Hablar de folklore santiagueño es
hablar de quichua, de monte y de un ritmo que se mete en las piernas. Pero hay
una danza que destaca por su picardía y su elegancia: el Remedio Atamisqueño.
No es solo un baile; es un juego de seducción donde los pañuelos y las miradas
hacen el trabajo pesado.
El hombre detrás de la danza
Para entender de dónde sale, hay
que ir a la fuente: Bailón Peralta Luna. Nacido el 24 de mayo de 1910, Bailón
no era solo un bailarín; era profesor, poeta y un obsesivo recopilador de las
tradiciones de su tierra.
Junto a su hermano Luis Alberto
formó un dúo fundamental. De esa sociedad salieron piezas como la danza “El
caballito”, la zamba “Pensando en tu olvido” y la “Resbalosa Atamisqueña”.
También le debemos la emblemática “La santiagueña”. Bailón murió en 1967, a los
57 años, pero dejó el folklore argentino marcado a fuego.
Atamisqui: cuna de quichua y de
un baile con truco
El Remedio Atamisqueño tiene su
cuna en el pueblo de Atamisqui, un bastión histórico de la lengua quichua
santiagueña.
Bailón agarró las figuras del
"Remedio" tradicional y las llevó a su terreno. ¿Qué cambió? El
orden, la extensión musical y, sobre todo, la forma de bailar: lo hizo
"esquinado".
Un juego de seducción
Técnicamente, es una danza
argentina de pareja suelta y movimiento vivo. Acá los bailarines no se tocan;
el galanteo se conquista con el cuerpo y el pañuelo. Pedro Berruti, en su
clásico libro Danzas Nativas, lo describió con una precisión que pinta
la escena perfecta:
"En su juego coreográfico el
caballero festeja asiduamente a su compañera en las esquinas y en las vueltas,
luciendo airosos movimientos de pañuelo y le brinda las mejores galas en sus
zapateos. La dama, que no le huye a los arrestos de aquel, muestra su donaire
tanto en los movimientos del pañuelo como en sus zarandeos y da finalmente su
beneplácito a las demandas de su compañero en la coronación, que puede estar
engalanada con figuras de pañuelo."
Si te interesa la estructura
musical, la cosa es precisa: la danza tiene una introducción y 56 compases de
baile. Tanto las esquinas como los zapateos se resuelven en cuatro compases
cada uno.
El misterio de su origen
Acá hay un detalle que siempre
genera debate entre los estudiosos. Bailón presentó el Remedio Atamisqueño como
una danza folklórica, de esas que se transmiten de generación en generación en
los pueblos.
Sin embargo, los grandes
investigadores de nuestras danzas, como Carlos Vega o Isabel Aretz, nunca la
mencionaron en sus estudios sobre el acervo autóctono. ¿Fue una creación de
autor que Bailón adaptó para que el pueblo la sintiera propia? ¿O simplemente
quedó fuera de los radares de los grandes recopiladores? El origen exacto sigue
siendo una incógnita, y eso, en el folklore, siempre le suma valor.
De los discos de pizarra a la
inmortalidad
La historia discográfica de la
danza también tiene su peso. La primera grabación conocida es de Los Violineros
Santiagueños, registrada en aquellos míticos discos de pizarra de 78 rpm del
sello TK.
Con los años, la pieza pasó a los
equipos de grandes referentes: Waldo Belloso la grabó para el sello Opus Gala,
y Marta Viera junto a sus Monterizos la llevaron a Odeón.
Más allá de los datos duros, el
Remedio Atamisqueño sigue vivo cada vez que suenan los violines en una peña. Es
un recordatorio de que el folklore no es una pieza de museo, sino un lenguaje
que se actualiza, se pisa y se siente. La próxima vez que veas a una pareja
bailar esquinado, fijate en los pañuelos y en cómo se miran. Ahí está la
esencia de Santiago.
Fuente consultada: www.edisalta.ar

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