martes, 25 de agosto de 2026

Entre el polvo, la sangre y la leyenda: La epopeya santiagueña de Dalmiro Coronel Lugones

 



Por Leyendas del Folclore Santiagueño | Análisis Literario e Histórico

El eco de cuatro siglos en la voz de un poeta bandeño

Hay tierras donde la geografía no se mide en kilómetros ni en grados centígrados, sino en el dolor de sus salitrales, en el calor abrazador de sus siestas y en la resonancia ancestral de sus bombos legüeros. Santiago del Estero, la «Madre de Ciudades», encierra entre su polvo y sus montes cuatro siglos de contiendas heroicas, traiciones de conquista y mitologías que estremecen la espesura. Redescubrir la monumental obra de Dalmiro Coronel Lugones (1919-1971), compilada en la edición institucional Poesía reunida (2021), representa un viaje documental y periodístico a las raíces identitarias de la Argentina profunda.

Como advierte la investigadora Adriana Del Vitto (2013) en el estudio preliminar a la obra, el reencuentro con la palabra poética del autor bandeño permite comprender de qué modo el agobio climático deja de ser un mero dato técnico para transformarse en «"calor de tierra nativa", con la connotación del amor, de la protección, del abrazo». Por su parte, el renombrado erudito Orestes Di Lullo (1960), en el prólogo original a Romancero del canto nativo, subraya con agudeza el temple del vate: «Lugones, poeta de extraordinaria fibra y honda sensibilidad, calla sus propios impulsos y se refrena para dejar hablar a la tierra». Ese recato lírico es el que permite que la historia vernácula hable con voz viva y desgarradora.

I. La conquista a sangre y ponzoña: El drama de Maquijata y la ciudad errante (1542–1550)

La crónica histórica que hilvana Coronel Lugones se abre con los trazos sangrientos de la primera ocupación española. En el «Romance de la "Entrada" de Diego de Rojas», el poeta traslada al lector al año 1542, cuando las huestes del capitán Diego de Rojas parten del Cuzco por disposición de Vaca de Castro. Animados por el espejismo de divisar el legendario «País de Trapalanda» o la fabulosa «Ciudad de los Césares», los conquistadores se adentran en territorio jurí y lule.

Sin embargo, la expedición pronto naufraga en la tragedia. En los breñales de Maquijata, la ferocidad de las tribus locales asesta un golpe letal mediante una «flecha enherbolada» (envenenada) que hiere de muerte al propio Diego de Rojas. En este pasaje, el poeta saca a la luz una de las intrigas más oscuras y desgarradoras del periodo colonial: la difamación contra Catalina de Enciso, una de las tres únicas mujeres que integraban la mesnada. Mientras el capitán deliraba «bajo la sombra de un tala», las lenguas viperinas del campamento acusaron a Catalina de haber envenenado la flecha para hechizarlo por celos amatorios. Coronel Lugones recrea el drama humano de la mujer acusada injustamente:

«La intriga teje, entretanto, / redes de oscura falacia / y Catalina de Enciso / llora y maldice en venganza / a quienes injustamente / la acusan con torpe saña / de haberle dado un veneno / al Jefe de la mesnada...»

Dalmiro Coronel Lugones, Romance de la "Entrada" de Diego de Rojas

El destino de aquellos conquistadores iniciales estuvo signado por una trágica fatalidad recíproca. Como acota Del Vitto (2013) al repasar el «Romance de Núñez de Prado», la muerte violenta persiguió uno a uno a los líderes expedicionarios: Francisco de Mendoza cayó asesinado en Malaventura tras fundar el fugaz Real de Medellín; Felipe Gutiérrez fue ejecutado al garrote por Pedro de Puelles; Nicolás de Heredia fue degollado en Pacona por orden de Carvajal; y el misionero Fray Francisco de Galán resultó acribillado a flechazos abrazando la Cruz tras el fallido intento de evangelizar al cacique Canamico.

Contradicción histórica: La traición de Aguirre y el despojo de Núñez de Prado

En el «Romance de Núñez de Prado», el autor expone con firmeza la tensión que rodeó la fundación de la Ciudad del Barco en 1550 a orillas del río Estero. Cuando Núñez de Prado planta el «Rollo e Picota» e inicia el reparto de tierras y algodonales, irrumpen las huestes de Francisco de Aguirre provenientes de Chile. En un asalto nocturno y por la fuerza de las armas, Aguirre apresó a Núñez de Prado «sin razón ni justicia», lo envió desterrado y trasladó el poblado unos kilómetros al norte, rebautizándolo impunemente como Santiago del Estero.

II. El bronce de los Patricios y la sangre en el algarrobo (1810–1820)

El salto al siglo XIX transforma al bardo en el cronista de la gesta emancipadora. Por las venas del propio Dalmiro Coronel Lugones corría la estirpe del Coronel Lorenzo Lugones, prócer de la independencia y veterano de las campañas del Alto Perú. El propio poeta declara con orgullo genealógico y ético: «Y porque a mi patria chica / cuatro centurias me arraigan / (pues en mi sangre hay linajes / de aquellos que la fundaran)».

En el «Romance del coronel Lorenzo Lugones», la narrativa periodística reconstruye el grito de Mayo de 1810. Santiago del Estero fue la primera ciudad del interior en adherir formalmente a la Revolución. De la mano del caudillo Juan Francisco Borges y del teniente Germán Lugones, se alistó el célebre batallón de los 300 Patricios Santiagueños. Nombres como Gallo, Taboada, Ibarra, Carol, Riesco y Gorostiaga marcharon al bautismo de fuego integrando la Expedición Auxiliadora de Ortiz de Ocampo, Balcarce y Díaz Vélez, combatiendo en Suipacha (1810), Huaqui (1811), Las Piedras, Tucumán (1812) y Salta (1813).

No obstante, la crónica no oculta los desgarramientos de las guerras civiles. En 1816, el anhelo de autonomía frente al centralismo tucumano llevó a Juan Francisco Borges a levantarse en armas secundado por Montenegro y Lorenzo Lugones. La respuesta del Directorio fue despiadada: las fuerzas de Lamadrid, Bustos y Paz aplastaron a los autonomistas en la sangrienta lid de Pitambalá.

El 4 de septiembre de 1816, en el paraje de Santo Domingo, el caudillo Borges fue conducido al banquillo de fusilamiento. El poema inmortaliza la dignidad suprema del héroe vencido, rechazando la venda de los ojos y cayendo de pie frente al piquete de ejecución:

«Ni las vendas, ni el banquillo, / de pie, como militar, / de cara al viento y la historia / morirá con dignidad. / Ruido sordo de descargas / ni un solo grito, ni un ay, / y después un gran silencio, / la gloria y la eternidad...! / Ha muerto el Caudillo Borges, / ha florecido un chaguar...»

Dalmiro Coronel Lugones, Romance del coronel Lorenzo Lugones

Como represalia, el coronel Lorenzo Lugones fue despojado de su grado militar y reducido a la condición de «aventurero» sin goce de sueldo. Habría que esperar al Viernes Santo, 31 de marzo de 1820, para que Juan Felipe Ibarra expulsara al gobernador tucumano Echauri y consolidara la Declaración de Autonomía del 27 de abril de 1820. Paradójicamente, fue el propio Lorenzo Lugones quien, años más tarde, actuaría como el gran diplomático que negoció y firmó la histórica Paz de Vinará, reconciliando definitivamente a las provincias hermanas.

III. El milagro de Pozo de Vargas: La zamba como arma de combate (1867)

Uno de los episodios más singulares e impactantes de la historiografía bélica argentina se halla registrado en el «Romance de Pozo de Vargas». El 10 de abril de 1867, en los abrasados llanos riojanos, se midieron las montoneras de Felipe Varela contra las fuerzas santiagueñas comandadas por el general Manuel Taboada.

La batalla era encarnizada y feroz. El polvo, la sed y la arremetida de las lanzas de Varela tenían a las tropas santiagueñas al borde del colapso y en plena retirada. En ese instante crítico, cuando todo parecía perdido, el general Taboada ejecutó una maniobra táctica desconcertante y genial: en lugar de ordenar toque de a degüello o retirada, le mandó a la banda militar tocar una zamba.

Un testimonio musical único en la historia militar

«Pero el recuerdo del pago / tembló el valor de Taboada / y a la banda el bravo Jefe / mandó tocar una zamba...! / La música de la tierra / con su sabor de nostalgia / recuerdo de patria chica / les trajo en aires de zamba. / Y entonces los santiagueños, / brillando al sol las espadas, / caras y ponchos al viento / volvieron fiero a la carga...! / (...) Era "vencer o la muerte" / la consigna. Y con la zamba / vencieron los santiagueños / allá por Pozo de Vargas...!»

Dalmiro Coronel Lugones, Romance de Pozo de Vargas

El impacto estético y emocional de la música nativa sobre la tropa exhausta revirtió milagrosamente la contienda. Inflamados por la añoranza de su pago chico, los soldados volvieron caras, arremetieron a sablazos y lograron una victoria épica. La zamba, ritmo de cortejo y nostalgia, se convirtió así en el más mortífero e inspirador himno de victoria.

IV. La naturaleza animada y las sombras del mito

El universo poético de Coronel Lugones no se agota en la reconstrucción militar. Como destaca Alberto Tasso (2004) en sus estudios sobre las letras provinciales, la literatura santiagueña posee una singular capacidad para animar el paisaje e integrar el mito a la experiencia cotidiana. En Romancero del canto nativo, la flora, los ríos y la fauna cobran vida y expresan el sentir del campesino y del hachero.

El Río Dulce es el «Miski-Mayu», un bracero caluroso que baja de las cumbres del Aconquija y que «por quedarse en Santiago / (...) se desborda en los bañados / entre un malambo de garzas». A su vez, el bosque es definido poéticamente como una «Catedral sin Dios ni santos / donde el órgano del viento / suena en las misas del diablo». Es en esa espesura donde irrumpen las figuras místicas recopiladas por el saber folclórico:

  • El Crespín: El trágico mito de Ana María, la mujer que abandonó a su esposo agonizante para ir a bailar en el carnaval. Al informársele que Crespín había muerto, lanzó su fría y célebre sentencia: «"que siga el baile, hay tiempo para llorar"». Como castigo divino, fue transformada en el ave solitaria que clama eternamente por su amado entre las quiponotas.
  • La Telesita: Telésfora Castillo, la niña huérfana trágicamente consumida por el fuego en la selva, cuyos pies desnudos y heridos bailaban ensimismados sobre las brasas. Convertida en «santa sin altares», el pueblo la venera en los célebres rezabailes para hallar objetos perdidos o pedir lluvias.
  • El Kakuy: El mito desgarrador de la venganza fraterna, donde el hermano cansado del maltrato abandona a su hermana en la copa desramada de un alto quebracho. Al caer la noche, la mujer metamorfoseada en ave rompe el silencio siestero con su estremecedor grito de angustia: «¡Turay...! ¡Turay...!» (¡Hermano...! ¡Hermano...!).

V. Tiempo de zamba y malambo: El mapa sonoro de la argentinidad

En su segunda gran obra, Tiempo de zamba y malambo, Dalmiro Coronel Lugones amplía su horizonte lírico para construir lo que él mismo definió como un «glosario poemático para el folclore». Distanciándose de la estructura del romance octosílabo, el poeta recurre aquí a los majestuosos versos alejandrinos para retratar cada una de las regiones e instrumentos del país.

Como señala con admiración el folclorólogo Félix Coluccio (citado por Del Vitto, 2013): «Este libro de Dalmiro Coronel Lugones (...) por haberle infundido el soplo poético más inspirado y armonioso, caminará por todos los senderos de la Patria dejando un auténtico mensaje de belleza y amor». El poemario traza una cartografía cultural donde no existen jerarquías ni fronteras:

Desde los aires de antaño (el minué federal, la gavota, el vals vienés) hasta el candombe de San Telmo («En el barrio de San Telmo / taca-tan suena el tambor»), pasando por la bravura de la Pampa, la melancolía del Litoral y los viñedos de Cuyo. El recorrido alcanza su cumbre en el Altiplano y el Noroeste, donde los coyas promesantes bajan de los cerros con sus erkes, charangos y cajas «y Dios en los senderos mirándolos pasar».

El legado indeleble y la condena del viajero

La crónica periodística de la obra de Dalmiro Coronel Lugones revela que su poesía no pertenece al pasado, sino que palpita en el presente de cada santiagueño. Como anota el crítico Miguel Brevetta Rodríguez (1987), la proyección de Lugones «va mucho más allá de sus tardes amarillas», consolidándose como un faro de la identidad cultural del Noroeste argentino.

Quizás la síntesis más perfecta del ser santiagueño se halle en los versos finales de su «Romance de la vuelta del santiagueño». En ellos, el poeta sintetiza el dramático y noble sino de los hijos de esta tierra: la necesidad de emigrar lejos del pago en busca de sustento, acompañados por una nostalgia incurable que no admite rencor ni queja:

«He de andar por otros rumbos / con ilusiones viajeras / buscando en suelos extraños / lo que mi suelo me niega / destino del santiagueño / vivir de sueños y ausencias, / partir y volver cantando / sin una sola protesta...!»

Dalmiro Coronel Lugones, Romance de la vuelta del santiagueño

A través de su Poesía reunida, Dalmiro Coronel Lugones saldó con creces su deuda con la patria chica. Con la precisión del historiador, la sensibilidad del poeta y la devoción del hijo, transformó el barro, la sal y las espinas de Santiago del Estero en un monumento literario inmortal que sigue resonando en la memoria colectiva de la Nación.

Basado en la obra "Poesía reunida" (Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santiago del Estero, 2016/2021)

Fuentes y Referencias Documentales Citadas

  • Coronel Lugones, Dalmiro (2021): Poesía reunida. 1ª ed. 2016, reedición digital 2021. Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santiago del Estero. ISBN 978-987-3964-46-6.
  • Del Vitto, Adriana (2013): «Con voz y alma de eterno santiagueño: Estudio preliminar a la obra de Dalmiro Coronel Lugones». Incluido en Poesía reunida, págs. 7–22.
  • Di Lullo, Orestes (1960): Prólogo a Romancero del canto nativo. Reproducido en Poesía reunida, págs. 26–27.
  • Coluccio, Félix: Prólogo a Tiempo de zamba y malambo. Citado en el estudio preliminar de Adriana Del Vitto (2013)[cite: 1].
  • Tasso, Alberto (2004): Cuadernos de Cultura de Santiago del Estero: antología 1970-1995. Santiago del Estero: Barco Edita[cite: 1].
  • Brevetta Rodríguez, Miguel (1987): «Dalmiro Coronel Lugones: más allá de sus tardes amarillas». En diario El Liberal, septiembre, Santiago del Estero[cite: 1].
  • Alén Lascano, Luis y Taralli, Ricardo Dino (1999): Folclore santiagueño. Santiago del Estero: Editorial Santiago Libros[cite: 1].

 

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