viernes, 29 de mayo de 2026

Las manos de mi madre: el latido eterno que vuelve a encender los fuegos de La Banda

Con un busto homenaje de 1,60 metros a Doña María Luisa y un ciclo de música en las escuelas, año a año la Fiesta de la Abuela Carabajal  se prepara para recibir a miles de almas en el mítico barrio Los Lagos.



Por Leyenda del folclore santiagueño

Hay hogares cuyas paredes no logran contener el sonido, y patios donde la tierra misma parece tararear una chacarera. En la ciudad de La Banda, Santiago del Estero, el patio de la familia Carabajal es el epicentro de un milagro que se renueva cada agosto. Este año, la tradicional Fiesta de la Abuela Carabajal no solo congregará a miles de almas sedientas de violines y bombos, sino que dejará una marca eterna en el paisaje urbano y en el corazón de las nuevas generaciones: la inauguración de un imponente busto de 1,60 metros en honor a Doña María Luisa Paz de Carabajal y el lanzamiento de un ciclo de música en vivo que llevará la identidad folclórica directamente a las escuelas bandeñas.

Lo que nació hace más de 70 años como un íntimo asado familiar para celebrar el cumpleaños de la matriarca, hoy es un fenómeno cultural de escala internacional. Entre los días 16, 17 y 18 de agosto, el solar del tradicional barrio Los Lagos volverá a transformarse en un santuario a cielo abierto. Bajo el lema "Las Manos de mi Madre”, bautizado en un sensible y justo homenaje a la célebre obra compuesta por Carlos Oscar "Peteco" Carabajal, , el festejo desplegará una programación inmensa cuyo eje latirá en un escenario montado de forma espontánea sobre la calle Ingeniero Iturbe al 100, en la emblemática "Cuna de Poetas y Cantores".

El mapa de un rito que desborda las peñas

Para el verdadero amante del folklore, la fiesta comienza mucho antes de las fechas centrales. El circuito peñero, esa antesala necesaria donde el vino, la gastronomía regional y los abrazos se misturan, dará su puntapié inicial el miércoles 14 de agosto. El fuego sagrado se encendé primero en el célebre quincho de Carlos Carabajal, la mítica morada que vio crecer a "Peteco", Graciela, "Demi" y Enriqueta. Será la primera posta de un itinerario que promete extenderse hacia el Centro Recreativo, el Club Olímpico y, por supuesto, la infaltable "Fiesta del Violinero" comandada por el talento de Néstor Garnica.

"Con mucho esfuerzo hemos logrado organizar esta movida cultural junto a Eduardo, Juan y otros hermanos. Es un trabajo inmenso, pero siempre contamos con el acompañamiento incondicional de los nuestros y el apoyo del municipio de La Banda y la policía provincial para que todo sea una fiesta", relató emocionado Alberto "Fily" Carabajal, uno de los motores de la organización, en diálogo con EL LIBERAL.

La jornada cumbre tendrá lugar el domingo 18 de agosto. Desde las 15 hasta las 22 horas, el escenario principal recibirá a los nombres más representativos de la dinastía Carabajal junto a destacados artistas locales. Será una marea de guitarras y gargantas afinadas con un único propósito: honrar la memoria y la vida de aquella mujer que nació hace 123 años y que, sin buscarlo, se convirtió en la madre de todo un cancionero popular.

Un legado económico y social

Más allá de la poesía, el baile y el reencuentro, la Fiesta de la Abuela se ha consolidado firmemente dentro del calendario turístico nacional. Su impacto trasciende lo estrictamente musical: durante una semana completa, La Banda y sus alrededores experimentan una inyección económica vital, convirtiendo al evento en un motor generador de fuentes de trabajo genuinas para hoteleros, gastronómicos, artesanos y transportistas locales. La cultura, aquí, también es sustento.

El eco de una ausencia presente

Doña María Luisa partió físicamente en 1993, apenas una semana antes de cumplir años. De aquello han pasado ya más de tres décadas, pero el tiempo es una variable inútil cuando se trata del mito. Hoy, sus hijos, nietos, bisnietos y la barriada entera de Los Lagos la siguen nombrando en presente.

A ellos se suman las casi 20 mil personas que año tras año peregrinan desde los puntos más recónditos del planeta para respirar su atmósfera. La Abuela ya no amasa el pan ni atiende el patio, pero su nueva figura de bronce, y la música eterna de su descendencia, nos recuerda que hay manos que nunca, pero nunca, dejan de sostener a un pueblo.

 

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