Entre el viento norte, el crujido del quebracho y el canto de los pájaros nocturnos, Santiago del Estero guarda una mitología profunda y compleja. Es una trama de deidades indígenas, herencias ibéricas y relatos de origen que invitan a pensar en la memoria colectiva, la tranquilidad de la mente y los límites de la experiencia humana.
Dicen en el monte
santiagueño que la siesta nunca es silenciosa. Quien camina la espesura, donde
la luz se filtra entre las espinas de los tunales, tarde o temprano siente la
presencia del Sacháyoj o escucha el grito desgarrador desde las copas altas:
“¡Turay, Turay!”. No son cuentos para asustar. En la geografía santiagueña
existe un universo simbólico donde el mito y la realidad cotidiana conviven.
A través de las lecturas
de pensadores como José Ferrater Mora, las investigaciones de Bernardo Canal
Feijóo y Orestes Di Lullo, y los aportes de Elsa Danna de Dorado y Adriana Del
Vitto, queda claro que los mitos no son invenciones sin sentido. Son esquemas
emocionales y existenciales que ayudaron a habitar un territorio imponente y
difícil. Este recorrido busca entender esas deidades, los relatos de incesto y
redención, los encuentros festivos y el trasfondo que habita en las sombras del
monte.
Capítulo
I: La arquitectura del mito — El refugio de la conciencia
Para entender la
Salamanca o la historia del Kakuy, conviene definir qué es un mito. En su
Diccionario de Filosofía, José Ferrater Mora explica que el mito no es una
fantasía infantil, sino la narración de un acontecimiento sucedido en un tiempo
primordial.
Según Ferrater Mora, el
relato mítico explica cómo, por la acción de seres sobrenaturales, surgió una
realidad: el cosmos completo o una parte de él, como una planta, un río o una costumbre.
Es la narración de una creación. Cuando la explicación racional no alcanzaba
para entender lo desconocido, se recurría a estas historias para dar sentido a
lo que resultaba difícil de comprender.
En estos relatos, los
protagonistas son seres con fuerza, astucia o capacidades superiores. Ahí se
marca la diferencia con la leyenda: mientras el mito involucra a entidades
cósmicas en los inicios del mundo, la leyenda sitúa en el centro a personas
comunes frente a sus propias contradicciones.
Aceptar la visión mítica
implica asumir una postura particular. Al adoptar la estructura del relato
sagrado, la mente prioriza esa versión sobre otras explicaciones. Sin embargo,
este marco ofrece contención. Los conocimientos del relato tradicional aportan
certeza ante las dificultades. Al estar los valores definidos por una autoridad
trascendente, la persona no necesita resolver cada dilema por su cuenta; las
pautas ya están trazadas por la costumbre o los antepasados.
Existe una dinámica clara
en esta estructura: los mitos pueden basarse o no en hechos reales, pero no
requieren verificación empírica; se sostienen en la convicción compartida.
Cuando un relato se somete a la prueba histórica y se demuestra, cambia su
naturaleza y pasa a ser un registro documental.
Como señalan Elsa Danna
de Dorado y Adriana Del Vitto en su estudio “El Eterno Presente del Mito:
Bacanales y Teleseadas” (Revista Nuevos Caminos, 1999), la existencia de una
memoria colectiva explica la permanencia de los mitos en distintas culturas. En
esa intersección de figuras universales, Santiago del Estero construyó su
propia tradición.
Capítulo
II: El mestizaje sagrado — El origen de la mitología santiagueña
El origen de la mitología
en Santiago del Estero se remonta a la llegada de los españoles a la región del
Tucumán. En ese momento, el monte y las riberas estaban habitados por pueblos
con una relación directa con el entorno natural. Al no utilizar escritura
alfabética, su visión del mundo se transmitió en su alfarería, sus tejidos y en
los relatos recogidos por cronistas.
El historiador y médico
Orestes Di Lullo estudió la formación de este pensamiento popular. Di Lullo
planteó que la mitología santiagueña surge del cruce entre las creencias
traídas por los europeos y las visiones de las culturas locales. De esa
convivencia surgieron figuras protectoras, relatos de advertencia y
celebraciones populares.
Capítulo
III: Los guardianes del monte y las figuras de la abundancia
En el interior
santiagueño existe una organización implícita sobre el territorio. El árbol, el
río y los caminos tienen referencias en la memoria local.
El
Sacháyoj y sus variantes: Los señores del monte
El espíritu protector más
conocido es el Sacháyoj. El término proviene del quichua: sacha (monte) y el
sufijo -yoj (poseedor o dueño). Se lo considera el protector de las plantas y
los animales. Quien entra al monte por necesidad no tiene inconvenientes, pero
el cazador desmedido se expone a perderse. El Sacháyoj puede tomar la forma de
un habitante del lugar o de un animal fácil de seguir, guiando a quien lo
persigue hacia la profundidad del bosque.
Una figura emparentada es
el Pampayoj (pampa, campo abierto, y -yoj). A diferencia del protector del
monte denso, esta entidad se asocia a las llanuras. La tradición señala que
realiza acuerdos con personas para otorgar prosperidad o resguardo, cobrando
luego su parte con los bienes o la tranquilidad del favorecido.
En el monte también se
menciona al Ckaparilo. El nombre deriva del quichua ckapáriti (gritar) con la
terminación castellanizada -lo, interpretado como "el que da
alaridos". Protege la vegetación y las colmenas. Se dice que imita sonidos
del entorno, como cantos de aves o el golpe del hacha. Quien intenta seguir
esos ruidos en la espesura corre el riesgo de desorientarse. Es una figura de
la que no se registran descripciones visuales; solo referencias sonoras.
El
Toro Supay
Entre los relatos
vinculados al ganado aparece el Toro Supay. Se lo describe como un animal negro
de cuernos brillantes. Esta figura se relaciona con la noción del trato
mercantil por fortuna, donde el propietario obtiene hacienda a cambio de
compromisos futuros sobre sus tierras o su tranquilidad. Al tratarse de ganado
vacuno introducido durante la colonia, los historiadores ven en esta imagen una
elaboración propia del periodo colonial.
Deidades
del camino y del resplandor
A la vera de los caminos
secundarios se menciona a la Umita (uma, cabeza, e -ita). La descripción
tradicional habla de una figura que se desplaza cerca del suelo emitiendo un
sonido de lamento. A pesar de su caracterización, la costumbre local no la
considera dañina, sino una presencia que acompaña a los viajeros nocturnos.
Por otro lado está el
Nina Quiru (nina, fuego, y quiru, diente). Se lo describe como una luz intensa
que dificulta la observación directa. Se lo asocia con aves o insectos
luminosos y se lo considera inofensivo.
Mayu
Maman y Sachap Maman
La tradición local
conserva también figuras femeninas vinculadas al agua y al monte. La Mayu Maman
(mayu, río; mama, madre; y -n, poseedor) se describe como una presencia a la
orilla del agua peinándose con un peine dorado. Su figura atrae a los
caminantes hacia el cauce.
Por su parte, la Sachap
Maman (sacha, monte; -p, de; mama, madre; -n, su) representa la fuerza del
bosque no intervenido. Asume formas diversas y sintetiza el respeto por la
naturaleza silvestre.
Capítulo
IV: El mito del Kakuy y la lectura etnográfica
La historia del Kakuy
reúne drama y sentido ético en la narrativa regional.
La historia en las copas
de los árboles
Cuenta el relato que dos
hermanos vivían solos en el monte. El joven demostraba una atención constante
hacia su hermana, buscando alimentos y bienes para el hogar. Ella, en cambio,
le respondía con rechazo y malos tratos.
Cansado de la situación,
el hermano planeó una respuesta. La invitó a buscar miel en la parte alta de un
árbol grande. Para protegerla de los insectos, le cubrió la cabeza y la ayudó a
subir. Una vez arriba, cortó las ramas inferiores dejando el tronco liso y se
retiró del lugar.
Al notar la soledad, la joven se quitó la manta y vio que no podía bajar. Sus llamados no obtuvieron respuesta. Con el paso de las horas y la llegada de la noche, el relato describe su transformación física: sus manos tomaron forma de garras y sus brazos se cubrieron de plumas hasta convertirse en un ave nocturna. Desde entonces, su canto en el monte se interpreta como el llamado: “¡KAKUY, TURAY, TURAY!” ("¡Hermano, hermano!").
La
interpretación de Canal Feijóo
El ensayista Bernardo
Canal Feijóo analizó este relato en sus estudios etnográficos, vinculándolo con
relatos antiguos sobre crecientes o inundaciones primordiales.
Canal Feijóo citó
trabajos comparativos de Lord Raglan sobre historias de la India, Malasia y la
comunidad chiriguana en Bolivia, donde dos sobrevivientes se refugian en las
alturas (árboles o plantas) ante la crecida de las aguas para dar continuidad a
la comunidad.
Siguiendo este esquema,
el autor observó coincidencias en la estructura del Kakuy:
La presencia central de
los dos hermanos.
El papel del árbol
elevado como refugio o límite.
La separación del hermano
y el llamado persistente de la hermana.
Para Canal Feijóo, el
lamento popular conservó la frase de un ritual antiguo adaptado por el paso del
tiempo. Ricardo Rojas también volcó esta historia en la literatura regional,
manteniendo su presencia en la cultura local.
Capítulo
V: Transgresión y sanción — El Alma Mula
Así como el Kakuy trata
los vínculos familiares desde el drama, el Alma Mula lo hace desde la sanción
social.
La descripción
tradicional
En las noches del
interior provincial, la creencia popular ubica el paso de una mula encadenada
que emite sonidos fuertes y despide fuego por la boca. Se la vincula con la
falta a las normas morales de la comunidad, en particular con relaciones no
permitidas dentro del entorno familiar.
El sentido del relato es
fijar un límite ético claro: la transgresión de las reglas de convivencia
degrada a la persona, aislándola del grupo social.
Capítulo
VI: Espacios, rituales y devoción — La Salamanca y La Telesita
La
Salamanca
En la tradición oral, La
Salamanca representa una cueva oculta en la espesura donde se aprenden
destrezas vinculadas a la música, el trabajo o la destreza física a cambio de
un compromiso personal. Es un espacio guiado por el Supay.
El relato describe pruebas de acceso donde el aspirante debe superar temores ante animales y visiones. Quien mantiene la calma obtiene el saber buscado; quien cede al miedo pierde el control de sus actos.
La
Telesita y las Teleseadas
En contraposición aparece
La Telesita, apodo de Telésfora Castillo. La historia la presenta como una
joven humilde del monte con inclinación por la música y el baile. Acudía a las
fiestas populares a bailar sin pausa hasta el amanecer.
Tras su fallecimiento en
un incendio accidental, la comunidad prefirió recordarla mediante el baile y la
reunión festiva. Con el tiempo, se acudió a su figura para pedir por la lluvia
o la recuperación de animales perdidos, dando origen a la Teleseada.
El estudio de Elsa Danna
de Dorado y Adriana Del Vitto describe la estructura de este ritual:
El organizador baila
siete chacareras completas en su honor.
Se comparte bebida al
finalizar cada tanda de baile.
Se coloca una figura de
paja que representa a la devota sobre una cortina blanca.
Al concluir el baile, la
figura se quema como cierre del compromiso.
El
Tanicu
En la zona de Salavina se
celebra en octubre la fiesta del Tanicu, figura asociada a la escasez. La
reunión incluye comida comunitaria y el gesto de repartir alimentos a los niños
(ichá) como símbolo de previsión para el año. En Atamisqui se encuentra una
figura similar llamada Múchuy.
Manifestaciones
del Supay
El Supay aparece también
en el Huayra Muyoj, un viento en forma de remolino al que los pobladores
responden con gestos de protección, o en figuras menores que rondan las
viviendas durante las horas del mediodía.
La
vigencia de la tradición
Los mitos de Santiago del
Estero se mantienen como relatos orales y referencias culturales vigentes. En
un entorno dinámico, la tradición del monte ofrece un marco de pertenencia.
Cuando el viento mueve los quebrachos o se escucha el canto nocturno en el
campo, la comunidad reencuentra las historias que le dieron identidad a lo
largo del tiempo.
Referencias
Bibliográficas
Ferrater Mora, José.
Diccionario de Filosofía. Concepto y función del mito.
Canal Feijóo, Bernardo.
Estudios etnográficos sobre la leyenda del Kakuy y literatura comparada.
Di Lullo, Orestes. La
Mitología Santiagueña. Análisis del panteón y el sincretismo local.
Danna de Dorado, Elsa
& Del Vitto, Adriana. “El Eterno Presente del Mito: Bacanales y
Teleseadas”. Revista Nuevos Caminos, Año 8, Nº 19, 1999.
Rojas, Ricardo.
Recopilación y recreación de tradiciones del Norte Argentino.
Lord Raglan. Estudios comparados
sobre relatos de origen y estructuras mitológicas.

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