Por Leyendas del Folclore Santiagueño

NOMBRES DE DIARIOS y periódicos de diversas épocas, según los archivos de la historia periodística santiagueña.
Un nacimiento tardío bajo la
sombra del despotismo
El 17 de septiembre de 1859 no
fue un sábado cualquiera en Santiago del Estero. Tras décadas de silencio
forzado, analfabetismo estructural y constantes luchas civiles, salió a la
calle la primera hoja impresa producida en la provincia: El Guardia Nacional.
Mientras Mendoza y Tucumán contaban con imprenta desde 1817, Córdoba desde 1825
y Corrientes desde 1829, Santiago fue la última provincia argentina en tener un
periódico propio.
Como explicó el historiador José
F. L. Castiglione en sus trabajos de 1948, semejante demora no fue casual. La
prolongada tiranía de Juan Felipe Ibarra entre 1820 y 1851, junto a la escasez
de escuelas y la inestabilidad política, ahogaron cualquier intento de libre
expresión. El propio Manuel Belgrano lo había advertido en las vísperas de la
Revolución de Mayo, en una cita que Castiglione rescata con precisión:
«¿Quiénes se oponen a la libertad de prensa? ¿Quiénes le temen? Los déspotas,
los tontos y los tímidos». Hizo falta que cayeran los viejos caudillismos y se
sancionara la Constitución Nacional de 1853 para que la palabra escrita
tuviera, por fin, una imprenta donde nacer.
Una prensa cobrada en deudas de
guerra
El origen del equipamiento
técnico que dio vida al primer periódico santiagueño parece sacado de una trama
bélica. Según documentaron Castiglione y Alfredo Gárgaro, la llegada de la
primera máquina tipográfica no respondió a un encargo comercial, sino al cobro
de una deuda entre los gobiernos de Tucumán y Santiago del Estero.
Santiago había volcado sus
fuerzas militares en la expedición del general Espinosa para derrocar al
gobernador tucumano Celedonio Gutiérrez, conflicto que culminó en la batalla de
Los Laureles. Para compensar los gastos militares ocasionados, el líder santiagueño
Manuel Taboada negoció la entrega de una prensa usada propiedad del gobierno
tucumano. El traspaso se formalizó mediante una ley de la Legislatura de
Tucumán el 27 de julio de 1854.
La máquina, calificada en los
registros de la época como pesada y manejada por "operarios sin
inteligencia", exigió traer desde Tucumán a un experto, Pedro F. Robles,
para ponerla a punto y capacitar a la primera generación de tipógrafos locales.
Cinco jóvenes santiagueños asumieron el desafío de aprender el oficio del plomo
y las tintas:
- Segundo R. Araujo
- Crisólogo Agüero
- Crisóstomo Encalada
- Ramón R. Bravo
- Mauro Figueroa
Instalada en dependencias del
Cabildo, la imprenta fue bautizada "31 de Octubre" —en homenaje a la
victoria militar de los Taboada sobre las tropas tucumanas en Tacanitas (1853)—
y comenzó a publicar los primeros decretos y papeles oficiales en 1858.
El debut de El Guardia
Nacional: formato, voz y vicisitudes
El Guardia Nacional salió
finalmente el 17 de septiembre de 1859, durante la gestión del primer
gobernador constitucional, Juan Francisco Borges. Tenía salida semanal, una
tirada modesta de 150 ejemplares y un formato chico de 30 por 40 centímetros,
apenas más grande que un libro. Su primer editor fue el propio Pedro F. Robles,
mientras que el rol de redactor principal lo asumió Ezequiel N. Paz, entonces
ministro de Gobierno. Sin embargo, en la historiografía existe un debate sobre
la conducción del medio: mientras algunos autores le otorgan la dirección a Paz
por su rol de redactor, otros afirman que la dirección estaba en manos de
Manuel Taboada.
En una provincia con muy pocas
escuelas, donde saber leer era un privilegio raro, los pocos ejemplares
circulaban de mano en mano o se leían en voz alta ante grupos de vecinos
analfabetos. Aun así, la vida del semanario fue corta. En 1860, el gobernador Pedro
R. Alcorta cortó su publicación alegando la "escasez de recursos" del
tesoro provincial. Se intentó alquilar la imprenta al club político "25 de
Mayo", pero los incumplimientos del contrato terminaron en la rescisión
del acuerdo, dejando a la provincia de nuevo sin órgano impreso.
Periodismo de trinchera y la
figura del "editor responsable"
Tras el cierre de El Guardia
Nacional vino una etapa prolífica pero violenta. Los periódicos que le
siguieron - La Reforma Pacífica (1860), La Prensa Orgánica (1861)
y La Fraternidad (1862) - nacieron al calor de la contienda política.
Eran hojas marcadamente facciosas, escritas con un tono agresivo que apuntaba a
las personas antes que a los debates de ideas.
Muestra de ese clima fue lo
publicado por el periódico La Libertad en octubre de 1875, atacando al
mitrismo tras la caída del régimen de los Taboada:
"Mitre, el más nefasto de
los ciudadanos, habrá triunfado... A más de revoltoso, es traidor a la
Patria".
Recién hacia 1880 empezó a
abrirse paso un estilo más templado. En la edición número 287 de La Prensa
Libre, el redactor Federico R. Álvarez lo planteaba claramente en su
editorial de presentación:
"No, la misión de la prensa
es mucho más digna y delicada, y está más arriba de todas esas bajezas y de
todas esas miserias; el hogar es el recinto sagrado y el templo santo de la
familia a cuyas puertas hemos de deponer todos nuestros odios y rencores..."
En ese contexto tenso, el rol del
"editor responsable" - que solía ser el propio tipógrafo o regente del
taller - entrañaba un peligro real. Antes de la sanción de la primera Ley de
Imprenta provincial en 1885 y sin garantías policiales efectivas, el editor
quedaba expuesto a agresiones físicas o a ser desafiado a duelo por cualquier
artículo que causara ofensa. Por eso, como observó Castiglione, los cambios
constantes de nombre en el pie de imprenta casi siempre delataban un episodio
de violencia o persecución.
El legado de la palabra impresa
A pesar de su corta vida y sus
limitaciones técnicas, El Guardia Nacional rompió el aislamiento
cultural de Santiago del Estero e inició la historia de la prensa local, una
trayectoria que Castiglione dividió en tres etapas fundamentales:
- Primera etapa (1859-1895): La
proliferación de unos cuarenta semanarios de pequeño formato y tiradas
reducidas.
- Segunda etapa (1895-1932): El
salto al periodismo diario con La Provincia (1895) y la
consolidación de cabeceras históricas del norte argentino como El
Liberal, fundado el 3 de noviembre de 1898 por Juan A. Figueroa.
- Tercera etapa (1932 en adelante): La
profesionalización del oficio, la despersonalización del comentario
político, la llegada de las linotipias y el asentamiento del periodismo
informativo moderno.
Aquel primer impreso abrió el
camino para que la ciudadanía empezara a fiscalizar al poder. Como concluyó
Castiglione al valorar el trabajo de los tipógrafos que manejaban el plomo en
el Cabildo de 1859, la prensa no solo contuvo los abusos de los caudillos, sino
que «esclareció conciencias y ayudó al pueblo a saber elegir mejor».
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