Poetas, músicos, maestros y recopiladores que marcaron la identidad cultural de Santiago del Estero
Cada jornada del
calendario tiene sus efemérides, pero algunas fechas parecen concentrar el
espíritu de un pueblo. El 24 de julio es una de ellas para Santiago del Estero.
Ese día nacieron figuras esenciales de la música, la literatura y la educación,
y también se recuerda la partida de artistas cuya obra sigue resonando en
peñas, festivales y reuniones familiares. Sus nombres quizás no siempre ocupen
las primeras páginas de los libros de historia, pero continúan vivos en las
chacareras, en los versos y en la memoria colectiva.
Fernando
Peralta Luna, la voz que acompañó a una generación
El 24 de julio de 1984
falleció Fernando Peralta Luna, poeta, recitador y músico, una figura muy
querida dentro del ambiente artístico santiagueño.
Su nombre estuvo íntimamente
ligado al conjunto liderado por su hermano, Bailón Peralta Luna, donde se
desempeñó como presentador y animador, aportando con su palabra el clima cálido
y cercano que caracterizaba a aquellas actuaciones.
Después de su muerte se
publicó el libro Aquí Santiago, una obra póstuma que permitió conservar parte
de su legado literario y mantener viva la voz de un artista comprometido con la
cultura de su tierra.
Alfredo
Francisco Palumbo, "El Viejo", un bohemio de alma santiagueña
El 24 de julio de 1949 nació en Los Mimbres, departamento Silípica, Alfredo Francisco Palumbo, conocido por todos como "El Viejo".
Su vida estuvo atravesada
por la música y la bohemia. Fue autor, compositor e intérprete, dueño de un
estilo sencillo y profundamente ligado al paisaje santiagueño.
Sus primeros pasos los
dio integrando el grupo "Yacaré", junto al arpista Claudio
Valenzuela. Más tarde emprendió el camino como solista, desde donde desarrolló
una extensa producción artística.
Uno de los momentos más
importantes de su carrera llegó en 1996, cuando la chacarera Carnaval del
monte, con letra de Ricardo Sgoifo, obtuvo el premio a la Chacarera Inédita en
el Pre Festival Nacional de la Chacarera.
A lo largo de los años
llevó sus composiciones por numerosos escenarios del país. Tucumán, Salta,
Santa Fe, Buenos Aires y cada rincón cultural de Santiago del Estero recibieron
sus canciones.
Entre sus obras más recordadas se encuentran Carnaval del monte, Galopa el duende en el río, Pashquil de sueños, Buscando palabras, Romance del herrero y la telera, escrita junto a Alberto Tasso, Como el coyuyo, De nochecita y Pobrecito el tupinambí, entre muchas otras.
Su historia llegó a su
fin el 13 de junio de 2010, en Cafayate, aunque su repertorio continúa formando
parte del cancionero popular.
Francisco
Benicio "Soco" Díaz, uno de los grandes guardianes de la chacarera
Otra de las figuras que nacieron un 24 de julio fue Francisco Benicio "Soco" Díaz, en 1899, en Salavina.
Guitarrista, mandolinista
y bandoneonista, integró junto a su hermano Julián "Cachilo" el
célebre dúo Los Hermanos Díaz, considerado uno de los pilares fundamentales del
folklore santiagueño.
La autenticidad de su
música despertó la admiración de grandes referentes nacionales. Atahualpa
Yupanqui, Arnedo Gallo, Cacho Valles y otros destacados artistas viajaron hasta
Santiago del Estero para conocerlos y descubrir los secretos de la chacarera
tradicional.
Su repertorio dejó
composiciones que hoy forman parte del patrimonio musical argentino. Entre
ellas sobresalen La amorosa, junto a Cacho Valles; El Pintao; La Olvidada,
creada con Atahualpa Yupanqui; La Vieja, La Enredadora, La Alabanza, Don Fermín
y La Brea Corral.
Falleció el 12 de
noviembre de 1948, pero su influencia continúa presente en innumerables músicos
que encontraron en Los Hermanos Díaz una escuela de autenticidad.
Cristóforo
Juárez, el maestro que convirtió la poesía en canción
El 24 de julio de 1900 nació en el paraje Cuyoj, departamento Banda, Cristóforo Juárez.
Fue maestro rural,
director de escuela, presidente del Consejo General de Educación, escritor y
poeta. Sin embargo, su legado trascendió las aulas para instalarse
definitivamente en la cultura santiagueña.
Juárez fue socio fundador
de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en Santiago del Estero, del CEBIL
de La Banda y miembro del histórico grupo intelectual La Brasa.
Su obra literaria quedó
reflejada en libros como Cantares, Reflejos del salitral, La vara prodigiosa y
Llajtay.
Pero probablemente su
mayor trascendencia popular llegó gracias a las canciones nacidas de sus
poemas. Integrantes de la familia Carabajal musicalizaron muchos de sus textos,
convirtiéndolos en clásicos del repertorio folklórico.
Así nacieron obras como
La pockoy pacha, junto a Carlos Carabajal; Rubia Moreno y Pampa de los
Guanacos, con Agustín Carabajal; Marinera, Tata Nachi, A la sombra de mi mama y
El chasqui Venancio Caro, junto a Carlos Carabajal; además de Achalay tierra
mojada, con Los Hermanos Ríos, y Quishcaloro quishcaloro, junto a Manuel Jugo.
Murió el 10 de mayo de 1980, dejando una producción literaria que continúa alimentando el folklore santiagueño.
José
Hilario Gómez Basualdo, el hombre que hizo bailar a la tradición
El 24 de julio de 1981 falleció José Hilario Gómez Basualdo, uno de los más importantes recopiladores y maestros de danzas folklóricas del país.
Había nacido en Santiago
del Estero el 14 de enero de 1907 y desde muy joven comenzó a formarse bajo la
influencia de su tío, Narciso "Nachi" Gómez.
Más tarde integró el
histórico conjunto de Arte Nativo dirigido por Andrés Chazarreta, considerado
el gran difusor del folklore argentino.
En 1925 decidió emprender
su propio camino. Se desvinculó del conjunto de Chazarreta y fundó su propia
academia, con la que recorrió distintas provincias difundiendo las danzas
tradicionales.
Su aporte fue
extraordinario. Aunque no ejecutaba instrumentos musicales, creó nada menos que
27 danzas folklóricas, una producción excepcional para la época.
Entre las más conocidas
se destacan El Huayra Muyoj, La Cortejada, El Túaj, Danza de la Telesita, La
Siempre Alegre y El Kakuy, coreografías que aún hoy forman parte del repertorio
de academias y ballets folklóricos de todo el país.
Una
fecha que resume el espíritu cultural de Santiago
El 24 de julio no es
simplemente una fecha más dentro del calendario santiagueño. Es un día que
reúne historias de músicos, poetas, docentes, escritores y recopiladores que
dedicaron su vida a preservar la identidad de una tierra donde la cultura se
transmite de generación en generación.
Las chacareras de
"Soco" Díaz, la poesía de Cristóforo Juárez, la bohemia creativa de
Alfredo Palumbo, la palabra de Fernando Peralta Luna y el inmenso trabajo de
José Hilario Gómez Basualdo son piezas de un mismo legado. Un patrimonio
construido con guitarras, versos, escenarios, escuelas y academias que sigue latiendo
en cada festival, en cada peña y en cada santiagueño que encuentra en el
folklore una forma de contar quién es.
Recordarlos no es un
simple ejercicio de memoria. Es reconocer que la cultura de un pueblo también
se sostiene gracias a esas figuras que, con talento y compromiso, lograron que
la voz de Santiago del Estero continúe resonando mucho después de su tiempo.




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