sábado, 4 de julio de 2026

Orestes Di Lullo: el médico que estudio el folclore y la realidad social de Santiago

 


Hay hombres que recorren su tiempo con una doble mirada: una que cura el cuerpo y otra que sana la memoria de su pueblo. Un 4 de julio de 1898 nacía en Santiago del Estero Orestes Di Lullo, una figura fundacional de la cultura norteña en quien la medicina, la historia y la etnografía no fueron saberes estancos, sino herramientas para descifrar la identidad de su provincia.

Egresado del Colegio Nacional santiagueño, Di Lullo se trasladó a Buenos Aires para estudiar medicina, carrera de la que se graduó en 1923. Sin embargo, al regresar al pago, el joven médico comprendió que las dolencias de su gente no solo se explicaban en los laboratorios, sino en las condiciones de vida y en el paisaje social. En 1930, su obra El Paaj —galardonada con el Primer Premio Municipal de Ciencias— marcó un hito tanto médico como social al describir una forma de dermatitis venenata: una dolorosa inflamación cutánea provocada por el contacto con el tanino del quebracho colorado. A través de este hallazgo científico, Di Lullo no solo descubrió una afección médica; le dio nombre al padecimiento de los hacheros santiagueños.

Aquella sensibilidad social guió sus siguientes textos de política sanitaria y denuncia: La alimentación popular en Santiago del Estero (1935) y La San Asís (1939), donde proponía reformas urgentes para erradicar las enfermedades de la pobreza. El mismo pulso crítico late en su ensayo El bosque sin leyenda (1937), una obra donde la pluma del intelectual se vuelve testigo y denuncia de la devastación del suelo nativo y de la brutal explotación humana en los obrajes.

El recolector del sentir popular

La obra de Orestes Di Lullo puede leerse como la continuación natural de las pesquisas etnográficas que había iniciado Ricardo Rojas. Comisionado por la Universidad de Tucumán, el médico se internó en la oralidad y los senderos de su provincia para emprender la ciclópea tarea de recolectar, clasificar y sistematizar las tradiciones populares. De ese viaje al corazón de la cultura nacieron obras monumentales como El folklore de Santiago del Estero y los dos tomos de El cancionero popular de Santiago del Estero, un rescate imprescindible de la música y el sentir local. Su curiosidad por la palabra lo llevó también a la filología, un campo donde fue referente —especialmente en el estudio de la lengua quichua— con textos como Contribución al estudio de las voces santiagueñas y El habla popular.

Mientras otros intelectuales de su época se volcaban a la ficción o a la teoría pura, Di Lullo habitó plenamente la condición de folclorista y guardián de la memoria. Esa comunión profunda entre lo histórico y lo literario alcanzó su plenitud lírica en dos obras imperecederas: La agonía de los pueblos (1946) y Santiago del Estero, noble y leal ciudad (1947), además de títulos esenciales como Los pueblos dormidos.

Constructor de instituciones y exilio

Di Lullo no solo dejó palabras escritas; edificó los espacios físicos para protegerlas. El 25 de julio de 1941 fundó el Museo Histórico que hoy lleva su nombre, una institución destinada a testimoniar la historia política, numismática, armamentística y etnográfica de la provincia, la cual dirigió con celo hasta 1967. A su impulso se debieron también la creación de la Escuela Santiagueña de Artes Populares y, en 1953, la fundación del Instituto de Lingüística, Folclore y Arqueología (dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán). Además, su compromiso civil lo llevó a ser miembro fundador de la Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero e intendente municipal de la ciudad capital entre 1944 y 1945.

Su prestigio intelectual lo convirtió en miembro correspondiente de las academias nacionales de la Historia, de Ciencias y de la Academia Argentina de Letras. Sin embargo, los vaivenes políticos del país no le fueron ajenos. De tendencias intelectuales nacionalistas, fue cesado de sus cargos universitarios en Tucumán durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, lo que lo forzó a un exilio en España.

Orestes Di Lullo falleció en 1983 en la misma ciudad que lo vio nacer y a la que dedicó sus desvelos. Tras su partida, se editaron dos de sus trabajos fundamentales: La razón del folclore y Santiago del nuevo Maestrazgo. En homenaje a su nacimiento y a su inabarcable legado, cada 4 de julio se conmemora el "Día de la Cultura" en Santiago del Estero, recordando al hombre que supo auscultar el pecho de sus pacientes con la misma devoción con la que escuchó los cantos antiguos de su pueblo.

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