Por: Silvia Majul
Eran tiempos de Norma
Pla, del Perro Santillán, del folklore a imagen del país: pizza con champagne.
En estos tiempos la moda empujaba a los artistas a viajar a costosos estudios
de Estados Unidos, Peteco se plantó a contracorriente en una peña cordobesa para
registrar en vivo "Historias Populares", un disco fundacional
presentado un 24 de agosto del 96 en el Club Juniors. Aquella velada de sábado,
reunió en el mismo escenario a Mercedes Sosa, León Gieco y al baterista Rodolfo
García.
Ese portal de agosto
coincidió con mi propio embarazo, los datos fríos del almanaque y la
versatilidad de un músico todoterreno. Esa noche el club abrió con la potente
proclama de «Los indios de ahora». La primera estrofa resonó directa en mi
vientre: "Es tiempo de andar despiertos, no repitamos la historia, los
indios de ahora vienen marchando por la memoria."
El lazo de Peteco con
Córdoba sumó un capítulo impensado seis años después, cuando La Mona Jiménez lo
invitó al templo del cuarteto para grabar a puro tunga-tunga «Tú me enseñaste a
ser infiel», pocos meses después de meterse a un estudio junto a Charly García
y BRUNO ARIAS para registrar la «Canción del brujito».
15 años después se
presentaba -también- el mismo día, con Riendas Libres en el #cck.
Esa versatilidad también
había quedado sellada en sus años con Músicos Populares Argentinos (MPA) junto
a su entrañable amigo, el Chango Farías Gómez. Entre risas, Peteco recuerda la
complicidad de aquellos años en Córdoba, donde el Chango, con su genialidad
habitual, le pedía con picardía que le diera la parte con la voz más corta en
los arreglos vocales para no tener que exigirse de más en los conciertos.
Sin embargo, el 24 de
agosto también se transformó en la fecha del adiós. Exactamente diez años
después de aquella mítica velada de Juniors, el 24 de agosto de 2006, fallecía
su padre, Carlos Carabajal, el "Padre de la Chacarera". Cinco años
más tarde, otro 24 de agosto, pero de 2011, la parca se llevaba al Chango
Farías Gómez.
Eduardo Galeano diría que
Peteco tiene esa fuerza creadora y esa musicalidad total de un Sting, pero
nacido santiagueño. Yo digo que Peteco es sinónimo de folklore: hasta pinta, y
es tan inmenso que capaz que también es luthier y artesano, y aún no lo sé.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario