Por Leyendas del folclore
santiagueño
Si te piden nombrar a los grandes
de la música santiagueña, seguro pensás en Amancio Alcorta, Manuel Gómez
Carrillo o el querido Andrés Chazarreta. Y tiene sentido: son las figuras que
están en los libros, las partituras y las grabaciones de siempre. Pero al lado
de ellos caminó otro creador igual de talentoso que el tiempo fue dejando de
lado.
Hablamos de Nicolás Segundo
Gennero. Nació en La Banda el 2 de septiembre de 1899 y no solo fue un
compositor increíble, sino también un personaje con una vida fascinante.
Del piano del cine mudo a las
orquestas
Para entender lo que hacía
Gennero hay que volver a sus inicios. A principios del siglo XX, las primeras
salas de cine de Santiago proyectaban películas mudas. Ahí, a oscuras frente al
piano, un joven Gennero improvisaba en vivo la música para cada escena de
acción, drama o amor. Esa práctica diaria lo volvió un verdadero maestro del
teclado y de la improvisación.
De ahí pasó a la radio local,
donde tocaba y además fue vicedirector junto al violinista Pedro Cinquegrani.
Su trabajo llamó la atención del Conservatorio Provincial de Música, donde
empezó a dar clases. Años después, cuando se jubiló el director fundador —el
profesor Enrique Arias—, Gennero quedó al frente de la institución y dejó una
huella enorme en la enseñanza.
Músicas suyas que seguro
escuchaste
Quizás pienses que no conocés su
obra, pero es muy probable que sus temas hayan sonado en tu casa:
- Junto a Atahualpa Yupanqui:
Eran grandes amigos. Don Ata admiraba tanto su trabajo que le grabó dos
temas para guitarra: Alegría en los pañuelos y la misteriosa La
Alma Mula.
- Con los Hermanos Ábalos:
Gennero compuso la música del famoso escondido El Isleño (Todos los
domingos), que los Ábalos hicieron conocido en todo el país.
- En la armónica de Hugo Díaz:
Adaptó la zamba popular anónima La chujchala, que más tarde se
volvió un clásico en la interpretación de Hugo Díaz.
Su etapa en Buenos Aires
Cuando se jubiló de la docencia,
Gennero no se quedó quieto. Se mudó a Capital Federal y su carrera sumó un
recorrido importante. Trabajó como inspector en SADAIC, revisando las obras que
mandaban a registrar los músicos de todo el país.
En Buenos Aires se hizo un lugar
destacado: daba conciertos en el Teatro San Martín, tenía su propio programa en
Radio Municipal y llegó a dirigir las orquestas de Radio Nacional y Radio El
Mundo. En octubre de 1963, el diario La Nación destacaba cómo su obra Alborada
Quichua sonaba en todo el país tocada por el violinista santiagueño
Humberto Carfí y el piano de su hermana Anahí.
Un músico todoterreno
Lo genial de Gennero era que no
se quedaba encasillado. Escribió desde folclore bien tradicional hasta obras
con influencias regionales, como En el altiplano, Estilo o Santiagueña.
También le puso música a la
literatura, componiendo sobre textos de Rubén Darío (Leda) y José Santos
Chocano (Poema del retorno). Además, se movió con comodidad en la música
clásica y de cámara, con obras como:
- La fuga Ahí viene la vaca.
- El rondó Sarabanda de otoño.
- El poema sinfónico Al alba florecen los
ceibos.
- El ballet El pala pala y varias piezas
instrumentales.
"Gennero era mucho más aún:
era el artista que, tras haber bebido con profundas raíces esa enorme riqueza
musical que Santiago tiene, la llevó a planos elevados, incursionando hasta en
el difícil terreno de la música de cámara... sin que por ello perdiera su más
pura esencia."
— Prof. Sergio Valle,
músico y docente.
Devolverle su lugar en la
historia
Hoy su nombre está en la Escuela
de Música ESPEA N°1 de Santiago del Estero y en una calle del barrio Borges,
pero la historia escrita le dio menos espacio del que merecía. Por lo general,
apenas se lo menciona de pasada en algunos diccionarios culturales junto a los
nombres de sus maestros (como Alfredo Grandi, Jorge de Lalewicz o Floro
Ugarte).
Gennero no solo componía: también
investigaba. En su trabajo Música folclórica de Santiago del Estero rescató
y adaptó para piano canciones populares que corrían el riesgo de perderse.
Volver a escuchar a Nicolás
Segundo Gennero no es un capricho de nostalgia. Es hacer un poco de justicia
con nuestra cultura: desempolvar sus partituras para que los músicos de hoy las
vuelvan a tocar, las arreglen y las hagan sonar otra vez.

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