domingo, 14 de junio de 2026

La lenta agonía del embalse Río Hondo: La crisis silenciosa que amenaza el corazón hídrico del Norte

Construido para ser el motor de desarrollo del Noroeste argentino, el embalse de las Termas de Río Hondo enfrenta hoy una doble amenaza: la asfixia por sedimentos y un cóctel tóxico que pone en jaque no solo a Santiago del Estero, sino a toda la cuenca del Salí-Dulce. Una historia de promesas incumplidas y un grito ambiental que no puede seguir esperando.



Imaginen un espejo de agua de casi 300 kilómetros cuadrados, diseñado para domar las crecidas, regar más de mil kilómetros cuadrados, generar energía y convertirse en el pulmón turístico de Santiago del Estero. Ese era el sueño original del embalse de Río Hondo. Sin embargo, hoy, bajo la aparente calma de sus 5,3 metros de profundidad media, late un corazón enfermo.


Lo que alguna vez fue una obra de ingeniería de propósitos múltiples se ha transformado en el escenario de una crisis ecológica silenciosa, pero devastadora. Según advierten informes técnicos y la propia Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), la vida útil del lago, proyectada originalmente en 200 años, se ha reducido drásticamente a tan solo 70 años. Y de esos, ya hemos consumido 35.

[Gráfico sugerido 1: Infografía comparativa. A la izquierda, una silueta del embalse con sus datos originales (Superficie: 296,7 km², Volumen: 1745 hm³). A la derecha, un indicador de alerta mostrando la pérdida de más de 4.000 hectáreas de espejo de agua y la reducción de su vida útil del 100% al 35%].

La asfixia lenta: Cuando la montaña se desmorona

El primer enemigo del embalse no llega con estruendo, sino grano a grano. Se llama colmatación.



El proceso es tan brutal como poético en su tragedia: las intensas lluvias del pedemonte tucumano (que superan los 2.800 mm anuales) golpean una montaña degradada por la deforestación para dar lugar a cultivos de cítricos y caña de azúcar. Sin la rugosidad de la vegetación para frenarlo, el suelo arcilloso se disgrega. El agua, ahora cargada de sedimentos rocosos y altamente abrasiva, arrastra todo a su paso con gran energía hasta que, al llegar a la calma del lago, estos materiales se depositan en el fondo.

El resultado es alarmante: el embalse ha perdido entre un 10% y un 17% de su capacidad de almacenamiento según cifras oficiales, pero investigaciones de la UNSE sugieren que esta cifra podría alcanzar el 35%. La sedimentación anual supera el 2%, un ritmo tan acelerado que el propio río Salí ha perdido su cauce natural, formando un nuevo delta en su desembocadura. El lago se está llenando de tierra, y con ella, se entierra su futuro.

[Gráfico sugerido 2: Ilustración secuencial o mapa de la cuenca que muestre el recorrido del agua desde el pedemonte (5.500 m de altura) hasta la presa, destacando visualmente cómo la falta de vegetación permite el arrastre de sedimentos (70% arcilla, 20% limo, 10% arena) hacia el embalse].

Un cóctel tóxico: La contaminación con nombre y apellido

Si la tierra lo asfixia, el agua lo envenena. Durante la época de zafra (de octubre a marzo), cuando el lago suele estar casi lleno, más del 80% de su superficie se encuentra contaminada.





No se trata de un fenómeno abstracto. La contaminación tiene nombre y apellido, y sus fuentes están documentadas por la Policía Ecológica de Tucumán y el Juzgado Federal desde 1995. Los principales culpables son los residuos de la industria azucarera (cachaza, melaza y vinaza), que actúan como fertilizantes descontrolados, alterando el nitrógeno y el fósforo del agua. A esto se suman los desechos cloacales sin tratar y basurales a cielo abierto, como el de Pacará Pintado, donde la quema de PVC libera dioxinas a apenas 10 metros del río Salí.

Pero la amenaza también viaja desde el norte. La Minera La Alumbrera, en Catamarca, traslada su producción mediante un mineraloducto de 317 km que ha sufrido múltiples roturas documentadas. El agua residual de su proceso de deshidratación es vertida en el canal DP2, que desemboca en el río Salí y, finalmente, en nuestro embalse. Informes de Gendarmería ya han detectado metales pesados como cobre y cromo en niveles superiores a los tolerables; inhibidores biológicos capaces de bloquear el transporte de oxígeno en la sangre.

[Gráfico sugerido 3: Mapa de calor de la cuenca Salí-Dulce señalando los focos de contaminación: Ingenios, frigoríficos, curtiembres, el mineraloducto desde Catamarca y el basural de Cruz Alta, con una leyenda que indique el nivel de afectación estacional (1/3, 1/2 o 80% del lago contaminado)].

El grito de la cuenca: Una deuda que no admite más postergaciones

El deterioro de Río Hondo no es un problema aislado de Santiago del Estero. Es una bomba de tiempo ecológica que afecta el agua de riego y ganadería local, pone en peligro la biodiversidad de la Laguna de Mar Chiquita en Córdoba y amenaza con contaminar las aguas trasvasadas hacia la provincia de Santa Fe. La fauna ictícola del embalse, advierten los estudios, podría extinguirse en menos de cinco años.

Frente a este panorama, el Foro Ambiental de Las Termas de Río Hondo levantó la voz, presentando un petitorio urgente amparado en el Artículo 41 de la Constitución Nacional. Sus demandas son claras y no admiten medias tintas:

  1. La construcción obligatoria de plantas de tratamiento de efluentes industriales y cloacales en un plazo no mayor a un año.
  2. La declaración de emergencia ambiental para convocar a universidades y expertos a salvar la vida que aún resiste en el embalse.
  3. Un plan inmediato de reforestación y vallas de contención de sedimentos en el pedemonte tucumano.
  4. La inclusión de la sociedad civil en el Comité de Cuenca Salí-Dulce para auditar con nombre y apellido a las empresas contaminantes.

El espejo que nos devuelve nuestra responsabilidad

El agua no tiene memoria, pero la tierra sí. Cada litro de agua que el embalse de Río Hondo pierde por sedimentación o envenena por negligencia industrial, es una promesa rota con las generaciones futuras.

Recuperar este cuerpo de agua no es solo una cuestión de ingeniería o de presupuestos; es una obligación moral. Requiere dragado, sí, pero sobre todo requiere voluntad política, reforestación masiva y un cambio radical en el modelo de producción de la cuenca.

Como reza la última línea del informe que dio origen a esta lucha: "Depende de nosotros". La pregunta que nos queda flotando, como la bruma sobre el lago al amanecer, es si seremos capaces de actuar antes de que el nuevo delta del río Salí se convierta en la única orilla que nos quede.


Nota del editor: Este artículo se basa en el "Informe Ambiental Termas Río Hondo", elaborado a partir de documentación de la Asociación de Ingenieros, Técnicos y Especialistas de Santiago del Estero (AITE) y datos de la UNSE, la Policía Ecológica de Tucumán y el Foro Ambiental de Las Termas.

 

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