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martes, 14 de julio de 2026

El sabor de la tradición y el desafío de cuidar la salud

Las comidas típicas de Santiago del Estero forman parte de la memoria colectiva de la provincia. En cada chipaco, tortilla o rosquete conviven historias familiares, saberes transmitidos de generación en generación y el trabajo de cientos de pequeños productores. Sin embargo, especialistas advierten que el crecimiento de su consumo cotidiano abre un debate necesario: cómo preservar estas tradiciones sin descuidar la salud.

 


Hay aromas capaces de despertar recuerdos. El pan recién salido del horno, una tortilla casera compartida durante la ronda del mate o los rosquetes preparados para una celebración son escenas que forman parte de la identidad santiagueña. Más que simples recetas, estos alimentos representan una herencia cultural que sigue viva en los hogares, las panaderías y las ferias de toda la provincia.

Además de su valor afectivo, estas preparaciones sostienen una importante actividad económica. Detrás de cada producto hay familias, emprendedores y pequeños productores que mantienen vivas técnicas y costumbres transmitidas durante décadas.

Sin embargo, en los últimos años comenzó a observarse un cambio en la forma de consumir estos alimentos. Lo que antes estaba reservado para reuniones familiares, festividades o momentos especiales, hoy suele ocupar un lugar cotidiano en la alimentación. En muchos casos, incluso, reemplaza desayunos, meriendas o comidas completas.

Para la licenciada en Nutrición Raquel Carranza, este cambio merece una reflexión desde la salud pública.

"La ciencia es clara: el problema no son los alimentos tradicionales en sí mismos, sino la frecuencia y la cantidad con que se consumen, especialmente cuando desplazan alimentos frescos como frutas, verduras, legumbres, lácteos y cereales integrales", explicó la especialista en un diálogo con El Liberal.

Carranza señala que gran parte de estas preparaciones se elaboran con harina de trigo refinada, grasas de origen animal, manteca, azúcar y, en algunos casos, importantes cantidades de sodio. Son ingredientes que aportan energía, pero cuyo consumo excesivo puede favorecer desequilibrios nutricionales.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud van en la misma dirección. El organismo aconseja que la alimentación diaria esté basada principalmente en alimentos mínimamente procesados y que se limite el consumo de azúcares libres, grasas saturadas y sodio, debido a su relación con enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y distintos trastornos cardiovasculares. También promueve el consumo de cereales integrales por su mayor aporte de fibra y sus beneficios para el control de la glucosa y la sensación de saciedad.

Ahora bien, ¿significa esto que hay que dejar de comer chipaco, tortillas o rosquetes?

La respuesta, según la nutricionista, es clara: no.

"La evidencia científica demuestra que ningún alimento aislado determina por sí solo el estado de salud. Lo que realmente importa es el patrón alimentario que una persona mantiene durante meses y años", sostiene.

Compartir un chipaco en una reunión familiar, disfrutar una tortilla casera con el mate o saborear un rosquete durante una fiesta tradicional no representa un riesgo para una persona sana. El inconveniente aparece cuando estos alimentos pasan a ocupar un lugar permanente en la dieta diaria y desplazan opciones con mayor calidad nutricional.

Pero reducir este debate únicamente a las calorías sería perder de vista una parte esencial de la historia.

Las comidas regionales también cumplen un papel cultural difícil de reemplazar. Conservan técnicas culinarias heredadas, fortalecen los vínculos entre generaciones, impulsan el turismo gastronómico y sostienen el trabajo de panaderos, emprendedores y productores locales. Cada receta habla de un territorio y de una comunidad que encuentra en la cocina una forma de preservar su identidad.

Por eso, Carranza propone un camino que no enfrenta tradición y salud, sino que busca hacerlas convivir.

Algunas modificaciones sencillas pueden mejorar el perfil nutricional de estas preparaciones sin alterar su esencia. Incorporar una parte de harina integral, reducir la cantidad de grasa utilizada, disminuir el azúcar en los productos de panificación o acompañarlos con frutas, lácteos e infusiones sin azúcar son alternativas que permiten mantener el sabor sin resignar calidad alimentaria.

También recomienda reservar estas elaboraciones para momentos especiales o consumirlas con moderación, evitando que sustituyan diariamente comidas completas.

El planteo cobra aún más relevancia en un contexto donde Argentina registra un crecimiento sostenido de enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas la obesidad, la diabetes y la hipertensión arterial.

Frente a ese escenario, la especialista insiste en que la solución no pasa por abandonar las costumbres gastronómicas, sino por recuperar el equilibrio.

"Valorar nuestras raíces también implica cuidar la salud de las generaciones presentes y futuras. El verdadero desafío es que el chipaco, la tortilla o el rosquete sigan ocupando un lugar de orgullo dentro de nuestra cultura, sin convertirse en el centro de nuestra alimentación cotidiana", afirma.

Porque la identidad de un pueblo también se construye alrededor de su mesa. Y quizá el mayor homenaje que podamos hacerles a esas recetas heredadas sea disfrutarlas como siempre fueron concebidas: como un encuentro, una celebración y un vínculo con nuestra historia, sin perder de vista que preservar las tradiciones también significa cuidar la salud de quienes las mantendrán vivas en el futuro.

Fuente: Diario El Liberal.

sábado, 20 de junio de 2026

Rosquetes santiagueños ¡Receta criolla!

 


Si sos de Santiago del Estero seguro que los has probado, y si has visitado alguna vez la provincia, probablemente te han invitado unos rosquetes santiagueños. ¡Y estoy mucho más seguro de que quién los ha comido no se los olvida nunca!

Con esta receta, si estamos lejos del pago, podremos prepararnos unos bien ricos. No serán como los loretanos, pero bueno, algo para aplacar la nostalgia del estómago.

Sin más preámbulos te contamos la receta de rosquete santiagueño, bien criollo, bien nuestro.

Cómo hacer Rosquetes santiagueños

Ingredientes que hacen la diferencia:

Para preparar los deliciosos rosquetes santiagueños, necesitarás los siguientes ingredientes:

5 yemas de huevo
1 cucharadita de sal
50 gramos de levadura
200 gramos de azúcar
150 gramos de grasa vacuna derretida
1 kilogramo de harina común (aproximadamente)
Aproximadamente 200 ml de agua tibia

Preparación paso a paso:

Comienza batiendo las yemas hasta que la mezcla espese ligeramente y adquiera una textura cremosa.

Tamiza la harina y agrega la sal alrededor del hueco que formarás en el centro de la harina.

En el hueco, coloque la levadura, una cucharadita de azúcar y un poco de agua tibia. Mezcle estos ingredientes para activar la levadura y lograr una fermentación adecuada.

Luego, incorpora la grasa derretida a la mezcla y continúa agregando el resto del agua tibia poco a poco mientras amasas vigorosamente. Siga amasando hasta obtener una masa suave y elástica.

Divide la masa en pequeñas porciones y forma rollitos de aproximadamente 20 cm de largo (o ajusta el tamaño según tu preferencia). Une los extremos de cada rollito para darles la típica forma de rosquilla.

Coloque los rosquetes en una fuente enmantecada y enharinada, preparándolos para el horneado. Déjalos reposar durante 30 minutos.

Pre-calienta el horno a 200°C y hornea los rosquetes durante unos 35 minutos o hasta que estén dorados y cocidos.

El toque dulce del blanqueo:

El blanqueo es una etapa crucial en la preparación de los rosquetes santiagueños, ya que es lo que les da ese distintivo sabor dulce y la capa brillante. Para blanquear los rosquetes, necesitarás los siguientes ingredientes:

5 claras de huevo
1 taza de azucar
1 taza de agua
Unas gotitas de limón

El proceso de blanqueo:

En una cacerola, lleva a ebullición una taza de agua junto con una taza de azúcar hasta obtener un almíbar a punto de hilo.

Mientras se prepara el almíbar, bate las claras de huevo a punto de nieve, asegurándote de que estén bien firmes.

Agregue lentamente el almíbar caliente a las claras batidas mientras continúa batiendo. También añade unas gotitas de limón para darle un toque de acidez al merengue.

Con la ayuda de un pincel de cocina, cubre los rosquetes con este merengue, asegurándote de cubrirlos completamente para obtener una capa brillante y dulce.

Deja reposar los rosquetes al sol durante un tiempo para que el merengue se seque y se fije sobre ellos.

La degustación:

Una vez que los rosquetes santiagueños han sido blanqueados, es momento de disfrutarlos en todo su esplendor. Su exterior dorado y brillante esconde un interior esponjoso y lleno de sabor. Acompañados de un mate o una buena taza de café, los rosquetes son un verdadero placer para el paladar.

Fte: sursantiago.com.ar