domingo, 5 de julio de 2026

Vida, obra y el rescate histórico de Ramón Carrillo, el médico del pueblo

 


Ramón Carrillo nació en Santiago del Estero el 7 de marzo de 1906 y murió en la pobreza y enfermo en Belém do Pará, Brasil, el 20 de diciembre de 1956. Fue un destacado neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista que llegó a ser el primer ministro de Salud de la Argentina. Perteneció a la prestigiosa escuela neurobiológica argentino-germana y también incursionó en la antropología filosófica, donde dejó esbozada una "Teoría general del hombre".

Trayectoria científica y descubrimientos

Entre 1930 y 1945, Carrillo realizó valiosas investigaciones sobre la neuroglía (las células cerebrales que no son neuronas), desarrollando métodos para teñirlas y observarlas al microscopio. También estudió su origen evolutivo y la anatomía comparada del cerebro en distintas clases de vertebrados.

Durante esos quince años aportó técnicas innovadoras de diagnóstico neurológico, como la yodoventriculografía y la tomografía (que combinada con el electroencefalograma llamó tomoencefalografía, una clara precursora de la tomografía computada actual). Además, logró resultados importantes en la investigación de las hernias cisternales y los síndromes postconmocionales, descubrió la papilitis aguda epidémica (o enfermedad de Carrillo), detalló las esclerosis cerebrales mediante trasplantes de cerebro vivo en conejos, y reclasificó histológicamente los tumores cerebrales y las aracnoiditis. También propuso una "Clasificación de las enfermedades mentales" muy utilizada antes de la llegada de los manuales DSM.

En 1942, con 36 años, ganó por concurso la cátedra de Neurocirugía de la Universidad de Buenos Aires. A pesar de tener una carrera científica brillante y un futuro asegurado, decidió dar un giro rotundo para dedicarse por completo al sanitarismo y la medicina social, el ámbito desde donde creía que podía transformar la salud pública.

La gestión en el ámbito público

Carrillo conoció en el Hospital Militar al coronel Juan Domingo Perón, con quien compartía largas charlas mientras este era paciente. Perón lo convenció de planificar la política sanitaria del gobierno y, tras una breve y conflictiva gestión como decano de la Facultad de Medicina en 1945, Carrillo asumió en 1946 al frente de la Secretaría de Salud Pública, que luego se convertiría en Ministerio.

Para armar su equipo, sumó a su gran amigo Salomón Chichilnisky —médico y literato que lo había ayudado a superar las secuelas de una grave enfermedad en 1937— y a su hermano Santiago Carrillo, discípulo del científico Braulio Moyano. Además, coordinó su trabajo de manera directa con Eva Perón para potenciar el alcance de sus políticas.

Durante sus ocho años de gestión, Carrillo aplicó criterios innovadores como la "centralización normativa y descentralización ejecutiva" e incluso adaptó principios de la cibernética al planeamiento estratégico del Estado (cibernología), creando un instituto específico en 1951 tras cartearse con Norbert Wiener.

Los resultados de su administración transformaron el país:

·         El número de camas de hospital pasó de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954.

·         Se crearon 234 hospitales y policlínicas gratuitos en distintos puntos del país, como en Chaco, Santa Fe, Santiago del Estero, Neuquén y Río Negro.

·         La mortalidad infantil bajó del 90 por mil en 1943 al 56 por mil en 1955.

·         Los índices de tuberculosis cayeron de 130 por cada cien mil habitantes en 1946 a 36 en 1951.

·         Se erradicó el paludismo mediante campañas masivas dirigidas por los doctores Alvarado y Coll, y se controlaron el tifus, la brucelosis y las enfermedades venéreas.

·         Se fundó EMESTA, la primera fábrica nacional de medicamentos, para abaratar los remedios.

·         Se instalaron hábitos sanitarios definitivos, como las campañas masivas de vacunación y la obligatoriedad del certificado de salud para la escuela y los trámites.

El exilio, el olvido y el rescate histórico

Carrillo renunció a su cargo en julio de 1954, antes del derrocamiento de Perón en septiembre de 1955. Con la llegada de la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, debió exiliarse. El régimen de Lonardi y Aramburu lo persiguió políticamente, lo acusó de corrupción, inhibió sus bienes, confiscó sus cuadros y libros, y llegó a presionar diplomáticamente al gobierno de Brasil para que no le diera asistencia médica.

Al mismo tiempo, la dictadura abandonó o demolió las grandes obras hospitalarias que Carrillo había dejado en marcha para borrar cualquier rastro de la gestión anterior. El caso más emblemático fue el "Elefante Blanco", proyectado para ser el hospital de niños más grande de Latinoamérica y que quedó abandonado durante décadas.

Sufriendo una grave pobreza y una hipertensión mal tratada, Carrillo pasó sus últimos meses en Belém do Pará, donde siguió escribiendo sobre antropología filosófica hasta su muerte a los 50 años.

Su figura fue silenciada por el Estado hasta el breve tercer gobierno de Perón (1973-1974), cuando se le dio su nombre a varios hospitales, aunque su biografía e ideas médicas siguieron siendo poco conocidas por fuera del ámbito neurobiológico. En 2005, su hermano Arturo Carrillo logró publicar, de forma totalmente independiente, un libro que detallaba la magnitud de su obra. Esta publicación impulsó al gobierno argentino a declarar el 2006 como el "Año de homenaje a Ramón Carrillo", lo que generó numerosos actos de desagravio y la reedición de sus textos sobre medicina social.

La esencia de su pensamiento quedó resumida en una de sus frases más conocidas: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.

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