martes, 15 de abril de 2025

Marca registrada

 


Mario Rolando “Musha” Carabajal conversa. Revuelve lentamente el café y sin dejar de hablar mira por la vidriera del bar el bullicio mañanero de una esquina de Villa Urquiza. Repasa la historia de Los Carabajal y se emociona. Esos ojos de los que deriva su sobrenombre –‘musha’ es gato en el quichua santiagueño– le brillan cuando recuerda a los abuelos Francisco y María Luisa, a papa Enrique y mamá María, a los tíos Agustín y Carlos y también a los hermanos, primos, sobrinos, amigos e innumerables compañeros de ruta de años andados a lo largo y a lo ancho del país, sembrando chacareras y recogiendo el afecto de un público que de generación en generación no ha dejado de sentirlos parte de su patrimonio sentimental. Los Carabajal, el conjunto, cumple 50 años. Medio siglo de música y mística santiagueña que tendrán su celebración en el Luna Park de Buenos Aires, el sábado 20 de mayo. Un gran escenario para un día importante.

Cumplir 50 años es siempre algo inmenso. Más si se piensa en términos de “medio siglo”. Y mucho más aún si ese medio siglo transcurrió en el ámbito de la música argentina de tradición criolla, territorio enredado, en el que las pujas por los símbolos, los intereses de la industria y las modas, y fundamentalmente la verticalidad del gusto que desde la capital se impone continuamente sobre las provincias, son los que determinan lo que es bueno y lo otro. Los Carabajal atravesaron este tiempo con personalidad, con la convicción de sus raíces y la sensibilidad para escuchar al público. “Nosotros no somos el éxito de un solo tema. Detrás de Los Carabajal hay una historia” asegura Musha, convencido y orgulloso. “Supimos hacer apuestas bravas, nos arriesgamos y dimos a conocer temas que hoy son clásicos. Pudimos interpretar el gusto del público, pero también abrir nuevas puertas, crear nuevas expectativas en ese público. Y también conquistar nuevos púbicos”, agrega el cantor, uno de los pilares del conjunto en todos estos años.

En la larga usanza musical santiagueña, Los Carabajal bien podrían ser la bisagra entre tradición y modernidad. Formados sobre la huella de Los Manseros Santiagueños y Los Cantores de Salavina, –Carlos y Agustín, respectivamente dejaron esos conjuntos para crear en 1967 el propio, junto a sus hermanos menores Kali y Cuti–, la raigambre musical que forjaron los Chazarreta, los Jerez y los Díaz, entre tantos otros, se proyectó desarrollada en un apellido que por sus aportes a la música santiagueña llegará a convertirse casi en su quintaesencia. “Tuvimos la suerte de que Agustín y Carlos hayan sido nuestras guías, ellos nos señalaron el camino”, comenta Musha y agrega: “Cada concepto de Carlos y Agustín era una enseñanza. Y no hacía falta que repitieran las cosas, tenían autoridad. Personalmente recuerdo a Agustín como mi gran maestro. Él te respondía una pregunta con un ejemplo, tan claro era en su forma de transmitir. Mi respeto y mi admiración hacia Agustín es total. De chico íbamos con mi viejo a escucharlo cantar con Los Cantores de Salavina, un grupo maravilloso, y de ahí fui aprendiendo. En fin, con esa carga nos fuimos formando Los Carabajal. Más el sostén familiar, que ha sido determinante para que hoy podamos estar cumpliendo 50 años”.

 “Con los Manseros Santiagueños mantuvimos siempre una relación importante. Desde los comienzos hubo un Carabajal entre Los Manseros”.

Kali y Musha, que junto a Walter –hijo de Kali– y Blas Sansierra completan la formación actual, son hermanos, hijos de Ricardo el segundo de los 12 hermanos. “Él no se dedicó profesionalmente a la música, pero es muy importante en la historia del conjunto –explica Musha–. Era empleado en el correo y cuando lo trasladaron a Buenos Aires fue durante mucho tiempo el sostén de la familia. No obstante, eso nos alentó para emprender la aventura de empezar a ubicarnos en el mundo de la música, de cautivar a un público, de generar trabajo y la posibilidad de sostenernos. Nos tuvo paciencia, porque se sentía feliz de que pudiésemos trabajar de la música”.

Musha tenía 14 años cuando empezaban Los Carbajal y al poco tiempo ya era parte del conjunto. “Yo entré cuando estaban Agustín, Carlos, Cuti y Kali –recuerda–. Y en esa época a Kali le tocó el servicio militar, así que me llevaban a mí en su lugar, pero para que toque el bombo, para completar el cuarteto. Y ahí me iban preparando. Para mí era todo novedad. Agustín me enseñaba. Él me explicaba cómo hacer segunda y tercera voz. Recuerdo un consejo que me dio: ‘usted cuando vaya en el colectivo, solo, vaya repasando, cantando las canciones en segunda y tercera voz’. Y así hacía y me las memorizaba. Eso me sirvió para fijar y para aprender los primeros repertorios”.

El conjunto Los Carabajal se formó en 1967, cuando comenzaba la parábola descendente del auge que el folkore vivió en esa década. No obstante, el cuarteto se afirmó y logró el respeto de sus pares, como representantes genuinos de la música santiagueña. “Tuvimos desde el comienzo buenas relación y el respeto de artistas como Los Tucu-Tucu y Horacio Guarany, por ejemplo”, destaca Musha.

–¿Cómo fue la relación profesional con otros conjuntos santiagueños?

–Con los Manseros mantuvimos siempre una relación importante. Desde los comienzos de ellos hubo un Carabajal entre Los Manseros. En la primera época cuando eran Leocadio Torres y Onofre Paz, se sumó Carlos y Agustín les armonizaba algunos temas. Más tarde llegó Cuti, que estuvo casi 11 años con ellos. Una vez con Alito Toledo armamos un grupo que se llamaba Los Kimsa. Siempre hubo relación y tenemos un gran respeto y gran admiración por Los Manseros. También con Los Tobas, en particular con los hermanos Banegas (Coco y Horacio), a tal punto que Horacio fue de los primeros en confirmarnos que va a estar con nosotros en el Luna Park. De Los Sin Nombre, Ricardo Santillán estuvo también con Los Carabajal. Y músicos como Miguel Simón, Cristórofo y Fortunato Juárez o Don Sixto, a quien traté mucho, particularmente en sus últimos años.

–Con esa identidad Los Carabajal no necesitaron otro tipo de aditivos para crear un estilo…

–Cuando irrumpieron Los Cantores del Alba con la música mejicana, que hacían muy bien, varias veces nos tentaron para seguir ese camino. Pero nunca hizo falta. Somos referentes de una identidad y el sonido Carabajal inspiró a muchos grupos. Por eso el compromiso es grande.

–¿Qué etapas marcan la historia de Los Carbajal?

–Yo diría que hay un antes y un después en la historia del conjunto con el disco Como pájaros en el aire. Antes de eso éramos un conjunto tradicional, con una fuerte impronta santiagueña. Nos vestíamos de gaucho y el público esperaba de nosotros zambas, gatos y chacareras tradicionales. A fines de la década del ’70 la formación del conjunto era Kali, Roberto Peteco y yo (Musha) y empezamos a probar algunas cosas. Teníamos el violín de Peteco, que era entonces una cosa poco común, y notamos que el público estaba cambiando. Había nuevas generaciones que esperaban otra cosa de la música folklórica y había que llegar hasta ahí, atraerlos. En 1985 grabamos Como pájaros en el aire. De entrada, hubo un cambio de look: en la tapa del Long Play salíamos en ropa de calle, con zapatillas. El contenido del disco también presentaba novedades: había chacareras, sí, pero eran temas nuevos. ¡Los 12 temas de ese disco se hicieron conocidos! Y hasta el día de hoy se cantan en las guitarreadas y en los festivales. Recuerdo que para grabar León Gieco nos prestó la Ovation con cuerdas de acero y con esa guitarra logramos un sonido más actual. A partir de ahí comienza otra etapa. Es la época en la que Peteco toma relevancia también como autor y muchos grupos de la época adoptaron ese sonido, esa manera de cantar y ese repertorio. Más tarde, en la etapa en la que Mario Álvarez Quiroga fue parte del conjunto llegaron temas como Penas y alegrías del amor (1989) y Romance de aquel hijo (1990), que tuvieron mucha repercusión. Sin volvernos locos, creo que Los Carabajal siempre mantuvimos esa atención por estar actualizados y arriesgar con cosas nuevas.

A lo largo de estos 50 años, Los Carabajal recorrieron varias veces un país que sabe en todos sus rincones de la presencia nostálgica de los migrados santiagueños y sus familias. En este sentido, a donde vaya el conjunto es el más esperado embajador de Santiago del Estero. “Con eso pasan cosas maravillosas –enfatiza Musha–. El santiagueño cuando está afuera es muy orgulloso de sus orígenes, de su música, de sus costumbres, de cosas que por ahí estando en Santiago no valoraba tanto. Nosotros vamos a Río Gallegos, donde hay un centro de residentes santiagueños, y vemos llorar al público mientras actuamos. Y eso pasa también en Río Grande y en muchos lugares alejados del país.  Hay gente para la que no es fácil volver a Santiago, entonces depositan en nosotros sus expectativas de volver a compartir su identidad, al menos por un rato. Uno le está llevando su paisaje y ese es un compromiso.

Por aquellos años, Los Carabajal se preparaban para celebrar sus jóvenes 50 años con la música. Así respondió entonces el recordado Musha Carabajal.

–¿Cómo va a ser la celebración en el Luna Park?

–El espectáculo tendrá tres hilos conductores, que son las partes fundamentales de nuestra manera de vivir: la identidad, la familia y los amigos. Todo eso confluirá en el patio. En las casas de Santiago, el patio es el ámbito donde confluyen y se fortalece estas cosas, con el horno, la guitarra, los cantores… En Santiago no hay una peña estable. No tiene sentido, porque las cosas se generan en las casas de la gente. Por eso tomó tanto sentido el patio de la casa de la abuela, donde siempre hay alguien, con una guitarra, un bombo. Se va al patio porque se sabe que siempre se encuentran a alguien, días de semana y sobre todo los fines de semana. Como dice la canción, ‘… un domingo santiagueño no es un domingo cualquiera.

–¿Habrá invitados?

–Muchos, por empezar los ex integrantes del grupo. Van a estar Oscar Testa, que vive en España y viene para esta ocasión, y Oscar Evangelista, Mario Álvarez Quiroga, Mono Leguizamón, Franco Barrionuevo, Carlos Cabral, Lucio Rojas. Y también amigos, los que siempre están cerca, como Horacio Banegas, Néstor Garnica, Orellana-Luca. Juan Saavedra hará las coreografías con su grupo Raza y muchas sorpresas más. Como para que en tres horas de espectáculo estemos a la altura de lo que celebramos.

Fuente: emepea.com

viernes, 11 de abril de 2025

"Tardieu, el santiagueño que gobernó París"

 

Cuando el 21/6/1960, el presidente ARTURO FRONDIZI, presidió en Parc de Montsouris el descubrimiento de la estatua del General SAN MARTÍN y su inauguración en París, no imaginó la grata sorpresa que le esperaba en esa parte de su gira europea.

Quien hablaba en nombre del municipio parisino para ofrecer esta réplica de la estatua erigida en Buenos Aires en memoria del Libertador de Argentina, Chile y Perú, era casi un compatriota. Y poco después pudo confirmarlo en la recepción oficial ofrecida en honor del mandatario en el Hotel de Ville por el Presidente del Consejo Municipal M. JULIÉN SANTIAGO TARDIEU, cuando éste le expresara: "Les  sou  haits officiells de bienvenue que París adresse...ses h'tes de marque,mais aussi d' exprimer hautement mes sentiments personnel sd' affection pour l' Argentine u je suis mé, de parents francais a Santiago del Estero".

Con esa elocuencia, TARDIEU reafirmaba su origen santiagueño en una renovada muestra de afección sentimental para la tierra de su nacimiento que nunca olvidó y de la cual solía decir que sus fuertes soles habían templado su espíritu para superar la adversidad y los contratiempos de la vida. Así había de demostrarlo tantas veces como fue posible hacerlo público ya en sus altas fue como presidente del Consejo Municipal que gobernaba la "ciudad luz" o Vicepresidente del mismo Consejo y Consejero desde 1947, reelegido en 1953. Una honra actividad cívica en su trayectoria de hombre público que ocupó distinguidas tareas al servicio de la República.

Este notable franco-argentino, había nacido en Santiago del Estero el 19/1/1896, originario de una familia de las Cevenas, hijo de JULES TARDIEU y FLORINDA FORT radicados en la Santiago Capital donde ejercían el comercio de un establecimiento de joyería y relojería, ubicada en Avellaneda entre 24 de Septiembre y Buenos Aires (en ese entonces).

Cuatro años después ese hogar se vería alegrado por el nacimiento de la hermana menor IRMA y, en 1901, los TARDIEU, a cuyo hijo bautizaron SANTIAGO, así en castellano, regresaron a Francia y transfirieron su negocio a un connacional y amigo con quien intimaron en razón de la afinidad profesional que acunaba ambas familias en su afincamiento santiagueño.

Era JORGE CLEMENTE QUAINELLE que con sus padres ETIENNE JEAN BAPTISTE y LEONI LUISA MARCILLY, se habían instalado en Santiago del Estero con sus hijos, entre los cuales JORGE pronto inició actividades comerciales en el establecimiento connacionales, los hermanos DOMINGO y ALFREDO CACHAU. Sin embargo, atraído por los estudios metereológicos, las máquinas y la fina orfebre, aprendía de las enseñanzas de JULES TARDIEU, quien le transfirió a su joven compatriota su negocio al regresar a Francia y allí, ya instalado por su cuenta, formó su hogar santiagueño al casarse con ROSA GRAMAJO .

Pero el vínculo entre ambas familias no se perdió y así, la hija de QUAINELLE, CLEMENTINA ROSA que castellanizó su apellido literalmente en QUENEL, y fuera figura preponderante en las letras santiagueñas, mantuvo relación permanente con JULIÉN TARDIEU, fue su corresponsal epistolar y alentó los recuerdos familiares que trajeron al ya destacado político y funcionario galo a la ciudad natal en 1954 y 1961 para evocar los tiempos infantiles y recibir el homenaje de sus comprovincianos. En una unidad inescindible, que los encontró la muerte en el mismo año.

TARDIEU falleció en París el 23/2/1980 y CLEMENTINA QUAINELLE en Santiago el 20/9/1980.

La vida de TARDIEU es un capítulo legendario de la historia francesa de sus primeros estudios en Aveyron y los jurídicos en Montpellier. Soldado voluntario en 1914 y prisionero en la Promeriana, donde logró evadirse, periodista en 1931 en Calais, redactor Jefe de Les Droits du dommercant y candidato republicano independiente en las legislativas en 1932 y 1935; fue combatiente  voluntario de la resistencia y dirigió a los maquis de las fuerzas francesas del Interior y nombrado luego de la liberación pir DE GAULLE delegado para la información por la región de Montpellier.

En 1947, resultó elegido consejero Municipal por los distritos XIII y XIV de París, reelegido en 1953 y Vicepresidente del grupo de los independientes del Hotel de Ville; Diputado del Sena en 1957, reelegido Consejero Municipal en 1959; Presidente del Consejo en 1960/61 hasta 1965 era Vicepresidente de la Tercera Comisión y miembro de la Misión Mixta de Trabajo y de Desempleo. Al mismo tiempo que Diputado Independiente de París, Caballero de la Legión de Honor, Medalla Interaliada y Cruz del Combatiente Voluntario de la Resistencia, entre otras distinciones por su heroicidad.

Esta es la figura extraordinaria del político y publicista, autor de tratados sobre Derecho Municipal, del gran santiagueño que recibió en París al Presidente argentino ARTURO FRONDIZI y ofrendó la estatua del Libertad SAN MARTÍN  a la veneración pública francesa.

En la ruta había seguido otras figuras de aquellas tierras vinculadas a la tradición santiagueña, como es el caso de AMADEO JACQUES y PAUL GROUSSAC o la industria como SAINT GERMES y a la ciencia  como el mismo  JORGE QUAINELLE,  primer informante meterológico al aparecer el diario El Liberal y corresponsal del Observatorio de la Universidad de Córdoba, fabricante de barómetros y  maquinaria para los estudios climatológicos, debe inscribirse el nombre de  JULIÉN SANTIAGO TARDIEU, como faro simbólico de los pueblos unidos en el común anhelo civilizador.

En el destino unívoco que hoy convoca el feliz aniversario de los 80 años de La Alianza Francesa local, con los mismos antecedentes de quienes hasta aquí realizaron en el pasado y cuya siembra dejara su fundador el Profesor EMILIO BUNODIERE, continuador de la trayectoria cultural que ahora evocamos.

LUIS ALÉN LASCANO. EL LIBERAL 6/7/2005

de la Academia Nacional de Historia.

ARCHIVO GRÁFICO CULTURAL SANTIAGUEÑO DE OMAR SAPO ESTANCIERO

 


José Luis Torres recuerda la Canción Perdida de Peteco Carabajal (1998)

 


Era la primavera de 1998 y Peteco llegó a Rosario presentando su último CD titulado “Andando”. Fuimos convocados junto a otros medios de prensa y Matilde Bonzini era su encargada de prensa. Una reunión normal donde Peteco comentó el disco, su contenido y sus expectativas y respondió todas las preguntas que se le hicieron. Matilde había visitado Rosario en distintas oportunidades y nos conocía a la mayoría de los difusores de folklore y cuando terminó la reunión me llamó aparte para decirme “Esta noche vamos a juntarnos a comer un asadito en casa de Élide, avisale al Puka y los esperamos”.

Fuimos esa noche con el Puka, nuestra amiga Élide nos recibió con su habitual hospitalidad y mientras Marcelo atendía la parrilla, compartimos con Peteco empanadas santiagueñas recién horneadas, calientes, sabrosas y picantes por un buen ají que Matilde había traído de Santiago a la vez que nos preguntaba “¿Han traído una guitarra?”. El Puka, rápido le contestó “Peteco, trajimos dos violas. Podés elegir la mejor” En esas reuniones la comida siempre era una excusa para luego escuchar a los cantores y saborear un vino entre amigos.

Normalmente en esas juntadas la guitarra pasaba de mano en mano, pero esa noche estaba Peteco, no era para desperdiciar la oportunidad de escuchar un recital íntimo de semejante creador. 

Comenzó Peteco a desgranar sus temas, todos muy recientes y la mayoría pertenecían al trabajo recién grabado. En un momento nos dice: “En este disco está faltando un tema que lamentablemente no pude grabar” Lo miramos sorprendidos y alguien preguntó “¿Qué pasó, fué censurado?” Sonreía Peteco y nos dice “Nó, para nada. Se cayó y no pudo ser”. Seguimos escuchando en silencio esperando una explicación.

“En junio fuimos con mi hermano Demi a ver el Mundial de Fútbol en Francia. Como todos los argentinos, muy ilusionados con nuestro equipo. Comenzamos muy bien en Toulón ganándole a Japón, después eliminamos a Jamaica y luego a Croacia.

Venía linda la cosa, ya nos veíamos festejando otro título. Estábamos en cuartos de final y la copa estaba muy cerca, todo era festejo para nosotros, nos juntábamos con los hinchas argentinos y las calles de Francia estaban inundadas de banderas argentinas.  

Era tan importante ese Mundial que Marcelo Tinelli llevó todo su equipo y transmitía su programa Videomatch en vivo desde París, lo veían en Argentina en directo y lograba récords de audiencia. A esa altura yo, como muchos, estaba totalmente convencido que salíamos campeones mundiales.

Esa noche, después de ganar a Croacia sabíamos que el siguiente rival  era Inglaterra y se jugaba en Saint-Etienne, me encerré en el hotel y pensé “Voy a componer un tema para esta selección que nos dá tantas alegrías, se lo merecen”. Me salió de una, era un escondido, lo volví a repasar y me dí cuenta que estaba perfecto, hasta el título me gustaba, se llamaba “Los argentinos llevamos el sol”. Fuimos con Demi a la concentración pero no era tan sencillo ingresar. Estaban todos los canales de televisión buscando la primicia de estar con los jugadores y lógicamente era imposible poder entrar a la concentración.

Seguimos buscando un resquicio para entrar y tuvimos la suerte de encontrarnos con un santiagueño, ¿Cuándo no iba a estar un santiagueño? Era nada menos que el utilero de la selección, se llamaba Carlitos Peralta. Fue nuestro compinche y gracias a él pudimos entrar al vestuario, se la cantamos al plantel, estaban tan entusiasmados como nosotros y ya soñaban con la final. El Chelo Delgado y Orteguita zapateaban cuando cantamos, el clima era fiesta. Hasta nos regalaron camisetas y tuvimos la primicia que iban a usar la camiseta azul en el partido contra los ingleses.                 

El equipo venía en alza y nos tocó enfrentar a Inglaterra, duro rival y eternos rivales nuestros. Con mucho esfuerzo y luego de definir por penales también celebramos el triunfo. El próximo rival era Holanda nada menos.

Nos pusimos de acuerdo con Tinelli y programó que ese sábado a la noche después del partido la cantáramos en vivo en su programa de televisión para que el festejo del triunfo lo escuche todo el país.

Solo faltaba jugar y ganar, pero veníamos tan embalados (el equipo, la hinchada argentina y nosotros) con tanto entusiasmo que lo dábamos por hecho. Roa era un león en el arco, Ayala un baluarte, Zanetti imparable en sus subidas, el Cholo Simeone empujando el equipo, Orteguita estaba endiablado, Batistuta era una fiera, la magia de la Brujita Verón, todo el plantel era una garantía.

                                                                                                                Y con ese entusiasmo fuimos a la cancha, se jugaba en Marsella, el rival era nada menos que Holanda, eternos rivales nuestros. Partido bravo, por supuesto, pero nuestro equipo era para tenerle mucha fé. Fue un partido muy reñido, Holanda tuvo un jugador expulsado y teníamos un buen momento, hasta que al Burrito se le salió la cadena, cabeceó al arquero y nos dejó con 10. Todavía seguíamos en carrera pero faltando un minuto Holanda nos embocó un gol y nos frustró el sueño de estar en la final.                                          

Ya no hubo festejos, tampoco pudimos cantar la canción en el programa de Tinelli, quedamos destruídos. Ya nada tenía importancia, la copa era otro sueño postergado, como nos pasó tantas veces. Hicimos las valijas y nos volvimos. Aquel escondido pasó a ser solo un recuerdo, pero si quieren se los muestro”.

Por suerte tenía un grabador de bolsillo y la grabé en ese momento, escuchando ese audio les puedo recordar la letra de aquel momento. 

               Los argentinos llevamos el sol (1998)

Los argentinos llevamos el sol
en las banderas como un corazón.
Porque sabemos que es padre y amor
Donde vayamos llevamos su calor.
Para jugarle al mundo Passarella convocó
veintidós jugadores a la selección
Roa en el arco nos salva del gol
Zanetti, Ayala, Sensini y Chamot.
Y ya comienza el toque, Almeida la pone al ras
para que el Cholo Simeone comience a atacar
La hace bailar la Brujita Verón
y el Piojo López ya enciende el motor.
Se paran las tribunas, Ortega picó y frenó
cediéndole a Batistuta la gloria del gol.

Con Germán Burgos hay serenidad,
también Caballero que puede atajar.
Hombres de lucha sueñan conectar
Vivas, Astrada, Pineda y Pablo Paz
Oyendo chacareras, retorna al pago canción
el es Carlos Peralta, utilero y cantor.
Chelo Delgado desborda de fé
Balbo, Hernán Crepo, la quieren meter.
Y si hay que definirlo, buscando la claridad
el Muñeco Gallardo se pone a jugar.
La Bruja Berti acomoda el balón
Sabella y Gallego miran el reloj.
Se paran las tribunas, Ortega picó y frenó
cediéndole a Batistuta la gloria del gol.

Pasaron algunos años y el tema quedó olvidado hasta que en el 2005 Peteco graba un CD titulado “Chayna Kunam - 1”, retoma aquella vieja melodía compuesta en 1998 y con una nueva letra la graba con el título “Los santiagueños”. Incluso rescata la primera copla del viejo tema y así se puede escuchar en esa versión “reciclada”.

          Los santiagueños (2005)

Los santiagueños tenemos al sol
en las banderas como un corazón.
Porque sabemos que es padre y amor
Donde vayamos llevamos su calor,
andando por el mundo nos pueden reconocer
hablando en chacareras por Diego o Gardel.
Pero en Santiago ya es otro el cantar
viene de lejos nuestra libertad,
Como el agua del río que baña tu corazón
así de lejos venimos renovándonos.
Una comarca embrujada de sol
no puede ser nunca de un conquistador.
No hay ser po' agradecido quien niega la condición
de ser un fruto nativo de esta gran nación.

Tras de las coplas, de patio y amor
hay salamancas de sangre y dolor
Para la infancia que es gracia de Dios
hay algarrobas y hay desnutrición.
Abuelos milenarios, nos hablan sobre la piel
y somos las añoranzas de Julio Jerez.
Leila y Patricia, prendieron la fe
las une la muerte y la vida también.
Carlos Arturo Juárez, 50 años dominó
no hay nada que agradecerle, ya olvidémoslo.
Hachas, quebrachos, silencio, calor,
ausencia y caminos, historia y valor.
Los hijos de tus hijos,
seguro que han de cantar hermosas
chacareras por la libertad.

Como verán, una historia singular y desconocida. Un tema que de haber triunfado la selección en Francia pudo haberse convertido en un éxito popular pero el destino tenía otros designios. Nunca se llegó a grabar pero nos quedó aquella vieja grabación del patio de Élide donde Peteco nos regaló esta joyita de “Los argentinos llevamos el sol”.

Rosario, 11 de abril del 2022

Fuente: Omar Estanciero


martes, 8 de abril de 2025

La sequía del 37. Cuando pobladores santiagueños asaltaban a los trenes aguateros

 


La siestas se hacen dolor,
y arenas rojas las almas,
el sol es un fuego de ramas,
como marchita el calor,
el árbol pide Dios que,
están sedientas sus ramas.
Hombres, mujeres y niños,
parados en el anden,
están esperando el tren,
con el oro cristalino.

Fragmento de "Tren aguatero" de Cuti Carabajal y Pablo Trullenque

Durante los años 1935 a 1937 se produjo una importante sequía que afectó duramente a las regiones áridas y semiáridas del noroeste argentino, así como de México y Estados Unidos. En esta nota se estudia la repercusión de ese acontecimiento ambiental sobre la economía y la sociedad de Santiago del Estero, que marca un antes y un después en su historia agraria. Hasta ese año se consolidó el modelo agroforestal surgido entre 1880-1900, que combinaba el obraje, la finca y la economía campesina. La gran sequía hizo fracasar dos cosechas seguidas, y disminuyó el stock ganadero vacuno y caprino en un 80%. Esto tuvo consecuencias catastróficas en una sociedad rural, cuya dieta dependía en gran medida de su propia producción, desatando la hambruna más notable en la historia contemporánea de esta provincia. Entre las numerosas consecuencias de esta sequía, estudiamos sus efectos en la población, la economía y las políticas públicas. Las iniciativas del Estado fueron dispersas y tardías, y no pudieron contener los problemas de miles de familias que enfrentaron el hambre y el desamparo social. Este drama regional adquirió dimensión nacional a través de la prensa oral y escrita, que en los últimos meses de 1937 promovió una campaña solidaria en gran escala. El éxodo inauguró un sendero migratorio hacia las zonas fabriles de Berisso, Ensenada y el Gran Buenos Aires. La sequía también estimuló la construcción de los diques Los Quiroga (1949) y la presa de embalse de Río Hondo (1968). La literatura también recogió este tema como símbolo del drama campesino en el imaginario colectivo.

El tema propiamente ambiental o climatológico es insoslayable, y forma parte importante del contexto de explicación, para el caso argentino. En esos años se inició un período de escasez hídrica que se extendió hasta 1960 (Carballo 2002). A la intensa sequía que afectó a La Pampa en 1930, sucedió la de Santiago del Estero y Jujuy entre 1935-37. Otros autores han señalado las causas de este fenómeno que hoy es comprendido en sus dimensiones ambientales globales (Jorba et.al, 1988; Davis 2006; Glantz 2009).

El impacto económico local de la sequía puede apreciarse en Olmos Castro (1937, 1939). Este autor señaló el descenso de la natalidad. Su impacto en los sectores populares rurales de las regiones campesinas se tradujo en hambre y éxodo, que describo según textos aparecidos en la prensa de la época (Dossier 1937). La migración en cadena que se inició desde Loreto hacia las nuevas regiones fabriles de Berisso y Ensenada (Lobato, 1988) y el conurbano de Buenos Aires ha sido estudiada por otros autores (Lattes, 1966; Zurita, 1998).

La forma en que esta sequía fue analizada por la prensa de la época ayuda a comprender el clima de ideas y sensibilidades que confrontaban entonces, en un contexto de crisis internacional y nacional, que se expresaba en desocupación, la sequía, el hambre, la langosta, y la migración del campo a la ciudad. Así como esa década fue adjetivada como "infame" en alusión al quiebre de la institucionalidad (Repetto, 1964), otros factores contribuyeron a señalarla como un período de dificultades.

Fotografías

El control del agua de los ríos Dulce y Salado tiene un remoto origen que ha sido fechado entre los años 800 y 1200, en sitios reconocidos como pertenecientes a las culturas Sunchituyoj y Averías. En los períodos de creciente el agua era conducida hacia represas definidas por montículos de tierra, donde se sembraba (Wagner y Wagner, 1934; Lorandi, 1970). Con escasas variantes, este procedimiento era aún practicado en Matará, Manogasta, Loreto, Atamisqui y Salavina cuando se produjo la conquista española, y en esos sitios se formaron poblaciones para controlar la producción de esas áreas de riego. La primera acequia que regaba las casas y las quintas de Santiago del Estero se construyó hacia 1580. Aunque durante el período colonial los documentos registran especialmente las situaciones de inundación y de sequía, los intentos de dar soluciones más estables y en gran escala datan de la segunda mitad del siglo XIX. La primera red de riego constituida por acequias privadas se construye entre 1870 y 1890.

Entre los años 1876 y 1911 se traza la red ferroviaria que al incursionar entre los bosques permitirá establecimientos humanos "artificiales", es decir abastecidos por el agua que el propio ferrocarril transportaba. Se comprenderá que a medida que se expandía el riego y la población, el manejo del agua fue ganando cada vez más espacio en el discurso público. Se comenzó a discutir el uso monopólico que hacían los grandes finqueros, y la protección que el estado provincial les otorgaba. La sequía de los años 1924 a 1926 motivó la protesta de los medianos y pequeños productores, dando lugar a un importante movimiento de acción colectiva impulsado por colonos españoles de La Banda. (Tasso, 2003).

El ferrocarril atravesaba zonas en las que no se disponía de agua. La población que allí se concentró, movilizada por la estructura ocupacional que el obraje forestal generaba, debía abastecerse de agua que el propio ferrocarril transportaba. En el período de sequía o durante el lapso que va desde fines del invierno hasta el comienzo de la estación lluviosa, la población asediaba los trenes, luchando por obtener el "precioso líquido", según lo denominan los periodistas de la época.

Tengo a la vista tres fotografías. En una hay doce personas trepadas a un vagón aguatero. Son principalmente hombres y chicos, y sólo una mujer. Solo dos o tres de ellos miran hacia la cámara y en sus rostros se lee una mezcla de excitación, curiosidad y preocupación. En otra se está repartiendo agua; hay un grupo de mujeres y chicos con baldes arracimados en torno al vagón. Una mujer de unos cincuenta años ya ha llenado su balde y viene hacia la cámara. Tiene un pañuelo blanco atado atrás que le cubre la cabeza y la frente. En esta segunda foto el sentido dramático está más apagado. Así como en la primera campeaba la ansiedad y la lucha, en esta se lee la aceptación de la escasez que muestran habitualmente los rostros de tantos santiagueños del campo o la ciudad. En la tercera, cuatro mujeres haciendo cola junto al vagón. Todas tienen la cabeza envuelta con pañuelos blancos. Son morenas, de tobillos delgados. Los vestidos, también blancos, son largos: a una le llega hasta los tobillos, de modo que parece una túnica. Esto confiere a la escena una luz oriental, y la certeza de estar en una de las fronteras de Occidente. Las imágenes fueron obtenidas en Laprida, departamento Choya. Los asaltos de trenes y sus peleados repartos se repitieron en el ramal Frías-Santiago así como en el de Añatuya-Campo Gallo.

Clima social y metereológico en la prensa

Una modalidad caracterizó a la prensa de los años ´30 es la presencia de corresponsalías en pueblos pequeños del interior. A diferencia de la actual, donde los textos son elaborados en su mayor parte por periodistas profesionales y "de ciudad", en los diarios de entonces proliferan las pinceladas pueblerinas. ¿Cabe alguna duda que el mundo presenta distintas coloraciones según se lo vea desde el campo o desde la ciudad? Allí están los testimonios de estos corresponsales que dan cuenta, sobre todo, de los avatares del agua: "Es riego lo que más falta en la zona de Icaño"; "Puede faltar agua a los vecinos"; "Escasea ya el agua"; "Gran miseria amenaza al pueblo"; "Sin riego perdería su fuente de recursos"; "En Vinará persiste aún la sequía"; "El problema del agua". Pero el agua no sólo es referencia por lo escasa: "Las últimas lluvias inspiran confianza a los agricultores", "Las recientes lluvias han mejorado los campos", "Ha hecho llover la providencia para que renazca la esperanza de los pobladores".

El noticiario periodístico centrado en uno de los pueblos agrícolas santiagueños revela no sólo lo que sucedía, sino también la sensibilidad de la conciencia pública hacia aquello que era digno de llegar a la letra de molde. El robo de hacienda y los crímenes son temas clásicos entre 1929 y 1940. Pero también se da testimonio de otra clase de conflictos sociales cuyo tratamiento no hubiera desdeñado la novela policial. Los desbordes de autoridad de los jefes policiales remiten al antiguo y problemático tema del control social en una provincia dilatada, donde pequeños pueblos aislados albergan pasiones y enfrentamientos que una visión idealizada de la vida rural santiagueña no siempre consiente en admitir. La historia rural santiagueña registra múltiples casos de funcionarios despóticos que con menos títulos pero con más eficacia que Luis XIV pudieron sentir que el Estado eran ellos.

La máxima autoridad departamental, el Jefe Político, y los jefes de policía, monopolizaban el poder local. Ellos podían beneficiarse con el comercio de hacienda o de frutos del país, proteger a los cuatreros con los que se aliaban hasta el punto de simular detenciones y posteriores huidas, y manejar a su arbitrio los derechos de las personas. Estos funcionarios, hombres del lugar enriquecidos a la modesta escala de estos pueblos pobrísimos, eran también punteros de tal o cual dirigente político de la ciudad. Debían su reconocimiento a su carácter de "hombres fuertes", de su dominio de la población autóctona, a la que conocían en sus sentimientos, su lenguaje y sus debilidades. Si bien es cierto que esta categoría de dirigentes nativos tiene matices, son múltiples los testimonios que avalan la existencia del tipo descripto. No solo los diarios los reflejan: algunos sonados casos, como el de Juan Jiménez en el departamento del mismo nombre, fueron extensamente tratados en la Legislatura provincial.

Fueron los comerciantes sirios y libaneses quienes comenzaron a disputar el poder de estos autócratas pueblerinos, y en algunos casos lograron reemplazarlos, a veces aprovechando una transición política. El caso de los Nassif en Icaño muestra el espacio de influencia de la prensa. Como corresponsales de Noticias Gráficas, La Prensa, y de los diarios santiagueños El Liberal y El Combate, denunciaron el robo de agua del río que algunos agricultores practicaban, perjudicando a los colonos de aguas abajo en Real Sayana, Icaño y Colonia Dora, que en su mayoría eran judíos, alemanes, y árabes. También se enfrentaron con el comisario Palavecino, y pudieron darle trascendencia provincial y nacional a estos casos locales.

La historia económica señala el impacto de la crisis de 1929-30 sobre la economía argentina, y ahora advertimos cómo se hizo sentir en Santiago del Estero.

La visita del senador Alfredo L. Palacios

En cuatro extensas intervenciones -15, 17, 22 y 24 de junio de 1937- el senador Alfredo Palacios informó al Congreso de la Nación sobre los viajes que acababa de realizar a Santiago del Estero, Tucumán, Salta Jujuy, Catamarca y La Rioja. Se trata de una pieza de gran valor, que a pesar de su menor extensión es comparable en muchos puntos al que Juan Bialet Masse había presentado tres décadas antes. Se trata de un retrato sociológico de casos de gran efecto por sus detalles y precisiones, junto a datos cuantitativos y fotografías, centrado en los niños que asisten a la escuela.

El estudio del problema de la infancia desnutrida fue el móvil de mi viaje. (...) Muchas veces he repetido en este recinto (...) que hay indicios alarmantes de que nuestra raza declina, en las provincias del Norte sobre todo, calificadas, certeramente, de provincias pobres.

En otras intervenciones destacará que la expresión "provincias pobres" fue utilizada por primera vez por Joaquín V. González. Al plantear esta desigualdad regional, incorpora una mirada étnica y de clase, aludiendo a los sectores populares rurales como "la raza que ha poblado nuestro suelo".

Un criterio equivocado e inhumano, y una política extraviada de los verdaderos intereses nacionales han conducido al país a una inflación ostentosa en las grandes urbes a costa del olvido de las condiciones de existencia de las provincias del interior, a la vez que un refinamiento y selección de los ganados junto a un empobrecimiento progresivo de la raza que ha poblado nuestro suelo y que con su abnegación y sacrificio ha cimentado y nutrido la grandeza del país.

En cada provincia aplicó el mismo método: visita a las autoridades provinciales, entrevista al Director de Trabajo y a un funcionario de Salud, a los que pedía informes técnicos. En las escuelas que visita es acompañado por el personal de salud, que pesan y miden a niños y niñas. Su encuesta aparece a veces en el informe; cuando pregunta "¿Por qué hay tan pocos niños?", una maestra le responde que están en las cosechas, otra que están enfermos, pues hay una epidemia de paludismo. De igual modo se revelan tracoma, chagas, así como distrofias, desnutrición y un estado general de apatía y tristeza. Este dato surgido de la observación le sirve para comparar las diferentes actitudes que muestran los niños según la alimentación que reciben, y desde luego el ambiente en que son criados, su familia, su vivienda, su clase.

Cuando dice "No hace falta consultar a un psicólogo para que nos diga que un niño con hambre no puede aprender" está diciendo que basta la observación para comprobarlo. Las fotografías de los niños, junto a las tablas que incluyen nombre, edad, peso, talla y lugar de residencia, han sido insertadas en el diario de sesiones.5 Palacios veía a la niñez como bisagra entre generaciones, y no dejó de señalar que "...estos son niños argentinos, hijos de padres argentinos, nietos de abuelos argentinos. Y algunos de nosotros, señores senadores, hemos venido ayer". Y no dejó de señalar las graves consecuencias de esta situación: "Si tuviésemos que cruzar de nuevo los Andes, el patriotismo sería el mismo, pero no la resistencia orgánica a la prueba". Observemos que Palacios pone mucho énfasis en el cuerpo, como lo había hecho Bialet Massé, pero además le presta gran atención a la expresión, el porte, la apariencia, en una mirada donde se cruzan el médico con Georg Simmel. Su terminología es precisa y denota una familiarización con el habla técnica. Ha consultado a médicos como Salvador Mazza -que ese momento residía en Jujuy-, a educadores, y a todo otro especialista que conociese. Los viajes de Palacios despertaron mucha expectativa dada la relevancia que ya entonces tenía su trayectoria pública, y fueron acompañados por numerosas voces de aliento; recordemos, entre otras causas, su apoyo a la ley de sufragio femenino.

La primera provincia que visité fue Santiago del Estero, regazo de misterio y de leyenda, el más característico de los pueblos de la República, que vive lejos del Atlántico y de los Andes, adentrado, como dice Rojas, en el corazón de la República...

Se entrevistó con Antenor Álvarez, ex-gobernador, médico y estudioso de notable trayectoria, que en ese momento tenía 70 años y presidía la Cruz Roja a quien llama "figura consular de aquella provincia". También destaca la labor de Amalio Olmos Castro, Director de Trabajo, "dignísimo funcionario de Santiago del Estero" y transcribe partes del informe que preparó a su pedido sobre la situación de los trabajadores. Encomia la labor de José F. Castiglione, "que ha realizado una tarea inteligente y tesonera en favor de los niños", a la sazón presidente del Consejo General de Educación y de la asociación Los Amigos de la Educación. Menciona también al diputado (Antenor) Ferreira, al profesor Domingo Maidana, al coronel Augusto Pereyra, y a muchos otros funcionarios, sin omitir maestras.

Los pobladores piden agua angustiosamente. En Atamisqui escuché el reclamo insistente. Se pide un canal de 26 kilómetros. Se trata de setenta poblaciones en cuyo seno hay miles de familias, las que necesitan esta pequeña obra que les permita aprovechar las aguas del río Dulce.

Analiza el analfabetismo primero, y las tasas de mortalidad infantil después; de 0 a 1 año son 1.563, que representa el 320,81 por mil. Como vemos, su informe combina imágenes y cifras, mediante un enfoque que combina positivismo, crítica histórica, y formulación de políticas. Creemos que este informe tuvo mucho impacto, y encontramos muchas afinidades entre sus ideas y las que aparecen en la prensa en los meses sucesivos.

El tratamiento que dio la prensa nacional a la sequía

Entre otros tópicos, un artículo compara a la provincia con regiones desérticas de otros países y otros continentes:

Es que el gobierno no advierte que la tragedia desesperante de los desiertos del Tibet, de la Libia o del Sahara, se encuentra en el corazón de la República. La tierra agrietada por el sol y los hombres en caravana buscando agua. Visiones de Texas y del Arizona de hace un siglo, son realidades en nuestro país, en este año de 1937.

En realidad Texas y Arizona, así como los estados del norte de México, fueron tan afectados como Santiago del Estero, La Rioja y Jujuy. Pero el nivel de información acerca de la ecuación ambiental no permitía un enfoque global. Al abordar las circunstancias regionales surge la crítica al obraje.

No es ésta en realidad la única sequía catastrófica de Santiago del Estero, ya tuvo que sufrir varias veces la falta desastrosa de la lluvia. Pero hoy el desastre es mayor porque el progreso se llevó la defensa natural y dejó a la provincia más pobre y desolada que nunca. La necesidad de postes, de durmientes y de leña, taló los bosques, arrancó los árboles y dejó la tierra libre, sin protección del follaje, para que la calcinara el sol. Cuarenta años que el hacha del obraje fue ampliando la pradera, hasta los confines de Chaco. Las sequías periódicas coincidieron con un cambio de las condiciones físicas de la provincia y el desastre cayó, como una calamidad, sobre sus moradores. El clamor de ese pueblo ha llegado hasta hacerse eco a los habitantes de todo el país que se mueven en sentido humanitario de ayuda y apoyo.

El contraste entre la "Buenos Aires rica" y "Santiago del Estero pobre" es parte de la crítica al gobierno nacional que desconoce la desigualdad regional, enfoque que ya mencionamos.

Bienvenido sea lo que vaya a calmar la tragedia de ese pueblo, pero no es caridad deprimente y efímera lo que necesita una provincia argentina. Santiago del Estero dio al engrandecimiento nacional toda su riqueza. Aportó la madera excepcional de sus bosques y el esfuerzo de su pueblo macizo como el quebracho de sus llanuras, fue a manejar el hacha en los obrajes y el machete en los ingenios y hoy, con delicadeza, junta el oro blanco en todas las regiones.

Las propuestas no faltan:

Los dineros que el gobierno central malgasta en edificios y en avenidas, podrían utilizarse en la construcción de la gran red de riego que se necesita en Santiago y otras provincias donde la sequía no ha llegado todavía a las condiciones de tragedia. El dinero gastado para comprar los créditos congelados, es decir, las trampas de cuatro figurones de influencia, hubiese sido suficiente para crean una gran red de canales y de diques que partiendo de Suelta, trasformaran la visión desolada de Santiago del Estero.

Es indispensable que el gobierno se ocupe de replantar los bosques de la provincia y es también necesario que se impida la explotación de los obrajes que no replanten una proporción de bosques. Y también que se inicie en gran escala las plantaciones de secano, cuyo ensayo por los F.F.C.C. dio tan buen resultado en esta provincia y que el gobierno central debía impulsar con dinero que no falta.

La inauguración de la avenida 9 de Julio y el Obelisco fue vista como un símbolo de la opulencia del gobierno nacional, que contrastaba con las carencias de las provincias.

Una avalancha de millones... y el pueblo muere de sed y asalta trenes aguateros. Broma pesada de un gobierno que no hará gracia a las generaciones futuras. En sólo el año que termina hemos gastado en edificios tanto como lo empleado en el primer tercio del siglo, hasta la llegada del gobierno de las brillantes operaciones financieras. ¡Sabe Dios cuántos millones de pesos hemos gastado durante 1937! Sólo los magos pueden saber el monto al que ascenderán los pleitos que provienen de la construcción de la Avenida Solitaria, o de ensanche de Corrientes, o de las expropiaciones de palacios para ministerios o para cualquier cosa. Un cerebro humano no puede abarcar estas cifras, por más que se encuentre en los entretelones del Ministerio de Hacienda y se tutee con el Directorio del Banco central, que es el hospital de los "quebrados" de apellido.

Las aguafuertes rurales de Roberto Arlt

A comienzos de diciembre de 1937 Roberto Arlt llegó a Añatuya, como corresponsal del diario El Mundo. Conocía a Homero Manzi, que también firmaba la nota "S.O.S." publicada en La Nación por Bernardo Canal Feijóo. Luis Manzione, hermano de Homero, lo acompañó en varias de sus salidas al campo. Luego viajó a Santiago del Estero, donde conoció a Moisés Carol, que lo recuerda así:

Fuimos a tomar un café con Roberto Arlt en el bar Tokio. Estaban también Pablo Rojas Paz, el poeta González Carbalho y el cuentista Gregorio Guzmán Saavedra, que narró con detalle las actividades de la secta de los ulalos, que desde hace un tiempo tiene soliviantada a esta población. Se trata de un culto antiquísimo que se nutre del magisterio de la iguana y congrega a los muertos que están interesados en hacer obras de puro beneficio espiritual. Por este motivo, mediante la colaboración de los sepultureros que quitan los tornillos a las tapas de los ataúdes, pueden salir con facilidad para desempeñar sus actividades. (Moisés Carol: La gran sequía, Buenos Aires, 1991 [1967]).

Carol opina que ante el aumento del drama social provocado por la gran sequía los ulalos tenían mucho más trabajo para asistir a tanta población desprotegida. Luego dice que le pidieron a Arlt que contara algo de lo que había visto en Santiago del Estero. Comenzó diciendo que estuvo en un lugar donde vender huesos es la única manera de ganar un centavo para la gente extremadamente empobrecida, ya que se han terminado las vizcachas perseguidas por el valor de su cuero que está siendo subsidiado como ayuda social, pagándose 0,15 centavos el cuero que antes valía 0,10. Entrevistó a un comprador de osamentas, que abundan y hieden. Entre los huesos que le traía una señora, había un fémur y una calavera humana, desenterrados de un antigal. También narró que vio un chancho comiéndole las tripas a una vaca muerta. Pero de pronto la vaca levantó la cabeza, y la volvió a recostar en el suelo. Estaba siendo devorada viva.

Los títulos de las notas que Arlt publicó en El Mundo entre el 10 y 1l 13 de diciembre llevan por título: "Un hueso de caballo como alimento", "Todavía vamos a llegar al canibalismo", "Ante el avance de la sequía se ha quebrado el aguante gaucho", y "Después de la sed vuelve ¡el hambre!". Son muy buenos ejemplos del género que él llamó "aguafuertes", en este caso ambientadas en una región rural que le resultaba tan exótica como el África.

Solidaridad, donaciones y compromisos

La campaña de donaciones que se inició desde fines de septiembre se intensificó semana a semana, mediante el envío de víveres, medicamentos y dinero en efectivo. En este apartado incluyo notas que dan cuenta de las numerosas personas e instituciones que las promovieron, y algunos de los problemas que se plantearon en su realización. Se trataba de iniciativas solidarias concebidas con sentido de beneficencia, o filantrópico, en las que intervinieron figuras de relieve en el campo institucional, terratenientes, empresarios de la industria, y muchos otros donantes anónimos que contribuían hasta con monedas en toneles dispuestos como alcancía en algunos puntos de la ciudad de Buenos Aires.

La crítica de muchos influyentes, periodistas y comunicadores había contrastado el drama rural deSantiago del Estero con las inversiones millonarias que el estado nacional había realizado esos años en la capital federal. Tras esa dicotomía latía un problema que distaba de ser nuevo, pero que en esos años se reformuló considerablemente. Se trataba del papel -y el lugar- de Buenos Aires en relación con el resto del país, que pudo ser visto como "esos trece ranchos", el "interior", o meramente "las provincias de arriba", ya que la Patagonia era todavía una frontera de interés para viajeros, naturalistas, criadores de ovejas, delincuentes, petroleros y militares, pero aún no una región con estatuto pleno de civilidad que alcanzaría en décadas siguientes.

El crecimiento de la Buenos Aires durante el período 1880-1914 no parece haber sido tan discutido como lo fue después de 1920, ya fuera por efecto de la ley Sáenz Peña y la mayor inclusión social que caracterizó al radicalismo, o como consecuencia del clima de impugnación y cambio que caracterizó a esa década, el pensamiento social y político había cambiado. No poco había contribuido la inmigración extranjera y sus múltiples efectos, tanto si consideramos su participación en la inversión, en la estructura ocupacional, o en la formación del socialismo, del cual era heredero Alfredo Palacios. Y ya en los 30, la restauración oligárquica había encontrado apoyo en el sector militar, el nacionalismo, y entre los radicales antipersonalistas: la "concordancia", un complicado sinónimo de "acuerdo". Por esta última razón, encontramos en muchos textos periodísticos la posición de crítica al gobierno nacional, pero que ahora comienza a ser asociada a enfoques más estructurales que discuten, por decirlo así, no sólo lo que hacen los gobernantes sino "el modelo" que proponen o los inspira.

Entre las numerosas perspectivas que registra esa crítica cabe citar a Bernardo Canal Feijóo en Nivel de historia (1934), quien objeta la hegemonía de Buenos Aires sobre las provincias "que viven en función de la capital", al mismo tiempo que la "aritmética política", expresión en la que puede aludir tanto al acuerdismo como a lo que otros llamaron "fraude patriótico". Como sabemos por su obra posterior sobre el pensamiento de Alberdi, este autor sostenía que el federalismo sólo podía sostenerse sobre la estructura "orgánica" del país, que desde 1880 había sido desvirtuada, o negada, tras otro proyecto estructurante: era la "tercera anécdota" que había arrasado con los bosques de la provincias, y acaso también con el sentido de provincia. Por esto decía en el libro citado que vivir en provincia debía ser "algo más que una abjuración o un destierro".

La crítica de los provincianos a Buenos Aires incluye la obra de Ezequiel Martínez Estrada, especialmente en La cabeza de Goliat (...), donde presenta la idea de hipertrofia en términos demográficos y territoriales semejantes a los que varios años después utilizaría Alejandro Bunge en Una nueva Argentina (1940).

En paralelo con estas obras, pero a cierta distancia en términos disciplinares e ideológicos, Raúl Scalabrini Ortiz fundó un amplio campo de crítica revisionista con su historia del ferrocarril, que sirvió para marcar una divisoria de aguas con el tono celebratorio del centenario. En efecto, el antes ponderado ferrocarril comenzará a ser visto como un vector negativo en la vida nacional, del mismo modo que la adhesión complaciente de la economía argentina a los intereses económicos de Inglaterra, que en ese momento habían sido remozados por el pacto de exportación de carnes firmado por Julio A. Roca (hijo) con el ministro Runciman. Algunos de estos argumentos serán utilizados más tarde por Ricardo Ortiz en El ferrocarril, obra que habría de constituir un fundamento de la nacionalización de la red ferroviaria, durante la primera presidencia de Juan Perón.

Scalabrini Ortiz también es autor de El hombre que está solo y espera (1931), una obra que introducirá la sensación de desubicación, rebeldía o desaliento que podían caracterizar a los tipos humanos de Buenos Aires, pero también a los de una generación. El teatro y el tango, no menos que la poesía de González Tuñón y la obra de Roberto Arlt, informa de un registro distinto de la crisis, en una dimensión intimista, de claras connotaciones espirituales y morales. De un modo u otro, estas obras y el pensamiento que expresan parecen haber gravitado en el tratamiento que la prensa dio a la sequía, y en la identificación de culpas que todo drama provoca. En los textos que citamos, esa culpa la tiene Buenos Aires, y también, menos ostensiblemente planteado, ciertos sectores sociales cuyos intereses representa el gobierno. La noción de egoísmo -social y territorial- que esta crítica exponía, puede haber estimulado una respuesta altruista en aquellos que se sintieron aludidos.

La nómina de integrantes de la Junta de Socorro al Poblador de Santiago del Estero menciona en primer lugar a su presidente Mariano de Vedia y Mitre, intendente de la ciudad de Buenos Aires, y luego del de Jorge Santamarina, presidente del Banco de la Nación Argentina. Recordemos que Santamarina, Tornquist, Zuberbüler y otros formaban parte del sindicato de capitalistas que décadas antes había comprado a valores irrisorios varios millones de hectáreas en la región forestal noroeste de Santiago del Estero. Otros integrantes de la Junta se apellidan Unzué y Anchorena.

El 29 de noviembre el Diario Siriolibanés publica la propuesta de Husain Ali Hallar, "caracterizado connacional, de reconocida reputación, consagrado por su patriotismo y su espíritu filantrópico, nos sugiere la iniciativa de llevar a cabo una colecta que él mismo inicia con la suma de doscientos pesos". Hace un llamado a los compatriotas que deseen cooperar en la ayuda a los pobladores de Santiago, que sufren los rigores de una sequía atroz, en contraste -por designio de la naturaleza- con las grandes inundaciones de Siria". Cuando en este texto se habla de connacionales y de compatriotas se hace alusión a la identidad árabe. Y su llamado está especialmente dirigido a ellos: "Los árabes no podemos quedar indiferentes y debemos, aún sea en estos momentos de incertidumbre por que atraviesa nuestra patria, exigirnos un nuevo esfuerzo más y contribuir en la medida de nuestras capacidades a esta obra de ayuda a un pueblo con el cual nos hallamos tan identificados". En 1937 la colectividad siriolibanesa estaba ya firmemente instalada en el sector comercial urbano y rural, competía con las barracas de frutos del país que por lo general tenían dueños de apellidos españoles, y controlaban el sector maderero. Desde el gobierno de Juan B. Castro (1934-36), libaneses y sirios comenzaron a ocupar posiciones en el gobierno comunal de ciudades y pueblos, conquista lograda por el liderazgo de Rosendo Allub, en ese momento diputado provincial, que pocos años después sería diputado nacional. (Tasso, 1989).

Conclusiones

Comencé a interesarme por las sequías cuando advertí que los ciclos de crecimiento y decrecimiento de la economía agraria -expresada en stock vacuno, equino, asnal y caprino, la superficie cultivada, la producción agrícola y hasta el volumen de la población-, guardaban estrecha relación con la curva de las precipitaciones. En este punto cobra importancia la sequía de 1936-37, que marcaba un punto de inflexión en la historia agraria reciente de Santiago del Estero. La estadística de lluvias me dio una medida de la intensidad de la sequía: en 1937 llovieron 250 mm registrados en la estación de Santiago del Estero, cuando el promedio histórico desde 1900 era de 500 mm/año. Es decir, la mitad de lo que solía llover en un año "normal". Dado que a partir de 1930 se dispone de series de lluvias con mediciones en Tintina, Capital y Loreto comparé las cifras de esas estaciones, comprobando que la sequía fue más intensa en ese departamento, a sólo 50 km al sur de la Capital, donde ese año llovieron sólo 148 mm. La región de Atamisqui fue muy afectada, y eso también sucedió en departamentos como Salavina, Avellaneda y Figueroa, donde no había corresponsalías.

Sin embargo, no había registro de ese impacto, salvo en sus consecuencias, que sintetizo en términos de demografía, políticas públicas y literatura.

Consecuencias económicas y demográficas

Con la sequía de 1937 se inauguró la emigración a Buenos Aires, primero hacia los frigoríficos de Berisso y Ensenada, adónde se dirigieron los loretanos de Diente de Arado y pueblos vecinos, según muestra en su tesis Mirta Zaida Lobato. De este modo se inició una cadena migratoria de centenares de miles de santiagueños hacia otro territorio, y por primera vez a las regiones urbanas del Gran Buenos Aires y el Gran La Plata. Cuando el Censo Nacional de Población de 1960 demostró que el volumen total de la población de Santiago del Estero había descendido un 12% respecto a 1947, debemos suponer que esa declinación se inició una década antes. Amalio Olmos Castro realizó en el Anuario Estadístico de 1937 y otras publicaciones posteriores, una prolija estimación de la magnitud de las pérdidas provocadas en el sector agropecuario por departamento, y su valor económico. Una de sus sugerentes comprobaciones se refiere al descenso de la natalidad que se observa en 1937, un signo de la gravedad de la crisis. La tasa de natalidad fue de un 38,56 /oo en 1914; baja a 27,39 /oo en 1937, un 8,46 menos. Esto se revertirá recién en 1940 cuando se alcance un 52,88 por ciento.

Las políticas públicas

Habitualmente los funcionarios provinciales y comunales reciben demandas y críticas, sobre todo si son poco eficaces para actuar en esta situación de catástrofe gradual que es la seca prolongada. El caso del gobernador Pío Montenegro es verdaderamente notable, pero más interesante es el análisis de las medidas que se emplearon para paliar la crisis: la creación de un precio sostén para los cueros de vizcacha, y más tarde la oferta de trabajo en obras públicas, en la zona del departamento Loreto y San Martín. Estas medidas fueron insuficientes y tardías, pues la población que padecía hambre y sed era numerosa y estaba dispersa. Era aún muy escaso el transporte automotor, y se dependía de caballos y mulas, que también morían, y de los tanques de agua llevados por el ferrocarril, cuya distribución daba lugar a batallas campales. En diciembre de 1937 la Junta Nacional Contra la Desocupación comenzó a distribuir un cajón con alimentos no perecederos, práctica que sería adoptada en lo sucesivo para asistir a familias en casos de pobreza extrema.

Dos grandes problemas se plantearon a partir de esta sequía: la insuficiencia de las obras de regadío, y la administración federal de la cuenca del Dulce. (Michaud, 1942). A partir de entonces, y tomando como base el estudio de Michaud, se delineó el plan de la obra hidráulica más ambiciosa que Santiago del Estero acometió en toda su historia: la regulación de las aguas del Dulce. Muchas voces plantearon la necesidad de obras estables que diesen solución a los problemas crónicos de escasez de agua. Dirá Lorenzo Fazio Rojas en 1943:

Trabajar por el problema del agua es deber de los hijos de esta provincia. En su dilatada extensión, un pueblo fuerte, viril, animoso para su trabajo, desea emprender la jornada de tiempos pasados, pero le falta el elemento esencial para elaborar el pan de cada día; impotente para reconquistar su propio río, llega hasta sus riberas, remonta su curso aguas arriba y comprueba que otro hombres lo aprisionan, y se pregunta entonces, si nosotros los santiagueños también somos argentinos ¿porqué no tenemos agua como ellos? (...) Nuestro pueblo ha perdido en agricultura y ganadería durante la última sequía, el trabajo de medio siglo; ha sufrido una tragedia colectiva indescriptible, solo comparable a la de los tiempos de Juan Ramírez de Velasco... Ha visto los campos desolados, las haciendas como desesperadas por el calor y la sed, hasta caer vencidas para no levantarse más. He visto al hombre de campo trabajar de sol a sol, buscando agua para salvar sus animales, que abandona por fin su campo y su rancho agotado él también, sin ilusión y sin esperanza (p. 47 y 48) Santiago del Estero no cuenta con obras de embalses propias. Hay algunas en proyecto, dice el Ing. Ballester, que complementarían el efecto de los embalses que se hagan en las fuentes. De ahí la necesidad de un manejo del conjunto del sistema para la distribución equitativa y racional de caudales disponibles (Lorenzo Fazio Rojas El problema del agua, Santiago del Estero, 1943, p. 75).

Estos temas fueron debatidos en un importante encuentro académico mediante el PINOA (1946), organizado por Bernardo Canal Feijóo y Jorge Kalnay, un inédito foro que debatió el tema el agua como una clave del desarrollo; participaron representantes de organismos nacionales de obras públicas y riego, funcionarios de 8 provincias, y diplomáticos de Paraguay, Uruguay y Brasil.

De notable interés son las sucesivas presentaciones en conferencias, congresos y foros interprovinciales de los abogados Rodolfo Arnedo y Antonio Castiglione argumentando acerca de la necesidad de crear un marco jurídico que atienda los intereses de las distintas provincias involucradas en la cuenca del Dulce y el Salado. Tanto los citados en último término como Fazio Rojas han sido motivados por la existencia de diques en Tucumán y Salta. El problema adquiere así dos vetas: por un lado se plantea la necesidad de un arbitraje que atienda los intereses provinciales, adquiriendo un carácter federalista caro a la tradición norteña; por otra parte se propugna una extensión de la función del Estado, tanto nacional como provincial, pidiendo su intervención en un área de la actividad económica donde nunca estuvo totalmente ausente pero donde a la fecha era notoriamente insuficiente. (Primer Congreso Regional de Planificación Integral del Noroeste Argentino (PINOA) Santiago 1946).

Es en 1949 cuando la habilitación del dique derivador Los Quiroga responde parcialmente a las inquietudes aquí planteadas permitiendo regularizar de riego de Banda y Robles. En los ´50 estos argumentos revivirán con el Proyecto del Bermejo, lamentablemente tampoco concretado. Sin embargo, se logró la construcción de la presa de Río Hondo (1955-1968) y la ampliación de la red de canales de riego y drenaje, junto a un programa de reparcelamiento y desarrollo agrario a través del Proyecto Río Dulce (1964-1995). A fines de los ´60 Santiago del Estero habrá logrado ya que Agua y Energía administre la totalidad de la red de riego provincial.

Las huellas en la literatura

Como resultado de su visita Roberto Arlt publicó cuatro aguafuertes "rurales" de ambiente santiagueño en el diario El Mundo. En uno de sus viajes fue acompañado por Luis Manzione, hermano de Homero Manzi, de Añatuya. En la capital conoció a Moisés Carol, poeta y escritor que años después dedicó su novela La gran sequía (1991) a relatar incidentes vividos en 1937, y describe varios diálogos con Arlt. En la obra de Carol las tramas se deslizan hacia lo fantástico; en esta novela propone la hipótesis de que las sequías estimulan las apariciones. En este caso se trata de la secta de los ulalos, una especie de cofradía de muertos bien intencionados, que mediante la ayuda de los sepultureros salen nocturnamente de su encierro para hacer obras de puro beneficio espiritual.

Clementina Rosa Quenel -hija del metereólogo francés Quainelle que registraba la estadística de lluvias- escribió sobre el tema en su novela La luna negra (1942); los dos primeros cuentos se titulan "La sequía" y "La creciente", en los que presenta las situaciones difíciles que viven las familias rurales ante estos dos extremos. El tema del agua será frecuente en las dos décadas siguientes en la poesía y la narrativa, destacándose las obras de Jorge Washington Ábalos (Shunko, 1948); Cristóforo Juárez (Llajtay, 1970; Pago mío, 1972).

En su ensayo De la estructura mediterránea argentina (1948) Bernardo Canal Feijóo plantea el problema de las desigualdades regionales, y aboga por políticas de apoyo a las comunidades rurales, que se han convertido en subsidiarias del trabajo y la producción en otras regiones.

El impacto en la alimentación, el imaginario y la política

El drama ambiental de la sequía afecta a todas las especies, y es especialmente duro con la humana. En el caso estudiado, se pueden apreciar por lo menos tres grandes impactos. El primero y más importante afecta a los individuos, las familias, la población toda, y especialmente a la fuerza de trabajo que depende de la oferta ambiental así como del trabajo a jornal. En Santiago del Estero, el tipo social del "cazador recolector" ha sido característico a lo largo de los siglos, y se observa aún en el presente. En 1937 estaba aún más vivo que ahora. Recordemos que el sábalo y el bagre han sido y son fuente nutricia de miles de familias, antes que la agroindustria modificase los patrones alimenticios. Cuando llega una crisis, el pescado salva la mesa de los barrios populares semejantes a los que conoció Alfredo Palacios. Pero no hay peces en ríos sin agua, y ese fue otro de los factores que contribuyó a la hambruna.

Finalmente, también observamos un efecto del drama que se produce en otro plano que llamaré sensibilidad social ampliada, resultado de incluir en la conciencia ciudadana todo el territorio, y no sólo la región pampeana. La pobreza y la marginación de esta provincia sacudieron al país, y comenzó a ejercerse la caridad bajo formas hasta entonces no vistas. Surgieron campañas solidarias y la filantropía adquirió un nuevo sello que ponía más énfasis en la hermandad interprovincial. La gran sequía de 1937 cambió muchas cosas en el país. Inauguró la "conciencia del interior postergado" en una etapa en que Buenos Aires, "la cabeza de Goliat" según Ezequiel Martínez Estrada, crecía a expensas de la migración interna. Un importante papel tuvo Bernardo Canal Feijóo, cuyo S.O.S. publicado en La Nación tuvo mucha repercusión en todo el país, coincidiendo con la gran campaña mediática protagonizada por la prensa escrita y la radiofonía -acaso la primera en Argentina-, que mostró los rasgos masivos de las sociedades modernas. Publicado en FBK por Patio Santiagueño

Por Alberto Tasso*

* CONICET, UNSE, El Colegio de Santiago, Biblioteca Amalio Olmos Castro. Correo:yleret@gmail.com

lunes, 7 de abril de 2025

Siete de abril: Día Nacional de la Zamba

 

Hay muchas historias que intentan explicar por qué el 7 de abril se celebra el día de la Zamba argentina. Una de ellas menciona que en el año 2000, Marcelo Ábalos, conocido como Machaco, se despidió de este mundo "agitando pañuelos". Así, cerraba un capítulo de más de cincuenta años de música nacional, donde cinco hermanos, "Los Ábalos", llenaron de vida y anécdotas la historia musical de nuestro país, especialmente en Santiago del Estero.

No sé, pero hay algo misterioso en esta zamba; su origen parece envolverse en leyendas que se cuentan alrededor de fogatas, entre sombras y chisporroteos.

Lo que parece casi seguro (un compilador podría decir: "totalmente seguro") es que esta hermosa zamba no es de Chazarreta. El gran maestro de Santiago la registró como compositor. Sin embargo, en Chazarreta no encontramos la mala intención que Francisco Canaro tuvo en la música ciudadana.

Los Hermanos Ábalos afirmaban que nunca se sabría quién fue su autor. En resumen, lo que se conoce hasta ahora es que esta zamba, madre de todas las zambas de tres vueltas —lo que ya la convierte en una "rareza"— es de Autor Anónimo, recopilada por Don Andrés Chazarreta a principios del siglo pasado y registrada en 1916. Si no hubiera sido por él, seguramente se habría perdido.

Desde entonces, ha habido un gran debate entre santiagueños y tucumanos sobre su verdadero origen. La gran Isabel Aretz sostiene que el autor sería el Ñato Carrillo, un violinista tucumano que falleció en 1911. Pero ella no lo dice porque lo haya descubierto, sino porque lo afirmaba un tradicionalista llamado Rafael Oliva, quien también era tucumano. Aunque, curiosamente, la familia "Carrillo" tiene más raíces santiagueñas. Ahora, en cuanto a confirmar su origen...