Con un busto homenaje de 1,60 metros a Doña María Luisa y un ciclo de música en las escuelas, año a año la Fiesta de la Abuela Carabajal se prepara para recibir a miles de almas en el mítico barrio Los Lagos.
Por Leyenda del folclore
santiagueño
Hay hogares cuyas paredes
no logran contener el sonido, y patios donde la tierra misma parece tararear
una chacarera. En la ciudad de La Banda, Santiago del Estero, el patio de la
familia Carabajal es el epicentro de un milagro que se renueva cada agosto.
Este año, la tradicional Fiesta de la Abuela Carabajal no solo
congregará a miles de almas sedientas de violines y bombos, sino que dejará una
marca eterna en el paisaje urbano y en el corazón de las nuevas generaciones:
la inauguración de un imponente busto de 1,60 metros en honor a Doña María
Luisa Paz de Carabajal y el lanzamiento de un ciclo de música en vivo que
llevará la identidad folclórica directamente a las escuelas bandeñas.
Lo que nació hace más de
70 años como un íntimo asado familiar para celebrar el cumpleaños de la
matriarca, hoy es un fenómeno cultural de escala internacional. Entre los
días 16, 17 y 18 de agosto, el solar del tradicional barrio Los
Lagos volverá a transformarse en un santuario a cielo abierto. Bajo el
lema "Las Manos de mi Madre”, bautizado en un sensible y justo
homenaje a la célebre obra compuesta por Carlos Oscar "Peteco"
Carabajal, , el festejo desplegará una programación inmensa cuyo eje latirá en
un escenario montado de forma espontánea sobre la calle Ingeniero Iturbe al
100, en la emblemática "Cuna de Poetas y Cantores".
El mapa de un rito que
desborda las peñas
Para el verdadero amante
del folklore, la fiesta comienza mucho antes de las fechas centrales. El
circuito peñero, esa antesala necesaria donde el vino, la gastronomía regional
y los abrazos se misturan, dará su puntapié inicial el miércoles 14 de
agosto. El fuego sagrado se encendé primero en el célebre quincho de Carlos
Carabajal, la mítica morada que vio crecer a "Peteco", Graciela,
"Demi" y Enriqueta. Será la primera posta de un itinerario que
promete extenderse hacia el Centro Recreativo, el Club Olímpico y, por
supuesto, la infaltable "Fiesta del Violinero" comandada por el
talento de Néstor Garnica.
"Con mucho esfuerzo
hemos logrado organizar esta movida cultural junto a Eduardo, Juan y otros
hermanos. Es un trabajo inmenso, pero siempre contamos con el acompañamiento
incondicional de los nuestros y el apoyo del municipio de La Banda y la policía
provincial para que todo sea una fiesta", relató emocionado
Alberto "Fily" Carabajal, uno de los motores de la organización, en
diálogo con EL LIBERAL.
La jornada cumbre tendrá
lugar el domingo 18 de agosto. Desde las 15 hasta las 22 horas, el
escenario principal recibirá a los nombres más representativos de la dinastía
Carabajal junto a destacados artistas locales. Será una marea de guitarras y
gargantas afinadas con un único propósito: honrar la memoria y la vida de
aquella mujer que nació hace 123 años y que, sin buscarlo, se convirtió en la
madre de todo un cancionero popular.
Un legado económico y
social
Más allá de la poesía, el
baile y el reencuentro, la Fiesta de la Abuela se ha consolidado firmemente
dentro del calendario turístico nacional. Su impacto trasciende lo
estrictamente musical: durante una semana completa, La Banda y sus alrededores
experimentan una inyección económica vital, convirtiendo al evento en un motor
generador de fuentes de trabajo genuinas para hoteleros, gastronómicos,
artesanos y transportistas locales. La cultura, aquí, también es sustento.
El eco de una ausencia
presente
Doña María Luisa partió
físicamente en 1993, apenas una semana antes de cumplir años. De aquello han
pasado ya más de tres décadas, pero el tiempo es una variable inútil cuando se
trata del mito. Hoy, sus hijos, nietos, bisnietos y la barriada entera de Los
Lagos la siguen nombrando en presente.
A ellos se suman las casi
20 mil personas que año tras año peregrinan desde los puntos más recónditos del
planeta para respirar su atmósfera. La Abuela ya no amasa el pan ni atiende el
patio, pero su nueva figura de bronce, y la música eterna de su descendencia,
nos recuerda que hay manos que nunca, pero nunca, dejan de sostener a un
pueblo.

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