domingo, 19 de enero de 2025

Guille González, parte de una maravillosa época en la villa Silípica.

Así lo recuerda Irmi Gómez:

 


Don Guillermo González que gran músico y compositor. Una época maravillosa de Silípica. Lo recuerdo tocando en la tarima del gran ramadon de Salvador Martínez mi tío donde se hacia uno de los principales bailes después de las fiestas patronales de la virgen de Monserrat. en la casa de los Ledesma y muchos lugares de la. Villa.

Le fue dado el Mistol de Oro por Fany Ledesma, mi prima, un galardón que lamentablemente con el tiempo dejo de darse en la provincia. Don Guillermo siempre está en el corazón de los silipiqueños que lo conocimos, como así su flia. Algunas canciones famosas le fueron robadas de su producción por famosos recopiladores que se adjudicaron autoría, ya que él un Señor, con todas las letras un Señor de campo no conocía esos tejes y manejes de los puebleros que disfrutaron y se adueñaron de su genio tan autóctono y rico.

Con mis hnos. Mario Belindo Gómez etc. Rubén Ledesma y otros músicos destacados del pueblo hacían juntas familiares llenas amor, alegría respeto, risas, bailes etc. Verdaderas fiestas de pueblo, de rencuentros con los que no estaban. Y viviendo con felicidad esa linda época. EL pueblo como una gran flia participaba cualquiera en cualquier reunión, solo era arrimarse y quien no, escuchando a don Guillermo tocar su bandoneón ya los demás músicos bandoneonistas guitarristas, bombistos etc hasta mujeres. Una maravilla que casi se perdió.

Tantos músicos juntos. También Edmundo el hijo de don Guille sigue con cariño la tradición y todos. Todos los que, aunque nacidos en otro lugar tengamos un corazón silipiqueño y hayamos vivido ese tiempo de oro de la villa. Mi cariño y recuerdo a la flia ya todos los silipiqueños con los que compartimos esos hermosos recuerdos guardados en el corazón.

Fuente: Retratando Silipica, Santiago del Estero

lunes, 13 de enero de 2025

Historia, música y artesanías en el antiguo camino real

 


La provincia de Santiago del Estero exhibe como su principal atractivo turístico las Termas de Río Hondo, famosas a nivel internacional por ser uno de los más completos centros de spa de Sudamérica. Sin embargo, hay dos cuestiones más que caracterizan a estas tierras: las típicas siestas que siguen a los almuerzos y la amabilidad de su gente.

En tanto, como sede de la gesta de emancipación que libró al país del dominio español, conserva entre sus raíces tradiciones, mitos y leyendas que se transmitieron de una generación a otra. Y es que unos 400 kilómetros de esta provincia santiagueña fueron hace cinco siglos nodo comunicacional, religioso y político del denominado Camino Real que unía el Alto Perú con el puerto de Buenos Aires.

Un proyecto turístico puesto en marcha recientemente apunta a revalorizar todo ese patrimonio regional y propone una travesía a través de los denominados Pueblos de Indios. El itinerario recorre antiguas capillas; ferias artesanales; monumentos; cosechas a la vera de la ruta; y sitios arqueológicos.

Según Alicia Montenegro, integrante del programa Desarrollo Turístico Estratégico Sustentable y Participativo de la Subsecretaría de Turismo provincial, “la recuperación del sentido histórico de la antigua ruta colonial pone su objetivo en los pueblos, sus costumbres y las vidas que han quedado invisibilizadas con el desarrollo y la modernidad”.

“Hoy es tiempo de recuperar este tesoro que tenemos desde una práctica responsable y respetuosa, que promueva la interacción y comunicación, con posibilidades de mejorar la calidad de vida de su gente”, agregó. El objetivo es que, sin alterar la vida diaria de los pueblos, el turismo se acerque para compartir relatos, quehaceres y tradiciones que aún conjugan el pasado colonial con ritos paganos.

El recorrido

La gran extensión del territorio que conforma el Camino Real, obligó a los impulsores del proyecto de recuperación de la idiosincrasia local a dividirlo en etapas y la primera de ellas se ubica a escasos 27 kilómetros de la capital provincial-la más antigua de la Argentina- y se extiende hasta la localidad de Loreto.

El circuito incluye pueblitos como San Pedro, Manogasta, Tuama, Villa Silípica y Sumamao, con una cantidad variable de habitantes entre 800 y 1500. En cada uno de ellos, el viajero encuentra producciones netamente artesanales, mantienen la tradición de pasear en sulky y nunca falta alguna chacarera o baile tradicional, perteneciente al género folclórico.

Pasado, presente y futuro

Desde la ciudad de Santiago del Estero, una de las primeras paradas lleva al viajero hasta el Museo Ashpap Rimainyn de San Pedro, que en lengua quichua significa “Voz de la tierra”. Un emprendimiento atendido por los pobladores de esa comunidad, en el que se resguardan piezas de gran valor arqueológico como puntas de flechas, vasijas y una rueda de quebracho de un centenario carruaje.

Apenas dos kilómetros más al sur, el atractivo ineludible de este circuito cultural por el antiguo Camino Real es la Feria de Upianita, uno de los centros de actividades más importantes de la región. Un espacio levantado sobre calles aún de tierra, hasta donde llegan productores y artesanos de la zona para comercializar sus productos naturales.

Entre las delicias gastronómicas que allí se ofrecen abundan las carnes asadas de cabritos y lechones, así como otras especialidades típicas, entre empanadas, locros, pasteles de charqui, chipacos y roscas calientes. En los puestos, se adquieren alimentos regionales como la algarroba, el mistol, la tuna y los ajíes del monte. Además, hay trabajos en cuero, metal, madera y lana.

La muestra abre todos los sábados, entre las 11 y las 19, y funciona no sólo como atractivo turístico sino también como punto de encuentro para los pobladores de la región. En el sitio se ofrecen paseos en sulky y hay un Parque Temático denominado Upianita: Escultura, Naturaleza y Leyendas, donde se recrean relatos populares y se aprecia la Exposición de Cruces.

Rastros del pasado

El trayecto continúa hacia el sur de la provincia de Santiago del Estero y atraviesa cultivos de alfalfa, huertas familiares y ganado en la pastura. El siguiente destino en el itinerario lleva al viajero hasta Manogasta, en el que aún se conserva un enorme algarrobo en el centro del camino. Según la leyenda, fue en ese árbol donde descansara el general San Martín, a quien se dedica un monumento en la puerta de la capilla Santa Bárbara.

Tuama, es uno de los centros sociales, políticos y económicos más importantes durante la Conquista, en el que se encontraron expedicionarios de Chile y Perú. Más adelante, está Villa Silípica guardada en el recuerdo como refugio del “indomable cacique Chanamba”. Es uno de los sitios que ostenta más años en la provincia, y conserva tradiciones como la fabricación de erkes, instrumentos clave en cada procesión lugareña.

Finalmente, Sumamao fue una de las administraciones directas del Gobierno, que en 1816 decidió arrendarse para compensar gastos de representación del Cabildo de Santiago en el Congreso Nacional. Como recuerdos de la historia quedan los restos de un molino harinero y la Capilla de la Virgen de las Mercedes, con un campanario sostenido por horcones de quebracho.

Por fuera del circuito

Como adicionales cercanos al viejo Camino Real, se suman hacia el sur poblados como Atamisque, cuna de reconocidas teleras y sede de la Fundación Música Esperanza, creada por Miguel Estrella para difundir y promover la música folklórica. Allí nació Elpidio Herrera, uno de los personajes santiagueños más populares de la música folclórica provincial y creador de la sacha guitarra, un instrumento único en el mundo que él mismo ejecuta. Fuente: Perfil

sábado, 11 de enero de 2025

Don Juan Coronel, el santiagueño que vivió en primera persona el fusilamiento del cabo Leónidas Paz

 


En el verano de 1935, causó conmoción en Santiago del Estero el fusilamiento del cabo Luis Leónidas Paz. Había ultimado a balazos al mayor Carlos Sabella, y el Consejo de Guerra lo condenó a muerte, suscitando una descomunal protesta popular en las calles.

El mayor Sabella había dispuesto el arresto por 15 días del cabo Paz por un hecho insignificante. Paz tenía 28 años. Era santiagueño y muy popular entre la gente, por su actuación como jugador de fútbol en el Atlético Santiago. El arresto que le imponía Sabella dañaba su carrera. Lo iba a postergar en el ascenso, y justo cuando tenía pensado casarse con su novia Zoila Ledesma, que era oriunda de La Banda. Con tres intentos de solicitar la revisión de la sanción ignorados con aspereza por Sabella; Paz, se descontroló y descargó seis tiros en el cuerpo del mayor Sabella; fue detenido y se constituyó un Consejo de Guerra Especial que lo condenó a muerte.

A las dos y cinco minutos de la tarde del 9 de enero de 1935, el cabo Luis Leonidas Paz fue fusilado por un pelotón de ocho soldados en el patio de maniobras del regimiento. Correspondió al sargento Medina dispararle en la cabeza el tiro de gracia.

Toda esto lo vivió en primera persona don Juan Coronel, un santiagueño dueño de una historia riquísima: ""Todo Santiago salio en defensa del cabo Paz. Si en esa época hubieran existido los medios de comunicación de ahora al cabo no lo fusilaban. Fue tremendo lo que se vivió en Santiago; fue una verdadera revuelta donde una multitud enfurecida recorrió las calles destrozando vidrieras; apedreando el local del diario El Liberal, la sede del Obispado, de la Casa Radical, entre otros desmanes que la Policía logró controlar no sin gran esfuerzo".

Indagando uno se encuentra con santiagueños que tienen algo o mucho que contar. Tratando de reconstruir parte de la vida del padre Beratz hable hace un par de años con don Juan Coronel, intimo amigo del sacerdote.  Noemi que trabaja en la parroquia San Roque, que fue el nexo con don Juan, a la postre muy amigo de mi padre, me envió unas fotos de el tomando sol en las plazoletas cercanas a la iglesia. Este hombre debe saber algo del barrio antiguo. Lo llame a su casa  y hablamos largo y tendido, ya llegara la cuenta de telefónica pero sarna con gusto no pica.

Don Juan, que anda por los 90, me conto  que ayudo a construir la parroquia San Roque desde los cimientos, junto al cura "Gringo", el padre Beratz. "En ese lugar-rememora- estaban los galpones del aeropuerto, esto era Cachipampa. Yo naci a dos cuadras del amueblado "El Japones", después me trajeron para estos lugares". Me dice que se jubiló en la Marcedes Benz de los Figueroa.

Mi curiosidad me lleva a preguntarle de aquellos muchachos de. los pañuelos negros y blancos de los bailes de Pacara. "Anduve entreverados con ellos; eran bravos esos bailes. También estaba el de mi padre, El Mejor, en Perú y Constitución, eran lugares de hacha y tiza. No faltaban los puñales y los tiros".

Supo jugar en las divisiones inferiores de Comercio y se maravilló viendo a "Mata Pollo" Castillo y a los hermanos Joshela y Mario Sandez. "Vi jugar también a "Pepe" Montero-nos dice- en la vieja cancha que estaba en la caballería del Regimiento. Antes era muy salidor, ahora no me dejan, dicen que por ahí salgo y no vuelvo...tengo arritmia".

Don Juan Coronel, un pedazo de la historia de Santiago.

Fuente: Patio Santiagueño II

viernes, 10 de enero de 2025

La tragedia del cabo castigado y del oficial arrogante

 


En el verano de 1935, causó conmoción en Santiago del Estero el fusilamiento del cabo Luis Leonidas Paz. Había ultimado a balazos al mayor Carlos Sabella, y el Consejo de Guerra lo condenó a muerte, suscitando una descomunal protesta popular en las calles.

Todo empezó con un hecho insignificante, en Tartagal. Acababan de terminar allí las maniobras del regimiento 18 de Infantería, con asiento en Santiago del Estero. El jefe se hartó de las repetidas faltas del cocinero Julio Sierra: le dijo que quedaba despedido y que se volviera a Santiago con la tropa que regresaba.

Sierra se subió a una de las chatas en que viajaban los soldados: le tocó la que era responsabilidad del cabo Luis Leonidas Paz. Llegados a Santiago, salía del cuartel rumbo a su casa, cuando lo interpeló el mayor Carlos Elvidio Sabella, oficial de 42 años, jefe de uno de los batallones. "¿Quién lo autorizó a viajar con el regimiento?", preguntó con aspereza. Sierra contestó que tenía permiso del jefe, dado en Tartagal, pero Sabella no se conformó. Hizo detener a Sierra y lo interrogó al día siguiente. El ex cocinero precisó entonces que había viajado en la chata que mandaba el cabo Paz.

Entonces, Sabella lo dejó ir, a la vez que ordenaba aplicar 15 días de arresto al cabo. Era una de esas típicas sanciones que los oficiales ordenancistas solían disponer al compás de sus caprichos. Tal vez estaba cansado por el viaje y por el calor. Pero no sospechaba que así había empezado a diseñar los elementos que culminarían en tragedia. Era el martes 1º de enero de 1935.

Tiros en el comedor

El cabo Paz tenía 28 años. Era santiagueño y muy popular entre la gente, por su actuación como jugador de fútbol en el Atlético Santiago. El arresto que le imponía Sabella dañaba su carrera. Lo iba a postergar en el ascenso, y justo cuando tenía pensado casarse con su novia Zoila Ledesma, que era oriunda de La Banda.

Entonces, resolvió pedir que la sanción se reconsiderase. Trató dos veces de entrevistar al mayor, pero Sabella se negó a recibirlo. Ya bastante fastidiado, inició un tercer intento. A la hora del almuerzo, el miércoles 2, caminó hasta el Casino de Oficiales y se hizo anunciar por un conscripto. Con voz tan fuerte que el cabo la oyó desde afuera, Sabella, de mal humor, ordenó al teniente Damundio que hiciera retirar al cabo y que lo arrestara.

Entonces, ocurrió lo que nadie hubiera imaginado. El cabo Paz irrumpió en el comedor, de un salto llegó hasta la mesa, extrajo un revólver y acertó seis tiros en el cuerpo del mayor Sabella. Mientras el oficial se desplomaba muerto, Paz salió corriendo, perseguido por Damundio y el subteniente Vera. Lo alcanzaron a las dos cuadras y lo arrastraron hasta el calabozo.

El Consejo de Guerra

Superada la estupefacción del momento -y mientras se tomaban medidas para velar el cadáver de Sabella-, empezó a moverse a toda velocidad el mecanismo del Código de Justicia Militar. Se constituyó un Consejo de Guerra Especial, presidido por el jefe de la V División de Ejército, coronel Eduardo López. El capitán Guillermo Amestegui levantó el sumario, con testimonios de todos los presentes en el comedor.

El tribunal deliberó varias horas, el 3 y el 4 de enero. En las dos declaraciones que prestó ante sus miembros, el cabo Paz narró con calma el incidente. Dijo que la negativa de Sabella a recibirlo "me puso fuera de mí: extraje un revólver que llevaba en el bolsillo y de dos saltos penetré en el comedor, disparando el arma". En ese momento, apuntó, "no tuve la impresión de haberle ocasionado la muerte. Después, tiré el revólver y corrí, hasta que fui detenido".

Pena de muerte

El capitán Máximo Garro, nombrado defensor de Paz, se empleó a fondo. Pintó al cabo como hombre temperamental, pero buen soldado y buen compañero. Alegó que había obrado bajo una gran presión, que estaba enfermo de sífilis y que, después de todo, cargaba los antecedentes de un padre alcohólico. En ese momento, Paz lo interrumpió. "No es verdad", dijo. Garro quedó descolocado y pidió un receso para hablar con su defendido. "No hay nada que aclarar. Mi padre era un hombre completamente normal y decente", reiteró el acusado.

Oídas todas las exposiciones, el Consejo de Guerra pasó a deliberar. Su fallo fue condenar a Paz a la pena de muerte, de acuerdo a lo dispuesto por el Código de Justicia Militar. El defensor Garro apeló entonces a Buenos Aires, ante el Consejo Supremo de Guerra y Marina. El máximo organismo, presidido por el general Emilio Sartori, confirmó la sentencia el día 6.

Santiago en convulsión

Pero, a esa altura, el suceso ya superaba la condición inicial de hecho de sangre en un cuartel. Había conmocionado íntegramente a Santiago del Estero, en todas sus franjas sociales. Así lo reflejaba la prensa.

LA GACETA destinó al episodio una amplísima cobertura, con grandes titulares en la primera página y abundancia tanto de información como de reportajes y notas "de color".

Desde Buenos Aires, el diario Crítica destacó un enviado especial, Roberto Cejas Arias. Muchos años después, en Todo es historia, Fernando Quesada narraría todo en su artículo 1935: fusilamiento en Santiago del Estero.

El pueblo se solidarizaba sin vacilar con el cabo Paz. Les despertaba simpatía por santiagueño, por deportista y por buena persona: se decía que, cuando administraba el rancho de la tropa, se las arreglaba para repartir el sobrante de comida entre la gente pobre que se acercaba al cuartel.

El juicio de la gente se alimentaba también de rumores. Decían que Sabella se obstinaba en perseguir a Paz, a quien había aplicado arrestos por nimiedades, en ocasiones anteriores. Y hasta se susurraba la existencia de otros motivos personales, vinculados con mujeres, como trasfondo de esa antipatía del mayor. Además, ¿cómo era posible que se aplicaran penas de muerte todavía?

El "cúmplase" de Justo

Empezaron a organizarse manifestaciones, cada vez más nutridas, a las puertas del cuartel del regimiento. Mujeres con niños en brazos se agolparon frente a la Casa de Gobierno: el gobernador, Juan Bautista "El gaucho" Castro, debió salir al balcón y prometer que enviaría un pedido de clemencia por telegrama.

Además, la Cámara de Diputados, el Concejo Deliberante, el Colegio de Abogados y cantidad de agrupaciones gremiales y culturales remitían notas a Buenos Aires con idéntico requerimiento. Un franco clima de agitación imperaba y crecía en la ciudad.

Obviamente, el hecho de que un suboficial matara a balazos a un oficial, resultaba intolerable para el Ejército: no sancionarlo con la máxima pena, trastornaba de raíz su sistema ancestral de jerarquías. Así, era previsible que el presidente de la República, general Agustín P. Justo, no titubeara en poner el "cúmplase" al pie de la sentencia de muerte, cosa que hizo el 8 de enero.

El fusilamiento

El cabo Paz se había negado a solicitar clemencia. Recibió la noticia fatal con tranquilidad. Escribió cartas, se despidió de la novia y de los familiares, presenció el bautismo de un sobrino en su celda. Fueron escenas cuyo patetismo los periodistas cuidaron de reflejar hasta los extremos. El día fijado para la ejecución, el comercio cerró sus puertas. Toda la actividad de Santiago se centraba en los grupos compactos que vociferaban, blandían letreros o rezaban en las inmediaciones del cuartel. Soldados con fusiles se habían distribuido en posiciones estratégicas.

A las dos y cinco minutos de la tarde del 9 de enero de 1935, el cabo Luis Leonidas Paz fue fusilado por un pelotón de ocho soldados en el patio de maniobras del regimiento. Correspondió al sargento Medina dispararle en la cabeza el tiro de gracia.

Impresionante protesta

El estampido de las descargas fue una señal que desencadenó la impresionante protesta popular.

La multitud recorrió enfurecida las calles, destrozó vidrieras de los comercios, apedreó el local del diario El Liberal, del Obispado, de la Casa Radical, entre otros desmanes que la Policía logró controlar no sin gran esfuerzo. Fueron detenidos los abogados Manuel Fernández y Ruperto Peralta Figueroa, como cabecillas de la protesta. Pero otra inmensa manifestación popular, que prácticamente sitió la Casa de Gobierno el día 12, obligó a liberarlos.

LA GACETA publicó, en facsímil y en primera página, la última carta de Paz. "Muero sin rencor para nadie", decía, y daba gracias a Dios por el auxilio espiritual de los capellanes. "Doy gracias también a todos cuantos se han interesado por mí y que no pude darles el último adiós en vivo, y pido a Dios por mi queridísima hermana y familia, a quien Dios bendiga. ¡Viva la Patria¡¡Viva el Ejército!", terminaba.

Fuente: La Gaceta

jueves, 9 de enero de 2025

"¡Al pecho, muchachos!": A 90 años del fusilamiento del cabo Paz, un episodio que marcó la historia de la ciudad

¿Quién fue el cabo Luis Leónidas Paz y qué lo llevó a disparar contra el mayor Carlos Elvidio Sabella? Su ejecución desató una revuelta popular en las calles de Santiago del Estero.


El sol resplandecía aquella siesta del 9 de enero de 1935 cuando el cabo Luis Leónidas Paz fue fusilado luego de haber matado a balazos al mayor Carlos Elvidio Sabella. Hoy, a 90 años de ese día de ese verano tórrido y controversial, este hecho marcó a fuego esta tragedia cuyas heridas aún sangran en este Santiago del Estero del siglo XXI.

La condena del cabo Paz, un catamarqueño con un corazón santiagueño, se dio en tiempos en que un gobierno militar regía los destinos de Argentina desde el golpe militar de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen. El presidente en ese entonces era Agustín Pedro Justo (h). El gobernador de Santiago del Estero, era Juan B. Castro.

¿Quién era el cabo Luis Leónidas Paz y por qué mató a balazos al mayor Carlos Elvidio Sabella? Su condena a muerte, decidida por el entonces Consejo de Guerra, generó una revuelta popular en las calles de Santiago, con apedreo al edificio del Obispado, la Casa Radical, y locales comerciales, que la policía finalmente pudo controlar.

La conmoción fue por la decisión de fusilar al cabo Paz, un militar que gozaba de una inmensa aceptación entre sus pares. "Inútilmente se esperó la gracia presidencial", titulaba en ese entonces EL LIBERAL. Y, en otros apartados, destacaba: "A las 14.05 fue fusilado el cabo Paz" y "La muchedumbre exaltada cometió graves desmanes".

Otro de los títulos de EL LIBERAL fue: "Fue condenado la pena de muerte el cabo Luis L. Paz". Como lo afirmaría años después Alberto Tasso, historiador, destacó que la historia del cabo Paz es una "historia de las muchas que está guardada en el enorme y frondoso historial de acontecimientos de Santiago del Estero.

O, en palabras de Pedro Segundo Rojas Cuozzo, historiador de vivencias santiagueñas, el ajusticiamiento de Paz es una "tragedia que para Santiago del Estero dejó una herida que aún en el presente no cicatriza". La historia del joven militar que vivió en el barrio El Triángulo, en Santiago, comenzaba a escribirse y a interpretarse de varias maneras.

Las crónicas de la época destacaban que en un primer momento, Sabella fue presentado como víctima, pero apenas pasaron unos días y cuando aún el cabo esperaba para ser ejecutado, la opinión pública fue cambiando su percepción, hasta convertirlo casi en un héroe y luego, decididamente, en un mito.

En su momento, políticos, instituciones e incluso dentro de la institución militar se hicieron gestiones para requerir el perdón presidencial que nunca llegó. Una vez fallecido el cabo, fueron muchas las manifestaciones populares que contribuyeron a engrandecer su figura de ese joven de 28 años.

Qué hizo Paz para que lo fusilarán

La historia del cabo Paz es un hecho real que fue documentado en EL LIBERAL e investigado por el Dr. Néstor Luis Montezanti, quien publicó el libro La tragedia del Cabo Paz en 1999. En tanto, el historiador tucumano Carlos Páez de la Torre, en uno de sus artículos, narró cómo se generaron los hechos que desembocaron en la tragedia.

Con un título contundente, "La tragedia del cabo castigado y del oficial arrogante", Páez de la Torre relata que todo empezó con un hecho insignificante, en Tartagal. Acababan de terminar allí las maniobras del Regimiento 18 de Infantería, con asiento en Santiago del Estero. El jefe se hartó de las repetidas faltas del cocinero Julio Sierra: le dijo que quedaba despedido y que se volviera a Santiago con la tropa que regresaba.

El historiador relató que Sierra se subió a una de las chatas en que viajaban los soldados: le tocó la que era responsabilidad del cabo Luis Leónidas Paz. Llegados a Santiago, salía del cuartel rumbo a su casa, cuando lo interpeló el mayor Sabella, oficial de 42 años, jefe de uno de los batallones. "¿Quién lo autorizó a viajar con el regimiento?", preguntó. Sierra contestó que tenía permiso del jefe, dado en Tartagal, pero Sabella no se conformó. Hizo detener a Sierra y lo interrogó al día siguiente. El ex cocinero precisó entonces que había viajado en la chata que mandaba el cabo Paz, a quien Sabella ordenó su detención.

Paz, un joven popular

Paz gozaba de una enorme popularidad en Santiago, por su actuación como jugador de fútbol en el Atlético Santiago. El arresto que le impuso Sabella dañaba su carrera. Lo iba a postergar en el ascenso, y justo cuando tenía pensado casarse con su novia Zoila Ledesma, que era oriunda de La Banda.

Trató dos veces de entrevistar al mayor, pero Sabella se negó, pero Paz intentó nuevamente. A la hora del almuerzo, el miércoles 2 de enero de 1935, caminó hasta el Casino de Oficiales y se hizo anunciar por un conscripto. Sabella, de mal humor, ordenó al teniente Damundio que hiciera retirar al cabo y que lo arrestara.

El cabo Paz irrumpió en el comedor, de un salto llegó hasta la mesa, extrajo un revólver y acertó seis tiros en el cuerpo del mayor Sabella. Mientras el oficial se desplomaba muerto, Paz salió corriendo, perseguido por Damundio y el subteniente Vera. Lo alcanzaron a las dos cuadras y lo arrastraron hasta el calabozo.

Al mismo tiempo que se velaba el cadáver de Sabella, se conformó un Consejo de Guerra Especial, a cuyo frente estuvo el jefe de la División de Ejército, coronel Eduardo López. A su vez, el capitán Guillermo Amestegui levantó el sumario, con testimonios de todos los presentes en el comedor.

El tribunal deliberó varias horas, el 3 y el 4 de enero. En las dos declaraciones que prestó ante sus miembros, el cabo Paz contó el incidente. Dijo que la negativa de Sabella a recibirlo "me puso fuera de mí: extraje un revólver que llevaba en el bolsillo y de dos saltos penetré en el comedor, disparando el arma". En ese momento, apuntó, "no tuve la impresión de haberle ocasionado la muerte. Después, tiré el revólver y corrí, hasta que fui detenido".

El capitán Máximo Garro, nombrado defensor de Paz, dijo que el cabo era un hombre temperamental, pero buen soldado y buen compañero. Dijo que había obrado bajo una gran presión, que estaba enfermo de sífilis y quecargaba los antecedentes de un padre alcohólico. En ese momento, Paz lo interrumpió. "No es verdad", dijo. Garro quedó descolocado y pidió un receso para hablar con su defendido. "No hay nada que aclarar. Mi padre era un hombre completamente normal y decente", reiteró el acusado.

Oídas todas las exposiciones, el Consejo de Guerra pasó a deliberar. Su fallo fue condenar a Paz a la pena de muerte, de acuerdo con lo dispuesto por el Código de Justicia Militar. El defensor Garro apeló entonces a Buenos Aires, ante el Consejo Supremo de Guerra y Marina. El máximo organismo, presidido por el general Emilio Sartori, confirmó la sentencia el día 6. Y el fusilamiento fue el 9 de enero de 1935.

Conmoción en Santiago

Desde Buenos Aires, el diario Crítica destacó un enviado especial, Roberto Cejas Arias. Muchos años después, en Todo es historia, Fernando Quesada narraría todo en su artículo 1935: fusilamiento en Santiago del Estero.

El pueblo santiagueño se solidarizó con el cabo Paz. El ser santiagueño, deportista, buena persona y solidario fueron condiciones más que suficientes para apoyarlo. Contaban que, cuando administraba el rancho de la tropa, se las arreglaba para repartir el sobrante de comida entre la gente pobre que se acercaba al cuartel.

El juicio de la gente se alimentaba también de rumores. Decían que Sabella se obstinaba en perseguir a Paz, a quien había aplicado arrestos por pequeñeces, en ocasiones anteriores. Y hasta se susurraba la existencia de otros motivos personales, vinculados con mujeres, como trasfondo de esa antipatía del mayor. Además, ¿cómo era posible que se aplicaran penas de muerte todavía?

Empezaron a organizarse manifestaciones, cada vez más nutridas, a las puertas del cuartel del regimiento. Mujeres con niños en brazos se agolparon frente a la Casa de Gobierno: el gobernador, Juan Bautista "El gaucho" Castro, debió salir al balcón y prometer que enviaría un pedido de clemencia por telegrama.

A pesar de todas las gestiones realizadas para evitar la muerte de Paz, el presidente de la República, general Agustín P. Justo, no le tembló la mano para firmar la sentencia de Paz con el "cúmplase" al pie de la sentencia de muerte, cosa que hizo el 9 de enero.

No quería clemencia: el fusilamiento

El cabo Paz se había negado a solicitar clemencia. Recibió la noticia fatal con tranquilidad. Escribió cartas, se despidió de la novia y de los familiares, presenció el bautismo de un sobrino en su celda. 

El día fijado para la ejecución, el comercio cerró sus puertas. Toda la actividad de Santiago se centraba en los grupos compactos que vociferaban, blandían letreros o rezaban en las inmediaciones del cuartel. 

A las dos y cinco minutos de la tarde del 9 de enero de 1935, el cabo Luis Leónidas Paz fue fusilado por un pelotón de ocho soldados en el patio de maniobras del regimiento. Correspondió al sargento Medina dispararle en la cabeza el tiro de gracia.

Entonces, una multitudinaria cantidad de gente recorrió las calles de Santiago para apedrear edificios como el Obispado, la Casa Radical y destrozar las vidrieras de los comercios que la policía pudo contener.

Tres cartas

Las crónicas de época destacaron que Paz escribió tres cartas las cuales fueron recibidas por EL LIBERAL que las publicó en exclusiva. Una iba dirigida a sus camaradas donde expresaba "Viva la patria. Adiós camaradas". Otra para el pueblo en la que agradecía "todo lo que han hecho por mí". Y la tercera a su hermana: "vos sabés cuanto te he querido y quiero hasta el último momento de mi vida" y "cuídate mucho y preocúpate de tu salud para que vivas muchos años".

"¡Al pecho muchachos!"

En la ardida siesta santiagueña, tanto por el clima como por las revueltas populares que pedían clemencia para Paz, un pelotón de fusilamiento se formó frente a Paz, que se negó a que le vendaran los ojos y sólo pidió al oficial que dirigía la ejecución que le abriera la chaqueta para facilitar el blanco a sus ejecutores.

Se leyó la sentencia y el cabo Paz se paró del banquillo y con voz en cuello gritó al pelotón: "¡Al pecho muchachos!" Y exclamó" ¡Viva Dios y mi Patria!".

"El fusilamiento del cabo Paz", un documental imprescindible que ilumina la trama de una historia oscura

"El fusilamiento del cabo Paz" es el único registro audiovisual ficcionado que refleja, con actores y técnicos de Santiago del Estero, la tragedia que, como bien dice Alberto Tasso, relator de la historia del filme, "a través del arte el mito se consolida en el pueblo y le asegura perduralidad". Hacía referencia al Aire de chaya "Le llaman el cabo Paz", compuesto por Marcelo Ferreira y su esposa Elba Jugo en 1974 y que es con el que cierra esta película con la interpretación de Las Voces Bandeñas.

Dirigido por el cineasta Víctor Pérez, con el acompañamiento del entonces grupo Santiago del Video, este proyecto audiovisual ganó el concurso "Nosotros" (unitarios documentales) por Santiago del Estero en el marco del Plan Operativo de Fomento y Promoción de Contenidos Audiovisuales Digitales para la Televisión Digital Argentina.

Con guión de Enrique Landsman, el filme se centra en Luis Leónidas Paz, un joven de 28 años, perteneciente al Regimiento 18 de Infantería, que fuera condenado a muerte por haber asesinado a su superior, el mayor Carlos Elvidio Sabella.

Para Pérez, la historia del Cabo Paz "es interesante y era digna de ser contada. La historia pedía ser contada".La historia del cabo Luis Leónidas Paz es un hecho real que fue documentado en EL LIBERAL e investigado por el Dr. Néstor Luis Montezanti, quien publicó el libro "La tragedia del Cabo Paz en 1999". 

A 15 años de haber realizado este documental, Pérez, convocado por EL LIBERAL contó cómo nació la idea de llevar a la ficción la "jugosa" historia del suboficial que asesinó de dos balazos a un oficial y superior suyo en la ardida siesta de enero de 1935.

"Se dio por una charla casual que tuvimos con el queridísimo Alberto Tasso a quien le comenté las ganas mías de hablar y de contar hechos de la historia nuestra, de Santiago del Estero que por ahí se habían olvidado o que no estaban tan presentes", evocó Pérez.

Añadió: "Él me sugirió algunos temas y entre ellos estaba el del fusilamiento del cabo Paz que ni bien me lo contó quedé prendado por la historia que le veía mucho potencial, ribetes melodramáticos. Era una muy jugosa la historia como para empezar a desgranarla y contarla".

Con Enrique Landsman en el guión y Carlos Díaz Brandán en la producción, comenzaron a darle forma a este documental que es único en el país sobre un hecho del que aún se habla. Era el año 2010 cuando Pérez ganó un concurso del Incaa y por ello obtuvo la suma de 65 mil pesos.

Archivos de EL LIBERAL

Durante todo el 2010 se enfocaron en la realización, principalmente en lo que se refería al acopio del material bibliográfico disponible. En ese sentido, Perez destacó que recurrió al diario EL LIBERAL y el Archivo General de la Nación.

"Tanto del diario EL LIBERAL como del Archivo General de la Nación fueron muy generosos y nos cedieron los archivos que necesitábamos en esos momentos. Ese material nos sirvió para redondear todo lo que fue el guion", valoró Pérez.

El documental contó con la participación de actores, técnicos y productores de Santiago del Estero y un trabajo en el que participó el entonces grupo "Santiago del Video".

Sergio Chazarreta se puso en la piel de Luis Leónidas Paz y Rafael Acosta en la de Carlos Elvidio Sabella.

Para la recreación fidedigna, especialmente, alquilaron trajes militares de época. Para esto tuvieron que contactarse con casas proveedoras de vestuario en Buenos Aires. 

La mayor parte del documental fue rodado en lo que hoy es el predio de Gendarmería Nacional en Santiago. Pérez agradeció a las autoridades de entonces por el apoyo.

"La gente que contactamos para que nos den una mano, realmente, se portó muy bien, desinteresadamente. Fue una experiencia muy linda", remarcó.

Pérez destacó la predisposición de los familiares del cabo Paz, desde donde también recibieron material que utilizaron en la realización audiovisual.

El cineasta destacó: "El documental fue muy bien recibido. Nosotros quedamos muy conformes con el trabajo final. Es un proyecto logrado".

Fuente: El Liberal


sábado, 28 de diciembre de 2024

"El Rincón de los artistas "

  


 Abrió sus puertas el 10 de octubre de 1949 como "BAR CASINO" en calle Tucumán 62. Sus dueños fueron PEDRO EVARISTO DÍAZ y EDMUNDO SORIA, pero, al poco tiempo, DON PEDRO adquirió la parte de su socio y pasó a convertirse de una pizzería en un clásico bodegón que acunaba a la bohemia santiagueña y lo bautizó "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS".

Por ese boliche pasaron todas las notables figuras musicales de Santiago, turistas y personalidades de la cultura nacional que visitaban nuestra ciudad como: JORGE LUIS BORGES, ERNESTO SÁBATO, VICTORIA OCAMPO, MERCEDES SOSA, NELLY OMAR, ATAHUALPA YUPANQUI, HORACIO GUARANY, ASTOR PIAZZOLA, SELVA GIGENA, por nombrar algunos.

Entre los valores locales, citamos: ANDRÉS CHAZARRETA, JULIO ARGENTINO GEREZ, HERMANOS SIMÓN, OSCAR SEGUNDO CARRIZO, CACHILO DÍAZ, COQUITO CÁCERES,  HUGO DÍAZ, FIDEL LUCERO, HERMANOS CAMPOS, "DIABLITO" SANTILLÁN, "MANDINGA" ORELLANA, LOS CARABAJAL, CARLOS SAAVEDRA, LUIS BILLAUD, MARIANO PAZ, JUSTO MARAMBIO SERRANO,etc.

Desde la mañana temprano, "EL RINCÓN", abría sus puertas y el sonido de un bandoneón o el repique de un bombo, daba la señal que comenzaba la gran cita salamanquera en el corazón del centro santiagueño.

Desgraciadamente, por razones económicas, el 26 de diciembre de 1976, cerró sus puertas para siempre y, con este ingrato percance, se fue una de las más nutridas historias de nuestra rica cultura tradicional.

"¿Y LA PLACA DÓNDE ESTÁ?"

El Honorable Concejo Deliberante Municipal de Santiago del Estero en su Ordenanza N° 3.183/99 dice:

VISTO: El análisis del Expediente N° 198-8-99, realizado por la Comisión de Educación, Cultura y Turismo, mediante el cual el Bloque MOCISO eleva Proyecto de Resolución, solicitando la colocación de una placa informativa en calle Tucumán 62, sobre el local que allí funcionó llamado "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS" y

CONSIDERANDO (...) que "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS", es parte de la historia bohemia de los santiagueños;

Que, el Artículo 1 de la Ordenanza N° 3.073/98 dispone la colocación en edificios, lugar y sitios de la Ciudad Capital, donde se haya verificado el acontecer de hechos relevantes, carteles de procla informativa de dichos hechos.

Por ello, el Honorable Concejo Deliberante de Santiago del Estero, sanciona con fuerza de Ordenanza:

Art. 1: "Dispónese la colocación de una placa informativa en calle Tucumán 62 para hacer saber a la ciudadanía que allí funcionó "EL RINCÓN DE LOS ARTISTAS".

Art.2: el Departamento Ejecutivo a través del área competente y el Honorable Concejo Deliberante, organiza en fecha a convenir, el acto público del descubrimiento de la placa.

Art.3: Comuníquese al Departamento Ejecutivo, dese al Boletín Municipal, regístrese y archívese.

Sala de Sesiones, 9 de marzo de 1999.

Firma: Ingeniero MARCELO LUGONES, Vice Intendente y Dra. MATILDE O'MILL, Secretaria General. -

Cuenta el periodista ROBERTO EDUARDO "PUPI" VOZZA, que la placa fue colocada pero, cuando se construyó el Centro Cultural del Bicentenario (CCB), que posee 3 ingresos: Libertad, Pellegrini y Tucumán y que fuera inaugurado el 24 de julio de 2010, la distintiva placa desapareció sin que nadie diera una explicación, puesto a que nunca fue repuesta.

Aún hoy y, a pesar de que se publicó en las redes sociales su ausencia, nadie responde a esta incógnita.

Es una pena para la cultura santiagueña que esta placa haya desaparecido ya que ilustraba a las nuevas generaciones que allí fue una represa cultural donde abrevaron nuestras más notables figuras artísticas en todas sus ramas.

O.H.E.

"UN RINCÓN PARA EL MANDINGA..."

VÍCTOR ARMANDO ORELLANA apodado "EL MANDINGA DEL BANDONEÓN", fue un destacado músico ejecutante de bandoneón y figura esencial del mítico "RINCÓN DE LOS ARTISTAS" de DON PEDRO EVARISTO DÍAZ.

Alto, elegante, de espíritu alegre y bonachón, que supo ganarse la confianza y la admiración de los habitués y músicos colegas.

Cuentan los memoriosos que, a media mañana nomás, ya llegaba al RINCÓN y sólo nomás, desgranaba melodías que a todos los transeúntes que pasaban por la calle Tucumán, despertaba curiosidad y era una tarjeta de invitación a ingresar.

La mayoría de los foráneos que visitaban Santiago, se alojaban en ese entonces, en El Savoy Hotel o en El Palace Hotel, sitos en la vereda del frente al bodegón y, al escuchar los sones de una chacarera o el repiqueteo de un leguero, se convertía en una cita obligada. Asimismo, ocurría con los grandes artistas nacionales que allí se hospedaban.

Cierto día, visitaba Santiago el gran ASTOR PIAZZOLA y se cruzó a degustar unas empanadas y a oír nuestros musiqueros. Observó detenidamente unas cuantas ejecuciones del "MANDINGA". Éste, al percatarse de la presencia del "Revolucionario del Tango", le cedió el bando y le pidió que tocara algo. El gran maestro marplatense, no se hizo de rogar y ejecutó un par de tangos y los parroquianos, celebraron con ruidoso aplauso.

"EL MANDINGA" que oficiaba de presentador, dijo en voz alta: " Grande Maestro!!"...ASTOR, como todo grande, respondió humildemente: "El Maestro es Usted, que tocó tan bien, ya que a su fuelle le faltan algunas botones..." Admirado ORELLANA, pidió al público renovar el aplauso.

VÍCTOR MANUEL ORELLANA, nació en 1939 en el Barrio San Martín de La Banda y cuando cerró definitivamente "EL RINCÓN”, cabizbajo y melancólico, emigró a Buenos Aires y, a pesar de compartir muchos escenarios con músicos de la talla de "VITILLO" ÁBALOS, "YAYO" CARTIER, entre otros, esa gran mole de cemento no tenía la esencia y la bohemia del célebre "RINCÓN".

"MANDINGA", murió el 3 de julio de 2014 en Buenos Aires afectado por diabetes.

VÍCTOR MANUEL ORELLANA, fue un alma musical del pago y que se fue de gira eterna buscando ese "RINCÓN" que no supo encontrar.

Santiago le debe un merecido tributo.

DEL LIBRO INÉDITO "ANÉCDOTAS DE FOLCLORISTAS SANTIAGUEÑOS " DE OMAR SAPO ESTANCIERO

 


viernes, 27 de diciembre de 2024

Hugo Díaz, músico del mundo.

 El día en que los santiagueños lloraron

 


Hugo Díaz había vivido ya todas las vidas y había muerto varias veces. La muerte del paisaje: cuando tenía apenas cinco años y un golpe lo cegó durante un año. La primera armónica, regalada por un tío, le devolvió su vida, que era la música. La muerte de Sachtmo: cuya desaparición tanto le impactó, y con quien había vivido el gozo de tocar juntos los ritmos de jazz en una larga gira europea por el 63. La muerte de la alegría: en cárceles y hospitales, adonde Hugo dejaba su mensaje de vida y amor, por el solo gusto de hacer el bien. Esta vez ha sido él protagonista de su propia muerte y desde el más allá nos estará enviando sus embrujadas melodías, que no por ser del país celeste serán mejores que las que nos dejó en la tierra. Hugo Díaz nos deja una lección de arte mayor, que debemos aprender para poder vivir después de la muerte.

Porque Hugo Díaz siempre fue canción.

Tocaba la armónica desde que tuvo uso de razón y su casi hermano y amigo, Domingo Cura, le acompañaba haciendo ritmos en tamborcitos de tarros.

La iniciación artística de Hugo coincidió con la Inauguración de LV11 Radio del Norte de Santiago del Estero.

A los diez años se integró a un grupo de niños con veinte tocadores de armónica, y otros tantos guitarristas, violinistas, percusionistas y cuerpo de baile, que representaron a la provincia en el Teatro Rivera Indarte, de Córdoba, ejecutando "Nostalgias Santiagueñas" y el vals "Santiago del Estero". Esta fue la constitución de la Primera Orquesta Infantil de Santiago del Estero cuyo creador fue el Dr. José F. Castiglione. Dirigía el profesor Leopoldo Bonelli. Esta orquesta nació juntamente con el Coro de la Escuela Nacional del Centenario y sus repertorios incluían música clásica y nacional. Dentro de la orquesta, junto a Hugo Díaz, se formaron Chocho Ruiz, guitarrista. Tito Sotelo, armoniquista y Walter Ruiz, guitarrista.

El primer músico de nombre que escuchó a Hugo Díaz y le alentó a perfeccionarse fue Juan Carlos Barbará que hacía giras con su orquesta característica. Por entonces, llegó a Santiago un profesor francés apodado Charlie, que Inventara el instrumento electrónico Teremin, y les hiciera conocer la armónica cromática de 64 voces y la cromónica de 200 a 300 voces,

Hoy, Tito Sotelo que conformaba el grupo de niños. sigue la trayectoria que le marcara el destino al iniciarse en la armónica Junto a Hugo, quien le empujaba siempre a seguir el camino sin desmayo.

El primer contacto de Hugo con el jazz sería una emoción de adolescente. Bix Beiderbecke, Charlie Parker. Louis Amstrong. Duke Ellington, de la mano de los autores anónimos de las chacareras truncas y junto a los hermanos Julio y Benicio Díaz, signarían para siempre su sensibilidad. Su vuelo no tendría límites. Para poder pagar la cuota del Square Hot Club, un circulo de fanáticos del jazz, por medio del que enviaban dinero a Estados Unidos para que les mandaran los discos de los "monstruos sagrados", se ayudaba haciendo toda clase de tareas, mientras que por las noches, ensayaban un incipiente cuarteto de jazz que habían formado.

"Debemos, entre nuestras manos, que son las más numerosas, aplastar la muerte idiota, abolir los misterios, construir la razón de nacer y ser felices".

(Paul Eluard)

Los Hermanos Abalos habían inaugurado en Callao y Santa Fe un estudio de danzas e instrumentos típicas que frecuentaba lo más granado de la sociedad porteña y provinciana que cultivaba al folklore. Los sábados se reunían en una peña donde eran de rigor la guitarreada y las empanadas del Kakuy, que llegaban por mano de un pequeño ahijado del dueño. La hora de las empanadas era esperada con ansiedad por los habituales asistentes. No sabemos si las empanadas eran tan sabrosas, pero sí, que el jovencito que las llevaba tocaba la armónica de maravillas y nadie quería dejarlo ir después de escucharlo.

Nacía tímidamente el gusto por lo tradicional. Los Abalos cierran la casa para abrir Achalay Huasi, con un elenco de primera: el dúo Martínez-Ledesma, con el plano de Enrique Villegas, los Hnos. Abalos y, por supuesto, Hugo Díaz, esta vez acompañado por Vitillo y Machaco. Hugo finalizaba cada actuación tocando una armónica miniatura de cuatro agujeros, en la que ejecutaba "Pájaro campana" sin usar las manos. Esos fueron sus primeros triunfos como profesional, alternando después con un doblete en "MI Rincón", donde a la sazón estaban otros nombres que se perfilaban como los pioneros de al avanzada tradicionalista en Buenos Aires como el de Atahualpa Yupanqul. Hugo formó entonces su primer conjunto que se llamó "Chakay manta" y que comenzó actuando en Radio Splendid.

-Poco a poco fuimos subiendo la escala artística -diría después Hugo-, hasta que pudimos actuar en "Palmolive en el Aire". Y gracias a la actuación allí de Fernando Ochoa, pudimos grabar el primer disco: la chacarera "La Vieja". Más de cien placas en 78 revoluciones vendrían después, juntamente con el creciente éxito. "Gloria al espíritu que puede unirnos, porque, verdaderamente, no vivimos más que de imágenes".

(Rilke) Hugo Díaz nació en Santiago del Estero el 10 de agosto de 1927.

Había perdido a sus padres a raíz de la separación de ambos, razón por la que el niño debió dedicarse al oficio de lustrabotas y a vender chupetines para subsistir. Fue a vivir a casa de Domingo Cura donde lo rodearon del ambiente de un verdadero hogar. Su compañera de juegos fue también Victoria, que tenía entonces 4 años. Crecieron ambos jugando con la música hasta que ésta le enseñó el despertar del amor. Estaban los dos tan Integrados espiritualmente, que Victoria y Hugo apenas pudieron decidir sobre sus destinos. Se unieron para siempre con un amor que sobrellevó años de privaciones, dificultades, sacrificios y angustias.

La fama los premio con la gloria suprema y el amor les regaló una hija: María Victoria, la más importante fuente de superación para Hugo. "Así fue que seguro, eché rumbo a la vida, con la fuerza del ángel en mi andar...".

("Zamba del Ángel" de Petrocelli y Hugo Díaz) En los años 1953, 54 y 55 la fábrica de armónicas Honner, en cuya entrada principal de la central alemana se muestra un mural con la fotografía de nuestro compatriota, lo Invitó al Festival Mundial de Armónica de Viena, donde los jurados, por el único hecho de no saber música, lo relegó al segundo puesto. En esta oportunidad también. Hugo tiene ocasión de ejecutar y hacer un contrapunto de improvisaciones con Duke Ellington y Ella Fitzgerald.

De pronto, el 24 de junio de 1960 Hugo y Victoria Díaz, Alberto Cortez, Oscar Zamboni, Antonio Ferreyra, y el Ballet Los Ranqueles parten en una gira hacia Europa. El grupo se llamaría "Hugo Díaz Ensemble Show" y tocarían las ciudades de Barcelona, Milán Roma, Amberes. Bruselas, Amsterdam, Dusseldorf, Frankfort, Colonia y Bonn. En Bonn, Hugo concretó una de las aspiraciones máximas de su vida al entablar conocimiento con el armoniquísta Jonh Thieleman. Considerado "la mejor armónica del mundo". Thieleman expresó en esa oportunidad su asombro por el sonido particular que sacaba el argentino del Instrumento. Hugo, por su parte, profundizó una amistad que subsistiría a través del tiempo, epistolarmente.

Victoria, su mujer, quiso regresar al país a causa de su incipiente embarazo. Hugo la seguiría después, no sin antes grabar para el sello Monglow el primer disco doble con Alberto Cortez, que Incluía: "Sucu sucu". "Palmeras". un rock de W. Belloso y "Sabor a mí". Después, el mundo en sucesivas giras. El Show Gigante de "Globus" los programó junto a figuras como Michele Morgan. Caterina Valente, Marlene Die trich, en espectáculos donde concurrían hasta 35.000 personas. Luego Japón, y todo lo demás. En 1971 Victoria deja de cantar y Hugo parte por ocho meses a Lima en una gira con Chabuca Granda. Una Invitación de los ministerios de Relaciones Exteriores de España y Argentina para actuar en España. otra gira por América, donde actuó con Sara Vaughan. y la última gira, en Brasil, donde le acompañó en guitarra y canto, su hija María Victoria.

Premios, distinciones, aplausos, reconocimientos en todo el mundo. El Martín Fierro de la Federación Agraria en Santa Fe, el Disco de Oro. Sólo faltaría que SADAIC le otorgara el premio de este año como reconocimiento a uno de los más notables difusores de nuestra música y talentoso compositor tan retaceado de promoción en su propio país. "No tiene frio ni calor. Su prisionero se ha evadido para dormir. No está muerto. Duerme".

(Paul Eluard)

Duro revés asestó el destino al mundo artístico este año, al arrebatar vidas preciosas de gran significación para la cultura de todos los países. Nombres como los de María Callas, Waldo de los Rios, Prevért, Blackle, Stokowsky, Bianco, Bing Crosby, Elvis Prestley, Paul Desmond, Floravanti, Hugo Díaz, nos inclinan a meditar y a proponer la revaloración de lo que significa la obra del artista. Poseer la luz del talento significa habitual- mente cargar con un enorme peso que debe arrastrar- se a lo largo de infinitos pasillos sombríos de esperas. Acechanzas, envidias, manejos turbios. Desengaños, mu chas veces hambres y sacrificios muchas veces estériles.

El placer y la emoción que nos regala la obra de un pintor, un poeta, un músico, es una deuda que no podemos compensar con aplausos porque la creación es un fluir constante que busca su cauce en el alma de los receptores de ese legado. Poseedor de un don sobrenatural, el artista está en una entrega constante como un acto de amor a la humanidad y a la vida. No importa que su arte tenga el reconocimiento que me- rece, porque sus manos florecen en dones que llevan consigo un hábito celeste.

Víctor Hugo Díaz se durmió para los hombres el do- mingo 23 de octubre de 1977 a las 18.30. La hora exacta en que el jazmín comienza a derramar su fragancia.

¿QUIEN FUE HUGO DÍAZ?

Como ser humano, era el más noble que yo haya conocido. Como músico, estuvo siempre avanzado con respecto a su época. Fraseaba de una manera que es casi imposible hacer con un instrumento como la armónica haciendo dentro de la melodía sincopas increíbles de lograr y cada vez de una manera distinta. Y se dio con el gusto de grabar todos los géneros con une autoridad profesional lo mismo en el folklore tradicional, que en el tango o en el Jazz.

Domingo Cura

¿Y POR QUE EL JAZZ?

El jazz nació de la simbiosis de dos culturas, la occidental, con la afroamericana, enriqueciéndose además con los aportes sonoros de la música euro- pea. En el jazz, el verdadero creador, más que el compositor, es el ejecutante que recrea la secuencia armónica basal. Los primitivos creadores eran músicos intuitivos, de ahí que es en realidad un género folk. El ritmo del jazz, io mismo que la chacarera, tiene el acento distintivo en la síncopa, de ahí que ambos géneros hayan florecido con fuerza, unidos en la armónica de Hugo Díaz.

En dieciocho horas se grabaron los diez temas del larga duración que es el testamento musical de Hugo Diaz. La elección de los mismos se hizo en el instante en que Hugo Díaz entrara en la sala de grabación. Buby Lavecchia, que se agregó espontáneamente a los músicos, recuerda: "Lo único que pudimos hacer fue tratar de seguirlo, rogando que no cambiara de idea. En un momento dijo que el sonido salía demasiado lindo, y así no servía...".

Esta obra póstuma, que acaba de salir a la venta con el nombre del artista, editada por Tonodisc, nos da una muestra de la imaginación, la sensibilidad Interpretativa, la frondosa inspiración para la improvisación y el notable manejo de los matices en un instrumento tan limitado como la armónica.

Publicada originalmente en Revista Folklore