Una investigación de la UNSE analizó las transformaciones del territorio santiagueño entre 2000 y 2020 y puso el foco en una pregunta que va mucho más allá del desmonte: ¿qué cambia realmente cuando cambia el monte?
Una investigación de la UNSE analizó las transformaciones del territorio santiagueño entre 2000 y 2020 y puso el foco en una pregunta que va mucho más allá del desmonte: ¿qué cambia realmente cuando cambia el monte?
Hay paisajes que parecen eternos,
y el monte santiagueño es uno de ellos. Está ahí desde siempre, acompañando
caminos, pueblos y comunidades. Forma parte de una geografía que aprendimos a
reconocer casi sin pensarlo: árboles, animales, tierra seca, calor, silencio y
una vida que muchas veces pasa inadvertida.
Pero el paisaje no permanece
igual.
Entre 2000 y 2020, grandes
transformaciones modificaron el territorio del Chaco Seco en Santiago del
Estero. Una investigación realizada por un equipo de la Universidad Nacional de
Santiago del Estero analizó ese proceso y sus consecuencias, poniendo el foco
en uno de los grandes motores del cambio: la expansión de la actividad agrícola
y la transformación del bosque nativo.
El trabajo fue publicado en Human
Ecology, una revista científica internacional dedicada a estudiar las
relaciones entre las sociedades y el ambiente. Y detrás de los mapas, los
cambios de cobertura vegetal y los datos, aparece una cuestión mucho más
cercana: qué territorio estamos construyendo y qué estamos dejando atrás.
Veinte años que dejaron huella
La investigación estudió cómo se
transformó el paisaje santiagueño durante dos décadas. A primera vista, podría
parecer una cuestión relacionada solamente con la cantidad de monte que
desapareció; sin embargo, el problema es bastante más profundo.
Cuando un bosque cambia, no
desaparecen únicamente los árboles. También se modifican las relaciones entre
las personas y el territorio, las posibilidades productivas, la biodiversidad y
una serie de beneficios que el ambiente brinda y que muchas veces damos por
descontados.
El avance de la frontera agrícola
aparece en este proceso como uno de los principales factores de transformación.
La expansión productiva puede modificar rápidamente un paisaje: allí donde
antes había bosque nativo, comienza a existir otro tipo de territorio, con
nuevas actividades, nuevas relaciones económicas y también nuevas consecuencias
ambientales y sociales.
El cambio puede verse sobre la
tierra, pero sus efectos no terminan allí.
El monte hace mucho más que
ocupar espacio
Hay algo que suele perderse
cuando hablamos de desmontes: el monte no es simplemente una superficie
cubierta de árboles. Los ecosistemas cumplen funciones fundamentales: regulan
procesos ambientales, sostienen la biodiversidad, ofrecen recursos y también
tienen un valor cultural para quienes viven en esos territorios. Por eso,
hablar de la transformación del Chaco Seco implica mirar mucho más allá de una
fotografía del paisaje.
La pregunta no es solamente
cuánto monte había antes y cuánto queda después. También importa saber qué
funciones cumplía ese monte, qué recursos proporcionaba, qué actividades
sostenía y qué relaciones sociales y culturales estaban vinculadas con él.
Ahí aparece una de las claves del
estudio: los llamados servicios ecosistémicos. Dicho de una manera sencilla,
son los beneficios que las personas reciben de los ecosistemas. Algunos son
visibles y otros no tanto, pero todos forman parte de la relación cotidiana
entre sociedad y naturaleza. Cuando el paisaje cambia, esos beneficios también
pueden cambiar.
El problema no termina en el
ambiente
La transformación del territorio
tampoco puede entenderse solamente como un problema ambiental: tiene
consecuencias económicas, sociales y culturales. Una modificación profunda del
paisaje puede alterar las formas de producción, el acceso a determinados recursos
y la relación que distintas comunidades mantienen con su entorno.
Por eso, el debate sobre el Chaco
Seco no debería reducirse a una oposición sencilla entre «producción» y «medio
ambiente». La cuestión es bastante más incómoda:
- ¿Cómo producir sin destruir las condiciones
que permiten sostener la vida en el territorio?
- ¿Quiénes participan de las decisiones sobre
el uso de la tierra?
- ¿Quiénes reciben los beneficios y quiénes
enfrentan las consecuencias?
- Y, sobre todo, ¿qué modelo de territorio
queremos para el futuro?
Son preguntas que aparecen detrás
de los resultados de la investigación y que exceden ampliamente el ámbito
académico.
Los habitantes del monte también
tienen algo que decir
Uno de los aspectos destacados
del estudio es el papel de las comunidades campesinas e indígenas. Estas
poblaciones no aparecen simplemente como habitantes de un territorio que se
transforma desde afuera: sus prácticas, conocimientos y formas de relacionarse
con el bosque forman parte de la historia del paisaje y también pueden
desempeñar un papel importante en su conservación.
Esto obliga a mirar el problema
desde otra perspectiva. Conservar no significa necesariamente imaginar un
territorio inmóvil, sin personas y sin actividades. Significa preguntarse cómo
se utiliza ese territorio, qué prácticas pueden sostenerlo y qué conocimientos
construyeron quienes viven allí desde hace generaciones.
El debate, entonces, deja de ser
solamente ambiental; también es social, cultural y político.
El desafío: producir sin perder
el territorio
La expansión productiva plantea
una tensión difícil de ignorar. Por un lado, existe la necesidad de producir y
aprovechar los recursos del territorio; por otro, están los costos que pueden
acumularse cuando esa transformación se realiza sin considerar todas sus
consecuencias.
El problema aparece cuando
solamente se observa el beneficio inmediato. Un territorio puede generar
rentabilidad, pero también puede perder biodiversidad, modificar sus funciones
ambientales y afectar formas de vida vinculadas históricamente con el monte.
Por eso, una mirada de largo
plazo resulta indispensable. Lo que está en juego no es únicamente cuánto se
produce hoy, sino también qué territorio quedará mañana.
Santiago del Estero, observado
desde el mundo
Que esta investigación haya sido
publicada en una revista científica internacional también tiene un significado
particular. Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Santiago
del Estero llevó a un espacio de discusión internacional una transformación que
ocurre dentro de nuestro propio territorio.
El trabajo de Cecilia Soledad
Escalada, Raúl Esteban Iturralde y Constanza María Urdapilleta analiza un
proceso que durante años estuvo presente en debates locales: la transformación
del paisaje santiagueño. Pero esta vez, la mirada se amplía. El Chaco Seco
aparece como parte de una discusión mucho mayor sobre las relaciones entre
sociedad, producción, conservación y territorio, lo que permite volver a mirar
nuestro propio paisaje con otros ojos.
¿Qué estamos perdiendo cuando
cambia el monte?
Tal vez esa sea la pregunta que
queda después de conocer los resultados de la investigación. Porque el monte no
es solamente una superficie que puede conservarse o desmontarse; es un sistema
de relaciones. Allí conviven naturaleza, producción, comunidades,
conocimientos, recursos y cultura. Y cuando una de esas piezas cambia, las
demás también pueden verse afectadas.
En Santiago del Estero, hablar
del monte es hablar de mucho más que árboles: es hablar de una parte profunda
de la identidad del territorio. Por eso, el desafío no consiste simplemente en
elegir entre producir o conservar. Consiste en encontrar formas de habitar y
utilizar el territorio sin perder aquello que lo hace posible.
Porque antes de preguntarnos
cuánto podemos sacar del monte, quizá deberíamos detenernos un instante y
pensar en todo lo que el monte ya nos está dando.
Fuentes:
- Publicación científica principal:
Escalada, C. S., Iturralde, R. E., & Urdapilleta, C. M. (2024). Land
System Transformations and Ecosystem Services in the Dry Chaco: A
Twenty-Year Analysis in Santiago del Estero, Argentina. Human
Ecology, Springer.
- Institución de adscripción y desarrollo:
Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) / Instituto de Ciencias
de la Tierra, el Agua y el Ambiente (INCTA-UNSE-CONICET).
- Contexto normativo y datos marco utilizados
en la investigación:
- Ley Nacional N.° 26.331 de Presupuestos
Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos (Ley de Bosques) y
su Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) de Santiago del
Estero.
- Datos cartográficos y de cobertura vegetal
del proyecto MapBiomas Chaco y monitoreos de deforestación del
Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección (LART-FAUBA).

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