lunes, 24 de agosto de 2026

La paradoja del progreso: Cómo el neoextractivismo moldeó la Argentina del siglo XXI

 


Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Cuando el siglo XXI amaneció sobre América Latina, trajo consigo una promesa de ruptura. Los gobiernos progresistas que emergieron tras las cenizas del neoliberalismo de los noventa prometieron un nuevo pacto social, soberanía económica y justicia ambiental. Sin embargo, bajo la retórica emancipadora, un viejo fantasma de la historia colonial y neocolonial no solo sobrevivió, sino que se renovó con fuerza.

En su exhaustivo análisis de 2013, el investigador Jorge Ignacio Frechero pone bajo la lupa la economía argentina del periodo posneoliberal (2003-2012), revelando una contradicción fundacional: la promesa de una reindustrialización soberana chocó contra la realidad de una reprimarización extractivista. Lejos de ser un modelo de transición, la explotación intensiva de la naturaleza se consolidó como el motor indiscutido de la economía, financiando lo que el académico Eduardo Gudynas bautizó como el "Estado compensador".

De la plata colonial a la soja transgénica

Para entender el presente, hay que mirar al pasado. La inserción de América Latina en el capitalismo global nació bajo el signo de la extracción. Como recordaba Karl Marx al describir los albores de la era capitalista, "el descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen [...] caracterizan los albores de la era de producción capitalista".

Esa vocación de enclave perduró durante el modelo agroexportador y alcanzó su paroxismo durante la década de 1990. Bajo el menemismo, se consolidó lo que Gudynas denomina "extractivismo clásico", donde las transnacionales operaban con un Estado ausente y regulaciones mínimas. Pero cuando el péndulo político giró hacia la izquierda en 2003 con la asunción de Néstor Kirchner, la estructura de despojo no fue desmantelada; fue reconfigurada.

La ilusión industrial y la realidad de los números

El discurso oficial del kirchnerismo se esforzó por vender la imagen de un país que volvía a fabricar. "La industrialización no es una variable económica, responde a un proyecto político de país", sentenció la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en septiembre de 2012.

Sin embargo, los datos duros recopilados por Frechero cuentan una historia muy distinta. Si bien hubo una recuperación manufacturera impulsada por el tipo de cambio competitivo, esta fue "defectuosa e incompleta". Al observar la participación de los sectores productores de bienes en el PIB, la agricultura, ganadería, caza y silvicultura incrementó su peso del 17% en 1996 al 25% en 2011. En contrapartida, la industria manufacturera perdió participación relativa, pasando del 54% al 50%.

Lejos de diversificarse, la estructura empresarial se concentró y extranjerizó aún más. Según la Encuesta Nacional de Grandes Empresas de 2009, de las 500 compañías más grandes del país, 324 eran extranjeras. Estas firmas aportaban el 81,4% del valor agregado del grupo. En el ranking de las principales exportadoras de 2011, nueve de cada diez dólares ingresados al país provenían de commodities. Minera Alumbrera, Cargill y Pan American Energy lideraban un podio donde el valor agregado brillaba por su ausencia.

El comercio exterior y la trampa de los commodities

El viento de cola de los precios internacionales disparó el comercio exterior. Entre 2003 y 2011, las exportaciones se cuadruplicaron, pasando de 44.000 a 158.000 millones de dólares. Pero, ¿qué vendía la Argentina? En 2011, un cuarto de todas las ventas externas provenía del complejo sojero.

Esta especialización primaria ató el destino nacional a la demanda asiática, particularmente de China. Mientras Argentina enviaba porotos y aceite de soja, importaba maquinaría y tecnología, reproduciendo una clásica y asimétrica relación centro-periferia. La economía se volvió más dependiente de las importaciones de bienes de capital para sostener su propio ciclo, confirmando que el aparato industrial no era orgánico ni autosuficiente.

Inversiones extranjeras: Las reglas del juego no cambian

Quizás el aspecto más revelador de esta crónica económica sea el patrón de Inversión Extranjera Directa (IED). Lejos de combatir al capital especulativo, el gobierno mantuvo intacta la Ley de Inversiones Extranjeras de 1993 y los beneficios fiscales para la megaminería, que incluyen estabilidad impositiva por tres décadas y regalías que no superan el 3%.

El resultado fue una fiebre extractiva. Entre 2004 y 2010, la IED en minería creció un asombroso 297%, seguida por la agricultura y las oleaginosas. Este modelo generó una sangría de divisas: desde la salida de la convertibilidad hasta 2010, las filiales locales enviaron a sus casas matrices cerca de 37.000 millones de dólares en concepto de ganancias.

Frente a las críticas, la izquierda latinoamericana terminó por legitimar este modelo. El expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, lo expresó con una claridad pasmosa: "Estamos empeñados en construir un modelo socialista muy diferente al que imaginó Marx en el siglo xix. Ése es nuestro modelo, contar con esta riqueza petrolera". Como advierte Gudynas, el Estado pasó a concebir el extractivismo como "indispensable para combatir la pobreza", asumiendo los costos socioambientales como el precio a pagar por la inclusión social.

El legado de las zonas de sacrificio

Al contrastar las promesas con la realidad, la conclusión es contundente. En 2003, Néstor Kirchner declaraba que su objetivo era "reducir la participación relativa de los commodities en la oferta exportadora". Ocho años después, la dependencia de la renta extractiva era mayor que nunca.

El legado de esta década dorada del neoextractivismo deja cicatrices profundas. La fragmentación territorial, la degradación de los ecosistemas y la creación de "zonas de sacrificio" - donde comunidades enteras cargan con los pasivos ambientales de la megaminería y los agronegocios - son la contracara de las políticas de transferencia de ingresos.

Como advierte el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, la vulnerabilidad de este modelo radica en depender de "la lotería de los recursos naturales". Cuando el ciclo de precios altos termine, la pregunta que quedará flotando en el aire es si la Argentina de hoy estará preparada para enfrentar el futuro, o si seguirá siendo, como lo fue desde los galeones españoles, un simple espacio socioambiental al servicio de las potencias mundiales.

Referencias Bibliográficas:

Frechero, J. I. (2013). Extractivismo en la economía argentina. Categorías, etapas históricas y presente. Estudios Críticos del Desarrollo, Vol. III, Núm. 4, pp. 45–82.

Gambina, H. (2010). Citado en Frechero (2013) sobre la Encuesta Nacional de Grandes Empresas.

Gudynas, E. (2012). Estado compensador y nuevos extractivismos. Nueva Sociedad, Nº 237.

Marx, K. (1998). El capital. México: Siglo XXI.

Santos, B. de S. (2012). A la izquierda de lo posible. Página 12.

Valli, P. (2011). Citado en Frechero (2013) sobre remisión de utilidades al exterior.

Wasilevsky, J. D. (2012). Ranking "Made in Argentina". iProfesional.com.


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