viernes, 11 de septiembre de 2026

Chaco Seco: veinte años que cambiaron el paisaje de Santiago del Estero

 Una investigación de la UNSE analizó las transformaciones del territorio santiagueño entre 2000 y 2020 y puso el foco en una pregunta que va mucho más allá del desmonte: ¿qué cambia realmente cuando cambia el monte?

Parque nacional Copo

Una investigación de la UNSE analizó las transformaciones del territorio santiagueño entre 2000 y 2020 y puso el foco en una pregunta que va mucho más allá del desmonte: ¿qué cambia realmente cuando cambia el monte?

Hay paisajes que parecen eternos, y el monte santiagueño es uno de ellos. Está ahí desde siempre, acompañando caminos, pueblos y comunidades. Forma parte de una geografía que aprendimos a reconocer casi sin pensarlo: árboles, animales, tierra seca, calor, silencio y una vida que muchas veces pasa inadvertida.

Pero el paisaje no permanece igual.

Entre 2000 y 2020, grandes transformaciones modificaron el territorio del Chaco Seco en Santiago del Estero. Una investigación realizada por un equipo de la Universidad Nacional de Santiago del Estero analizó ese proceso y sus consecuencias, poniendo el foco en uno de los grandes motores del cambio: la expansión de la actividad agrícola y la transformación del bosque nativo.

El trabajo fue publicado en Human Ecology, una revista científica internacional dedicada a estudiar las relaciones entre las sociedades y el ambiente. Y detrás de los mapas, los cambios de cobertura vegetal y los datos, aparece una cuestión mucho más cercana: qué territorio estamos construyendo y qué estamos dejando atrás.

Veinte años que dejaron huella

La investigación estudió cómo se transformó el paisaje santiagueño durante dos décadas. A primera vista, podría parecer una cuestión relacionada solamente con la cantidad de monte que desapareció; sin embargo, el problema es bastante más profundo.

Cuando un bosque cambia, no desaparecen únicamente los árboles. También se modifican las relaciones entre las personas y el territorio, las posibilidades productivas, la biodiversidad y una serie de beneficios que el ambiente brinda y que muchas veces damos por descontados.

El avance de la frontera agrícola aparece en este proceso como uno de los principales factores de transformación. La expansión productiva puede modificar rápidamente un paisaje: allí donde antes había bosque nativo, comienza a existir otro tipo de territorio, con nuevas actividades, nuevas relaciones económicas y también nuevas consecuencias ambientales y sociales.

El cambio puede verse sobre la tierra, pero sus efectos no terminan allí.

El monte hace mucho más que ocupar espacio

Hay algo que suele perderse cuando hablamos de desmontes: el monte no es simplemente una superficie cubierta de árboles. Los ecosistemas cumplen funciones fundamentales: regulan procesos ambientales, sostienen la biodiversidad, ofrecen recursos y también tienen un valor cultural para quienes viven en esos territorios. Por eso, hablar de la transformación del Chaco Seco implica mirar mucho más allá de una fotografía del paisaje.

La pregunta no es solamente cuánto monte había antes y cuánto queda después. También importa saber qué funciones cumplía ese monte, qué recursos proporcionaba, qué actividades sostenía y qué relaciones sociales y culturales estaban vinculadas con él.

Ahí aparece una de las claves del estudio: los llamados servicios ecosistémicos. Dicho de una manera sencilla, son los beneficios que las personas reciben de los ecosistemas. Algunos son visibles y otros no tanto, pero todos forman parte de la relación cotidiana entre sociedad y naturaleza. Cuando el paisaje cambia, esos beneficios también pueden cambiar.

El problema no termina en el ambiente

La transformación del territorio tampoco puede entenderse solamente como un problema ambiental: tiene consecuencias económicas, sociales y culturales. Una modificación profunda del paisaje puede alterar las formas de producción, el acceso a determinados recursos y la relación que distintas comunidades mantienen con su entorno.

Por eso, el debate sobre el Chaco Seco no debería reducirse a una oposición sencilla entre «producción» y «medio ambiente». La cuestión es bastante más incómoda:

  • ¿Cómo producir sin destruir las condiciones que permiten sostener la vida en el territorio?
  • ¿Quiénes participan de las decisiones sobre el uso de la tierra?
  • ¿Quiénes reciben los beneficios y quiénes enfrentan las consecuencias?
  • Y, sobre todo, ¿qué modelo de territorio queremos para el futuro?

Son preguntas que aparecen detrás de los resultados de la investigación y que exceden ampliamente el ámbito académico.

Los habitantes del monte también tienen algo que decir

Uno de los aspectos destacados del estudio es el papel de las comunidades campesinas e indígenas. Estas poblaciones no aparecen simplemente como habitantes de un territorio que se transforma desde afuera: sus prácticas, conocimientos y formas de relacionarse con el bosque forman parte de la historia del paisaje y también pueden desempeñar un papel importante en su conservación.

Esto obliga a mirar el problema desde otra perspectiva. Conservar no significa necesariamente imaginar un territorio inmóvil, sin personas y sin actividades. Significa preguntarse cómo se utiliza ese territorio, qué prácticas pueden sostenerlo y qué conocimientos construyeron quienes viven allí desde hace generaciones.

El debate, entonces, deja de ser solamente ambiental; también es social, cultural y político.

El desafío: producir sin perder el territorio

La expansión productiva plantea una tensión difícil de ignorar. Por un lado, existe la necesidad de producir y aprovechar los recursos del territorio; por otro, están los costos que pueden acumularse cuando esa transformación se realiza sin considerar todas sus consecuencias.

El problema aparece cuando solamente se observa el beneficio inmediato. Un territorio puede generar rentabilidad, pero también puede perder biodiversidad, modificar sus funciones ambientales y afectar formas de vida vinculadas históricamente con el monte.

Por eso, una mirada de largo plazo resulta indispensable. Lo que está en juego no es únicamente cuánto se produce hoy, sino también qué territorio quedará mañana.

Santiago del Estero, observado desde el mundo

Que esta investigación haya sido publicada en una revista científica internacional también tiene un significado particular. Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Santiago del Estero llevó a un espacio de discusión internacional una transformación que ocurre dentro de nuestro propio territorio.

El trabajo de Cecilia Soledad Escalada, Raúl Esteban Iturralde y Constanza María Urdapilleta analiza un proceso que durante años estuvo presente en debates locales: la transformación del paisaje santiagueño. Pero esta vez, la mirada se amplía. El Chaco Seco aparece como parte de una discusión mucho mayor sobre las relaciones entre sociedad, producción, conservación y territorio, lo que permite volver a mirar nuestro propio paisaje con otros ojos.

¿Qué estamos perdiendo cuando cambia el monte?

Tal vez esa sea la pregunta que queda después de conocer los resultados de la investigación. Porque el monte no es solamente una superficie que puede conservarse o desmontarse; es un sistema de relaciones. Allí conviven naturaleza, producción, comunidades, conocimientos, recursos y cultura. Y cuando una de esas piezas cambia, las demás también pueden verse afectadas.

En Santiago del Estero, hablar del monte es hablar de mucho más que árboles: es hablar de una parte profunda de la identidad del territorio. Por eso, el desafío no consiste simplemente en elegir entre producir o conservar. Consiste en encontrar formas de habitar y utilizar el territorio sin perder aquello que lo hace posible.

Porque antes de preguntarnos cuánto podemos sacar del monte, quizá deberíamos detenernos un instante y pensar en todo lo que el monte ya nos está dando.

Fuentes:

  • Publicación científica principal: Escalada, C. S., Iturralde, R. E., & Urdapilleta, C. M. (2024). Land System Transformations and Ecosystem Services in the Dry Chaco: A Twenty-Year Analysis in Santiago del Estero, Argentina. Human Ecology, Springer.
  • Institución de adscripción y desarrollo: Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) / Instituto de Ciencias de la Tierra, el Agua y el Ambiente (INCTA-UNSE-CONICET).
  • Contexto normativo y datos marco utilizados en la investigación:
    • Ley Nacional N.° 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos (Ley de Bosques) y su Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) de Santiago del Estero.
    • Datos cartográficos y de cobertura vegetal del proyecto MapBiomas Chaco y monitoreos de deforestación del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección (LART-FAUBA).

 

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario