lunes, 7 de julio de 2025

Santiago del Estero a través de los siglos

 Adaptación Leyendas del Folclore Santiagueño

 

Antigua Iglesia Catedral en 1686 

Santiago del Estero no es solo una de las ciudades más antiguas de Argentina. Es también una ciudad que, a lo largo de los siglos, tuvo que resistir una y otra vez. Desde su fundación en el siglo XVI, soportó inundaciones, problemas de abastecimiento de agua, crisis económicas, enfermedades y largos períodos de decadencia. Y, pese a todo, consiguió transformarse.

Este recorrido por su historia, basado en los documentos recopilados por Alberto Tasso en Historia de ciudades: Santiago del Estero (1984), reúne algunos de los momentos que ayudan a entender cómo fue cambiando la ciudad y qué dificultades tuvo que atravesar.

Siglo XVI: Fundación y primeros desafíos

En 1582, Pedro Sotelo de Narváez describió a Santiago como el centro de la gobernación. Era una ciudad joven, ubicada junto a un río que podía ofrecer tierras fértiles, pero que también resultaba impredecible. El clima era caluroso, aunque consideraba la tierra "sana". Allí vivían 48 vecinos encomenderos y unos 12.000 indígenas. Diaguitas y tonocotés formaban parte de una sociedad marcada desde sus comienzos por una importante diversidad cultural y lingüística (Tasso, 1984).

Pero las dificultades aparecieron pronto. En 1590, el gobernador Juan Ramírez de Velazco advertía sobre un problema básico: la falta de agua potable. El suelo, demasiado suelto, dificultaba la construcción de acequias. Ante esa situación, propuso trasladar la ciudad río arriba. La intención era asegurar el abastecimiento y, al mismo tiempo, reducir la carga de trabajo que recaía sobre la población indígena (Tasso, 1984).

Siglo XVII: Inundaciones y decadencia

En 1628, una gran crecida del río provocó graves daños. Felipe de Albornoz relató que el agua había arrasado templos, casas reales y viviendas principales. La situación fue tan complicada que algunos vecinos plantearon trasladar la ciudad. Sin embargo, el proyecto no llegó a concretarse. La intención de mudarse quedó, finalmente, en una propuesta que no pasó de las palabras (Tasso, 1984).

Unas décadas después, en 1657, el viajero Ascarate Du Biscay encontró una ciudad de apenas 300 casas, sin murallas y marcada por el calor. Su descripción de los habitantes estuvo cargada de prejuicios propios de la mirada colonial de la época: los calificó de "perezosos y afeminados". También señaló problemas vinculados con el clima y la salud, entre ellos el "coto", una hinchazón en el cuello asociada a deficiencias alimentarias (Tasso, 1984).

Siglo XVIII: Crisis y controversias

Las dificultades no desaparecieron durante el siglo XVIII. En 1682, el obispo Ulloa fue especialmente crítico al comparar Santiago con Córdoba. Según su descripción, la ciudad parecía un "bosque inmundo" y estaba destinada a despoblarse. También llamó la atención sobre el estado de una iglesia, que se encontraba prácticamente abandonada (Tasso, 1984).

Casi un siglo después, en 1775, Miguel del Castaño, proveedor del Real Hospital, relacionó el "coto" con el consumo de agua estancada y pidió que se clausuraran los pozos contaminados. Su planteo introducía una preocupación más concreta por las condiciones sanitarias y por la prevención de los problemas de salud pública (Tasso, 1984).

Siglo XIX: Entre la ruina y la transformación

El siglo XIX comenzó con algunas medidas destinadas a mejorar el aspecto y las condiciones de la ciudad. En 1818, un teniente de gobernador ordenó construir veredas y limpiar las calles. La intención era cambiar el "prospecto ruinoso" que Santiago ofrecía a quienes llegaban a ella (Tasso, 1984).

En 1825, el capitán Joseph Andrews dejó una descripción todavía más dura. Encontró una Catedral deteriorada, poco movimiento comercial y una población empobrecida, además de cuestionar los impuestos arbitrarios que pesaban sobre los habitantes (Tasso, 1984).

Pero Santiago no quedó detenida en esa imagen de decadencia.

Hacia 1855, el navegante Thomas J. Page encontró una ciudad pequeña, de unas 5.000 personas, donde muchas casas estaban afectadas por el salitre. Aun así, destacó el empuje de sus habitantes. Tres años después, el científico Pablo Mantegazza volvió a señalar las dificultades que todavía eran visibles: "calles desiertas y casas de barro ruinosas" (Tasso, 1984).

La transformación comenzó a hacerse más evidente durante el gobierno de Manuel Taboada. Con una política firme y ambiciosa, impulsó reformas que modificaron poco a poco el aspecto y la dinámica de la ciudad.

El cambio no fue inmediato. En 1880, E. F. Knight todavía describía a Santiago como una ciudad "bárbara y salvaje". Sin embargo, apenas una década después, Lorenzo Fazio encontró una realidad muy diferente. Habló de calles pavimentadas, luz eléctrica, nuevas escuelas y una actividad comercial que volvía a crecer.

"Una Santiago Neustadt se levanta al lado de la vieja", escribió Fazio. La frase resume bien la transformación que estaba viviendo la ciudad: la Santiago marcada por décadas de dificultades comenzaba a convivir con otra, más moderna y dinámica (Tasso, 1984).

Una historia marcada por la resistencia

La historia de Santiago del Estero está atravesada por dificultades que, en distintos momentos, parecieron poner en duda su futuro. El agua, las inundaciones, los problemas sanitarios, la pobreza, el deterioro urbano y la falta de infraestructura fueron parte de una realidad que se prolongó durante generaciones.

Sin embargo, la ciudad no desapareció.

Desde las primeras inundaciones registradas durante el período colonial hasta las transformaciones que comenzaron a consolidarse en el siglo XIX, Santiago fue cambiando sin dejar de arrastrar las marcas de su pasado. Esa capacidad de atravesar las crisis y volver a reconstruirse es una de las claves para entender su historia.

En 1882, Manuel Gálvez lo expresó de una manera contundente:

"Aquella ruina se ha levantado como Lázaro de una tumba" (Tasso, 1984).

Fuentes:

TASSO, Alberto (comp.) (1984): Historia de ciudades: Santiago del Estero, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.

Selección de textos: Silvia Picco.

 li.

miércoles, 2 de julio de 2025

Orígenes del fútbol en Santiago del Estero

 


El presente trabajo analiza los orígenes del fútbol en Santiago del Estero, en las primeras décadas del siglo XX, deporte que, si bien vino de la mano de los ingleses y del ferrocarril, fue a través de intelectuales comenzaron a reflejar en sus páginas los partidos y torneos que acaparaban la atención del público. También los periódicos católicos se interesaron por el nuevo deporte que atraía a los jóvenes y les brindaba un sano esparcimiento, alejado de la bebida y los juegos de azar. Fueron surgiendo los primeros clubes, la mayoría dirigidos por intelectuales, inmigrantes y comerciantes, provenientes de sectores medios, que se interesaban por este nuevo fenómeno social-deportivo que congregaba aficionados y numerosos espectadores; también se daba la condición de dirigentes-sociosjugadores. La pasión del fútbol comenzó a expandirse en potreros y canchas improvisadas y pronto se organizaron campeonatos entre los clubes en formación que contaban con socios aportantes y, en algunos casos, cancha propia.

No faltaron los conflictos entre clubes, instituciones y dirigentes y la puja entre los hinchas cada vez que se disputaba un partido o torneo. Según aumentaba el público asistente y se multiplicaban los clubes se fueron complejizando los torneos y ampliando el panorama hacia los distintos barrios de la ciudad. El fútbol se fue transformando en una pasión de masas en la que comenzaron a involucrarse, ya sea como jugadores de diferentes edades -juveniles, adultos y veteranos-, como espectadores-hinchas, periodistas o como miembro de las comisiones directivas, pertenencias que les daba visibilidad y cierto prestigio en la barriada. El espectáculo futbolístico fue atrayendo al público masculino y congregando a los más diversos sectores sociales para terminar consolidándose como el más convocante espectáculo de masas.

En la actualidad el fútbol es uno de los temas más grandes de esta época ya que no sólo implica un deporte y entretenimiento de masas, sino que, además, es un gran factor económico que mueve millones de dólares con los torneos, publicidad y venta de jugadores. Sin embargo, a la vista de los aficionados es una verdadera pasión de multitudes, como suele denominarse. La atracción hacia el fútbol fue estudiada por sociólogos y antropólogos como Elias y Dunning (1988), el santiagueño Archetti (2002) que fue pionero en los estudios de los deportes en la Argentina y Alabarces (2004), entre otros. En el campo de la historiografía, Frydenberg (2011) investiga sobre los orígenes y profesionalización del fútbol en Buenos Aires. En realidad, la mayoría de los estudios en la Argentina se centraron en Buenos Aires, salvo los trabajos de Roldán (2015) para Rosario, Reyna (2011) para Córdoba, Guzmán (2019), para el caso del club Central Córdoba de Santiago del Estero, Castillo (2018) y Tillán (s.f.) para clubes fernandenses, entre otros. Para Rinke (2007), las explicaciones sobre los orígenes de la cultura del fútbol se deben a varios factores: su sencillez, ya que se puede jugar en cualquier parte; no se necesita equipamiento caro; las reglas del juego son sencillas; su énfasis en lo corporal responde a ideales de masculinidad; el entusiasmo que provoca en la masa de la hinchada.

Su carácter de ritual: a través de las repeticiones semanales de partidos e idas al estadio, del ritmo anual de los torneos, de los cantos y la vestimenta estandarizados de los hinchas se ejercitan formas de comportamiento colectivo que tienen gran poder de fascinación (p.85).

La llegada del futbol a Santiago del Estero

“El foot-ball, ha mejorado hábitos y costumbres: poco a poco el paisano se va retirando de la taberna y rodeando la cancha, es el monte, como pedazo de suelo bienhechor”, así comienza la página dedicada a los deportes en el suplemento del 25ª aniversario de EL LIBERAL, de 1923, epígrafe que muestra cuál era la visión que tenían los intelectuales, periodistas y las élites dirigentes sobre el fútbol y su instalación en la provincia.

Hasta la llegada del fútbol a las escuelas, la participación de escolares en desfiles y actos oficiales, por iniciativa del director Pizzurno (Bertoni: 2001, 89) en Buenos Aires, pronto replicó en Santiago del Estero. Se organizaban en los denominados batallones infantiles y marchaban rítmicamente ante el entusiasmo de la gente. El objetivo era fomentar el sentimiento de nacionalidad entre la población. Imbuidos por las ideas positivistas en boga y con conflictos latentes contra Chile -entre fines del siglo XIX y principios del XX- incentivaba la militarización de los jóvenes, por ello, en el currículo del Colegio Nacional y de la Escuela Graduada anexa la asignatura gimnasia fue reemplazada por ejercicios gimnásticos y militares a los que se agregó tiro (Gargaro y Bruchmann: 1944). Ya en el siglo XX comenzó a alentarse la práctica del fútbol como un elemento de distracción y para alejar a los varones de ‘conductas inadecuadas’. El fútbol, introducido en La Banda por empleados ingleses cuando llegó el ferrocarril, ya había sido adoptado, con anterioridad, para prácticas escolares.

Hacia 1899, el Dr. José Santillán, director de la Escuela de Varones solicitó a profesores normales de Buenos Aires un Manual de Juegos Atléticos, que tenía las reglas elementales de fútbol para su aplicación en la enseñanza (EL LIBERAL: 1948, p. 367). Otro profesor, Ramón Carrillo, padre de quien fue el primer ministro de Salud de la Nación, se preocupó por aprender el reglamento del juego de esos locos ingleses, como los referenciaba la prensa, y se transformó en el primer árbitro de fútbol santiagueño.

Algo similar sucedía en las instituciones religiosas; al principio, impregnadas de nacionalismo, invitaban a niños y jóvenes a integrar las milicias angélicas, pero más adelante vieron en el fútbol un deporte interesante para atraer a niños y adolescentes a las prácticas recreativas y religiosas. Las asociaciones de Santo Domingo, en particular, el Apostolado de la Oración, impulsó la creación de un centro de footbal para niños, según lo anunciaba la Buena Noticia, periódico dominico que se distribuía en Tucumán y Santiago del Estero, recomendando a los padres y madres de familia a mandar a sus hijos al centro …con el objeto de inculcarles la sana moral (…) Es una idea del todo plausible dado el ambiente en que vivimos, que cada día es más corrosivo sobre todo para la juventud. Es necesario desviar a los niños del mal, de toda forma y atraerlos al bien para formar generaciones sanas y conciencias equilibradas… (BN 15/06/08) afirmaba invitando a la inauguración en Tucumán. Si bien no se sabe con certeza si en Santiago se concretó algo similar, es posible que así fuera porque ambos conventos trabajaban mancomunadamente. El fútbol, traído desde Inglaterra, fue en principio activado por intelectuales y miembros de la élite provinciana que miraban con expectativa la atención que despertaba entre los jóvenes y la posibilidad de alejarlos, a través de este deporte, de la ‘vagancia’ y los malos hábitos que adquirían, especialmente, por andar deambulando por las calles, jugando al balero, las bolitas, al trompo o a la pilladita.

Las primeras canchas estaban demarcadas con dos rayas paralelas, a unos cien metros aproximadamente de distancia entre sí, verdaderos potreros, con arcos marcados por ladrillos o dos palos, sin hinchas, sin uniformes: once jugadores de un bando contra once rivales. Ni siquiera estaban definidos los roles de cada jugador, todos pateaban y avanzaban y, a veces, también el arquero. Según EL LIBERAL del cincuentenario, la rivalidad entre dos profesores, Carmen Guzmán y José Garramuño los llevó a organizar partidos entre estudiantes, competencias que generaban cada vez más jugadores e hinchas, tal como se vio en los partidos entre Atlético Santiagueño y los estudiantes de la Escuela de Aplicación, el primero con una cancha en el Gimnasio escolar Newbery, en el parque Aguirre, y la segunda en La Banda.

Así se organizó el primer match, el 3 de septiembre de 1905, según lo relata el diario por el desafío de los estudiantes del Colegio Nacional, pertenecientes al Club Atlético Santiagueño, a los de la Escuela de Aplicación. El partido se realizó en la plaza de ejercicios, ya con arcos de madera reglamentarios, y el premio era un tintero artístico donado por el director técnico del equipo del colegio, Dr. Felipe Giménez. Luego de dos partidos empatados, terminó el match con el campeonato del equipo bandeño, por uno a cero. “Aplaudimos la iniciativa. Los ejercicios y distracciones de esa naturaleza son altamente benéficos para el desarrollo, higiene y fuerza física de los jóvenes…”, sancionaba EL LIBERAL (1948, p.368). Deporte e higienismo coincidían en la concepción arraigada sobre la influencia del deporte para mejorar la mente, la salud física y las costumbres, ratificando la frase latina, mens sana in corpore sano.

Enseguida los bandeños comenzaron a ser requeridos en otros lugares y así fueron a jugar a Ceres, en la provincia de Santa Fe, incorporando jugadores del Colegio como refuerzo. Al no contar por entonces con periodistas especializados, por lo general, eran los intelectuales-organizadores los que actuaban como comentaristas. El propio director de EL LIBERAL, Juan Figueroa, redactó un editorial del partido con los ceresinos, que terminó con el triunfo de los locales.

Recién en 1907 se realizó el primer torneo de fútbol organizado por el intendente santiagueño Genaro Martínez Pita, en el que participaron el ya denominado Atlético Santiago y los clubes Gobernador Santillán, Cabral, La Banda, Luchador y General Paz, rigiéndose por el reglamento municipal confeccionado al efecto. El Atlético Santiago se consagró campeón y la fiesta de honor y entrega de la copa municipal se desarrolló en el teatro Cervantes en donde el intendente entregó el trofeo luego de un “discurso de prosapia romana y griega”, según el cronista (EL, 1948, p.370). La copa municipal siguió disputándose hasta 1915, cuando tomó la iniciativa de organizar campeonatos anuales la Asociación Santiagueña de Foot-Ball, dirigida por el Dr. Marcos Figueroa.

El Asociacionismo en el fútbol santiagueño

Los clubes de fútbol en Santiago del Estero, como en la Argentina, nacieron bajo una vocación asociacionista. La tradición asociacionista era una práctica común antigua, que se materializó en Argentina especialmente hacia fines del siglo XIX, como iniciativa de diversos sectores sociales. Los inmigrantes, a poco de arribar al país, organizaban sociedades de socorros mutuos; los gremios se nucleaban en defensa de los derechos de los obreros; las asociaciones religiosas, preocupadas por diferentes cuestiones de injerencia de la Iglesia (culto, beneficencia, cofradías, etc.), reunían por lo general a hombres y mujeres por separado; las bibliotecas populares, para impulsar la lectura, etc. A ellos se sumaron luego los clubes sociales y deportivos, interesados en la práctica de deportes, recreación y tiempo libre.

Estos clubes se fueron formando en la provincia por iniciativa de diferentes grupos: primero intelectuales y sectores medios –en particular estudiantes secundarios y profesores- y luego sectores populares urbanos. Se coincide con Frydenberg que se trataba más de clubes-equipos, integrados por jugadores-sociosdirectivos. Por lo general, el club se formaba a partir de la existencia de un equipo (2011, p. 45-49), para luego abrirse a la comunidad, sobre todo por la posibilidad de contar con cierto número de socios. En 1915 se organizó la Liga Santiagueña de Fútbol, bajo la presidencia del Dr. Marcos Figueroa, con el propósito de nuclear a los clubes de Santiago y La Banda para organizar torneos entre ellos. Dos años después, la Liga se afilió a la Asociación Argentina de Football y cambió su nombre por el de Liga Santiagueña, con el propósito de adquirir una dimensión nacional; en 1921 se creó la Asociación de Referees. Ambas creaciones muestran una temprana vocación por organizar este deporte que se expandía hacia todos los sectores sociales y congregaba la atención de propios y extraños, en particular de los hombres que se identificaban con el club de su barriada que les permitía disfrutar del ocio y de la sociabilidad que gestaban los partidos, además de generar identidades y pertenencias.

La creación de numerosos clubes en las primeras décadas del siglo XX en la provincia, muestra la difusión del deporte y la diversificación de sus instituciones, ligadas a establecimientos educativos y a los ferrocarriles británicos, en un principio, y a las barriadas populares a medida que iban multiplicándose. Una disputa a raíz del resultado del partido entre Estudiantes y Santiago, en septiembre de 1918, produjo la división entre los clubes asociados a la Liga Santiagueña de Futbol y condujo a la creación de la Liga Cultural, bajo la presidencia del Ing. Hugo Palmeyro, con la adhesión de los clubes Mitre, Estudiantes, Alumni y Principiantes Unidos (EL: 1948, p. 371). La puja entre las dos instituciones fue una constante y, según EL LIBERAL, actuó como catalizador para el ascenso del fútbol santiagueño, ya que comenzaron a crearse nuevos clubes que adherían a una u otra liga. Ambas se disputaban la supremacía organizando torneos con equipos de otras ciudades como Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán y Salta.

Por primera vez llegaron a la provincia los grandes clubes porteños, atrayendo al público local que quería ver de cerca a los jugadores consagrados: el primero en arribar fue Racing, traído por la Liga Cultural, y luego Independiente, River Plate, Boca Juniors, San Lorenzo, Platense y Chacarita. En 1927 se produjo la fusión de las dos instituciones, la Liga Santiagueña y la Liga Cultural, unión que dio gran impulso al fútbol local. Había otros clubes que no figuran en estos cuadros –se desconoce si estaban asociados a alguna de las dos instituciones- pero que están entre los primeros clubes de fútbol santiagueño, tales como Club Sportivo Fernández (1917) y Atlético Independiente (2019) de Fernández, Club Atlético Talleres (1919) de Frías y Club Atlético Icaño (1905), todos con cancha propia. En Añatuya antes de la década del 30 tenía cuatro clubes: Talleres Central Norte (1918), Jorge Newbery, Club Unión, Club Añatuya, más la Escuela Dominical Añatuya (del Clero). Según este relevamiento, se pudieron identificar 27 clubes organizados en la provincia en 1923, casi todos con cancha propia, dos con tribunas y con un número interesante de asociados que participaban en las asambleas, pagaban cuotas y asistían a los partidos, sin contar el resto de los espectadores. La entidad más antigua que subsiste en la ciudad de Santiago del Estero es el Club Atlético Mitre, que se formó desvinculado de las estaciones ferroviarias.

El club fue fundado el 2 de abril de 1907 por Francisco Igounet. Los orígenes para su creación surgieron de un partido amistoso entre los equipos denominados calles Mendoza y Mitre. El primero liderado por el Dr. José Castiglione y el segundo por el Dr. Humberto Palumbo. Ganó este último y en homenaje al General Mitre (ya que se reunían en una casa en dicha calle) se le puso el nombre de Club Atlético Mitre. Desaparecido el Club Atlético Santiago por la fusión con el club Unión, Mitre pasó a ser la entidad más añeja. Los colores elegidos fueron el amarillo y el negro, a rayas verticales, en homenaje a Peñarol de Montevideo. Los jugadores, como en todos los equipos, eran amateur. Pronto comenzaron a congregar a toda la barriada.

Consagración de los santiagueños o el ‘primer santiagueñazo’

En 12 de octubre 1928, mientras Hipólito Yrigoyen asumía su segunda presidencia, los ‘pelo duro’, como los denominaban discriminatoriamente los diarios porteños a los jugadores santiagueños, conquistaron el trofeo Presidente de la Nación en la cancha de River Plate. Oubiña (1948), cita partes del libro de Birba y Torrado, que refieren a la participación santiagueña en el campeonato: … y pareció aquella tarde en Stadium del club River Plate, como si aquellos argentinos netos, venidos desde las trágicas o heroicas leyendas de las selvas santiagueñas, leyendas que tuvieron en Ricardo Rojas a su cantor más autorizado, hubieran realizado la hazaña magnífica que aguardaban de ellos todos los hombres de la ciudad nerviosa y vibrante. Y eran once muchachos fuertes, de bronce o de roble, inspirados por la patria misma, los que en un esfuerzo extraordinario, se habían adjudicado en lid valiente y caballeresca, el título de campeones argentinos de football… luego de derrotar a Paraná tres a uno, siendo el goleador Ramón (Nello) Luna , autor de los tres goles, y continuaba: Artistas de la agilidad, de la destreza y de la velocidad, maravillosos jugadores del pase rápido y de la certera acción de cabeza, conquistaron por primera vez en la historia del concurso, el trofeo Presidente de la Nación, que no puede hallarse, por cierto, en poder de deportistas más inteligentes y más argentinos (p. 672).

El cronista describe la participación de los muchachos santiagueños casi como una epopeya, en la que se entrecruza lo legendario, las tradiciones y la patria misma. Fue el presidente de la Liga santiagueña, Dr. José F. L. Castiglione quien gestionó la concentración de los seleccionados en el Regimiento 18 de infantería. Jugadores acostumbrados a entrenar en sus ratos libres, ya que se trataba de un fútbol amateur, durante una semana se concentraron como profesionales.

A partir de las 7.30 comenzaba el entrenamiento con gimnasia y luego recién el desayuno y una ducha para concurrir al trabajo o a sus casas. Regresaban al mediodía, almorzaban juntos y luego de la siesta santiagueña, más gimnasia y práctica de fútbol. A las nueve de la noche dormían en el regimiento. El equipo de los 11 jugadores estaba integrado por: José Bautista “Bendo” Trejo (Unión); Teófilo Juárez (Central Córdoba), Ángel Medina (Mitre); Raúl Alonso (Estudiantes), Dalmacio “Chile” Ruiz (Santiago), Cornelio Caro (Santiago); Nazareno “Nazha” Luna (Mitre), Luis “Pibe” Díaz (Unión), Ramón “Nello” Luna (Mitre), José “Joshela” Díaz (Mitre) (Capitán) y Segundo Nepomuceno “Ita” Luna (Mitre). También jugaron, un partido cada uno, Alberto Helman (Estudiantes) y Juan Luna (Mitre). De ellos, el “Ita” Luna integró el seleccionado argentino de fútbol en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1930 (Gallego: 2016).

Para la prensa citadina, la eliminación porteña por los ‘pelo duro’ norteños fue una afrenta. Última Hora publicaba: …Por primera vez el campeonato argentino irá a parar a manos de una liga del interior. Y por primera vez, resulta esto una ironía del destino. El football que se practica en los clubes afiliados a la AAAF es netamente superior al de tierra adentro. En cantidad, en técnica, en picardía. Los jugadores de aquí están muy por encima de aquellos. Ni los propios rosarinos, que fueron los más serios adversarios de los porteños, tendrían chance frente a un cuadro constituido a conciencia. El football del interior tiene mucho que aprender todavía para poder imponerse a un team de Capital o Provincia.

Los dirigentes pueden estar satisfechos de su hazaña. El sábado recaudaron 17.000 pesos. Salvaron los gastos del campeonato argentino. ¿Y los prestigios del football local? ¡Bah!… ¿para qué sirve eso? Con dinero, aunque la conciencia esté sucia, se pasa mejor la vida. ¡Y pensar que hay tanta gente buena entre barrotes de hierro! Afirmaba el diario con una crítica descalificadora, pero que no podía esconder la verdad de la superioridad de los futbolistas santiagueños. De todas formas, el premio en dinero era un aliciente para los jugadores amateur y para la Liga Santiagueña que había apoyado al equipo en su representación de la provincia. También estuvieron los redactores porteños que saludaron el triunfo provinciano. La Argentina publicó: …El triunfo del fútbol chacarero que no se tenía en cuenta en años anteriores, pero ahora se ha logrado a través de sus magníficas cualidades, imponerse a la consideración de todos nuestros deportistas. ¡Bravísimo santiagueñitos de la barra de mistol y la algarroba! Que siga la racha y ojalá el triunfo final sea vuestro…

A pesar de los elogios, marcaba la diferencia. Luego de estar la copa en poder de los porteños, los ‘payucas’, como denominaba despectivamente el diario Última Hora al equipo santiagueño, la atesoraban en su poder. Autoridades provinciales, asociaciones deportivas y público fueron a esperar a los campeones a la estación del ferrocarril. Marcharon hasta el local de la Liga Cultural, en calle Rivadavia, y luego hasta el estadio de Mitre, casa de los Luna. Para finaliza las celebraciones, hubo función teatral y fiesta popular.

Por María Mercedes Tenti. Fuente: EL LIBERAL


domingo, 29 de junio de 2025

¿Por qué no puede nevar en Santiago del Estero?

#OlaPolar #SantiagoDelEstero #Nevada


La verdad es que… sería algo casi imposible. Y no es por falta de ganas, ¿quién no soñó alguna vez con ver los techos de las casas cubiertos de blanco? Pero hay razones muy concretas que lo explican.

El clima no ayuda (y nunca lo hizo)

Santiago del Estero tiene un clima subtropical semiárido, lo que en pocas palabras significa calor, mucha sequedad y pocas lluvias. Las temperaturas promedio anuales oscilan entre los 18°C y los 22°C. Sí, incluso en invierno. Eso ya nos da una pista: el frío necesario para que nieve simplemente no llega.

¿Y si hablamos de altura?

La provincia está asentada en una gran llanura. Su altitud promedio ronda apenas los 200 metros sobre el nivel del mar. Nada de sierras, nada de montañas. Y eso importa mucho, porque en general, cuanto más alto estás, más probable es que nieve. Por eso, en zonas cordilleranas, como Mendoza o el sur andino, las nevadas son algo habitual.

¿Frío? A veces. ¿Suficiente? Casi nunca.

En las noches más heladas del invierno santiagueño, el termómetro puede bajar a 0°C o 5°C, especialmente en zonas rurales. Pero ese frío es pasajero. Para que nieve, se necesita algo más que un rato de abrigo extra: hace falta frío constante, sostenido, y por debajo de los cero grados. Y eso, en Santiago, no ocurre.

La humedad también juega en contra

Además del calor, Santiago del Estero tiene un clima seco. Muy seco. Las lluvias son escasas, y cuando llegan los frentes fríos desde el sur, ya han perdido buena parte de su fuerza. Sin humedad en el aire, no hay cómo formar copos de nieve. Es como intentar hacer hielo sin agua.

Y si miramos el mapa…

La provincia está bastante alejada de las masas de aire polar que vienen del sur del país. Esas olas de frío que a veces congelan la Patagonia o incluso Buenos Aires, muy rara vez llegan con la misma intensidad hasta acá. Y cuando lo hacen, ya no tienen el poder de desencadenar una nevada.

Pero… ¿podría nevar alguna vez?

Bueno, posible no significa probable. En un escenario extremo, muy extremo, la nieve podría aparecer. Algo así como:

Una masa de aire polar fuera de lo común, como la que sorprendió a Buenos Aires en 2007.

Temperaturas bajo cero sostenidas durante varios días.

Y, sobre todo, una cantidad inusual de humedad en el aire.

Una combinación muy difícil. Pero no imposible.

En resumen

Santiago del Estero tiene todo en contra para ver nevar: el calor, la poca altura, la sequedad del aire y su ubicación lejos del sur helado. Por eso, es una de las provincias con menor probabilidad de nevadas en todo el país.

Un dato curioso para cerrar

En julio de 2023, algunas zonas de Córdoba registraron heladas históricas. Sin embargo, ni siquiera en ese contexto hubo nieve en Santiago. Solo frío. Mucho frío, sí… pero sin copos blancos cayendo del cielo. 🔥


La modelo de la estatua del Kakuy

 


A los monumentos y estatuas que adornan nuestros paseos, los apreciamos en su carácter simbólico. Sin embargo, en el proceso de su realización, suceden hechos que son dignos de conocer, porque desde que surge la idea hasta su concreción participa mucha gente que, a pesar de que el tiempo la olvidó, fue protagonista de la historia cotidiana de nuestra provincia.

El escultor español Rafael Delgado Castro se radicó definitivamente en Santiago del Estero en 1913. Le gustaba esta comunidad sobre todo por el santiagueño y sus costumbres. Como era un aventurero nato, recorría los rincones de la ciudad buscando lo no común. En las inmediaciones del monumento al General San Martín, erigido en 1911, observó bloques de piedra de regular tamaño que habían traído para construcciones de cimientos y otras obras menores. Le llamaron la atención las de color gris amarillento, procedentes de Siracusa, Italia, y decidió trabajarlas. Con autorización municipal, más la ayuda de vecinos, logró transportarlas a su taller. (...)

Delgado Castro necesitaba una modelo, quería que de esas piedras  brotara un desnudo.

¿En dónde encontrar a la "privilegiada" en un marco de sociedad cerrada, llena de prejuicios, como era la comunidad urbana santiagueña?. Además, estaba casado y tenía una hija que todavía usaba pañales. La reputación resultaba importante como carta de presentación para conseguir trabajos.

Un cochero apodado "Biñaco", instalado en las proximidades del Mercado, le dijo que podía tener lo que buscaba. (...)

La dama, de alrededor de 30 años, se llamaba Juanita, aparentaba excelente salud, aunque no poseía buen porte.

En la habitación de una casa prestada, con 2 ayudantes iluminadores de fogonazos de magnesio, concretó una serie de 22 fotos. También realizó apuntes en dibujos lleno de garabatos antropometricos y bocetos en plastilina.

Con todo este material, comenzó a esculpir en la soledad de su taller.

A mediados de 1914, concluyó su tarea y la tituló "Tedio". Su esposa, que estaba embarazada, fue la primer testigo de su obra. (...)

Sin dar importancia a los comentarios, tratando de tranquilizar las aguas, envió esta escultura a concursar en el VI Salón Nacional (1916). (...)

Su amigo el Dr. Alejandro Gancedo, trajo la noticia que "Tedio " había obtenido un premio en la Sección Artistas Extranjeros.

A raíz de este lauro, muchas damas quisieron retratarse en escultura, entre ellas, la señorita Ángela Capovilla y la señora Clementina Torres de Prieto.

A comienzos de 1920, la familia Berdaguer, encargó a Delgado Castro, el diseño y construcción del panteón familiar en el Cementerio La Piedad. Resuelve incorporar en el motivo un ángel femenino acostado y lloroso.

De nuevo recurre al cochero "Biñaco" y se entera de que Juanita había muerto en una provincia del Litoral a causa de una enfermedad "rara".

Con las fotos de Juanita, armó la imagen necesaria. (...)

En 1942, el empresario de espectáculos, Guillermo Renzi, encargo a Don Rafael el proyecto de una fuente para ser colocada en el centro del óvalo del Parque Aguirre.

Así nació "El Kakuy".

Otra vez Juanita es la inspiradora de las formas escultóricas. R
ecordando su pequeño cuerpo, la modelo en actitud desesperada en el instante de su transformación en pájaro.

Juanita, una ilustre desconocida, sin saberlo trascendió a los tiempos hecha ninfa, ángel y kakuy.

Fuente: Omar Sapo Estanciero

SANTIAGO INÉDITO.  EL LIBERAL 21 de julio de 2003.

Alerta ambiental: El río Paraná registra los niveles más altos de glifosato en peces a nivel mundial

 

Captura Facebook

Un estudio científico revela una contaminación sin precedentes en la cuenca del Paraná, con concentraciones de agroquímicos que superan hasta 500 veces los límites permitidos. La vida acuática y la salud humana están en riesgo.

Santa Fe/Entre Ríos – El río Paraná, una de las principales fuentes de agua dulce de Argentina, enfrenta una crisis ambiental sin precedentes debido a la contaminación masiva con glifosato y otros plaguicidas. Un estudio liderado por el investigador Rafael Lajmanovich demostró que peces como el sábalo presentan concentraciones de hasta 5.000 microgramos de glifosato por kilo en sus músculos, la cifra más alta registrada en el mundo.

Un cóctel tóxico en el agua

La investigación identificó al menos nueve plaguicidas que llegan al Paraná a través de arroyos de Santa Fe y Entre Ríos, como el arroyo Las Tunas y el Crespo, cuyas aguas atraviesan zonas agrícolas, ganaderas e industriales. "Todos los desechos terminan en el río", advierte el informe.

Pero el glifosato no es el único problema. En el arroyo Crespo, una zona de producción avícola, el agua es "directamente negra y con olor nauseabundo", con niveles de Escherichia coli (bacteria indicadora de contaminación fecal) muy superiores a lo permitido. Además, hay denuncias sobre descargas ilegales de efluentes industriales. "Es agua con mierda", describe crudamente el estudio.

La vida acuática, en peligro de extinción

Los experimentos realizados con renacuajos expuestos a estas aguas fueron contundentes: el 100% murió en 24 horas. "En estas condiciones, la vida ya no puede desarrollarse", alertan los científicos.

Un riesgo para la salud humana

Los niveles detectados en los peces superan ampliamente los estándares internacionales:

Organización Mundial de la Salud (OMS): entre 10 y 100 µg/kg en animales.

CENASA (límite para consumo humano): 0,2 a 0,5 µg/kg en alimentos.

"El glifosato está en los peces que comemos, en el agua que bebemos y hasta en nuestros cuerpos", señala el informe. Ya hay sentencias judiciales que reconocen el peligro de este herbicida, pero la contaminación sigue aumentando.

Un problema que atraviesa fronteras

El Paraná no solo recoge los desechos de múltiples provincias, sino también de otros países sudamericanos. Si los ríos se convierten en "depósitos de mierda", como denuncian las comunidades, el futuro de quienes dependen de ellos está en juego.

¿Hasta cuándo se seguirá permitiendo este envenenamiento silencioso? La pregunta queda flotando, como el glifosato en las aguas del Paraná.

¿Te preocupa esta situación? Compartí esta nota y exigí acciones concretas. #BastaDeContaminación #RíoParanáEnPeligro


sábado, 28 de junio de 2025

Santiago del Estero: ¿una ciudad inteligente imposible?


Captura Facebook

Santiago del Estero, cuna de historia y tradiciones, enfrenta hoy una contradicción difícil de ignorar: mientras busca proyectarse como una provincia moderna y tecnológicamente avanzada, todavía arrastra problemas básicos de infraestructura y servicios.

La imagen resulta casi simbólica. En el Smart City Expo 2025, un visitante se coloca un casco de realidad virtual frente a un gran letrero iluminado que dice "SMART CITY". La escena parece salida de una ciudad futurista. Afuera, sin embargo, están las calles empedradas, los barrios tradicionales y el sol santiagueño.

Fundada en 1553 y conocida como la "Madre de Ciudades" por su importancia histórica y colonial, Santiago del Estero tiene una identidad que difícilmente puede separarse de su pasado. Pero también lleva décadas de rezago en infraestructura y servicios. Por eso surge una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto puede hablarse de una ciudad inteligente cuando todavía existen necesidades básicas sin resolver?

¿Qué es una ciudad inteligente?

No existe una única definición de "ciudad inteligente". ONU-Hábitat plantea que una ciudad inteligente sostenible debe ser innovadora y utilizar las tecnologías de la información y la comunicación para mejorar la calidad de vida y la eficiencia de los servicios, atendiendo al mismo tiempo las necesidades económicas, sociales y ambientales del presente y del futuro.

El gobierno británico plantea algo similar, aunque con una diferencia importante: una smart city no es un estado al que se llega de una vez y para siempre, sino un proceso continuo. Ese proceso requiere participación ciudadana, infraestructura sólida y herramientas digitales capaces de hacer que la ciudad sea más habitable y pueda responder mejor a nuevos desafíos.

Dicho de manera sencilla, no alcanza con instalar tecnología. Una ciudad inteligente necesita planificación, servicios que funcionen, acceso a la información, participación de los vecinos y una infraestructura capaz de sostener todo ese sistema.

ONU-Hábitat incluso plantea que las tecnologías de la información deberían funcionar como una especie de "sistema nervioso" que conecte los distintos servicios urbanos. Eso supone banda ancha, sensores, plataformas de datos y trámites digitales que no funcionen de manera aislada, sino coordinada.

Y ahí aparece el primer problema para Santiago del Estero.

Infraestructura y servicios básicos

La realidad provincial todavía está muy lejos de ese escenario. La dispersión geográfica de Santiago del Estero genera importantes dificultades para garantizar servicios esenciales, especialmente agua potable e infraestructura eléctrica en amplias zonas rurales, según señala la CEPAL.

Los números son difíciles de compatibilizar con la idea de una provincia plenamente integrada a la revolución digital. Solo el 26% de los hogares puede utilizar gas de red o electricidad para cocinar y apenas el 28,7% cuenta con red cloacal. En distintos puntos del interior, las carencias son todavía más evidentes. En Monte Quemado, por ejemplo, se ha señalado la ausencia de agua potable y de red cloacal.

Entonces aparece una contradicción bastante concreta. Mientras el discurso de la smart city habla de sensores para controlar redes hidráulicas, edificios inteligentes y sistemas urbanos conectados, en buena parte del territorio todavía faltan las redes básicas sobre las que debería apoyarse cualquier modernización.

Algo parecido ocurre con el transporte.

En un stand del Smart City Expo local se exhibe un microbús eléctrico de "movilidad sustentable", equipado con tecnologías avanzadas. Es una imagen atractiva y representa bien la aspiración de construir una ciudad más moderna.

Pero el transporte cotidiano todavía funciona, en gran medida, con tecnología convencional. Muchos recorridos son extensos y la electrificación del transporte público continúa siendo incipiente. La distancia entre la demostración tecnológica y la experiencia diaria se vuelve evidente cuando existen barrios con problemas de iluminación pública o con un servicio eléctrico que no siempre responde de manera adecuada.

Una ciudad puede tener vehículos eléctricos y sistemas digitales. Pero si una parte de sus habitantes todavía tiene dificultades para acceder al agua, la electricidad, las cloacas o una iluminación pública adecuada, el problema no es tecnológico. Es de prioridades.

Conectividad y brecha digital

La otra gran dificultad está en el acceso a Internet.

El censo 2022 registra que solo el 49,5% de los hogares santiagueños tiene conexión a Internet y que apenas el 39,7% dispone de una computadora, tablet u otro dispositivo similar. Estos datos colocan a Santiago del Estero entre las provincias con mayores dificultades de acceso digital.

La cuestión no es menor. Si las TIC son la base sobre la que se construyen los servicios digitales, ¿qué ocurre con quienes no pueden acceder a ellas?

La respuesta es evidente: quedan afuera.

La brecha digital profundiza desigualdades que ya existen. Los sectores rurales y de menores recursos tienen más dificultades para utilizar servicios de gobierno electrónico, acceder a la telemedicina o participar de la economía digital. También afecta a la educación. Antes de la pandemia, casi el 41% de los alumnos santiagueños no tenía Internet en su casa.

Por eso, hablar de inteligencia urbana sin hablar primero de conectividad universal deja una parte importante del problema sin resolver. Una aplicación puede ser muy moderna, pero no sirve de mucho para quien no tiene una conexión estable ni un dispositivo para utilizarla.

Planificación urbana y desigualdades sociales

Una ciudad inteligente también necesita algo menos llamativo que una pantalla o un sensor: planificación urbana.

Calles bien organizadas, acceso a servicios, espacios públicos, transporte eficiente y un crecimiento que pueda anticiparse en lugar de limitarse a reaccionar cuando los problemas ya están instalados.

En Santiago del Estero existe una fuerte concentración urbana. La CEPAL señala que el 57% de la población vive en el aglomerado Capital-La Banda. Allí se concentran buena parte de los servicios y las actividades, mientras una gran parte del territorio provincial permanece dispersa.

En las zonas periurbanas y en distintos pueblos, el crecimiento puede producirse sin una planificación suficiente. El resultado son barrios que avanzan sin contar siempre con agua, cloacas u otros servicios esenciales.

Esta situación también tiene una dimensión social. La economía provincial presenta elevados niveles de informalidad y migración interna, en un contexto marcado, además, por procesos que han afectado a pequeños productores frente al avance de cultivos orientados a la exportación.

La idea de una smart city supone, en buena medida, que las oportunidades y los servicios estén disponibles de manera razonablemente equilibrada. Pero cuando una provincia arrastra brechas importantes en agua, cloacas, gas, conectividad y empleo, la tecnología por sí sola no puede corregir esas desigualdades.

Puede ayudar. No puede reemplazar una política de desarrollo.

Gobernanza y participación ciudadana

Hay otro aspecto que suele quedar relegado cuando se habla de ciudades inteligentes: quién toma las decisiones y cómo participa la sociedad.

Los modelos internacionales ponen mucho énfasis en la participación ciudadana, la transparencia y la rendición de cuentas. El gobierno británico, por ejemplo, incluye expresamente la participación de los ciudadanos dentro de su definición de smart city.

En Santiago del Estero, en cambio, la gobernanza local presenta dificultades. Un informe de la CEPAL describe una "débil gobernanza local" y la presencia de instituciones frágiles.

A esto se suman las críticas sobre nepotismo y concentración del poder. La prensa local y nacional ha utilizado incluso la expresión "capital nacional del nepotismo" para describir una estructura política en la que cargos públicos y contratos estatales son cuestionados por su concentración en familiares y allegados al poder.

La frase de un dirigente opositor resume esa crítica al señalar que en Santiago del Estero "el Estado se transforma en una gran torta que se reparte entre unos pocos, mientras la mayoría mira desde afuera".

Más allá de las posiciones políticas que puedan existir sobre estas denuncias, el problema de fondo es claro: una ciudad inteligente necesita instituciones capaces de rendir cuentas y ciudadanos que puedan participar de las decisiones. Sin eso, el gobierno electrónico puede terminar siendo solamente una modernización de los trámites, pero no necesariamente de la forma de gobernar.

También importa dónde se pone el dinero público.

Mientras se organizan congresos y encuentros internacionales sobre innovación urbana, algunas decisiones de infraestructura han recibido fuertes cuestionamientos. El diario La Nación criticó, por ejemplo, el uso de fondos nacionales para construir un aeropuerto y un foro de convenciones considerados "innecesarios" para buena parte de la población, especialmente frente a demandas pendientes en escuelas y hospitales.

El contraste resulta difícil de pasar por alto. Grandes obras pueden convertirse en símbolos visibles de modernización, pero una ciudad también se mide por cuestiones mucho menos espectaculares: si tiene cloacas, si las escuelas están en condiciones, si el transporte funciona y si los barrios cuentan con servicios básicos.

La innovación no debería servir para esconder esas carencias.

Hacia un futuro urbano más humano

La intención de convertir a Santiago del Estero en una ciudad tecnológicamente avanzada se enfrenta, entonces, con problemas que no pueden resolverse simplemente incorporando dispositivos, aplicaciones o infraestructura digital.

Las propias propuestas de ONU-Hábitat advierten que la inteligencia urbana debe estar al servicio de la inclusión, la rendición de cuentas y los derechos de las personas. La tecnología tiene sentido cuando mejora la vida cotidiana, no cuando se convierte en un objetivo en sí mismo.

En el caso santiagueño, quizá el desafío más urgente no sea conseguir un sello internacional de "ciudad inteligente", sino construir las condiciones que permitan que esa idea tenga sentido.

Eso implica ampliar la conectividad rural, mejorar la educación y la salud, garantizar servicios básicos y abrir espacios reales de participación comunitaria. También significa utilizar la tecnología para resolver problemas concretos.

Wi-Fi en plazas acompañado de talleres de ciudadanía digital. Sistemas electrónicos que permitan conocer y mejorar el funcionamiento del transporte público. Aplicaciones sencillas para que los vecinos puedan informar sobre calles deterioradas, problemas de iluminación o falta de servicios y hacer un seguimiento de sus reclamos.

No hace falta imaginar una ciudad llena de pantallas para empezar.

La inteligencia urbana puede comenzar con algo mucho más simple: escuchar a quienes viven en ella, identificar sus necesidades y utilizar la tecnología para resolverlas.

Una ciudad inteligente, en definitiva, no es la que exhibe más dispositivos ni la que organiza el congreso más moderno. Es la que consigue que sus habitantes vivan mejor. Y en Santiago del Estero, antes de pensar en el futuro, todavía hay una parte importante del presente que necesita ser atendida.

Fuentes: Documentos de ONU-Hábitat sobre ciudades inteligentes y desarrollo urbano; informes del Censo 2022 e INDEC sobre servicios, conectividad y acceso a dispositivos en Santiago del Estero; estudios de la CEPAL sobre la provincia; y reportajes periodísticos sobre pobreza, infraestructura y gestión pública santiagueña.

 


viernes, 20 de junio de 2025

Barrio Los Lagos, La banda

 



“Los Lagos” se convirtió entre 1920 y la década del 30 en el lugar obligado de reuniones de los fines de semana bandeños.

En esos días el predio se poblaba con lo más selecto de la sociedad lugareña y capitalina, la que lucía el resplandor de la moda del momento, caracterizada por los volados, el sombrero y las sombrillas en las damas y los chalecos con cadenas de oro o plata que sostenían a los relojes de bolsillos, tan en boga, en el sexo masculino de esos años.

“Los Lagos” recibió sorprendido a los primeros Ford T que recorrieron las calles bandeñas suplantando al “landó”, carruaje de uso corriente en las familias pudientes de esa época.

        


Ese paraje fue quizás el último rincón romántico que tuvo La Banda. En varias jornadas se escucharon allí, junto al espejo de las aguas y a los sauces llorones, la palabra autorizada de Rava, Blanca Irurzun, y tantos otros que por esos años representaban el andamiaje de la cultura santiagueña.

        


“Los Lagos” terminó como todas las cosas de este mundo: el agua se evaporó dejando secas y desiertas las ondonadas, el ritmo de las guitarras y violines se esparcieron por el aire hasta perderse, la concurrencia se distribuyó en otras instituciones, y los caminos que llegaban a la propiedad de don Fortunato Molinari se cubrieron de quietud y silencio.

Fuente: La Banda, imágenes y recuerdos – Testimonios. De Lidia E. Grana de Manfredi - María de las N. Salido de Martínez