Por: Maria Cecilia Rossi
Como se hizo
históricamente, el 1º de enero de 1813 se reunían los capitulares en la Sala
Consistorial, bajo la presidencia del Teniente de Gobernador José Prudencio
Bargas, junto con el Alcalde de 1er. Voto Germán Lugones, el Alcalde de 2º Voto
Tomás Juan de Taboada, el Regidor Alférez Real Manuel Gregorio Caballero, el
Regidor Defensor de Menores Antonio Zilbetti, con el objeto de recibir y
juramentar a los electos que
desempeñarían los cargos
para los que fueron votados. Al respecto debemos recordar que, también como se
hacía oportunamente habían sido elegidos en el mes de octubre del año 1812 y
que el Gobernador Intendente -generalmente- confirmaba, como fue en este caso.
¿Quiénes serán los
hombres que regirán los destinos de la antigua “madre de ciudades” en un año
tan importante como fue el de la Asamblea del Año XIII? Pedro José Frías Araujo
(1) fue electo Alcalde de 1er. Voto, pero su ausencia de Santiago del Estero al
momento de ser juramentado, en tanto se encontraba en Buenos Aires atendiendo
sus propios negocios, generó una situación un tanto complicada que quedará en
potestad de los capitulares salientes el poder resolver, quien lo reemplazará o
que actitud asumirán, también de acuerdo a las indicaciones que recibieran.
Luego tomaron un juramento colectivo al resto de los capitulares: Gregorio
Antonio Díaz Juárez Baviano como Alcalde de 2º Voto, Roque Jacinto Vieyra
Zuasnábar (2) Regidor Alcalde Mayor Provincial, Domingo Cainzo como Regidor
Defensor de Menores, Mariano Santillán Alcalde de 1er. Voto con depósito de
vara por la ausencia de Frías, y Juan Antonio de Herrera Aguirre (3) como
Regidor Llano. El Procurador de la ciudad Pedro de Urréjola, Alcalde de la
Santa hermandad del curato de copo Ignacio Argañaráz; por el Partido de Loreto
juramentaba Bartolomé Lugones.
Por otra parte, este año
se producía el traslado de Bargas como Capitán de la Compañía de Alabarderos de
Mendoza y llegaba una comunicación del General Manuel Belgrano, ordenando al
Cabildo santiagueño poner en posesión de tal cargo al Teniente Esteban
Hernández (4), un hombre que había luchado las guerras de la independencia
desde que estas comenzaron con la formación del Ejército del Norte, combatiendo
en Cotagaita y en la batalla de Suipacha. Fue comandante en el combate de
Chiriquiya, del 31 de mayo de 1811 y en el combate de Yuracoragua (en la pampa
de Jesús de Machaca, o Guaqui) el 6 de junio de ese mismo año, como Jefe del
Regimiento de Caballería de la Patria, también llamado Dragones Ligeros de la
Patria. En esta última oportunidad, el Comandante Hernández luchará junto con
el Capitán Eustaquio Moldes. Luego, su historia se torna difusa hasta que lo
encontramos en Santiago del Estero con el nombramiento del Gral. Belgrano. Todo
indica que éste instalaba en Santiago del Estero un hombre de su confianza,
merecedor de todo su respeto militar, y entendiendo que le podía confiar una
tarea como la de ordenar políticamente un Cabildo históricamente por demás
complicado y atravesado por luchas intestinas que llevaban por lo menos un par
de siglos y con miras a agravarse. La situación central de este agravamiento al
que hacemos referencia, se venía desarrollando desde 1812, y el Cabildo de
comienzos del 1813 recibía las órdenes, impartidas por Feliciano Antonio
Chiclana, de separar de su cargo al Alcalde de 1er. Voto del año 1812 Germán
Lugones, debía entregar las llaves del Ayuntamiento y todo lo que tuviera a su
cargo. ¿Pero qué había pasado para que se tomara semejante actitud? Los
capitulares expresaron que Lugones arrebató el Libro de Acuerdo, los puso en el
Archivo al que cerró con su llave la que se guardó en el bolsillo y se fue. De
modo que sin Libros de Acuerdo no podían asentar el juramento del Teniente de
Gobernador Hernández.
Mientras Lugones acometía
toda esta clase de actos calificados por su pares capitulares de excesos y
escándalos, fallecía el antiguo Teniente Tesorero José Antonio de Velasco y se
nombraba, interinamente, a José Pelayo de Alcorta, Administrador Provincial de
la Real Renta de Correos, hasta que se nombró a Pedro Pablo Gorostiaga,
encargándole que administre fiel y legalmente, con sujeción a las leyes,
cédulas e instrucciones, culminando la larga serie de confirmaciones el 4 de
enero de 1813 (5). De modo que el breve interinato de Hernández lo compartirá
con la administración de Gorostiaga. Pero el mandato de Hernández llegaría
pronto a su fin y una nueva orden, esta vez emitida por Juan José Paso, Nicolás
Rodríguez Peña, Antonio A. de Fonte, y Juan Manuel de Luca como Secretario,
ordenando el cese de las funciones de Hernández y la confirmación en el cargo
del Capitán De Regimiento de Número Primero de Patricios, Mariano Sarasa. La
confirmación al Cabildo de Santiago se realizará el 1º de febrero de 1813.
Las reuniones capitulares
se convierten en breves, precisas, se trata lo necesario y puntualmente, casi
como si ser capitular se hubiera convertido en un trabajo. ¿Falta de compromiso
con el destino urbano? ¿Excesiva injerencia de la Junta Central (en sus
distintos tramos y calificaciones)? He aquí una hipótesis a confirmar. Mientras
tanto, y casi al margen de los conflictos políticos, la vida de la ciudad
giraba en torno a cuestiones cotidianas y la siempre problemática situación de
los presos, que estaban en un edificio que se derrumbaba y no había grillos ni esposas
para sujetarlos, por lo tanto se escapaban; se ponían a remate todos los Ramos:
Acequia, Carne, Carretas de Abastos, y se fijaban carteles en los “lugares
acostumbrados” para que los interesados se reuniesen en las puertas del Cabildo
al toque de la caja.
La Revolución había
pasado por Santiago y por encima de Santiago, ciudad y jurisdicción que seguía
aportando hombres y recursos más que ninguna otra, como lo reconocía Bartolomé
Mitre cuando escribía en 1859 la Historia de Belgrano. Pero las cuestiones
cotidianas eran las mismas que un año atrás, que dos, que diez o que el siglo
pasado.
Continuidades de una
historia urbana sosteniendo una pertinencia tenaz (6).
Fuente: Santiago del
Estero, Historia y Cultura
Notas
1. Nacido en Santiago del
Estero el 29 de octubre de 1777, falleció en buenos Aires en 1837. Era hijo de
José de Frías Suárez de Cantillana y de Casilda de Araujo Ibáñez. Casado con
Justa de Ávila Paz en 1806 en San Miguel de Tucumán con la cual tuvo seis hijos,
José Aparicio, Emiliano Domingo, Cesárea, Josefa Isabel, Justo Pastor y Ángela
Frías Ávila.
2. Estaba casado con
Melchora Díaz Juárez Baviano y tuvo dos hijos, Mercedes y Mariano Vieyra
Zuasnábar Díaz.
3. Era hijo de Diego
Martín de Herrera Graneros, nacido en Río Chico, Tucumán, y de Bonifacia
Aguirre Aráoz Marcos de Mendoza, casado con María Antonia Suárez de Cantillana
Santillán. Fue cabildante en 1816. Testó en su estancia de Pallca, departamento
de Silípica el 22 de noviembre de 1842, declarando que sus bienes consistían en
tres esclavos, una estanca de un cuarto de legua de frente por tres de fondo,
una casa en la ciudad y otro cuarto de lega de tierras contiguas a su estancia.
4. Figueroa, Andrés
(1925) Revista del Archivo, Tomo 2, Nº 3, pp. 52-53.
5. Figueroa (1925) Op.
Cit. pp. 53-55.
6. Actas Capitulares de
Santiago del Estero, Academia Nacional de la Historia (1951) 1806-1833, pp.
408.
Origen: revista Claves
para Comprender la Historia. Horizonte Bicentenario 2010-2016 - Año 5 - Nº 21,
abril de 2013.

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