A más de tres décadas de su partida, recordamos la trayectoria de Héctor Raúl Castro, el músico nacido en Los Quiroga que dejó una huella imborrable en el tango, el folclore y en los legendarios bailes populares de La Banda. Su historia también es la historia de un tiempo en el que la música reunía a todo un pueblo.
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| Créditos: Jorge Llugdar |
Un músico que hizo historia con
su bandoneón
Hay artistas cuya obra supera los
escenarios y se queda para siempre en la memoria colectiva. Héctor Raúl Castro,
el querido "Castrito", fue de esos músicos que se ganaron tanto el
respeto de sus colegas como el cariño del público santiagueño.
Un día como hoy, pero de 1994,
fallecía este destacado bandoneonista nacido en Los Quiroga y afincado después
en La Banda. Su nombre quedó ligado para siempre a los bailes populares, al
tango, al folclore y a esos carnavales donde las orquestas llenaban las noches
y las pistas eran el verdadero punto de encuentro.
En Leyendas del Folclore
Santiagueño rescatamos su historia para rendir tributo a un artista que,
sin buscar reflectores, construyó una carrera impecable acompañando a los más
grandes de la música argentina.
Castrito y su Barra Tanguera: la
orquesta de una época
A lo largo de su trayectoria,
Castrito fundó "Castrito y su Barra Tanguera", integrada por Domingo
Neirot en violín, Coni Cisneros en contrabajo y Enerio Pereyra, entre otros. La
agrupación se volvió infaltable en clubes, salones y bailes tradicionales de
toda la provincia gracias a un sello distintivo: pasaban del tango al folclore
con una solvencia impecable, algo muy poco común en ese tiempo.
En los carnavales, su presencia
era sello de garantía. Bastaban los primeros acordes para que la gente colmara
la pista hasta el amanecer.
El Tatetí: noches inolvidables en
La Banda
Hablar de Castrito nos lleva
directo a El Tatetí, uno de los rincones más icónicos de La Banda. Ubicado en
El Cruce, justo frente a la antigua Fábrica Argentina de Carbón Activado —la
famosa "fábrica de humo"—, este predio fue muchísimo más que un
simple salón de baile.
Alrededor de sus hornos surgieron
mitos y leyendas urbanas que todavía recuerdan los vecinos. Su dueño, Pedro
Evaristo Díaz, también fue el creador del célebre Rincón de los Artistas
(1949-1976), por donde pasaron figuras centrales como Mercedes Sosa, Andrés
Chazarreta, los Hermanos Simón, Soco y Cachilo Díaz. La tradición oral dice
incluso que hasta Jorge Luis Borges llegó a pisar el lugar.
El Tatetí convocaba a familias y
jóvenes de todos los barrios: llegaban desde La Isla, el Matadero, la Bocatoma
o Huaico Hondo. El lugar era enorme para la época —treinta metros de frente por
noventa de fondo—, rodeado por paredes de lona blanqueada con cal, largas mesas
de madera y un escenario sencillo pero vibrante.
Ahí convivían todos los ritmos.
Sonaban las chacareras de Los Kari Huaynas, el tango de Castrito, el rock del
Negro Penida, Los Clevers, Los Demonios o el Grupo Tempestad, y la cumbia de
conjuntos como Marisa y Los Luceros Colombianos.
Un bandoneón admirado por los
grandes
La calidad de Castrito lo llevó a
compartir escenario con referentes absolutos. En el tango tocó junto a Pibe
Romero, Cristian Leiva, Argentino Ledesma, Chiqui Pereyra y Ruth Durante; en el
folclore, acompañó a Los Manseros Santiagueños, Carlos Carabajal, Carlos
Saavedra, los Hermanos Ríos y al mismísimo Jorge Cafrune. Tenía un fuelle
versátil que se adaptaba a cualquier estilo sin perder jamás su estilo propio.
Aunque El Tatetí cerró hacia
finales de los años 70 —al igual que otros míticos locales como Tinguilo, La
Enramada o Dorrego Psicodélico—, su mística quedó grabada en quienes vivieron
esa época dorada.
Castrito representa a toda una
generación que hizo de los bailes populares una verdadera escuela de cultura.
Mientras alguien recuerde la radio LV11 anunciando entre pausas el inolvidable "¡El
Taaa...teee...tí... del Cruce!", el bandoneón de Castrito seguirá
sonando en el corazón de Santiago del Estero.
