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domingo, 20 de septiembre de 2026

Los bailarines de todos los montes

 


Del coyuyal santiagueño al Louvre parisino; de los patios de tierra al Cirque du Soleil; de la capital de la chacarera a Nueva York, Tokio, Bagdad… Los Saavedra son el emblema de una familia que resignificó la danza folclórica, y cuyo legado, lejos de la extinción, se replica en pueblos, ciudades y provincias, como el misterio que enciende la pasión.

Pablo Donadio escribió: Como decía Don Juan Matos, la guía de Carlos Castañeda, “el camino hacia el futuro, no es más que el regreso hacia los orígenes”, recuerda Juan Saavedra. Y si bien sus padres transmitieron la cultura musical a sus hijos, hay que remontarse al pasado y hablar de su hermano Carlos, experto bailarín y zapateador, un visionario. En un reportaje con Laura Falcoff, del diario Clarín, contó cómo fue fusionando las enseñanzas y bailes familiares con el carnaval, cuando pispeaba a gauchos bien ataviados.

"Había una academia que se llamaba El Rancho, y en la entrada ponían un biombo para que los que pasaban por la calle no miraran. Yo me tiraba panza al piso y lo único que veía eran los pies de los bailarines. Así aprendí", recuerda Carlos, que comenzó a trabajar en Buenos Aires en 1951 junto al armoniquista Hugo Díaz, tocando el bombo y bailando con la esposa de Díaz. Poco después se formaría con su hermano Juan, y más tarde con sus hijos Koki y Pajarín, el grupo Los Indianos, que brilló en Europa, en varios países árabes, en Nueva York y en Montecarlo, actuando especialmente para el príncipe Rainiero y su familia.

Pero, y pese al éxito, la nostalgia pudo más, y los trajo de regreso, a compartir clases y talleres, codeándose con otros talentos como Santiago Ayala, “el Chúcaro”, disfrutando de la experiencia, sin perder los orígenes: “Hugo Díaz me decía que yo tenía que bailar para los que podía pagar para verme y también para los que no. Gracias a Dios tenía medios de movilidad, y nos largábamos con mi hermano Juan. Teatros no habría, pero siempre había un club; si no, una escuela. Peteco Carabajal y Jacinto Piedra también hacían esos viajes, y nadie cobraba un peso sólo lo que la gente tuviera voluntad de dar: si era nada, nada”, recordaba Carlos en el reportaje.

Los Saavedra regresaron a las vivencias que tuvieron de niños, creciendo en un entorno donde el baile fue integrador familiar, y algo siempre a compartir.

Foto: Los Saavedra, allá en el tiempo; Juan, Pajarín, Carlos y Koky

Fuente: Patio Santiagueño