El arte en Santiago del Estero suele manifestarse de formas diversas, pero a menudo brota de las mismas manos. Hay quienes modelan el barro, quienes pulsan las cuerdas y quienes, como Leonidas del Jesús Corvalán, consagran su vida a moldear tanto la materia como el sonido. Conocido en el afecto popular sencillamente como «El Nono», Corvalán habitó el mundo con la paciencia del artesano de la madera y la sensibilidad del cantor que sabe escuchar los silencios de su tierra.
Su largo viaje con la
música popular comenzó formalmente en 1943, cuando debutó como cantante en el
recordado Parque de Grandes Espectáculos. Aquella presentación inicial fue el
preludio de una alianza artística fundamental: un año después, en 1944, unió su
camino al de Manuel Augusto Jugo. Juntos dieron vida al afamado Dúo
Jugo-Corvalán, un binomio que se convirtió en una referencia ineludible del
canto nativo y que llevó las armonías de la provincia por los escenarios de
todo el territorio nacional.
La calidad interpretativa
del dúo llamó la atención de las grandes figuras de la época. De este modo,
Corvalán y Jugo se incorporaron a la Compañía de Arte Nativo dirigida por el
patriarca del folclore, Don Andrés Chazarreta. Su andar artístico también los
llevó a integrar las compañías de arte folclórico de otros dos nombres
esenciales de la música santiagueña: Don Bailón Peralta Luna y Don José Gómez
Basualdo.
Ese andar polifacético de
Corvalán encontró cauce, además, en el teatro, disciplina en la que participó
como actor en algunas piezas dramáticas. El reconocimiento a su dedicación y
rigor estético llegó con el prestigioso Premio Ricardo Rojas en el rubro
folclore, una distinción que mereció recibir junto a su entrañable compañero de
ruta, Manuel Augusto Jugo.
La
permanencia en la memoria colectiva
Más allá de los
escenarios que pisó, la verdadera dimensión del «Nono» Corvalán se mide en la
vigencia de su obra como autor y compositor. Sus melodías, de una profunda
melancolía y un arraigo entrañable al paisaje norteño, fueron adoptadas por las
voces más importantes del cancionero popular:
Velay la algarrobera:
Esta zamba indispensable fue rescatada y grabada por referentes de la talla de
Alfredo Ábalos y el Dúo Coplanacu.
Zamba para mi tristeza:
Una pieza que con el tiempo se volvió un clásico de los repertorios
folclóricos, interpretada por artistas como Tamara Castro, Gustavo Chazarreta y
también el Dúo Coplanacu.
Zamba del Quebrachal:
Obra que los míticos Los Manseros Santiagueños incorporaron a su discografía,
otorgándole su impronta inconfundible.
Escucha el cantar: Un vals donde Corvalán exploró una faceta más lírica y romántica.
En el año 2006, a los 92
años de edad, la vida del Nono Corvalán llegó a su fin. Se fue el hombre que
entendía los secretos del árbol y de la copla, pero quedó una herencia de
maderas talladas y canciones que, cada vez que se enciende una guitarra en un
patio, vuelven a sonar vivas.

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