En la inmensidad del mapa
argentino, hay lugares donde el tiempo parece haber tomado una decisión sabia:
no apurarse, sino madurar. Unos 200 kilómetros al este de la capital de
Santiago del Estero, donde el sol dobla la apuesta y el polvo cuenta historias,
se encuentra Quimilí Paso, un pequeño rincón del monte que se convirtió
en el epicentro de un milagro silencioso. No es un milagro de esos que salen en
los noticieros con luces de neón, sino uno que se amasa con las manos, se teje
en el telar y se respira bajo la sombra de los algarrobos.
La historia reciente de
este pueblo es el testimonio de cómo la ecología y la identidad cultural pueden
salvarse mutuamente. En pleno corazón de la llanura chaqueña-santiagueña, una
comunidad decidió plantarse frente al desmonte y el olvido para reconstruir su
destino a partir de lo que mejor sabe hacer: honrar la herencia de sus mayores.
Un refugio verde en la
tierra del mistol
El punto de inflexión
para Quimilí Paso comenzó a gestarse hace poco más de dos décadas con la
creación de la Reserva Natural Amílcar Romeo, un espacio que nació bajo
el ala protectora de la Asociación Adobe. En aquel entonces, el monte
santiagueño sufría, como tantas otras regiones del Gran Chaco, el avance
implacable de la frontera agrícola y la deforestación.
Hoy, caminar por los
senderos de la reserva es entrar a una suerte de arca de Noé botánica. En poco
más de veinte años, el área protegida logró lo que muchos creían imposible:
recuperar especies nativas de fauna y flora que estaban al borde de desaparecer
de la zona. El paisaje, antes amenazado, hoy vibra con el verde grisáceo de las
tunas nativas, los mistoles, los chañares y esos algarrobos históricos que son
la columna vertebral de la vida santiagueña.
La reserva demostró que
el monte no es "tierra vacía" o "maleza a desmontar", sino
un ecosistema vivo y productivo. Pero el verdadero acierto de la Asociación
Adobe —impulsada fuertemente por la enorme labor de Andreina Bassetti de Rocca,
quien falleció en 2024 a los 99 años de edad dejando un legado imborrable— fue
entender que no se puede proteger la naturaleza si se expulsa o se condena
al olvido a la gente que vive en ella.
Manos santiagueñas: la
resurrección de los oficios
La ecología en Quimilí
Paso vino acompañada de una revolución cultural en las aulas y los patios
coloniales. A través de un trabajo constante en las escuelas de la zona, la asociación
comenzó a sembrar una semilla en los más chicos: el orgullo por las técnicas
ancestrales. Se reactivaron talleres de alfarería moldeada a mano, tejidos en
telar criollo que reviven los antiguos baetones (mantas de lana tupida) y,
fundamentalmente, la ebanistería.
Es imposible hablar de
Quimilí Paso sin encontrarse con el apellido Galeano. La tradición de tallar la
madera corre por las venas de esta familia como la savia misma. Todo comenzó
con don Juan de la Cruz Galeano y sus hijos (Chango, Raúl y Juan Segundo), y
continuó con Néstor Raúl, recordado con cariño por todo el pueblo como
"don Boli".
Hoy, el heredero de ese
conocimiento es Renzo Galeano, un joven ebanista que se transformó en un
auténtico referente del diseño sustentable y cuyos muebles hoy atraen a
viajeros de todo el país hasta este rincón santiagueño, cerca de Colonia Dora.
Ebanistería de monte
adentro: el secreto de la luna menguante
Renzo trabaja la madera
con una filosofía que desconcierta a la inmediatez de la vida urbana. No se trata
de talar por talar; el respeto por el monte es absoluto. Para las piezas de
gran porte utiliza algarrobo, pero siempre bajo la premisa de que sea
"seco en pie", es decir, árboles que terminaron su ciclo vital de
forma natural.
Sin embargo, el verdadero
sello distintivo de sus sillas y sillones es el uso del chañar.
"El chañar para
muchos es plaga y para nosotros es una bendición. No sirve para mucho más que
para este tipo de muebles", explica Renzo Galeano con el orgullo de quien
custodia un secreto antiguo.
Y el secreto no es menor.
Para que un mueble de chañar resista el paso del tiempo y dure cien años sin
quebrarse ni ser atacado por los insectos, los artesanos siguen a rajatabla una
lección heredada de los pueblos indígenas y los viejos hacheros del monte: la
madera solo se puede cortar durante dos semanas al año, bajo la estricta
influencia de la luna en cuarto menguante, entre los meses de mayo y junio.
Esta sincronía perfecta
entre el ritmo cósmico, los ciclos de la naturaleza y el trabajo manual es lo
que dota a las piezas de Renzo de un valor único. Hace unos cinco años, el
ebanista montó un showroom construido íntegramente en adobe a la vera de la
ruta, un espacio casi surrealista en medio del paisaje donde los muebles de
diseño contemporáneo conviven con baetones antiguos expuestos como obras de
arte.
Arquitectura con aroma a
tierra: la Capilla de Adobe
El renacimiento de
Quimilí Paso también quedó tallado en sus paredes. En el año 2006, la comunidad
sintió la necesidad de levantar un espacio de encuentro espiritual. Fieles a su
identidad, decidieron rechazar el cemento industrial y volvieron a la técnica
constructiva que define al norte argentino: el adobe.
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La capilla de Quimilí Paso, levantada en adobe en 2006, un símbolo de fe, comunión y arquitectura identitaria.. Source: La Nación
La obra fue dirigida por
el propio "don Boli" Galeano, quien se inspiró en los planos de una
antigua capilla familiar ubicada en San Nicolás. El resultado es una estructura
bellísima que se mimetiza con la tierra circundante. Cuenta con un campanario
exento construido completamente en madera y un interior rústico que invita al
silencio. Andreina Bassetti de Rocca trajo desde Milán, su tierra natal, la
imagen de la Virgen Niña que hoy corona el altar, consagrado formalmente el 19
de noviembre de 2006 ante las lágrimas y los aplausos de todos los vecinos.
La capilla no es solo un
templo; es el recordatorio físico de que el adobe —tantas veces asociado
injustamente a la postergación— es en realidad una técnica de arquitectura
bioclimática formidable, capaz de aislar el impiadoso calor del verano
santiagueño y conservar el calor durante las heladas noches de invierno.
Identidad como motor de
futuro
Lo que ocurre en este
paraje santiagueño no es un hecho aislado en el mapa de la cultura argentina,
sino una tendencia que empieza a tomar fuerza: el turismo vivencial y de
arraigo. Los viajeros ya no buscan solamente paisajes de postal para sacarse
una foto; buscan experiencias con alma, historias reales y objetos que tengan
una identidad clara.
Quimilí Paso demuestra
que el camino para fijar la población al territorio y evitar el desarraigo de
los jóvenes hacia las grandes periferias urbanas no pasa por olvidar el pasado,
sino por actualizarlo. Cuando un chico del monte ve que los muebles que hace su
vecino se venden a nivel nacional, o que los tejidos de sus madres son
valorados como piezas de alta artesanía, la perspectiva cambia. El monte deja
de ser un lugar del que hay que escapar para convertirse en el lugar donde se
elige echar raíces.
Con su reserva protegida,
sus huertas orgánicas comunitarias, su fe de barro y sus ebanistas que miran la
luna antes de tocar un árbol, este pequeño pueblo nos deja una lección enorme:
la verdadera modernidad consiste, a veces, en tener el coraje de volver a las
fuentes.
Guía para el viajero:
Datos útiles
Si tenés ganas de conocer
este rincón santiagueño, te dejamos algunas recomendaciones clave para armar el
viaje:
- Cuándo ir: Se recomienda planificar la visita para los meses de otoño, invierno o primavera (de mayo a octubre). El verano santiagueño suele registrar temperaturas extremadamente altas que dificultan las caminatas por el monte.
- Cómo visitarlo:
Para recorrer la Reserva Natural Amílcar Romeo, conocer la huerta comunitaria
y visitar la capilla de adobe, es fundamental coordinar una cita previa
para asegurar que los guías locales e integrantes del proyecto estén
disponibles.
- Contactos de la Asociación Adobe:
- En Santiago del Estero: (3844)
58-6403 (Diego Flamenco).
- En Buenos Aires: (11) 2554-5504.

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