miércoles, 5 de agosto de 2026

Héctor Raúl "Castrito" Castro: el bandoneón que hizo bailar a generaciones en Santiago del Estero

 A más de tres décadas de su partida, recordamos la trayectoria de Héctor Raúl Castro, el músico nacido en Los Quiroga que dejó una huella imborrable en el tango, el folclore y en los legendarios bailes populares de La Banda. Su historia también es la historia de un tiempo en el que la música reunía a todo un pueblo.

Créditos: Jorge Llugdar


Un músico que hizo historia con su bandoneón

Hay artistas cuya obra trasciende los escenarios y permanece viva en la memoria colectiva. Héctor Raúl Castro, conocido cariñosamente como "Castrito", pertenece a ese grupo de músicos que supieron ganarse el respeto del ambiente artístico y el cariño del público santiagueño.

Un día como hoy, en 1994, fallecía este destacado bandoneonista nacido en la localidad de Los Quiroga y posteriormente radicado en la ciudad de La Banda. Su nombre quedó asociado para siempre a los bailes populares, al tango, al folclore y a una época en la que las orquestas animaban las noches de carnaval y las pistas de baile se convertían en verdaderos espacios de encuentro social.

En Leyendas del Folclore Santiagueño recuperamos su historia para rendir homenaje a uno de esos músicos que, sin buscar el protagonismo mediático, construyeron una carrera admirable acompañando a las figuras más importantes de la música argentina.

Castrito y su Barra Tanguera: una orquesta que marcó una época

Durante su extensa trayectoria artística, Héctor Raúl Castro fundó la agrupación "Castrito y su Barra Tanguera", una orquesta integrada por Domingo Neirot en violín, Coni Cisneros en contrabajo y Enerio Pereyra, entre otros músicos.

La formación alcanzó una enorme popularidad en Santiago del Estero gracias a sus presentaciones en clubes, salones y bailes tradicionales. Su repertorio recorría con la misma solvencia el tango y el folclore, una combinación poco frecuente que conquistó al público de toda la provincia.

Los carnavales eran uno de los momentos más esperados del año. Allí, la presencia de Castrito y su conjunto era casi una garantía de éxito. Bastaban los primeros acordes para que la pista se llenara de parejas que bailaban hasta el amanecer.

El Tatetí: un baile inolvidable en la memoria de los bandeños

Hablar de Castrito es también hablar de uno de los escenarios más recordados de La Banda: El Tatetí, el popular baile ubicado en la zona conocida como El Cruce, frente a la antigua Fábrica Argentina de Carbón Activado, conocida por los vecinos simplemente como "la fábrica de humo".

Aquel lugar era mucho más que un salón de baile.

Las historias que circulaban sobre sus hornos alimentaban leyendas urbanas que todavía sobreviven entre quienes vivieron aquella época. Algunas eran ciertas; otras, quizás, nacieron de la imaginación popular. Lo cierto es que el lugar adquirió un aura casi mítica dentro de la cultura bandeña.

Su propietario fue Pedro Evaristo Díaz, también recordado por haber impulsado el célebre Rincón de los Artistas, un espacio cultural que funcionó entre 1949 y 1976 en la ciudad de Santiago del Estero.

Por ese escenario habrían pasado figuras de enorme relevancia como Mercedes Sosa, Andrés Chazarreta, los Hermanos Simón, Soco y Cachilo Díaz y numerosos músicos que enriquecieron la vida cultural santiagueña. Incluso, la tradición oral sostiene que el escritor Jorge Luis Borges visitó alguna vez aquel emblemático lugar, aunque esa versión forma parte de las tantas historias que alimentan la memoria popular.

Un escenario donde convivían el tango, el folclore, la cumbia y el rock

El Tatetí reunía públicos de distintos barrios de La Banda y de la capital santiagueña.

Llegaban vecinos de La Isla, del Matadero, de la Bocatoma, del Huaico Hondo y de muchos otros rincones de la provincia para compartir noches de música y baile.

El salón era enorme para la época: aproximadamente treinta metros de frente por noventa de fondo. Sus paredes laterales eran de lona cubierta con cal, había largas mesas de madera, sillas metálicas y un escenario sencillo, pero suficiente para recibir a los artistas que animaban cada fin de semana.

Durante los carnavales, los sábados y muchas noches de domingo, desfilaban por allí agrupaciones de distintos géneros musicales.

Actuaban los Kari Huaynas con su repertorio folclórico, Castrito y su Barra Tanguera llevando el tango al corazón del público, el Negro Penida y los Clevers, los Demonios, el Grupo Tempestad de La Banda con sus propuestas de rock y también conjuntos tropicales como Marisa y Los Luceros Colombianos, que dieron allí algunos de sus primeros pasos.

Aquella diversidad musical hacía de El Tatetí un verdadero punto de encuentro para varias generaciones.

El prestigio de un bandoneonista admirado por los grandes artistas

La calidad interpretativa de Héctor Raúl Castro le permitió compartir escenarios con algunos de los nombres más importantes de la música argentina.

Dentro del tango acompañó a reconocidos intérpretes como Pibe Romero, Cristian Leiva, Luis Penida, Argentino Ledesma, Mario Lezica, Chiqui Pereyra y Ruth Durante.

Su talento también fue ampliamente reconocido dentro del folclore.

Integró presentaciones junto a Los Manseros Santiagueños, Carlos Carabajal, Carlos Saavedra, los Hermanos Simón, los Hermanos Ríos y el inolvidable Jorge Cafrune, entre muchos otros artistas que marcaron la historia de la música popular argentina.

Su bandoneón tenía la capacidad de adaptarse con naturalidad a estilos diferentes, siempre conservando una identidad propia que lo distinguía sobre el escenario.

Los bailes populares que marcaron una generación

Durante aquellas décadas, Santiago del Estero vivía una intensa actividad nocturna.

Además de El Tatetí, existían otros espacios que hoy forman parte de la memoria afectiva de miles de santiagueños: Tinguilo, La Enramada, Dorrego, Nicolás Avellaneda, el Club Las Cejas, Comercio, Central, El Paraíso de Solís, Independencia, Villa Mercedes y el recordado Dorrego Psicodélico, entre muchos otros.

Cada uno tenía su identidad, su público y sus artistas habituales.

Eran escenarios donde convivían el tango, las chacareras, las zambas, la música tropical y el rock, reflejando la enorme riqueza cultural que caracterizó a Santiago del Estero durante buena parte del siglo XX.

Con el cierre de El Tatetí, hacia fines de la década de 1970, desapareció uno de los espacios más representativos de aquella época. Sin embargo, sus noches quedaron grabadas para siempre en la memoria de quienes las vivieron.

Castrito, un nombre imprescindible en la historia musical santiagueña

La historia de Héctor Raúl "Castrito" Castro trasciende la figura de un excelente bandoneonista. Representa a toda una generación de músicos que hicieron de los clubes, los bailes populares y las fiestas de carnaval verdaderas escuelas de cultura popular.

Su legado permanece vivo cada vez que alguien recuerda aquellas noches interminables de música, cuando el bandoneón abría el baile y las parejas ocupaban la pista hasta que amanecía.

En Leyendas del Folclore Santiagueño creemos que rescatar estas historias es también preservar la identidad cultural de nuestra provincia. Porque los grandes artistas no solo viven en los discos o en las fotografías: sobreviven en los recuerdos de su gente, en las anécdotas compartidas y en ese patrimonio invisible que pasa de generación en generación.

Mientras exista alguien que recuerde el anuncio de la vieja LV11 invitando al público con aquel inconfundible "¡El Taaa...teee...tí... del Cruce!", Castrito seguirá tocando su bandoneón en la memoria de Santiago del Estero.

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