lunes, 25 de mayo de 2026

El espejo roto del Río Hondo: cuando un embalse cuenta lo que la cuenca calla

Durante cuatro estaciones, un equipo de investigadores de la UNC y la UNSE sumergió botellas Van Dorn, sondas multiparamétricas y discos de Secchi en las aguas del embalse. Lo que encontraron fue un ecosistema en punto de inflexión: hipereutrófico, con floraciones tóxicas y un oxígeno que se desvanece en la columna de agua. Esta es la crónica científica y narrativa de un paisaje que ya no es el que conocimos, y un llamado a mirar debajo de la superficie.



Todo comenzó con una pregunta simple, de esas que solo surgen cuando el agua deja de comportarse como la memoria colectiva espera: ¿qué ocurre realmente bajo la superficie del embalse Río Hondo? No era una inquietud meramente académica. Era un llamado de atención escrito en la opacidad del agua, en los peces que jadeaban cerca de la orilla, en las manchas verdes que a veces pintaban la superficie como un óleo alterado por el tiempo.



 
Entre octubre de 2006 y septiembre de 2007, un consorcio conformado por la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de Santiago del Estero desplegó un programa de monitoreo sistemático. Cuatro campañas estacionales, ocho puntos de muestreo, perfiles verticales, análisis de nutrientes, fitoplancton, zooplancton y cianotoxinas. El resultado, plasmado en el Programa de Monitoreo del Embalse Río Hondo. Informe Final (diciembre de 2007), no fue solo un documento técnico. Fue una radiografía de un cuerpo de agua que había cruzado, silenciosamente, el umbral de la hipereutrofización. Esta nota recorre esos hallazgos con el rigor que la ciencia exige y el lenguaje que la narrativa contemporánea merece. Porque el Río Hondo no es solo un embalse: es un testigo de cómo la cuenca, sus usos productivos y sus descargas han reescrito, sin consultarnos, el equilibrio de un ecosistema templado-tropical.

I. El peso de lo invisible: cuando el agua deja de ser transparente

Para quien lo visita por primera vez, el embalse Río Hondo puede parecer un lago más del noroeste argentino: extenso, rodeado de vegetación ribereña, con esa brisa tibia que anuncia el atardecer en la frontera entre Santiago del Estero y Tucumán. Pero la limnología, esa ciencia que lee los lagos como si fueran libros abiertos, nos enseña que la superficie es solo la portada. El primer parámetro que delató el cambio fue la transparencia. El disco de Secchi, un sencillo instrumento circular pintado de blanco y negro que se hunde hasta desaparecer de la vista del observador, arrojó números alarmantes: entre 0,05 y 0,85 metros. En términos llanos, la luz penetraba menos de un metro.


Para ponerlo en perspectiva, los investigadores compararon estas mediciones con otros cuerpos de agua regionales. La transparencia del Río Hondo resultó cuatro veces menor que la de embalses eutróficos como Los Molinos o La Viña en Córdoba, y ocho veces inferior a la de Piedras Moras, un sistema mesotrófico-eutrófico (Bazán, 2006; del Olmo et al., 2006). ¿Por qué importa esto? Porque la luz es el motor de la vida acuática. Cuando no llega a las capas profundas, la fotosíntesis se restringe, la columna de agua se vuelve un escenario de sombras y la productividad primaria se limita a la superficie. El informe señala que gran parte del embalse presentó una capa fótica reducida a los primeros 50 centímetros, con la luz convirtiéndose en un factor limitante para el crecimiento algal (IETC, 2001).

Esta opacidad no es casual. Es el resultado de una doble carga: sólidos en suspensión de origen inorgánico, arrastrados por la erosión de la cuenca y la resuspensión en zonas litorales por acción del oleaje, y materia orgánica particulada proveniente de vertidos y de la propia biomasa en descomposición (Chapman, 1996). El agua, que debería ser un espejo del cielo, se había vuelto un filtro denso, cargado de la historia de usos agrícolas, urbanos e industriales de su territorio. Los investigadores utilizaron sondas Horiba U-10, U-23 y W-22XD para trazar perfiles de turbiedad, conductividad y temperatura, confirmando que el embalse, de profundidad media menor a 3 metros, funcionaba como un sistema somero donde la resuspensión y el aporte advectivo de sedimentos modificaban constantemente la claridad del agua. El Río Hondo había dejado de reflejar. Había comenzado a absorber.

Foto de campo con disco de Secchi


II. El festín descontrolado: nutrientes, fósforo y el umbral de no retorno

Si la transparencia es la ventana, los nutrientes son el combustible. Y en el Río Hondo, el tanque estaba rebosando. El fósforo total (PT) osciló entre 200 y 1800 µg/L, con un promedio de 500 µg/L. Para dimensionarlo: los lagos mesotróficos suelen mantenerse por debajo de 30 µg/L. Estamos hablando de una concentración 16 veces superior. El fósforo reactivo soluble (PRS), la fracción inmediatamente disponible para las algas, no se quedaba atrás: entre 157 y 798 µg/L, valores que superan en 50 veces los registros de cuerpos eutróficos típicos. El nitrógeno inorgánico total (NIT), dominado por nitratos, mostró gradientes espaciales marcados, con picos en las desembocaduras de los ríos Salí, Gastona, Medina y Marapa, y una distribución que variaba según la campaña, reflejando el pulso hidrológico y las cargas difusas de la cuenca. En marzo de 2007, por ejemplo, el nitrato representó el 89% del NIT, con un gradiente longitudinal claro desde las desembocaduras hacia el centro. En septiembre, la distribución se invirtió, sugiriendo procesos de reciclaje interno y liberación desde los sedimentos tras la estratificación estival.

Mapa espacial de fósforo total


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, 1982) estableció hace décadas umbrales claros para clasificar el estado trófico de lagos y embalses. Con un PT medio de 500 µg/L, clorofila-a máxima de 77 µg/L y una transparencia mínima de solo 0,15 m, el Río Hondo encaja sin ambigüedades en la categoría de hipereutrófico. El informe es contundente: “Los lagos y embalses hipereutróficos representan la última etapa del proceso de eutrofización. A diferencia de otros sistemas eutróficos, donde las reducciones en la carga de nutrientes pueden revertir el proceso, esas medidas pocas veces son factibles en los cuerpos de agua hipereutróficos”. Esta advertencia no es menor. Señala un punto de no retorno ecológico, donde el sistema ya no responde linealmente a las intervenciones. La acumulación de nutrientes en los sedimentos, la liberación interna durante los periodos de estratificación y la adaptación de la comunidad biológica crean un círculo vicioso. El embalse, que alguna vez fue un sistema dinámico y equilibrado, se había convertido en una trampa biogeoquímica.

Mapa de nitrógeno inorgánico


El Índice de Carlson, habitualmente utilizado para evaluar el estado trófico, fue descartado por los investigadores. ¿La razón? No se cumplían sus supuestos teóricos. La transparencia no dependía solo de la biomasa fitoplanctónica, sino del material en suspensión inorgánico y orgánico. Además, el nutriente limitante durante el periodo estudiado fue el nitrógeno, no el fósforo. Esta excepción metodológica es, en sí misma, un diagnóstico: el Río Hondo ya no obedecía a las reglas de los lagos templados clásicos. Había desarrollado su propia dinámica, alterada por cargas externas y por su morfometría somera. Como señala Chapman (1996), la eutrofización es un proceso de enriquecimiento que, en exceso, simplifica las comunidades biológicas y altera los ciclos naturales. En el Río Hondo, esa simplificación ya estaba en marcha.

III. La marea verde: cianobacterias, toxinas y el silencio regulatorio

Pulsos estacionales de floración: las cianobacterias dominaron en octubre 2006 y junio 2007


Donde hay nutrientes en exceso y luz limitada en profundidad, las algas encuentran su nicho. Pero no todas las algas son iguales. El monitoreo reveló una comunidad fitoplanctónica de baja diversidad genérica: apenas 37 géneros identificados en total. Dominaban las cianófitas, también conocidas como cianobacterias o algas verdeazuladas: Microcystis, Anabaena, Oscillatoria. Junto a ellas, diatomeas como Aulacoseira y Synedra, y euglenófitas como Euglena y Phacus, estas últimas reconocidas internacionalmente como indicadoras de degradación ambiental y alta carga de materia orgánica.


Floración visible de cianobacterias cerca de la presa: la baja transparencia es evidente. Marzo 2007.

En octubre de 2006, en la desembocadura del río Salí, las cianófitas alcanzaron 13,7 millones de células por litro. En junio de 2007, en el centro del embalse, el número se disparó a 156,8 millones de células por litro, con Microcystis como género dominante. Eran floraciones masivas, visibles a veces como parches verdes o espumas en la superficie. Los investigadores las fotografiaron, las contaron en cámaras Sedwick-Rafter bajo microscopio invertido, y registraron sus pulsos estacionales. Pero lo más preocupante no era la cantidad, sino la cualidad. Algunas de estas cianobacterias son productoras de microcistinas, hepatotoxinas cíclicas estables en el agua, resistentes a cambios de pH y temperatura, que solo se destruyen térmicamente a 160 °C.

Manchas verdes en la superficie: las floraciones no fueron homogéneas, sino que formaron parches visibles que alertaban sobre el riesgo sanitario


El estudio detectó variantes MC-LR, MC-RR y MC-YR, con concentraciones totales que variaron entre 0,1 y 26,4 µg/L. El límite de la Organización Mundial de la Salud para agua potable y recreacional es de 1 µg/L. En el 66% de las muestras analizadas durante periodos de predominio de cianófitas, ese límite se superó. 

La OMS (1998, 2003) advierte sobre los riesgos: desde irritaciones cutáneas y problemas gastrointestinales hasta intoxicaciones crónicas con potencial de daño hepático y promoción tumoral. Las microcistinas actúan inhibiendo irreversiblemente las fosfatasas 1 y 2A, desencadenando hemorragias intrahepáticas y destrucción de la arquitectura tisular (Mackintosh et al., 1990; Malbrouk, 2004).

Toxinas por encima del límite de la OMS: en el 66% de las muestras con predominio de cianófitas, la concentración superó 1 µg/L. Fuente: Programa de Monitoreo, UNC-UNSE, 2007.  
Y aquí aparece una brecha normativa que el informe no elude. En Argentina, la legislación sobre calidad de aguas no contemplaba la obligatoriedad de detectar cianófitas ni establecer valores límite para sus toxinas. Solo la provincia de Buenos Aires avanzaba en reformas a la Ley 11820 para incluir este aspecto. Mientras tanto, en las provincias de la cuenca del Salí-Dulce, el vacío legal persistía. La ciencia había puesto el dato sobre la mesa; la política aún no había respondido. Como señala el informe, “a veces una adecuada vigilancia y control resulta difícil… es común como medida a corto plazo, la disposición de la información pública”. Pero la información, sin marcos de acción, es solo un espejo roto. La presencia de espumas en áreas de natación implicaba el riesgo más alto para bañistas y pescadores, y las guías internacionales establecían valores de alarma moderada a partir de 100.000 cél/mL (equivalentes a 50 µg de clorofila/L bajo predominio cianobacteriano). En varias campañas, el Río Hondo superó esos umbrales sin que existiera un protocolo de respuesta sanitaria consolidado.

IV. El aliento que falta: oxígeno, peces y la red trófica en tensión

La eutrofización no solo se mide en nutrientes o toxinas. Se siente en el aliento del agua. El oxígeno disuelto (OD) es el parámetro vital de todo ecosistema acuático aeróbico. En el Río Hondo, sus valores oscilaron entre 0 y 11 mg/L, con una distribución vertical que dibujaba una curva clinógrada típica de cuerpos hipereutróficos: descenso progresivo con la profundidad, agotamiento en el hipolimnio. 

Zonas de anoxia en las desembocaduras: los valores críticos (<4 mg/L) se concentraron en Salí y Gastona, especialmente en invierno, creando 'zonas muertas' para la vida acuática.


En las desembocaduras del Salí y Gastona, y en el fondo del centro y la presa, se registró anoxia o valores inferiores a 4 mg/L, el umbral considerado crítico para la protección de la vida acuática (Wetzel, 1981). Diversos autores sitúan ese límite entre 4 y 5 mg/L; algunas especies como las carpas pueden soportar concentraciones menores a 2 mg/L por lapsos breves, pero no de forma sostenida.

Curva clinógrada típica de embalses eutróficos: el oxígeno se agota en profundidad mientras la temperatura se estratifica, reflejando la dinámica monomíctica tropical del embalse

Los investigadores lo vieron con sus propios ojos: “gran cantidad de alevines y peces mayores ‘boqueando’ cerca de la superficie en la zona de la desembocadura del Salí”. No era una metáfora. Era un síntoma clínico de un ecosistema asfixiado por la descomposición de la materia orgánica y los procesos oxidativos que consumen el oxígeno más rápido de lo que la atmósfera o la fotosíntesis pueden reponerlo. La temperatura del agua, entre 13 y 27 °C, con termoclinas débiles o estacionales, confirmó la clasificación del embalse como monomíctico tropical: mezcla completa en invierno, estratificación en verano. Pero esta dinámica, lejos de purificar, actuaba como un sello temporal. Durante la estratificación, el hipolimnio quedaba aislado, acumulando materia orgánica en descomposición, liberando amonio y fósforo desde los sedimentos, y creando un caldo de cultivo para la anoxia. Cuando la mezcla invernal llegaba, arrastraba esas condiciones hacia la columna completa. El oxígeno, entonces, no era solo un número en una sonda. Era el latido de un sistema que se estaba ahogando en su propia productividad.

Y en ese silencio subacuático, el zooplancton intentaba adaptarse. Rotíferos como Keratella tropica y K. coclearis, copépodos como Acanthocyclops robustus y cladóceros como Daphnia y Bosmina mostraron pulsos de desarrollo desincronizados con el fitoplancton. ¿Por qué? Porque las cianobacterias dominantes no son palatables. Son tóxicas, fibrosas, difíciles de digerir. El zooplancton, ese eslabón fundamental entre productores primarios y consumidores secundarios, se topaba con un alimento de mala calidad nutricional. 

Rotíferos, crustáceos y protozoarios: la comunidad zooplanctónica reflejó los cambios en la calidad del alimento disponible, con predominio de protozoarios cuando dominaban las cianófitas no palatables


Como señalan Conde y Porcuna et al. (2003), el zooplancton no solo depende de la cantidad de alimento, sino de su calidad. La competencia, la depredación y la toxicidad reconfiguraban la red trófica. En la campaña 4, con predominio de crisófitas, los crustáceos respondieron con un pulso de desarrollo. Pero en las campañas de floración cianobacteriana, los protozoarios como Tintinus dominaban, mientras los rotíferos y crustáceos retrocedían. Muchos metabolitos excretados por las cianófitas confieren olor y gusto al agua, y actúan como mecanismos de defensa contra el pastoreo (Odum, 1972). El ecosistema no se había colapsado, pero se había reordenado. Y ese reordenamiento, silencioso pero medible, es la antesala de los cambios que terminan afectando a la ictiofauna, a la pesca, a la recreación y, en última instancia, a las comunidades que dependen del agua.

V. Más allá del dato: ciencia, gestión y la memoria del embalse

El informe de diciembre de 2007 no fue un punto final. Fue un parte de batalla. Los investigadores de la UNC y la UNSE, bajo la dirección del Dr. César Luis Bonelli y con el trabajo de campo de equipos multidisciplinarios que incluyeron biólogos, ingenieros ambientales y técnicos de la Dirección Provincial de Aguas y Saneamiento (DIPAS), entregaron un documento que cumplía con las normas ISO 5667/1, /2 y /3, los protocolos APHA/AWWA/WEF (2000) y las guías de la OMS. Pero la ciencia, por más rigurosa que sea, no opera en el vacío. El Río Hondo es un embalse de uso múltiple: riego, generación hidroeléctrica, recreación, pesca, abastecimiento. Cada uno de estos usos choca con las realidades detectadas. La baja transparencia dificulta la potabilización. Las microcistinas exigen tratamientos avanzados. La anoxia limita la vida acuática y la pesca deportiva. Las floraciones de algas disuaden el turismo y la recreación segura.

Biomasa algal por campaña: la clorofila-a confirmó el estado hipereutrófico del embalse, con picos de hasta 203 µg/L en la desembocadura del Gastona. Síntesis visual del deterioro


Y sin embargo, el marco regulatorio provincial y nacional seguía anclado en paradigmas del siglo XX, centrados en parámetros físicos y químicos clásicos, pero ciegos ante los indicadores biológicos y toxicológicos emergentes. El informe lo dice con claridad: “La detección de valores de OD por debajo de 4 mg/L somete a la ictiofauna… a condiciones que comprometen su desarrollo normal”. Y más adelante: “El mejor conocimiento de la evolución del estado trófico del embalse y la forma en que se afecta a los componentes de la cadena trófica permitirá contar con elementos para una gestión eficiente en la recuperación de la calidad del agua”. Pero la gestión requiere voluntad política, inversión en monitoreo continuo, programas de reducción de cargas en origen (agrícolas, urbanas, industriales) y, sobre todo, una visión de cuenca que trascienda los límites jurisdiccionales.

El Río Hondo no entiende de provincias. Sus afluentes, el Salí, el Gastona, el Medina, el Marapa, tejen una red que nace en Tucumán, cruza Santiago del Estero y desemboca en un embalse que es, en sí mismo, un síntoma de la cuenca. La historia de este cuerpo de agua es la historia de un desarrollo que priorizó la expansión sobre la sostenibilidad, la producción sobre la preservación, la inmediatez sobre la planificación a largo plazo. Y ahora, la ciencia pone el espejo. La pregunta no es si el embalse puede recuperarse. La pregunta es si estamos dispuestos a pagar el precio de esa recuperación: cambiar prácticas, controlar vertidos, monitorear toxinas, educar a la población y, sobre todo, aceptar que el agua no es un recurso infinito, sino un sistema vivo que responde a lo que le damos.

Cierre

Hace casi dos décadas, un equipo de limnólogos, biólogos, ingenieros y técnicos descendió a las aguas del Río Hondo con botellas Van Dorn, sondas multiparamétricas y la paciencia de quien sabe que la verdad se mide en perfiles verticales y campañas estacionales. No buscaron titulares. Buscaron datos. Y los datos contaron una historia que ya estaba escrita en la opacidad del agua, en el jadeo de los peces, en las manchas verdes que pintaban la superficie. El embalse no se degradó de la noche a la mañana. Fue un proceso silencioso, acumulativo, alimentado por decisiones tomadas lejos de sus orillas.

Hoy, más allá de los números y las clasificaciones tróficas, el Río Hondo sigue siendo un testigo. Un espejo que refleja no solo el cielo, sino el modelo de desarrollo de una región. La ciencia nos ha dado el diagnóstico: hipereutrofización, toxinas, anoxia, desequilibrio trófico. Pero la ciencia no cura. La curación requiere política, requiere gestión, requiere comunidad. Porque un embalse no es solo un depósito de agua. Es un pacto entre la naturaleza y quienes la habitan. Y cuando ese pacto se rompe, el agua no grita. Solo se vuelve opaca, tóxica, silenciosa.

Recuperarlo no es un lujo ecológico. Es una necesidad histórica. Y la primera piedra de esa recuperación ya está puesta: en un informe de 2007 que, con rigor y humildad, nos dijo lo que debíamos escuchar. Ahora nos toca decidir si lo seguimos ignorando, o si, por fin, empezamos a mirar debajo de la superficie.

Fuentes y referencias citadas

- Programa de Monitoreo del Embalse Río Hondo. Informe Final. Diciembre 2007. Universidad Nacional de Córdoba – Universidad Nacional de Santiago del Estero.

- OECD (1982). Eutrophication of Waters. Monitoring, Assessment and Control. Organization for Economic Co-Operation and Development.

- OMS (1998, 2003, 2004). Guías para ambientes seguros en aguas recreativas y Guías de calidad del agua potable. Organización Mundial de la Salud.

- Wetzel, R. (1981). Limnología. Ediciones Omega S.A.

- Chapman, D. (1996). Water Quality Assessment. Chapman and Hall / UNESCO/WHO/UNEP.

- Bazán, R. (2006). Evaluación de la calidad del agua, nivel de eutrofización y sus consecuencias en el Embalse Los Molinos, Córdoba. Tesis de Maestría, UNC.

- del Olmo, S. et al. (2006). Caracterización trófica y evaluación de la calidad de agua de tres embalses de la provincia de Córdoba, Argentina.

- Mackintosh, C. et al. (1990). Cyanobacterial microcystin-LR is a potent and specific inhibitor of protein phosphatases 1 and 2A. FEBS.

- Malbrouk, C. et al. (2004). Effect of microcystin-LR on protein phosphatase activity and glycogen content in isolated hepatocytes. Toxicon.

- IETC (2001). Planificación y Manejo de Lagos y embalses: Una visión general de la eutroficación. PNUMA.

- Normas ISO 5667/1, /2, /3; APHA, AWWA, WEF (2000). Standard Methods for the Examination of Water and Wastewater.

- Conde Porcuna, J.M. et al. (2003). El zooplancton como integrante de la estructura trófica de los ecosistemas lénticos. Rev. Ecosistema.

- Odum, E. (1972). Ecología. Editorial Interamericana.

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