martes, 7 de julio de 2026

Entre la fe, la escuadra y el misterio: Los secretos que guarda la Catedral de Santiago del Estero

Inaugurada en 1877, la "Madre Iglesia" argentina no solo resguarda reliquias y la cripta de héroes locales; también esconde un sincretismo masónico en sus altares y una red de túneles que desafía la leyenda urbana. Un recorrido por el corazón espiritual y subterráneo de la Plaza Libertad.



Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Pararse frente a la Plaza Libertad y alzar la vista hacia las dos torres de 50 metros que custodian la calle 24 de Septiembre es, en Santiago del Estero, un ejercicio de arqueología visual. Allí, imponente y serena, se yergue la Catedral Basílica. Pero más allá de su fachada neoclásica y su ubicación privilegiada (Calle 24 de Septiembre 55), este edificio no es solo un templo; es un cofre de piedra que guarda las capas más profundas de la historia provincial.

Hablamos de la primera catedral de Argentina, erigida originalmente en 1570. Sin embargo, el edificio que hoy admiramos, inaugurado en 1877 y declarado Monumento Histórico Nacional en 1953, es en realidad el quinto templo levantado sobre este mismo suelo sagrado. Cada ladrillo, cada vitral y cada metro cúbico de tierra bajo sus cimientos parece susurrar historias que van desde la devoción colonial hasta los secretos de las logias y la supervivencia en tiempos de guerra.

La "Madre Iglesia" y su esplendor interior

Al cruzar el umbral, el ruido de la ciudad se apaga. El interior es un estallido de neoclasicismo y oro. Los techos ornamentados y los altares detallados guían la mirada hacia un órgano de 1931 que aún respira música en las festividades. Pero es en la cripta donde el tiempo se detiene y la historia se vuelve carne: allí descansan los restos de importantes obispos y héroes provinciales como Juan Francisco Borges, tío abuelo de Manuel Belgrano y figura clave en la gesta emancipadora.

Sin embargo, para el ojo entrenado, la Catedral revela una dualidad fascinante. No todo lo que brilla es ortodoxia católica.

El ojo que todo lo ve: Un guiño masónico

A finales del siglo XIX, mientras se reconstruía el edificio actual, la "Generación del 80" santiagueña —intelectuales, arquitectos y constructores— tenía una particularidad: muchos pertenecían a logias masónicas. Esto derivó en un fenómeno único: un sincretismo donde la simbología católica convive, casi en complicidad, con la iconografía masónica.

Si te animas a buscar, encontrarás las "marcas" del taller:

  • El Delta Luminoso: En la cúpula, sobre el altar mayor, el "Ojo que todo lo ve". Para el fiel católico es la Providencia; para el iniciado, representa al Gran Arquitecto del Universo (GADU).
  • Las Columnas: En el sector de la Virgen de Loreto, las columnas no son solo soporte estructural; evocan la estabilidad y la unión mística entre cielo y tierra, un pilar fundamental de la tradición masónica.
  • La Calavera y las Tibias: Quizás el hallazgo más inquietante se encuentra en un vitral dedicado al Señor de los Milagros de Mailín. Lejos de ser un motivo fúnebre cristiano, en la masonería este símbolo del "cuarto de reflexiones" habla de la mortalidad, el desapego y el renacimiento espiritual.

Este fenómeno no es aislado; si caminas por el casco histórico, verás que estas "firmas" también se repiten en fachadas como las de la Biblioteca Sarmiento, dibujando una ciudad paralela sobre la ciudad visible.

El misterio bajo el asfalto: Túneles que son reales

Pero el misterio no termina en las alturas de la cúpula; se profundiza bajo nuestros pies. Durante décadas, la existencia de túneles subterráneos bajo la Catedral y el casco histórico fue tratada como folclore, una simple leyenda urbana para asustar niños. Hoy, la arqueología ha confirmado lo que la memoria colectiva siempre supo: la red es real.

Se dice que estos pasadizos conectaban los puntos neurálgicos del poder en la época colonial y el siglo XIX: uniendo la Catedral con el Antiguo Cabildo (hoy Centro Cultural del Bicentenario) y la antigua casa del gobernador Juan Felipe Ibarra.

¿Para qué servían? La historia oral y los registros de la Dirección de Patrimonio Cultural sugieren funciones vitales:

  1. Escape seguro: Rutas de huida para gobernantes y clérigos ante revueltas o ataques de malones.
  2. Logística oculta: Traslado discreto de prisioneros o circulación de información sin ser vistos.
  3. Herencia colonial: Algunos ramales habrían sido cavados originalmente por jesuitas y dominicos, y ampliados luego por los gobiernos de Ibarra y los Taboada.

Aunque el tramo exacto bajo la Catedral permanece cerrado por seguridad estructural, el misterio sigue vivo y visitable. Solo basta con bajar al Centro Cultural del Bicentenario (CCB) o a la histórica Casa Taboada. Allí, entre paredes de ladrillo antiguo y techos bajos, uno puede caminar por esas venas subterráneas y sentir, literalmente, el pulso del Santiago del ayer.

Reflexión final

La Catedral Basílica de Santiago del Estero es mucho más que un punto de encuentro dominical. Es un palimpsesto de piedra y tierra donde conviven la fe inquebrantable, la ambición intelectual de la masonería del siglo XIX y el ingenio desesperado de supervivencia de sus gobernantes.

La próxima vez que pases por la Plaza Libertad, no mires solo las torres. Recuerda que, bajo tus zapatos, la historia sigue fluyendo en silencio, esperando ser redescubierta.

 

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