En el día de hoy murió
Paulino a los 75 años. Se fue un eterno personaje de las calles céntricas de
Santiago. Consuetudinario mendigo; nadie conoció dónde vivía, cuál era su
nombre real, si comía o si tenía hijos. Creo que a la sociedad poco y nada le
interesó su vida.
Perduró en el tiempo a
pesar de que la vida le fue esquiva. No ofendía a nadie, ni aun cuando se le
negaba una limosna. Él seguía deambulando: desaseado, flaco, de pelo duro,
desdentado y con evidentes rasgos afro, una condición que también lo marginaba.
Tampoco se supo si tuvo educación escolar; hace años, mendigaba junto a su
madre.
Lo cierto es que pasaron
los años y los gobiernos, y nadie se ocupó de mejorarle la vida a este y a
otros personajes de la ciudad. Son postales urbanas, pero no pueden morir así,
indigentes y postergados.
No es una exageración lo
que relato. En el Nuevo Diario del 27 de julio de 2003 se contaba una anécdota
suya en el desaparecido Trust Pastelero, que quedará grabada en la memoria de
quienes la vivieron:
"Resulta que el
muchacho que atendía la caja estaba muy entretenido mirando la televisión.
Habían pedido un lomito y el mozo se lo dejó a un costado para que se fiche. En
eso, Paulino, que volvía del baño, se dio cuenta y, como el cajero estaba
abstraído, empezó a comerlo: primero un mordisco, después otro y por último se
llevó el resto. Todos los muchachos que eran habitués del bar se dieron cuenta,
pero no dijeron nada; se unieron en solidaridad y complicidad. Obviamente,
cuando el mozo se avivó, fue raudamente a buscarlo a la vereda. Pero Paulino ya
andaba por ahí, satisfecho y escabullido entre la gente. ¡Por fin carne!"
Miguel
Brevetta Rodriguez escribió un poema "Paulino" y que Tomás Lescano en
ritmo de chamamé, lo describe a la perfección y el que grabó interpretándolo por
destacados artistas santiagueños:

No hay comentarios.:
Publicar un comentario