Inaugurada en 1877, la "Madre Iglesia" argentina no solo resguarda reliquias y la cripta de héroes locales; también esconde un sincretismo masónico en sus altares y una red de túneles que desafía la leyenda urbana. Un recorrido por el corazón espiritual y subterráneo de la Plaza Libertad.
Por Leyendas del Folclore
Santiagueño
Pararse frente a la Plaza
Libertad y alzar la vista hacia las dos torres de 50 metros que custodian la
calle 24 de Septiembre es, en Santiago del Estero, un ejercicio de arqueología
visual. Allí, imponente y serena, se yergue la Catedral Basílica. Pero más allá
de su fachada neoclásica y su ubicación privilegiada (Calle 24 de Septiembre
55), este edificio no es solo un templo; es un cofre de piedra que guarda las
capas más profundas de la historia provincial.
Hablamos de la primera
catedral de Argentina, erigida originalmente en 1570. Sin embargo, el edificio
que hoy admiramos, inaugurado en 1877 y declarado Monumento Histórico Nacional
en 1953, es en realidad el quinto templo levantado sobre este mismo
suelo sagrado. Cada ladrillo, cada vitral y cada metro cúbico de tierra bajo
sus cimientos parece susurrar historias que van desde la devoción colonial
hasta los secretos de las logias y la supervivencia en tiempos de guerra.
La "Madre
Iglesia" y su esplendor interior
Al cruzar el umbral, el
ruido de la ciudad se apaga. El interior es un estallido de neoclasicismo y
oro. Los techos ornamentados y los altares detallados guían la mirada hacia un
órgano de 1931 que aún respira música en las festividades. Pero es en la cripta
donde el tiempo se detiene y la historia se vuelve carne: allí descansan los
restos de importantes obispos y héroes provinciales como Juan Francisco
Borges, tío abuelo de Manuel Belgrano y figura clave en la gesta
emancipadora.
Sin embargo, para el ojo
entrenado, la Catedral revela una dualidad fascinante. No todo lo que brilla es
ortodoxia católica.
El ojo que todo lo ve: Un
guiño masónico
A finales del siglo XIX,
mientras se reconstruía el edificio actual, la "Generación del 80"
santiagueña —intelectuales, arquitectos y constructores— tenía una
particularidad: muchos pertenecían a logias masónicas. Esto derivó en un
fenómeno único: un sincretismo donde la simbología católica convive, casi en complicidad,
con la iconografía masónica.
Si te animas a buscar,
encontrarás las "marcas" del taller:
- El Delta Luminoso:
En la cúpula, sobre el altar mayor, el "Ojo que todo lo ve".
Para el fiel católico es la Providencia; para el iniciado, representa al
Gran Arquitecto del Universo (GADU).
- Las Columnas:
En el sector de la Virgen de Loreto, las columnas no son solo soporte
estructural; evocan la estabilidad y la unión mística entre cielo y
tierra, un pilar fundamental de la tradición masónica.
- La Calavera y las Tibias:
Quizás el hallazgo más inquietante se encuentra en un vitral dedicado al
Señor de los Milagros de Mailín. Lejos de ser un motivo fúnebre cristiano,
en la masonería este símbolo del "cuarto de reflexiones" habla
de la mortalidad, el desapego y el renacimiento espiritual.
Este fenómeno no es
aislado; si caminas por el casco histórico, verás que estas "firmas"
también se repiten en fachadas como las de la Biblioteca Sarmiento, dibujando
una ciudad paralela sobre la ciudad visible.
El misterio bajo el
asfalto: Túneles que son reales
Pero el misterio no
termina en las alturas de la cúpula; se profundiza bajo nuestros pies. Durante
décadas, la existencia de túneles subterráneos bajo la Catedral y el casco
histórico fue tratada como folclore, una simple leyenda urbana para asustar
niños. Hoy, la arqueología ha confirmado lo que la memoria colectiva siempre
supo: la red es real.
Se dice que estos
pasadizos conectaban los puntos neurálgicos del poder en la época colonial y el
siglo XIX: uniendo la Catedral con el Antiguo Cabildo (hoy Centro Cultural del
Bicentenario) y la antigua casa del gobernador Juan Felipe Ibarra.
¿Para qué servían? La
historia oral y los registros de la Dirección de Patrimonio Cultural sugieren
funciones vitales:
- Escape seguro:
Rutas de huida para gobernantes y clérigos ante revueltas o ataques de
malones.
- Logística oculta:
Traslado discreto de prisioneros o circulación de información sin ser
vistos.
- Herencia colonial:
Algunos ramales habrían sido cavados originalmente por jesuitas y
dominicos, y ampliados luego por los gobiernos de Ibarra y los Taboada.
Aunque el tramo exacto
bajo la Catedral permanece cerrado por seguridad estructural, el misterio sigue
vivo y visitable. Solo basta con bajar al Centro Cultural del Bicentenario
(CCB) o a la histórica Casa Taboada. Allí, entre paredes de ladrillo
antiguo y techos bajos, uno puede caminar por esas venas subterráneas y sentir,
literalmente, el pulso del Santiago del ayer.
Reflexión final
La Catedral Basílica de
Santiago del Estero es mucho más que un punto de encuentro dominical. Es un
palimpsesto de piedra y tierra donde conviven la fe inquebrantable, la ambición
intelectual de la masonería del siglo XIX y el ingenio desesperado de supervivencia
de sus gobernantes.
La próxima vez que pases
por la Plaza Libertad, no mires solo las torres. Recuerda que, bajo tus
zapatos, la historia sigue fluyendo en silencio, esperando ser redescubierta.

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