sábado, 8 de agosto de 2026

La voz ancestral del monte: viaje al corazón sagrado de la mitología santiagueña

Entre el viento norte, el crujido del quebracho y el canto de los pájaros nocturnos, Santiago del Estero guarda una mitología profunda y compleja. Es una trama de deidades indígenas, herencias ibéricas y relatos de origen que invitan a pensar en la memoria colectiva, la tranquilidad de la mente y los límites de la experiencia humana.

El Alma Mula


Dicen en el monte santiagueño que la siesta nunca es silenciosa. Quien camina la espesura, donde la luz se filtra entre las espinas de los tunales, tarde o temprano siente la presencia del Sacháyoj o escucha el grito desgarrador desde las copas altas: “¡Turay, Turay!”. No son cuentos para asustar. En la geografía santiagueña existe un universo simbólico donde el mito y la realidad cotidiana conviven.

A través de las lecturas de pensadores como José Ferrater Mora, las investigaciones de Bernardo Canal Feijóo y Orestes Di Lullo, y los aportes de Elsa Danna de Dorado y Adriana Del Vitto, queda claro que los mitos no son invenciones sin sentido. Son esquemas emocionales y existenciales que ayudaron a habitar un territorio imponente y difícil. Este recorrido busca entender esas deidades, los relatos de incesto y redención, los encuentros festivos y el trasfondo que habita en las sombras del monte.

Capítulo I: La arquitectura del mito — El refugio de la conciencia

Para entender la Salamanca o la historia del Kakuy, conviene definir qué es un mito. En su Diccionario de Filosofía, José Ferrater Mora explica que el mito no es una fantasía infantil, sino la narración de un acontecimiento sucedido en un tiempo primordial.

Según Ferrater Mora, el relato mítico explica cómo, por la acción de seres sobrenaturales, surgió una realidad: el cosmos completo o una parte de él, como una planta, un río o una costumbre. Es la narración de una creación. Cuando la explicación racional no alcanzaba para entender lo desconocido, se recurría a estas historias para dar sentido a lo que resultaba difícil de comprender.

En estos relatos, los protagonistas son seres con fuerza, astucia o capacidades superiores. Ahí se marca la diferencia con la leyenda: mientras el mito involucra a entidades cósmicas en los inicios del mundo, la leyenda sitúa en el centro a personas comunes frente a sus propias contradicciones.

Aceptar la visión mítica implica asumir una postura particular. Al adoptar la estructura del relato sagrado, la mente prioriza esa versión sobre otras explicaciones. Sin embargo, este marco ofrece contención. Los conocimientos del relato tradicional aportan certeza ante las dificultades. Al estar los valores definidos por una autoridad trascendente, la persona no necesita resolver cada dilema por su cuenta; las pautas ya están trazadas por la costumbre o los antepasados.

Existe una dinámica clara en esta estructura: los mitos pueden basarse o no en hechos reales, pero no requieren verificación empírica; se sostienen en la convicción compartida. Cuando un relato se somete a la prueba histórica y se demuestra, cambia su naturaleza y pasa a ser un registro documental.

Como señalan Elsa Danna de Dorado y Adriana Del Vitto en su estudio “El Eterno Presente del Mito: Bacanales y Teleseadas” (Revista Nuevos Caminos, 1999), la existencia de una memoria colectiva explica la permanencia de los mitos en distintas culturas. En esa intersección de figuras universales, Santiago del Estero construyó su propia tradición.

Capítulo II: El mestizaje sagrado — El origen de la mitología santiagueña

El origen de la mitología en Santiago del Estero se remonta a la llegada de los españoles a la región del Tucumán. En ese momento, el monte y las riberas estaban habitados por pueblos con una relación directa con el entorno natural. Al no utilizar escritura alfabética, su visión del mundo se transmitió en su alfarería, sus tejidos y en los relatos recogidos por cronistas.

El historiador y médico Orestes Di Lullo estudió la formación de este pensamiento popular. Di Lullo planteó que la mitología santiagueña surge del cruce entre las creencias traídas por los europeos y las visiones de las culturas locales. De esa convivencia surgieron figuras protectoras, relatos de advertencia y celebraciones populares.

Capítulo III: Los guardianes del monte y las figuras de la abundancia

En el interior santiagueño existe una organización implícita sobre el territorio. El árbol, el río y los caminos tienen referencias en la memoria local.

El Sacháyoj y sus variantes: Los señores del monte

El espíritu protector más conocido es el Sacháyoj. El término proviene del quichua: sacha (monte) y el sufijo -yoj (poseedor o dueño). Se lo considera el protector de las plantas y los animales. Quien entra al monte por necesidad no tiene inconvenientes, pero el cazador desmedido se expone a perderse. El Sacháyoj puede tomar la forma de un habitante del lugar o de un animal fácil de seguir, guiando a quien lo persigue hacia la profundidad del bosque.

Una figura emparentada es el Pampayoj (pampa, campo abierto, y -yoj). A diferencia del protector del monte denso, esta entidad se asocia a las llanuras. La tradición señala que realiza acuerdos con personas para otorgar prosperidad o resguardo, cobrando luego su parte con los bienes o la tranquilidad del favorecido.

En el monte también se menciona al Ckaparilo. El nombre deriva del quichua ckapáriti (gritar) con la terminación castellanizada -lo, interpretado como "el que da alaridos". Protege la vegetación y las colmenas. Se dice que imita sonidos del entorno, como cantos de aves o el golpe del hacha. Quien intenta seguir esos ruidos en la espesura corre el riesgo de desorientarse. Es una figura de la que no se registran descripciones visuales; solo referencias sonoras.

El Toro Supay

Entre los relatos vinculados al ganado aparece el Toro Supay. Se lo describe como un animal negro de cuernos brillantes. Esta figura se relaciona con la noción del trato mercantil por fortuna, donde el propietario obtiene hacienda a cambio de compromisos futuros sobre sus tierras o su tranquilidad. Al tratarse de ganado vacuno introducido durante la colonia, los historiadores ven en esta imagen una elaboración propia del periodo colonial.

Deidades del camino y del resplandor

A la vera de los caminos secundarios se menciona a la Umita (uma, cabeza, e -ita). La descripción tradicional habla de una figura que se desplaza cerca del suelo emitiendo un sonido de lamento. A pesar de su caracterización, la costumbre local no la considera dañina, sino una presencia que acompaña a los viajeros nocturnos.

Por otro lado está el Nina Quiru (nina, fuego, y quiru, diente). Se lo describe como una luz intensa que dificulta la observación directa. Se lo asocia con aves o insectos luminosos y se lo considera inofensivo.

Mayu Maman y Sachap Maman

La tradición local conserva también figuras femeninas vinculadas al agua y al monte. La Mayu Maman (mayu, río; mama, madre; y -n, poseedor) se describe como una presencia a la orilla del agua peinándose con un peine dorado. Su figura atrae a los caminantes hacia el cauce.

Por su parte, la Sachap Maman (sacha, monte; -p, de; mama, madre; -n, su) representa la fuerza del bosque no intervenido. Asume formas diversas y sintetiza el respeto por la naturaleza silvestre.

Capítulo IV: El mito del Kakuy y la lectura etnográfica

La historia del Kakuy reúne drama y sentido ético en la narrativa regional.

La historia en las copas de los árboles

Cuenta el relato que dos hermanos vivían solos en el monte. El joven demostraba una atención constante hacia su hermana, buscando alimentos y bienes para el hogar. Ella, en cambio, le respondía con rechazo y malos tratos.

Cansado de la situación, el hermano planeó una respuesta. La invitó a buscar miel en la parte alta de un árbol grande. Para protegerla de los insectos, le cubrió la cabeza y la ayudó a subir. Una vez arriba, cortó las ramas inferiores dejando el tronco liso y se retiró del lugar.

Al notar la soledad, la joven se quitó la manta y vio que no podía bajar. Sus llamados no obtuvieron respuesta. Con el paso de las horas y la llegada de la noche, el relato describe su transformación física: sus manos tomaron forma de garras y sus brazos se cubrieron de plumas hasta convertirse en un ave nocturna. Desde entonces, su canto en el monte se interpreta como el llamado: “¡KAKUY, TURAY, TURAY!” ("¡Hermano, hermano!").

La interpretación de Canal Feijóo

El ensayista Bernardo Canal Feijóo analizó este relato en sus estudios etnográficos, vinculándolo con relatos antiguos sobre crecientes o inundaciones primordiales.

Canal Feijóo citó trabajos comparativos de Lord Raglan sobre historias de la India, Malasia y la comunidad chiriguana en Bolivia, donde dos sobrevivientes se refugian en las alturas (árboles o plantas) ante la crecida de las aguas para dar continuidad a la comunidad.

Siguiendo este esquema, el autor observó coincidencias en la estructura del Kakuy:

La presencia central de los dos hermanos.

El papel del árbol elevado como refugio o límite.

La separación del hermano y el llamado persistente de la hermana.

Para Canal Feijóo, el lamento popular conservó la frase de un ritual antiguo adaptado por el paso del tiempo. Ricardo Rojas también volcó esta historia en la literatura regional, manteniendo su presencia en la cultura local.

Capítulo V: Transgresión y sanción — El Alma Mula

Así como el Kakuy trata los vínculos familiares desde el drama, el Alma Mula lo hace desde la sanción social.

La descripción tradicional

En las noches del interior provincial, la creencia popular ubica el paso de una mula encadenada que emite sonidos fuertes y despide fuego por la boca. Se la vincula con la falta a las normas morales de la comunidad, en particular con relaciones no permitidas dentro del entorno familiar.

El sentido del relato es fijar un límite ético claro: la transgresión de las reglas de convivencia degrada a la persona, aislándola del grupo social.

Capítulo VI: Espacios, rituales y devoción — La Salamanca y La Telesita

La Salamanca

En la tradición oral, La Salamanca representa una cueva oculta en la espesura donde se aprenden destrezas vinculadas a la música, el trabajo o la destreza física a cambio de un compromiso personal. Es un espacio guiado por el Supay.

El relato describe pruebas de acceso donde el aspirante debe superar temores ante animales y visiones. Quien mantiene la calma obtiene el saber buscado; quien cede al miedo pierde el control de sus actos.

La Telesita y las Teleseadas

En contraposición aparece La Telesita, apodo de Telésfora Castillo. La historia la presenta como una joven humilde del monte con inclinación por la música y el baile. Acudía a las fiestas populares a bailar sin pausa hasta el amanecer.

Tras su fallecimiento en un incendio accidental, la comunidad prefirió recordarla mediante el baile y la reunión festiva. Con el tiempo, se acudió a su figura para pedir por la lluvia o la recuperación de animales perdidos, dando origen a la Teleseada.

El estudio de Elsa Danna de Dorado y Adriana Del Vitto describe la estructura de este ritual:

El organizador baila siete chacareras completas en su honor.

Se comparte bebida al finalizar cada tanda de baile.

Se coloca una figura de paja que representa a la devota sobre una cortina blanca.

Al concluir el baile, la figura se quema como cierre del compromiso.

El Tanicu

En la zona de Salavina se celebra en octubre la fiesta del Tanicu, figura asociada a la escasez. La reunión incluye comida comunitaria y el gesto de repartir alimentos a los niños (ichá) como símbolo de previsión para el año. En Atamisqui se encuentra una figura similar llamada Múchuy.

Manifestaciones del Supay

El Supay aparece también en el Huayra Muyoj, un viento en forma de remolino al que los pobladores responden con gestos de protección, o en figuras menores que rondan las viviendas durante las horas del mediodía.

La vigencia de la tradición

Los mitos de Santiago del Estero se mantienen como relatos orales y referencias culturales vigentes. En un entorno dinámico, la tradición del monte ofrece un marco de pertenencia. Cuando el viento mueve los quebrachos o se escucha el canto nocturno en el campo, la comunidad reencuentra las historias que le dieron identidad a lo largo del tiempo.

Referencias Bibliográficas

Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía. Concepto y función del mito.

Canal Feijóo, Bernardo. Estudios etnográficos sobre la leyenda del Kakuy y literatura comparada.

Di Lullo, Orestes. La Mitología Santiagueña. Análisis del panteón y el sincretismo local.

Danna de Dorado, Elsa & Del Vitto, Adriana. “El Eterno Presente del Mito: Bacanales y Teleseadas”. Revista Nuevos Caminos, Año 8, Nº 19, 1999.

Rojas, Ricardo. Recopilación y recreación de tradiciones del Norte Argentino.

Lord Raglan. Estudios comparados sobre relatos de origen y estructuras mitológicas.

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