Durante cuatro estaciones, un equipo de investigadores de la UNC y la UNSE sumergió botellas Van Dorn, sondas multiparamétricas y discos de Secchi en las aguas del embalse. Lo que encontraron fue un ecosistema en punto de inflexión: hipereutrófico, con floraciones tóxicas y un oxígeno que se desvanece en la columna de agua. Esta es la crónica científica y narrativa de un paisaje que ya no es el que conocimos, y un llamado a mirar debajo de la superficie.
I. El peso de lo
invisible: cuando el agua deja de ser transparente
Para quien lo visita por
primera vez, el embalse Río Hondo puede parecer un lago más del noroeste
argentino: extenso, rodeado de vegetación ribereña, con esa brisa tibia que
anuncia el atardecer en la frontera entre Santiago del Estero y Tucumán. Pero
la limnología, esa ciencia que lee los lagos como si fueran libros abiertos,
nos enseña que la superficie es solo la portada. El primer parámetro que delató
el cambio fue la transparencia. El disco de Secchi, un sencillo instrumento
circular pintado de blanco y negro que se hunde hasta desaparecer de la vista
del observador, arrojó números alarmantes: entre 0,05 y 0,85 metros. En
términos llanos, la luz penetraba menos de un metro.
Esta opacidad no es
casual. Es el resultado de una doble carga: sólidos en suspensión de origen
inorgánico, arrastrados por la erosión de la cuenca y la resuspensión en zonas
litorales por acción del oleaje, y materia orgánica particulada proveniente de
vertidos y de la propia biomasa en descomposición (Chapman, 1996). El agua, que
debería ser un espejo del cielo, se había vuelto un filtro denso, cargado de la
historia de usos agrícolas, urbanos e industriales de su territorio. Los
investigadores utilizaron sondas Horiba U-10, U-23 y W-22XD para trazar
perfiles de turbiedad, conductividad y temperatura, confirmando que el embalse,
de profundidad media menor a 3 metros, funcionaba como un sistema somero donde
la resuspensión y el aporte advectivo de sedimentos modificaban constantemente
la claridad del agua. El Río Hondo había dejado de reflejar. Había comenzado a
absorber.
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| Foto de campo con disco de Secchi |
II. El festín
descontrolado: nutrientes, fósforo y el umbral de no retorno
Si la transparencia es la
ventana, los nutrientes son el combustible. Y en el Río Hondo, el tanque estaba
rebosando. El fósforo total (PT) osciló entre 200 y 1800 µg/L, con un promedio
de 500 µg/L. Para dimensionarlo: los lagos mesotróficos suelen mantenerse por
debajo de 30 µg/L. Estamos hablando de una concentración 16 veces superior. El
fósforo reactivo soluble (PRS), la fracción inmediatamente disponible para las
algas, no se quedaba atrás: entre 157 y 798 µg/L, valores que superan en 50
veces los registros de cuerpos eutróficos típicos. El nitrógeno inorgánico
total (NIT), dominado por nitratos, mostró gradientes espaciales marcados, con
picos en las desembocaduras de los ríos Salí, Gastona, Medina y Marapa, y una
distribución que variaba según la campaña, reflejando el pulso hidrológico y
las cargas difusas de la cuenca. En marzo de 2007, por ejemplo, el nitrato
representó el 89% del NIT, con un gradiente longitudinal claro desde las
desembocaduras hacia el centro. En septiembre, la distribución se invirtió,
sugiriendo procesos de reciclaje interno y liberación desde los sedimentos tras
la estratificación estival.
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| Mapa espacial de fósforo total |
La Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, 1982) estableció hace décadas
umbrales claros para clasificar el estado trófico de lagos y embalses. Con un
PT medio de 500 µg/L, clorofila-a máxima de 77 µg/L y una transparencia mínima
de solo 0,15 m, el Río Hondo encaja sin ambigüedades en la categoría de
hipereutrófico. El informe es contundente: “Los lagos y embalses
hipereutróficos representan la última etapa del proceso de eutrofización. A
diferencia de otros sistemas eutróficos, donde las reducciones en la carga de
nutrientes pueden revertir el proceso, esas medidas pocas veces son factibles
en los cuerpos de agua hipereutróficos”. Esta advertencia no es menor. Señala
un punto de no retorno ecológico, donde el sistema ya no responde linealmente a
las intervenciones. La acumulación de nutrientes en los sedimentos, la
liberación interna durante los periodos de estratificación y la adaptación de
la comunidad biológica crean un círculo vicioso. El embalse, que alguna vez fue
un sistema dinámico y equilibrado, se había convertido en una trampa
biogeoquímica.
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| Mapa de nitrógeno inorgánico |
El Índice de Carlson, habitualmente utilizado para evaluar el estado trófico, fue descartado por los investigadores. ¿La razón? No se cumplían sus supuestos teóricos. La transparencia no dependía solo de la biomasa fitoplanctónica, sino del material en suspensión inorgánico y orgánico. Además, el nutriente limitante durante el periodo estudiado fue el nitrógeno, no el fósforo. Esta excepción metodológica es, en sí misma, un diagnóstico: el Río Hondo ya no obedecía a las reglas de los lagos templados clásicos. Había desarrollado su propia dinámica, alterada por cargas externas y por su morfometría somera. Como señala Chapman (1996), la eutrofización es un proceso de enriquecimiento que, en exceso, simplifica las comunidades biológicas y altera los ciclos naturales. En el Río Hondo, esa simplificación ya estaba en marcha.
III. La marea verde:
cianobacterias, toxinas y el silencio regulatorio
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| Pulsos estacionales de floración: las cianobacterias dominaron en octubre 2006 y junio 2007 |
Donde hay nutrientes en
exceso y luz limitada en profundidad, las algas encuentran su nicho. Pero no
todas las algas son iguales. El monitoreo reveló una comunidad fitoplanctónica
de baja diversidad genérica: apenas 37 géneros identificados en total.
Dominaban las cianófitas, también conocidas como cianobacterias o algas
verdeazuladas: Microcystis, Anabaena, Oscillatoria. Junto a ellas, diatomeas
como Aulacoseira y Synedra, y euglenófitas como Euglena y Phacus, estas últimas
reconocidas internacionalmente como indicadoras de degradación ambiental y alta
carga de materia orgánica.
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Floración visible de cianobacterias cerca de la presa: la baja transparencia es evidente. Marzo 2007. |
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| Manchas verdes en la superficie: las floraciones no fueron homogéneas, sino que formaron parches visibles que alertaban sobre el riesgo sanitario |
El estudio detectó variantes MC-LR, MC-RR y MC-YR, con concentraciones totales que variaron entre 0,1 y 26,4 µg/L. El límite de la Organización Mundial de la Salud para agua potable y recreacional es de 1 µg/L. En el 66% de las muestras analizadas durante periodos de predominio de cianófitas, ese límite se superó.
La OMS
(1998, 2003) advierte sobre los riesgos: desde irritaciones cutáneas y
problemas gastrointestinales hasta intoxicaciones crónicas con potencial de
daño hepático y promoción tumoral. Las microcistinas actúan inhibiendo
irreversiblemente las fosfatasas 1 y 2A, desencadenando hemorragias
intrahepáticas y destrucción de la arquitectura tisular (Mackintosh et al.,
1990; Malbrouk, 2004).
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| Toxinas por encima del límite de la OMS: en el 66% de las muestras con predominio de cianófitas, la concentración superó 1 µg/L. Fuente: Programa de Monitoreo, UNC-UNSE, 2007. |
IV. El aliento que falta:
oxígeno, peces y la red trófica en tensión
La eutrofización no solo se mide en nutrientes o toxinas. Se siente en el aliento del agua. El oxígeno disuelto (OD) es el parámetro vital de todo ecosistema acuático aeróbico. En el Río Hondo, sus valores oscilaron entre 0 y 11 mg/L, con una distribución vertical que dibujaba una curva clinógrada típica de cuerpos hipereutróficos: descenso progresivo con la profundidad, agotamiento en el hipolimnio.
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| Zonas de anoxia en las desembocaduras: los valores críticos (<4 mg/L) se concentraron en Salí y Gastona, especialmente en invierno, creando 'zonas muertas' para la vida acuática. |
En las desembocaduras
del Salí y Gastona, y en el fondo del centro y la presa, se registró anoxia o
valores inferiores a 4 mg/L, el umbral considerado crítico para la protección
de la vida acuática (Wetzel, 1981). Diversos autores sitúan ese límite entre 4
y 5 mg/L; algunas especies como las carpas pueden soportar concentraciones
menores a 2 mg/L por lapsos breves, pero no de forma sostenida.
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| Curva clinógrada típica de embalses eutróficos: el oxígeno se agota en profundidad mientras la temperatura se estratifica, reflejando la dinámica monomíctica tropical del embalse |
Los investigadores lo vieron con sus propios ojos: “gran cantidad de alevines y peces mayores ‘boqueando’ cerca de la superficie en la zona de la desembocadura del Salí”. No era una metáfora. Era un síntoma clínico de un ecosistema asfixiado por la descomposición de la materia orgánica y los procesos oxidativos que consumen el oxígeno más rápido de lo que la atmósfera o la fotosíntesis pueden reponerlo. La temperatura del agua, entre 13 y 27 °C, con termoclinas débiles o estacionales, confirmó la clasificación del embalse como monomíctico tropical: mezcla completa en invierno, estratificación en verano. Pero esta dinámica, lejos de purificar, actuaba como un sello temporal. Durante la estratificación, el hipolimnio quedaba aislado, acumulando materia orgánica en descomposición, liberando amonio y fósforo desde los sedimentos, y creando un caldo de cultivo para la anoxia. Cuando la mezcla invernal llegaba, arrastraba esas condiciones hacia la columna completa. El oxígeno, entonces, no era solo un número en una sonda. Era el latido de un sistema que se estaba ahogando en su propia productividad.
Y en ese silencio subacuático, el zooplancton intentaba adaptarse. Rotíferos como Keratella tropica y K. coclearis, copépodos como Acanthocyclops robustus y cladóceros como Daphnia y Bosmina mostraron pulsos de desarrollo desincronizados con el fitoplancton. ¿Por qué? Porque las cianobacterias dominantes no son palatables. Son tóxicas, fibrosas, difíciles de digerir. El zooplancton, ese eslabón fundamental entre productores primarios y consumidores secundarios, se topaba con un alimento de mala calidad nutricional.
Como señalan Conde y Porcuna et
al. (2003), el zooplancton no solo depende de la cantidad de alimento, sino de
su calidad. La competencia, la depredación y la toxicidad reconfiguraban la red
trófica. En la campaña 4, con predominio de crisófitas, los crustáceos respondieron
con un pulso de desarrollo. Pero en las campañas de floración cianobacteriana,
los protozoarios como Tintinus dominaban, mientras los rotíferos y crustáceos
retrocedían. Muchos metabolitos excretados por las cianófitas confieren olor y
gusto al agua, y actúan como mecanismos de defensa contra el pastoreo (Odum,
1972). El ecosistema no se había colapsado, pero se había reordenado. Y ese
reordenamiento, silencioso pero medible, es la antesala de los cambios que
terminan afectando a la ictiofauna, a la pesca, a la recreación y, en última
instancia, a las comunidades que dependen del agua.
V. Más allá del dato:
ciencia, gestión y la memoria del embalse
El informe de diciembre
de 2007 no fue un punto final. Fue un parte de batalla. Los investigadores de
la UNC y la UNSE, bajo la dirección del Dr. César Luis Bonelli y con el trabajo
de campo de equipos multidisciplinarios que incluyeron biólogos, ingenieros
ambientales y técnicos de la Dirección Provincial de Aguas y Saneamiento
(DIPAS), entregaron un documento que cumplía con las normas ISO 5667/1, /2 y
/3, los protocolos APHA/AWWA/WEF (2000) y las guías de la OMS. Pero la ciencia,
por más rigurosa que sea, no opera en el vacío. El Río Hondo es un embalse de
uso múltiple: riego, generación hidroeléctrica, recreación, pesca,
abastecimiento. Cada uno de estos usos choca con las realidades detectadas. La
baja transparencia dificulta la potabilización. Las microcistinas exigen
tratamientos avanzados. La anoxia limita la vida acuática y la pesca deportiva.
Las floraciones de algas disuaden el turismo y la recreación segura.
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| Biomasa algal por campaña: la clorofila-a confirmó el estado hipereutrófico del embalse, con picos de hasta 203 µg/L en la desembocadura del Gastona. Síntesis visual del deterioro |
Y sin embargo, el marco
regulatorio provincial y nacional seguía anclado en paradigmas del siglo XX,
centrados en parámetros físicos y químicos clásicos, pero ciegos ante los
indicadores biológicos y toxicológicos emergentes. El informe lo dice con
claridad: “La detección de valores de OD por debajo de 4 mg/L somete a la
ictiofauna… a condiciones que comprometen su desarrollo normal”. Y más
adelante: “El mejor conocimiento de la evolución del estado trófico del embalse
y la forma en que se afecta a los componentes de la cadena trófica permitirá
contar con elementos para una gestión eficiente en la recuperación de la
calidad del agua”. Pero la gestión requiere voluntad política, inversión en
monitoreo continuo, programas de reducción de cargas en origen (agrícolas,
urbanas, industriales) y, sobre todo, una visión de cuenca que trascienda los
límites jurisdiccionales.
El Río Hondo no entiende
de provincias. Sus afluentes, el Salí, el Gastona, el Medina, el Marapa, tejen
una red que nace en Tucumán, cruza Santiago del Estero y desemboca en un
embalse que es, en sí mismo, un síntoma de la cuenca. La historia de este
cuerpo de agua es la historia de un desarrollo que priorizó la expansión sobre
la sostenibilidad, la producción sobre la preservación, la inmediatez sobre la
planificación a largo plazo. Y ahora, la ciencia pone el espejo. La pregunta no
es si el embalse puede recuperarse. La pregunta es si estamos dispuestos a
pagar el precio de esa recuperación: cambiar prácticas, controlar vertidos,
monitorear toxinas, educar a la población y, sobre todo, aceptar que el agua no
es un recurso infinito, sino un sistema vivo que responde a lo que le damos.
Cierre
Hace casi dos décadas, un
equipo de limnólogos, biólogos, ingenieros y técnicos descendió a las aguas del
Río Hondo con botellas Van Dorn, sondas multiparamétricas y la paciencia de
quien sabe que la verdad se mide en perfiles verticales y campañas
estacionales. No buscaron titulares. Buscaron datos. Y los datos contaron una
historia que ya estaba escrita en la opacidad del agua, en el jadeo de los
peces, en las manchas verdes que pintaban la superficie. El embalse no se
degradó de la noche a la mañana. Fue un proceso silencioso, acumulativo,
alimentado por decisiones tomadas lejos de sus orillas.
Hoy, más allá de los
números y las clasificaciones tróficas, el Río Hondo sigue siendo un testigo.
Un espejo que refleja no solo el cielo, sino el modelo de desarrollo de una
región. La ciencia nos ha dado el diagnóstico: hipereutrofización, toxinas,
anoxia, desequilibrio trófico. Pero la ciencia no cura. La curación requiere
política, requiere gestión, requiere comunidad. Porque un embalse no es solo un
depósito de agua. Es un pacto entre la naturaleza y quienes la habitan. Y
cuando ese pacto se rompe, el agua no grita. Solo se vuelve opaca, tóxica,
silenciosa.
Recuperarlo no es un lujo
ecológico. Es una necesidad histórica. Y la primera piedra de esa recuperación
ya está puesta: en un informe de 2007 que, con rigor y humildad, nos dijo lo
que debíamos escuchar. Ahora nos toca decidir si lo seguimos ignorando, o si,
por fin, empezamos a mirar debajo de la superficie.
Fuentes y referencias
citadas
- Programa de Monitoreo
del Embalse Río Hondo. Informe Final. Diciembre 2007. Universidad Nacional de
Córdoba – Universidad Nacional de Santiago del Estero.
- OECD (1982). Eutrophication of Waters. Monitoring,
Assessment and Control. Organization for Economic Co-Operation and
Development.
- OMS (1998, 2003, 2004).
Guías para ambientes seguros en aguas recreativas y Guías de calidad del agua
potable. Organización Mundial de la Salud.
- Wetzel, R. (1981). Limnología.
Ediciones Omega S.A.
- Chapman, D. (1996). Water Quality Assessment.
Chapman and Hall / UNESCO/WHO/UNEP.
- Bazán, R. (2006). Evaluación
de la calidad del agua, nivel de eutrofización y sus consecuencias en el
Embalse Los Molinos, Córdoba. Tesis de Maestría, UNC.
- del Olmo, S. et al. (2006).
Caracterización trófica y evaluación de la calidad de agua de tres embalses de
la provincia de Córdoba, Argentina.
- Mackintosh, C. et al. (1990). Cyanobacterial
microcystin-LR is a potent and specific inhibitor of protein phosphatases 1 and
2A. FEBS.
- Malbrouk, C. et al. (2004). Effect of
microcystin-LR on protein phosphatase activity and glycogen content in isolated
hepatocytes. Toxicon.
- IETC (2001). Planificación y Manejo de Lagos y embalses: Una visión general de la
eutroficación. PNUMA.
- Normas ISO 5667/1, /2, /3; APHA, AWWA, WEF (2000). Standard Methods for the Examination of Water and Wastewater.
- Conde Porcuna, J.M. et
al. (2003). El zooplancton como integrante de la estructura trófica de los
ecosistemas lénticos. Rev. Ecosistema.
- Odum, E. (1972). Ecología. Editorial Interamericana.














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