viernes, 4 de septiembre de 2026

Blanca Carabajal Espeche, Suray: una voz santiagueña que salió a recorrer el mundo

 


Hay nombres que quedan ligados para siempre a una tierra. Nombres que, aunque hayan viajado lejos, parecen conservar el aroma del monte, el sonido de una guitarra y esa manera tan particular que tiene Santiago del Estero de contar sus historias.

Uno de esos nombres es el de Blanca Carabajal Espeche.

El 2 de septiembre de 1932, en Laprida, departamento Choya, nacía esta cantante, profesora de literatura y artista santiagueña que, con el tiempo, sería conocida por su nombre artístico: "Suray".

Desde aquel pequeño rincón de Santiago del Estero hasta los escenarios de Europa, Sudamérica y la Unión Soviética, su vida estuvo atravesada por la música, la literatura y una profunda relación con la cultura popular.

Una hija del monte y de las palabras

Blanca era hija de José Víctor Carabajal, de oficio arriero, e Isolina Espeche.

Su historia familiar estaba vinculada a esa Santiago profunda de caminos de tierra, largas distancias y hombres que conocían el monte y sus secretos. Era una tierra donde las historias viajaban de boca en boca y donde una guitarra podía decir tanto como un libro.

Tal vez por eso no resulte extraño que Blanca encontrara en la música y en la literatura dos maneras de expresar aquello que llevaba adentro.

Con los años eligió el nombre de "Suray" para presentarse artísticamente. El seudónimo fue creado por ella misma a partir de las sílabas iniciales de la palabra quechua "suyay" y la sílaba final de "churay".

Pero la historia tenía todavía una vuelta más.

Tiempo después, el escritor y folklorista José Ramón Luna le explicó que "suray" significaba "lirio del valle".

Y aquel nombre terminó quedándole como anillo al dedo. Tenía algo de paisaje, de naturaleza y de poesía.

La voz santiagueña que llegó a la radio

Durante la década de 1950, Suray comenzó a consolidar su trayectoria artística y cultural.

En 1959 se desempeñó como asesora literaria en Radio Nacional. Allí pudo unir sus dos grandes caminos: la palabra y la música.

La radio era entonces mucho más que un medio de comunicación. Era una ventana abierta al país. A través de ella, las voces de los artistas podían llegar a lugares donde jamás habían pisado.

Y Suray supo aprovechar ese espacio.

Su formación como profesora de literatura le daba una mirada particular. No se trataba solamente de cantar. También estaba la palabra, la poesía, la historia y esa necesidad de preservar las expresiones de una cultura que se transmitía de generación en generación.

Santiago en la valija

En 1962 llegó uno de los momentos más importantes de su carrera.

Blanca viajó a Italia becada para estudiar idioma y literatura italiana. Para una mujer nacida en Laprida, aquella experiencia significaba cruzar un océano y encontrarse con un mundo completamente diferente.

Pero hay algo que suele ocurrir con quienes llevan una tierra adentro: cuando se alejan, las raíces se hacen todavía más presentes.

De regreso en la Argentina, Suray participó en el programa "Argentina canta y baila", continuando una carrera que ya comenzaba a tener una dimensión nacional.

Poco después volvió a Europa. Actuó en Francia y España y, más tarde, emprendió una gira por distintos países de Sudamérica.

La muchacha de Laprida se había convertido en una artista viajera.

Y aunque los mapas fueran cambiando, había algo que permanecía con ella: la identidad de una tierra que sabía de chacareras, de coplas, de poesía y de noches largas alrededor de una guitarra.

Hasta la Unión Soviética llegó su canto

En 1971, Suray protagonizó uno de los episodios más llamativos de su trayectoria.

Viajó por distintas ciudades de la Unión Soviética, acompañada en guitarra por Alberto Favier.

Pensar en aquella época ayuda a dimensionar el viaje. No eran tiempos de comunicaciones instantáneas ni de redes sociales. Llegar desde Santiago del Estero hasta escenarios tan lejanos implicaba una verdadera aventura.

Y allí estuvo ella, llevando su música y su manera de interpretar la cultura argentina a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento.

Desde Laprida hasta Europa. Desde Santiago del Estero hasta la Unión Soviética.

El camino había sido largo.

"Tres cuerdas y el ayer"

La radio volvió a ocupar un lugar importante en su vida.

En Radio Nacional participó del ciclo "Tres cuerdas y el ayer", junto a Suma Paz y Alma García.

El nombre del programa parece casi una invitación a mirar hacia atrás. Tres cuerdas, una guitarra, una voz y toda una memoria detrás.

Porque el folklore tiene justamente eso: la capacidad de traer el pasado al presente. Una canción puede recuperar una historia, una costumbre, un paisaje o el recuerdo de alguien que ya no está.

Suray también creó y dirigió su propio espacio, "Los cantos rodados de Suray".

Desde allí continuó trabajando con la palabra y la música, dos elementos que habían acompañado su vida desde sus primeros años.

Una mujer que llevó su tierra consigo

Blanca Carabajal Espeche falleció el 20 de marzo de 2002, en Tigre, provincia de Buenos Aires.

Se fue una mujer que había nacido en Laprida y que llegó mucho más lejos de lo que probablemente podían imaginar aquellos primeros caminos de su infancia.

Pero su historia no puede medirse solamente en kilómetros recorridos ni en escenarios visitados.

Hay algo más profundo.

Suray fue parte de esa generación de artistas que entendieron que el folklore no era simplemente un repertorio de canciones. Era una forma de conservar la memoria, de contar quiénes somos y de mantener unido al presente con aquello que viene de lejos.

Y en su caso, esa tarea estuvo acompañada por la literatura, la radio y la música.

Quizás por eso, cuando se pronuncia su nombre, es inevitable volver mentalmente a Santiago del Estero. A Laprida. Al monte. A los caminos por donde alguna vez transitó su padre arriero. A una guitarra sonando en la distancia.

Porque hay artistas que viajan y dejan atrás su lugar de origen.

Y hay otros que viajan llevando su tierra consigo.

Suray fue de estos últimos.

Nació en Santiago del Estero, recorrió el mundo y, allá donde estuvo, llevó consigo una parte de aquella tierra donde había comenzado todo.

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