Por Leyendas del Folclore Santiagueño
Cuando el siglo XXI
amaneció sobre América Latina, trajo consigo una promesa de ruptura. Los
gobiernos progresistas que emergieron tras las cenizas del neoliberalismo de
los noventa prometieron un nuevo pacto social, soberanía económica y justicia
ambiental. Sin embargo, bajo la retórica emancipadora, un viejo fantasma de la
historia colonial y neocolonial no solo sobrevivió, sino que se renovó con
fuerza.
En su exhaustivo análisis
de 2013, el investigador Jorge Ignacio Frechero pone bajo la lupa la economía
argentina del periodo posneoliberal (2003-2012), revelando una contradicción
fundacional: la promesa de una reindustrialización soberana chocó contra la
realidad de una reprimarización extractivista. Lejos de ser un modelo de
transición, la explotación intensiva de la naturaleza se consolidó como el
motor indiscutido de la economía, financiando lo que el académico Eduardo
Gudynas bautizó como el "Estado compensador".
De
la plata colonial a la soja transgénica
Para entender el
presente, hay que mirar al pasado. La inserción de América Latina en el
capitalismo global nació bajo el signo de la extracción. Como recordaba Karl
Marx al describir los albores de la era capitalista, "el descubrimiento de
las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización
y soterramiento en las minas de la población aborigen [...] caracterizan los
albores de la era de producción capitalista".
Esa vocación de enclave
perduró durante el modelo agroexportador y alcanzó su paroxismo durante la
década de 1990. Bajo el menemismo, se consolidó lo que Gudynas denomina
"extractivismo clásico", donde las transnacionales operaban con un
Estado ausente y regulaciones mínimas. Pero cuando el péndulo político giró
hacia la izquierda en 2003 con la asunción de Néstor Kirchner, la estructura de
despojo no fue desmantelada; fue reconfigurada.
La
ilusión industrial y la realidad de los números
El discurso oficial del
kirchnerismo se esforzó por vender la imagen de un país que volvía a fabricar.
"La industrialización no es una variable económica, responde a un proyecto
político de país", sentenció la presidenta Cristina Fernández de Kirchner
en septiembre de 2012.
Sin embargo, los datos
duros recopilados por Frechero cuentan una historia muy distinta. Si bien hubo
una recuperación manufacturera impulsada por el tipo de cambio competitivo,
esta fue "defectuosa e incompleta". Al observar la participación de
los sectores productores de bienes en el PIB, la agricultura, ganadería, caza y
silvicultura incrementó su peso del 17% en 1996 al 25% en 2011. En
contrapartida, la industria manufacturera perdió participación relativa,
pasando del 54% al 50%.
Lejos de diversificarse,
la estructura empresarial se concentró y extranjerizó aún más. Según la
Encuesta Nacional de Grandes Empresas de 2009, de las 500 compañías más grandes
del país, 324 eran extranjeras. Estas firmas aportaban el 81,4% del valor
agregado del grupo. En el ranking de las principales exportadoras de 2011,
nueve de cada diez dólares ingresados al país provenían de commodities. Minera
Alumbrera, Cargill y Pan American Energy lideraban un podio donde el valor
agregado brillaba por su ausencia.
El
comercio exterior y la trampa de los commodities
El viento de cola de los
precios internacionales disparó el comercio exterior. Entre 2003 y 2011, las
exportaciones se cuadruplicaron, pasando de 44.000 a 158.000 millones de
dólares. Pero, ¿qué vendía la Argentina? En 2011, un cuarto de todas las ventas
externas provenía del complejo sojero.
Esta especialización
primaria ató el destino nacional a la demanda asiática, particularmente de
China. Mientras Argentina enviaba porotos y aceite de soja, importaba
maquinaría y tecnología, reproduciendo una clásica y asimétrica relación
centro-periferia. La economía se volvió más dependiente de las importaciones de
bienes de capital para sostener su propio ciclo, confirmando que el aparato
industrial no era orgánico ni autosuficiente.
Inversiones
extranjeras: Las reglas del juego no cambian
Quizás el aspecto más
revelador de esta crónica económica sea el patrón de Inversión Extranjera
Directa (IED). Lejos de combatir al capital especulativo, el gobierno mantuvo
intacta la Ley de Inversiones Extranjeras de 1993 y los beneficios fiscales
para la megaminería, que incluyen estabilidad impositiva por tres décadas y
regalías que no superan el 3%.
El resultado fue una
fiebre extractiva. Entre 2004 y 2010, la IED en minería creció un asombroso
297%, seguida por la agricultura y las oleaginosas. Este modelo generó una
sangría de divisas: desde la salida de la convertibilidad hasta 2010, las
filiales locales enviaron a sus casas matrices cerca de 37.000 millones de
dólares en concepto de ganancias.
Frente a las críticas, la
izquierda latinoamericana terminó por legitimar este modelo. El expresidente de
Venezuela, Hugo Chávez, lo expresó con una claridad pasmosa: "Estamos
empeñados en construir un modelo socialista muy diferente al que imaginó Marx
en el siglo xix. Ése es nuestro modelo, contar con esta riqueza
petrolera". Como advierte Gudynas, el Estado pasó a concebir el
extractivismo como "indispensable para combatir la pobreza",
asumiendo los costos socioambientales como el precio a pagar por la inclusión
social.
El
legado de las zonas de sacrificio
Al contrastar las
promesas con la realidad, la conclusión es contundente. En 2003, Néstor
Kirchner declaraba que su objetivo era "reducir la participación relativa
de los commodities en la oferta exportadora". Ocho años después, la
dependencia de la renta extractiva era mayor que nunca.
El legado de esta década
dorada del neoextractivismo deja cicatrices profundas. La fragmentación
territorial, la degradación de los ecosistemas y la creación de "zonas de
sacrificio" - donde comunidades enteras cargan con los pasivos ambientales
de la megaminería y los agronegocios - son la contracara de las políticas de
transferencia de ingresos.
Como advierte el
sociólogo Boaventura de Sousa Santos, la vulnerabilidad de este modelo radica
en depender de "la lotería de los recursos naturales". Cuando el
ciclo de precios altos termine, la pregunta que quedará flotando en el aire es
si la Argentina de hoy estará preparada para enfrentar el futuro, o si seguirá
siendo, como lo fue desde los galeones españoles, un simple espacio
socioambiental al servicio de las potencias mundiales.
Referencias
Bibliográficas:
Frechero, J. I. (2013).
Extractivismo en la economía argentina. Categorías, etapas históricas y
presente. Estudios Críticos del Desarrollo, Vol. III, Núm. 4, pp. 45–82.
Gambina, H. (2010).
Citado en Frechero (2013) sobre la Encuesta Nacional de Grandes Empresas.
Gudynas, E. (2012).
Estado compensador y nuevos extractivismos. Nueva Sociedad, Nº 237.
Marx, K. (1998). El
capital. México: Siglo XXI.
Santos, B. de S. (2012).
A la izquierda de lo posible. Página 12.
Valli, P. (2011). Citado
en Frechero (2013) sobre remisión de utilidades al exterior.
Wasilevsky, J. D. (2012). Ranking "Made in
Argentina". iProfesional.com.

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