que se desarrollaron en
paralelo, con una diferencia clave: la chacarera boliviana, a diferencia de la
santiagueña, nunca se cantó en quichua. Ese detalle delata un camino evolutivo
propio.
Entonces,
¿quién tiene la razón?
La respuesta más honesta
que puede dar un folclorólogo es esta: la chacarera nació en el Gran Chaco,
pero encontró su forma definitiva en Santiago del Estero. Esa región compartida
fue el verdadero crisol. Allí se mezclaron tres herencias: la indígena (sobre
todo quichua), la africana (marcada en el bombo legüero) y la europea (en la
guitarra y la estructura armónica).
El género, en sus
inicios, no respetaba fronteras porque las fronteras —al menos las que
conocemos hoy— no existían. Lo que existían eran chacras, cosechas, peones que
se trasladaban de un lugar a otro y, con ellos, la música.
La misma danza, dos países
Lo fascinante del caso es
que, al observar las dos tradiciones, las similitudes pesan más que las
diferencias. Tanto en Argentina como en Bolivia, la chacarera se baila en
pareja suelta, dentro de un rectángulo imaginario, con zapateo firme y ese
castañeo de dedos que parece anticipar el redoble del bombo. El compás de 6/8
—con esa cadencia que a veces se siente como 3/4— es idéntico. Y el instrumento
insignia, el bombo legüero, suena igual al sur que al norte de la frontera.
No es casualidad: durante
décadas, campesinos, músicos y bailarines cruzaron la región del Chaco sin
pedir permiso. La chacarera viajaba con ellos.
Hoy, el género vive un
momento de renovación. Bandas jóvenes de ambos países la recuperan, la mezclan
con otros ritmos y la suben a escenarios internacionales. Y aunque cada tanto
alguna discusión en redes sociales reclama la “pureza” del origen (como ocurrió
en noviembre de 2025 con un video viral de una artista boliviana bailando con
los colores de su país), la mayoría de los especialistas prefiere mirar hacia
atrás con una mirada menos nacionalista y más realista.
“Si alguien puede quejarse de apropiación
cultural —escribió un usuario en aquella polémica— sería un peruano, porque la
chacarera viene de la zamacueca”.
Un comentario provocador,
sí, pero que recuerda algo esencial: el folclore latinoamericano es un enorme
tejido de influencias mutuas. La chacarera le debe tanto a la zamacueca peruana
como a las músicas indígenas del Chaco, al igual que le debe al bombo africano
y a la guitarra española.
Ningún
género nace en el vacío.
Un cierre con ritmo de
bombo
Entonces, ¿la chacarera
es argentina o boliviana? La respuesta académica, serena y quizás un poco
incómoda para los nacionalismos de ambos lados, es esta: las dos cosas a la
vez.
Santiago del Estero le
dio forma, la sistematizó y la difundió al mundo. Pero el corazón del género
late más fuerte en la memoria del Gran Chaco, esa tierra sin pasaporte donde
los peones compartían faena, idioma y música antes de que los mapas los
separaran.
Quizás lo más sabio,
cuando suene el bombo y se levante la tierra en una peña, no sea preguntar de
dónde viene la chacarera, sino celebrar que —por suerte— todavía nos sigue
juntando.
Referencias
Aretz, Isabel. Hallazgo
en "Memorias de Florencio Sal" (Tucumán, 1913)
Vega, Carlos. Estudios
sobre la chacarera y su presencia en Bolivia
Gutiérrez, Miguel Ángel.
"Técnica Básica de Rasgueo"

No hay comentarios.:
Publicar un comentario